Intimidades

Para placer de la curiosidad, haré lo indebido: contaré una intimidad…y, para alimentar el morbo, será una intimidad ajena. No sé por qué ventilar lo que no nos pertenece funciona, pero quizá ya los tengo cautivos.

Por una buena razón El Diablo ve en la Vanidad el mejor pecado para atraernos –dicen–. En julio de 2012, lo vi en una historia que sucedió más bien cerca del cielo, a más de 2 mil 600 metros sobre el nivel del mar: en Toluca, capital del Estado de México. Esa altitud dio condiciones idóneas para las contiendas de atletas, especializados en disciplinas de velocidad, lanzamientos y saltos; quienes buscaban clasificar a los Juegos Olímpicos de Londres.

Más de 15 mexicanos compitieron en ese Festival Atlético, en salto con garrocha, lanzamiento de jabalina o disco, impulso de bala y 400m por ejemplo. Sólo el regio José Carlos Herrera dio la marca B –un estándar menos difícil– en la prueba de 200m. Corrió en 20.57 segundos y era entonces el hombre más rápido de México en esa distancia; para el mundo, el 94.

Herrera cruzó la meta con rostro asertivo y orgulloso, inspirado en el alto concepto de sus méritos. Ya estaba en Londres 2012. No lo culpé. Tras sólo cuatro años de conjugar talento, disciplina y esfuerzo –y enfatizo “sólo cuatro”, pues en promedio a un atleta le toma 12 llegar a unos Juegos; a veces una vida sin alcanzar la meta–José Carlos pasaba altivo por la pista.

Hasta lo justifico: en toda la historia nacional, menos de 2 mil 300 personas pueden jactarse de haber tocado el territorio olímpico y de ese universo, José Carlos se convirtió en el octavo mexicano, en toda la historia, que correría 200 metros, en la magna justa de todas las justas. (Previo a él: Juan Pedro Toledo, 2004; Miguel Ángel González, 1968; Carlos Lorenzo Mañueco, 1964; Santiago Plaza, 1960; René Ahumada, 1956; Everardo Muzquiz, 1932; y el primero Francisco Costas en 1928).

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Carlos Herrera en el Muro Olímpico del COM. FOTO: Carlos Herrera.

Para el argot chilango la traducción de su andar fue: “No me toquen, que ando chido”. Se la pasé. Entonces dio orgulloso, casi soberbio, declaraciones a la prensa, rescato dos ideas: que fue difícil clasificar tras la lesión que lo dejó fuera de los Juegos Panmericanos del 2011 y que esa marca podría mejorar.

José Carlos poseía en su carrera deportiva una participación en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Mayagüez 2010…y hasta allí. No Grand Prix, ni Meetings Internacionales, ni Campeonatos Mundiales; pero ya estaba en el sueño máximo de cualquier deportista: los Olímpicos.

Casi le admiré esa aparente estimación excesiva de sí mismo, hasta el 7 de agosto de ese año. Era medio día y la quinta línea del rojo tartán británico lo esperaba, en el tercer heat.

A honor de un atleta olímpico, es presentado a los asistentes: su nombre retumba en el estadio y su imagen se proyecta en pantallas gigantes. Así iban, uno por uno, hasta el británico Christian Malcolm: la locura. 80 mil personas gritaban o aplaudían como si vieran a un Campeón Mundial. Eso impone y en el tatrán puede desatar la fuerza invisible de un hoyo negro que deglute los pensamientos de quienes estén en la pista (hasta voluntarios y jueces). También presentaron a Herrera y así a los otros seis velocistas.

“On your marks!”. “Set”. “GO!”. Y a la detonación, se aceleran los atletas. Carlos fue el segundo más rápido en reaccionar al disparo: salió 155 milésimas de segundo después del sonido; de allí y hasta los primeros 50 metros, todo fue una maravilla. Pero (sí, sí, el eterno “pero”) fue el penúltimo en cruzar la meta, en 21.17 segundos; el local causante de los gritos, Malcolm fue segundo y clasificaba a la siguiente fase. Eufóricos británicos aficionados ensoerdecían la realidad.

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Eliminatoria de 200m en Londres 2012. FOTO: FMAA.

José Carlos, su andar errante y su rostro desconcertado, llegaron a ese confesionario mediático y fugaz, llamado ‘zona mixta’. Un témpano se desmoronó sobre su certidumbre deportiva. “No-sé-qué-pasó”. Fue la primera frase. “Todo fue muy rápido”. Pues sí, así suelen ser las pruebas de velocidad.

Pero Herrera se refería a todo el entorno: a estar en la cámara de llamadas –antesala de las competencias– estirando junto a medallistas mundiales como: Usain Bolt, Yohan Blake, Warren Weir, Christophe Lemaitre, o Wallace Spearmon- llegar al tartán con los nervios naturales del debut y que sean tensados hasta desgarrarlos con los estruendos de una Gestalt, hecha público, aferrado a animar y que, sin saberlo, aturde.

Para su buena suerte, éramos tres o cuatro periodistas los testigos de su desbarajuste. Para su mala, aquí estoy contándoles intimidades de su estreno olímpico. “He vivido aquí cosas que nunca antes había vivido…ahora no puedo explicar qué pasó”.

También comprendí esa actitud y, para tocar el escalón de las causas honestas, lo celebré. Esto era lo que le hacía falta. Dirían que unos Olímpicos no eran el mejor momento, pero ¿cuál es el escenario perfecto para prepararte ante 80 mil voces que estrujan tu mente? ¿Para hacer calistenia entre verdaderos gigantes de la historia, en la velocidad atlética? No había más que ese.

Casi dos años hace de eso y en mayo de este 2014, Herrera dejó su nombre en el nuevo récord mexicano de 200m (que cumplía una década de vigencia) con 20.36 segundos. El pasado 19 de julio, José Carlos fue, corrió y ganó medalla de plata en el Meeting de Atletismo de Madrid, España (20.49), detrás, por dos centésimas, de Maurice Mitchel, de EUA (20.47s), pero delante del también estadounidense, cuatro veces medallista mundial, Wallace Spearmon (20.60s).

Sonreí al saberlo. Sonreímos muchos. Las experiencias rinden frutos y este velocista mexicano deja de ser preso de la vanidad, de la soberbia, del estruendo y hasta del enceguecedor brillo de algunas estrellas del tartán; va enfocado en metas profundas.

No lo digo por la plata. Felicidades José Carlos: Vete acostumbrando. No tardan tus pasos en ser causantes de los gritos y el aplauso.

Publicado por Katy Lopez

Katy López radica en la Ciudad de México. Desde 2001 es reportera y su fuente principal es la información deportiva. Actualmente trabaja en El Heraldo de México.

6 comentarios sobre “Intimidades

  1. Padrísimo tu trabajo Katy!!
    Como siempre!!!

    Nadie y digo nadie, en el periodismo deportivo tendría la capacidad de pintar, de expresar y compartir las entrañas del deporte olímpico mexicano como lo haces tú.
    Por tu visión, tu “personalización” de los eventos y sobre todo por esa pasión enorme que tienes por nuestro deporte y nuestros deportistas.

    Muchas felicidades y mil gracias por compartirlo.

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    1. Muchas gracias a ti Fabricio! Soy ignorante, pero poco a poco me lo quiero quitar. Tengo que entrenar mucho, en alto rendimiento para poder mejorar mis mensajes, pero con ayuda como la tuya me entusiasmo mucho, me da un parámetro de que me encuentro en mi carril, en mi tartán y allí voy yo en mi carrerita 🙂

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  2. El snobismo de narrar una historia , que atraiga la atención siempre se aleja de la verdad. Carlos herrera siempre ha tenido una actitud de confianza en sus acciones que se aleja mucho de la soberbia y se acerca más a entenderse como ser con la posibilidad de lograr lo que se propone. Si ,ya muchos que no lo conocen pronto van a disfrutar de esta actitud tan positiva que para el ignorante de los hechos es totalmente invisible y ve en esta desfiguro o desbarajustes. Todo proceso conlleva ajustes y aprendizajes. A pesar de no. notar con apoyos Carlos herrera forja sus dias con empeño, trabajo y alegria y es un EJEMPLO A. SEGUIR. El es observador del tiempo y sabe que el éxito depende de el asi que el sabe como destinar su tiempo.CARLOS HERRERA es y será por siempre un testimonio real de que el pensamiento y la acción están conjugados con un Gran corazon.
    Siempre e pensado que los atletas son olímpicos pero no todos los comentaristas lo son , sinceramente creo que a KATILUNGA le quedo grande el hacer comentarios de atletas olímpicos.
    Ellos los atletas se preparan todos los días ejercitan en sus disciplinas sus virtudes y KATILUNGA es necesario hacer trabajo de ejercitación mental y de investigación para fundamentar los comentarios que se hacen. Para ser comentarista de los olímpicos hay que merecerlo y parecerlo.

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    1. ¡Gracias por leerme!
      Me agradan mucho los lectores como tú.
      No escribo para que me aplaudan. Escribo porque me gusta y ya. Lo que más valoré de este texto, es que su protagonista lo compartiera. Un acto de humildad y de poder admitir algún dejo de verdad en lo que digo. Pude platicar con él de esto en el trayecto al estadio, durante el Campeonato Centroamericano y del Caribe de Atletismo 2013 y me impresionó su crecimiento mental a través de Londres 2012. Sólo faltaba trasladar el aprendizaje en la pista y lo está logrando este año.
      Lo que en este texto rescato de José Carlos es su resiliencia. Hacer de todo lo malo, algo bueno: de su lesión, de los comentarios negativos, de quienes se burlaron de sus sueños y quienes le dijeron que no llegaría; de todo eso acumular y revertir. Logró metas y –de paso, sin ser más importante– calló algunas bocas. El éxito le hizo grande, pero clasificar a Olímpicos era la meta, cuando propia clasificación era en realidad el primer escalón de un nuevo camino. Los propios Olímpicos se convirtieron otra vez en una experiencia dura y, de nueva cuenta, su resiliencia se hace presente y hace de ese evento difícil algo bueno: hoy es recordista mexicano y hace podios internacionales.
      Sólo dos personas de una Delegación Mexicana de más de 100 construyeron de una experiencia olímpica destructiva: José Carlos y Luis Rivera (y ya sabemos en qué convirtió este saltador su mal paso olímpico; él mismo lo dice, pues ese ‘balde de agua helada’ le abrió los ojos a la grandeza de la élite mundial).
      Quienes conoce al ‘Dopado’ –porque supongo sabes que en el underground del atletismo le dicen así y no por razones oscuras, sino por su acelerado crecimiento deportivo en el atletismo: del salto de altura a las pruebas de velocidad y la impresión del resto de los deportistas que lo veían competir y decían: “lo que él hace en tan poco tiempo es imposible ¡está dopado!”– saben mejor su historia. Elsa García, Enrique Germán y también muchos atletas de esta nueva y exigente generación conocen mucho más que yo. No hay duda.
      Sólo acoto: 1. Herrera no es observador del tiempo; no es contemplativo, lo aprovecha, lo invierte, lo convierte. 2. No todos los deportistas tienen el gran honor de ser olímpicos, pero lo que debe permear en todos es el olimpismo.
      Un blog es para compartir ideas y arriesgarlas a la crítica. Para eso es el mío y para eso te invito a dos cosas: lee otro mío ‘La Deportista que Más Admiro’ y escribe el tuyo. Yo no pretendo nada, ni parecer nadie. Siempre me he admitido profundamente ignorante y deseosa de que cada día salga más del desconocimiento.
      Nos seguimos leyendo.

      PD. Soy la peor para adoptar modas. 🙂

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  3. Katy…. Tienes habilidad (talento) narrativa…conoces de éste tema…. tenes tu muy personal estilo…. pero sobre todo, te apasiona lo que haces … ¿Cometes errores? … es posible…. todos los cometemos.. pero lo que es una gran verdad es eres de las y los periodistas más y mejor documentados…esta nota tiene tu sello muy personal… es mucho más que una reseña… me gusta leerte..
    Rubén.

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