Deportes

Del Olimpo al olvido

En más de 120 años, solo mil 792 mexicanos han pisado un escenario de Juegos Olímpicos, un selecto y pequeño grupo que refleja lo difícil que es clasificar a la justa.

No es fácil tener mil 792 olímpicos en la historia de nuestro país que hoy tiene más de 130 millones de mexicanos. Es un gran honor y más festejar 100 años de la creación de esta institución que ha dado más que campeones a México: también desarrollo a través de unos Juegos Olímpicos en 1968”.


Marijose Alcalá
Dirigente del Comité Olímpico Mexicano.


Los primeros mexicanos que compitieron en unos Juegos Olímpicos fueron los hermanos Manuel, Eustaquio y José Pablo Escandón y Barrón en la edición de Paris 1900; también fueron los primeros mexicanos que subieron al podio con el bronce en el polo hípico.

Aquí su historia

“¡En toda la historia son 110 mil hombres y mujeres Olímpicos a nivel mundial, en una población que actualmente oscila en los 8 mil millones de habitantes! Es una situación muy privilegiada ser Olímpico, se reconoce que para ser participante se debieron pasar muchos procesos y cada vez es más difícil lograrlo”, compartió el Subcampeón Olímpico de Lucha, Daniel Aceves.


1792
Mexicanos han competido en 24 ediciones de Juegos Olímpicos: 1746 en las ediciones de verano y 46 en las de invierno.

Pero detrás de las cifras se esconde un mundo posterior al resplandor olímpico. Los años de entrenamiento y preparación en busca de clasificar a unos Juegos Olímpicos se transforman en: lesiones permanentes, no contar con acceso a seguridad social o pensión y además, en las generaciones olímpicas del siglo XX la mayoría de los atletas debió elegir entre hacer carrera deportiva o carrera académica, lo que decantó para muchos en no contar con las herramientas profesionales para crear una vida después del deporte.

“Una de las preocupaciones es dar dignidad a las olímpicas y los olímpicos. Muchos no tienen acceso a un empleo digno y tienen problemáticas socioeconómicas. Queremos tender puentes de apoyo porque han otorgado su esfuerzo para representar México«, agregó Aceves Villagrán, quien dirige la Asociación de Olímpicos Mexicanos, un organismo sin fines de lucro que busca enaltecer los valores del Olimpismo y recordar a los casi mil 800 atletas que en más de 100 años han llevado a México al escenario Olímpico.

Se requiere hacer una dignificación de los Olímpicos Mexicanos porque somos un sector social que puede y quiere seguir sirviendo a Mexico de muchas formas


Daniel Aceves
Subcampeón Olímpico de Lucha en Los Ángeles 1984

Deportes

La ayuda de Polonia al deporte mexicano

El debut de México en la Copa del Mundo Qatar 2022 será ante Polonia, un conjunto que en solo nueve participaciones ha alcanzado el tercer puesto en dos ediciones: Alemania 1974 y España 1982, pero años antes de hacer brillar su fútbol, compartieron el fulgor de su metodología deportiva para que México también viviera sus propios destellos en escenarios olímpicos y mundiales y al menos ocho especialistas en ciencias del deporte viajaron desde su natal Polonia hasta el otro lado del mundo a entrenar a chicos desconocidos para ellos y también para México…pero con su apoyo, dedicación y paciencia, sus nombres entrarían a la lista de las figuras imborrables en la historia nacional.

En los Juegos Olímpicos de México 1968 surgieron los primeros capítulos de éxito en la relación deportiva de México y Polonia. El boxeo mexicano ganó cuatro preseas, dos de ellas los oros de Ricardo Delgado y Antonio Roldán, con los dos bronces de Agustin Zaragoza y Joaquín Rocha; los cuatro pugilistas hicieron historia bajo las instrucciones de los entrenadores polacos Casimiro Mazek y Enrique Nowara (quien estuvo en México hasta 1971 y enfiló parte del rumbo amateur del boxeador Alfonso Zamora, que en los Juegos de Munich 1972 fue el único mexicano que ascendió al podio olímpico, con una presea de plata).

Durante los Juegos de México 1968 hubo un resultado histórico: el mundo vio por primera vez a una mujer mexicana en un podio olímpico: la esposa, madre y floretista Campeona Panamericana Pilar Roldán se colgó la única medalla olímpica que ha ganado la esgrima nacional y en la etapa más importante de su preparación hacia ese podio, Pilar trabajo en el Centro Deportivo Olímpico Mexicano con el apoyo del técnico Jerzy Buczak, quien no encontró limitantes alguna en nación, género o maternidad y trabajó duro con la mexicana hasta verla cumplir la meta que deseaba desde Tokio 64, aquí los detalles de su increíble historia.

En esos Juegos de 1968 el país local ganó su primera medalla olímpica en marcha atlética: el Sargento José Pedraza se colgó la plata en los 20km marcha, con la ayuda del entrenador polaco Jerzey Hausleber (con quien comenzó a trabajar en el verano de 1966) un técnico que en más de 35 años de esfuerzo directo con los atletas, contribuyó a que México colectara casi 120 preseas en Juegos Centrocaribeños, Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos o Campeonatos Mundiales de Atletismo, además de romper en 15 ocasiones los récords mundiales de distintas distancias de la caminata atlética. Hausleber Roszezewska fue el técnico que innovó con los entrenamientos en alturas superiores a los 4 mil metros sobre el nivel del mar y con su metodología se volvió artífice de leyendas como: Daniel Bautista, Ernesto Canto, Carlos Mercenario, Bernardo Segura, Noé Hernández o Joel Sánchez; todos ellos medallistas olímpicos de marcha atlética y por ello recibió el premio a la ‘Orden Mexicana del Águila Azteca’, que se concede a extranjeros que ofrecieron su esfuerzo para el desarrollo nacional, después se naturalizó mexicano y ganó además el Premio Nació al de Deportes.

Junto con Hausleber, llegó también a México en 1966 el entrenador Stanislaw Poburka para entrenar al equipo olímpico de voleibol varonil que no logró ganar ningún encuentro en el torneo de los Juegos de 1968, pero que contribuyó a sembrar la semilla que hizo crecer el deporte hasta tener talentos de exportación hacia Europa (como: José Luis Martell, Tomás Aguilera o Pedro Rangel). A sus 92 años de edad, Pobruka reside en Polonia.

Pero otro de los talentos polacos que llegó a México y se quedó aquí hasta su último aliento fue Tadeusz Kepka. Ambos, Hausleber y Kepka arribaron al país tras un contrato emitido por José de Jesús Clark Flores, entonces vicepresidente del Comité Olímpico Mexicano y en el caso de Kepka, su labor se enfocó en pruebas de fondo. Tadeusz -que hablaba fluido inglés, francés ruso, español y hasta latín- comenzó el arduo trabajo con una generación en la que estuvo el destacado Juan Máximo Martínez (qepd), único mexicano que se ubica en 4º sitio en dos distintas pruebas de unos mismos Juegos Olímpicos: en México 68 se quedó a un paso de las medallas tanto en 5,000m, como en 10,000m; con el también entrenó el medallista panamericano Mario ‘El Sope’ Pérez quien hizo los orígenes de la pista que lleva su apodo en la 2ª Sección de Chapultepec y aquí está la historia de este sitio y su creador.

Después, Kepka desarrolló el talento de Rodolfo Gómez, quien ganó maratones como Tokio o Atenas, fue dos veces 2º en el Maratón de Nueva York y también corrió el 42k en dos ediciones olímpicas: 1976 y 1980. Más tarde el mismo Rodolfo se volvería un destacado entrenador. Pronto llegó a manos de Kepka el talento de Arturo Barrios, el único mexicano que ha roto un récord mundial en pruebas de fondo (10,000m 27.08.23, Berlín 1989) y fue el primer hombre del mundo que hizo un 21k en menos de una hora. Con sus conocimientos, sus interminables cuadernos con estadísticas y su extraordinaria memoria, Tadeusz contribuyó a ver Subcampeón Mundial de maratón a Dionicio Ceron y también guió el trabajo que acumuló en sus piernas el veracruzano Germán Silva, dos veces ganador del Maratón de Nueva York y finalista olímpico del 42k en Atlanta 1996. Además se encargó de dirigir la preparación física de árbitros de fútbol mexicano. Antes de su último aliento, recibió a su último alumno destacado: el multimedallista panamericano y doble finalista olímpico Juan Luis Barrios.

A principios de la década de los 80 regresó a México con contrato en mano Andrzej Piotrowski (quien había venido a la capital del país en los Juegos de México 68 como parte del equipo polaco) y tendría por labor desarrollar los talentos en velocidad; entre otros, guió a Mayra González (400m), Óscar Juanz (400m vallas) y al sonorense Alejandro Cardenas quien practicaba la prueba combinada de decatlón y en 1999 se convirtió en la primera persona de México que ganó una medalla mundial en pruebas atléticas de velocidad: 400m y subió al podio con el bronce, al lado de la leyenda de las pistas, el estadounidense Michael Johnson. Hausleber, Kepka y Piotrowski estudiaron juntos en la Academia de Educación Física de su natal Varsovia. Antes de llegar a México Piotrowski entrenó a Irena Szewinska, Campeona Olímpica en México 68 en 200m y quien poseyó los récords mundiales de 100m, 200m, 400m y 4x100m.

Antes de ser entrenador, Piotrowski buscaba incursionar como actor en su natal Varsovia, pero migró a la Ciudad de México a desarrollar talentos deportivos. Hoy es el único de todos ellos que sigue viviendo en México.

La última en migrar de Polonia a México fue Wanda Panfil, considerada la mejor corredora de fondo del país, quien ganó majors como Nueva York o Londres, ademas de ser Campeona Mundial de Maratón en 1991 y fue así la primera y hasta hoy única Campeona Mundial del 42k nacida en Polonia. Wanda es la única de los ocho técnicos que aún se mantiene activa como entrenadora y apoya a distintos atletas como Vianey de la Rosa, olímpica en Río 2016.

Polonia, con el intelecto, la dedicación, la exigencia y, en casi todos los casos, con el ácido humor de sus técnicos, llevó a la gloria a atletas mexicanos que pusieron también intelecto, dedicación y exigencia en mancuernas que engrandecieron a México y crearon legados invaluables hasta hoy.

Deportes, Mujer y Deporte

Maratón de Nueva York: Una conquista a ciegas.

El húmedo aroma del bosque se entremezcla con la fría mañana y Martha ya acumuló más kilómetros en las piernas. Será la primera mujer ciega de México que corra el Maratón de Nueva York y se alista para hacer de lo inédito, algo extraordinario.

“Esto es algo que puede hacer visibles tres condiciones que vivo: la discapacidad, mi género y mi edad porque a mis 58 años me animo a hacerlo. ¿Qué necesito? Entrenar: lo estoy haciendo, recursos: los estamos buscando, con eso lo voy a lograr y qué mejor: ¡representando a México!”, comparte Martha Beatriz tras culminar el entrenamiento en el Bosque de Chapultepec, algo que en su vida, antes de llegar al gremio de la discapacidad, no hizo nunca.


“Tengo 14 años en la discapacidad y anteriormente yo no corría, pero al verme sin hacer nada mi condición de salud era muy deplorable; empecé a correr y a sentir mejoría en mi cuerpo: hoy no tomo tantos medicamentos, he bajado de peso, he encontrado amigos y muchas disciplinas que puedo hacer. ¡El ejercicio me fortalece tanto!”, agregó López Vértiz, quien lleva una playera amarilla con el letrero ‘corredor ciego’ para ser visible y considerada por aquellos que también entrenan y sí pueden usar su vista.

Hace más de 35 años que Martha lidia con artritis reumatoide. Al detectar esta enfermedad crónico degenerativa recibió un tratamiento que debilitó su vista hasta que la perdió por completo.

“Fue algo paulatino…y digo: no fue por mi causa y nadie somos ajenos a que nos suceda. Perder la vista fue muy complicado porque en tu vida normal lo tienes todo y de pronto todo se va: trabajo, amigos, dinero”, compartió Martha con la voz entrecortada ante la impotencia de saber cómo todo lo que un día tuvo esfurmó. “Pero no me quedé a esperar nada. Quería seguir creciendo a pesar de todo. Entré a la Escuela Nacional para Ciegos, me rehabilité, conocí a muchas personas, vi que no era la única y estudié tres años, ahora soy Técnico en Masoterapia”, explicó la maratonista queda va por su segundo camino académico pues estudia en la Universidad Nacional Autónoma de México la carrera en Trabajo Social.

“No solamente quiero crecer en lo deportivo, también en lo educativo. He tomado muchos cursos de todo relacionado a la discapacidad no solo lo visual sino en todas las condiciones y sé que puedo aportar a empatizar y mejorar la calidad de vida de quienes tienen discapacidad. Curiosamente estudiar una carrera es algo que no había podido lograr antes y hoy lo hago con esta condición y a esta edad”, comparte orgullosa y sonriente la maratonista, que hizo de una dura pérdida su mayor motivo para reinventar su vida y hacer hoy más de lo que hacía 14 años atrás.


“A veces te sientes culpable de adquirir tu condición, pero me di cuenta que no es así. Espero que las personas puedan ser más sensibles con la comunidad porque no tenemos la vida comprada, cualquiera en cualquier momento puede llegar a la discapacidad y si alguien llega, hay que aprender a vivir y a superar; aprender que con lo que tenemos podemos hacer lo que deseamos”

Martha López
Maratonista ciega

Aprender a correr sin ver fue un reto que rompió las barreras de todos sus límites. “Al principio tenía temor y decía: «¿cómo voy a correr si caminar en la calle me cuesta mucho?» Empecé caminando con miedo, pero aquí Halcones me ha dado mucha seguridad y fortaleza, ya he hecho carreras desde cinco kilómetros hasta maratón, he encontrado amigos, oportunidades de todo lo que puedo hacer y darme cuenta que no debo ponerme límites de ningún tipo: ni condición de discapacidad, ni edad, ni género, lo que sea que yo quiera ¡lo puedo hacer!”, agregó.

Pero el camino ha sido más complejo que dominar sus propios temores. Martha ha superado además la pesadumbre de los prejuicios. 

“En mi casa hay ese tabú. Mi madre dice ‘¿pero por qué te vas a salir? ¿por qué te arriesgas?’ Pero es que no puedo encerrarme sin hacer nada. Hay mucho que deseo hacer: ya anduve en bici por 14 días desde Baja California a Baja California Sur; hace dos años anduve en motocicleta un mes por 19 estados de la República, ya hice un duatlón y me preparo para un triatlón. De niña no tuve una bicicleta propia, pero ahora quiero comprarme una bici tándem y en especial quiero demostrarle a mi familia que lo puedo hacer, ¿me voy a caer? si, tal vez ¿me voy a levantar? Seguro que me voy a levantar. No pasa nada”, agregó la aventurera que tocará el asfalto neoyorquino el 7 de noviembre próximo, en busca de conquistar sus calles con su esfuerzo y abrir las puertas de la confianza para quienes llegan a la discapacidad y creen que lo han perdido todo.

“Sueño con llegar a la meta. Pisar Nueva York es algo maravilloso, pero cruzar una meta con tanta gente, con el equipo que llevo, con el acompañamiento que tengo: mis guías, mis amigos que está al pendiente, llegar a la meta va a ser un sueño logrado. Solamente faltan un poco de recursos y un poco de entrenamiento pero lo demás está puesto para seguir yendo pa’ delante”, garantizó sonriente la mensajera de una esperanza ilimitada y retos inagotables.


Halcones del Asfalto

Martha entrena con el Club de Corredores Halcones, que vincula a personas con discapacidad visual (desde debilidad hasta ceguera total) con voluntarios que desean apoyarles en construir metas sobre el asfalto: desde tener la confianza de caminar 500 metros sin un bastón, hasta competir en eventos de 42 kilómetros.

“Uno de los principales valores que tenemos es el de al confianza, que se va construyendo con entrenamientos, asistencia, interacción.Una persona con discapacidad visual va a confiar en ti desde para caminar un kilómetro sin usar su bastón, hasta para correr durante 42 kilómetros, te conviertes en sus ojos y tienes que trabajar en construir confianza y este vínculo es muy poderoso”, explicó Teresita Robledo, coordinadora de Halcones México, que hoy, además de apoyar a atletas con discapacidades visuales, también recibe a personas con otras condiciones discapacitantes.

“En el camino fuimos aprendiendo que cuando eres guía entiendas que la discapacidad no define a una persona, pero sí tenemos que saber cómo podemos mejorar para ayudar al corredor a que en verdad de su máximo”, agregó.

El equipo se reune los sábados a las 7:00am en el Altar a la Patria del Bosque de Chapultepec para hacer entrenamientos conjuntos y allí mismo capacitan a los voluntarios que desean incorporarse como guías.

“Hay que asumir un compromiso tanto para ir a entrenar, como apoyar a un atleta con una meta en específico por ejemplo: correr medio maratón, un maratón, disminuir tiempos en 5k… en el equipo siempre decimos que todas las metas son importantes así sea que hoy empiezas a caminar un poco más, hasta correr un maratón en busca de ganar tu categoría”.

Con seis años en el equipo, Edgar Elenes Inchaurregui es el guía más experimentado. “En un principio fue curiosidad conocer y entender qué implicaba ser guía. Llegué con la idea de darles tiempo y esfuerzo pero me di cuenta de que yo recibía mucho más al aprender de su actitud ante la vida y su resiliencia. Me han enseñado a ser una persona más paciente, a entender un poco más las necesidades de los demás y tener un poco de más de conciencia sobre las diferencias y necesidades de las personas”, agregó el voluntario.

“La puerta está abierta. No es necesario tener experiencia como corredor, solo un poco de tiempo, voluntad y deseo de ayudar. Si estan interesados: vengan, conozcan al equipo que tiene a corredores entusiastas y a un grupo de guías que tratamos de ayudarles. Yo espero que la salud me acompañe por muchos años y poder hacer esta actividad el resto de mi vida”

Edgar Elenes Inchaurregui
Corredor guía
Deportes

París 1900: Primera conquista olímpica de México

El polo hípico es un deporte de poca difusión pero mucha traición en México. El país vio crecer y desarrollarse al mejor jugador de la historia mundial: Carlos Gracida, quien fue además el favorito de la Reina Isabel II y maestro de su hijo Carlos y sus nietos Guillermo y Enrique, pero además, en los inicios del Siglo XX fue el polo, gracias a tres hermanos que años atrás incursionaron en este deporte.

El 28 de mayo de 1900, los hermanos mexicanos Pablo, Manuel y Estuaquio Escandón y Barrios, con el estadounidense William Wright hicieron equipo en el polo, porque eran otros tiempos y, en el amateurismo del torneo consideraron posible conjugar a jugadores de naciones mixtas, en un deporte de conjunto.

La justa, se desarrolló cuando Porfirio Díaz era presidente de México. En una era afrancesada en la que los hermanos Escandón y Barrios eran hijos de uno de los más importantes accionistas de una de las industrias que mayormente impulsó Don Porfirio: el ferrocarril.

No existían los organismos deportivos de hoy en día: Comité Olímpico Mexicano, Confederación Deportiva Mexicana, Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte o Federación Deportiva Mexicana de ningun deporte; así, el principal patrocinador de aquel resultado fue el padre de los Escandón y Barrios, que al ser accionista de la construcción del Ferrocarril México-Veracruz, costeó el viaje de sus hijos y sus caballos.

Antonio Escandón (quien por cierto regaló a la Ciudad de México el monumento a Cristóbal Colón que se encuentra en Av. Paseo de la Reforma) se casó con Catalina Barrón y Añorga. En el gobierno de Benito Juárez, el matrimonio gozaba de una privilegiada posición financiera y social y ante las posibilidades de padecer secuelas. Los tres hijos estudiaron en el Stonyhurts College de Inglaterra (fundado en 1794).

En marzo de aquel 1900, el hombre que retomó los Juegos Olímpicos de la Antigua Grecia para traerlos a la modernidad, el Barón Pierre de Coubertain, lideraba la segunda edición de la justa. La primera en 1896 fue, en honor a la herencia, en tierras helénicas, pero la segunda, en su patria, aunque entre desolación por falta de recursos, sin ceremonias que dieran inicio y fin a la justa; sin juramentos de atletas, entrenadores o jueces, mucho menos mascotas, logos o un lema.

En los inicios de los Juegos Olímpicos modernos los competidores, antes de deportistas, eran viajeros. En la segunda edición de la justa, París 1900, no existían las campañas mercadológicas, ni había medios de comunicación interesados en difundir el evento, por ello, los atletas deambulaban por las calles de París, preguntando: “¿Dónde se realizarán las competencias de los Juegos Olímpicos?”, con indicaciones, a veces a señas, por las carencias del idioma, unos y otros parisinos les ayudaban a llegar a las sedes a aquellos que buscaban la gloria olímpica, sin estadios llenos, ni gritos eufóricos, los únicos testigos eran los acompañantes de los atletas y los deportistas que no competían en el momento.

Era una tierra que desconocía las secuelas de las Guerras Mundiales, los campos de concentración, atentados o hasta la comercialización de la competencia; todo aquel que participaba lo hacía por el mero espíritu de contender, sin dádivas de por medio.

La casa del polo en París

Coubertine propuso una serie de torneos, Alfred Picard otros, pero fue Daniel Merillon, quien agregó al programa las disciplinas ecuestres. Así, el Campo de Polo de Bagatelle, en el Bosque de Boulogne, inició el primer torneo de polo de la justa, con equipos combinados que en vez de llevar el nombre de sus naciones, se bautizaron como equipos profesionales: Foxhunters: Estados Unidos con Inglaterra; Rugby: Francia con Inglaterra; Bagatelle: Francia con Inglaterra y Norteamérica: México y Estados Unidos.

El torneo, que duró tres semanas, se jugó en round robin (todos contra todos). Pero en las semifinales, Foxhunters perdió 6-4 ante Bagatellel; mientras Rugby superó 8-0 a Norteamérica y aunque la final se compitió el 29 de marzo, se asignaron los bronces a los dos perdedores, sin que debiesen enfrentarse entre ellos, pues así dicta el protocolo de este deporte.

Sin embargo, en el conteo oficial de aquella justa, no se consideró este resultado. Una de las teorías fue que el torneo se realizó con equipos y no con Selecciones Nacionales; aunque no se les reconoció en el medallero, los polistas sí obtuvieron un premio. En aquellos Juegos, de precaria situación financiera, no se entregó, como es ahora, medalla de oro plata o bronce, sino aportaciones privadas para conceder a los ganadores, desde juegos de pipas, hasta boquillas. Al equipo mexicoamericano se le dio una charola de plata de la que hoy no se sabe nada.

Los hermanos Escandón nunca se cambiaron de nacionalidad. Después de aquellos Juegos, Pablo fue Jefe del Estado Mayor y traductor de Porfirio Díaz en su entrevista con el presidente estadounidense William Howard Taft; luego fue gobernador del estado de Morelos. Manuel y Eustaquio se dedicaron a atender negocios en Francia y España, donde Manuel fue un gran promotor del polo. El estadounidense William Wright, el cuarto integrante de aquel equipo, era socio de los hermanos en sus negociaciones por Europa.

Para la edición de Berlín 1936, México regresó al podio olímpico en el polo, de nueva cuenta con el bronce, pero esta vez como equipo con Juan García, ANtonio Nava, Julio Müller y Alberto Ramos y fue la última edición en la que se realizó esta disciplina hípica.

Ciudad de México, Deportes

¿Por qué se llama ‘El Sope’ la pista atlética de la Ciudad de México?

 

A diario entrenan en ella casi 4 mil personas; su historia comienza hace más de 50 años, con una promesa por cumplir, un intento de asalto…¡y un machete!

Dejó caer el machete sobre la maleza una y otra vez, hasta trazar un camino llano. Padecía una obsesión por cumplir una promesa y -de forma involuntaria- con ese machete abrió la senda para las metas de casi 4 mil corredores, que todos los días asisten a la pista ‘El Sope’, en la 2ª Sección del Bosque de Chapultepec, de la Ciudad de México.

Hace 50 años, un terreno salvaje y escondido entre la hierba silvestre, fue ‘civilizado’ por Mario Pérez, quien transformó una zona hostil para convertirla hoy en una de las pista de arcilla más importantes de la capital del país.

Pero antes de abrir camino a machetazos, Mario era un hombre fumador y sedentario. La cuota de su adicción era una cajetilla de cigarros diaria, hasta que un día su hermano lo retó a iniciarse en el atletismo.

Lo acompañé a una carrera de campo traviesa; los ganadores le sacaron como dos kilómetros de ventaja…¡y que lo regaño! “¿¡Para eso me trajiste aquí!? ¡Para verte perder!”. Él, muy noble contestó: “¿Por qué no le entras tú?”. Muy orgulloso, le dije: “¡Sí. El otro año voy a correr y verás que estos no me ganan a mí!”», recordó Don Mario.

Allí supe lo que cuesta cumplir una promesa. Esa promesa fue mi entrada al atletismo. ¡En el primer mes de entrenamiento, hasta para sentarme me agarraba de las paredes! Sentía que me moría…¡y pararme era peor!…pero todo valió la pena».

Entre orgullosos dolores, el novato corredor cumplió la promesa: se llevó el primer sitio en su primera incursión en el Campeonato Nacional de Campo Traviesa, en 1965 y ese triunfo fue el primer paso hacia una prolongada vida en el atletismo.

Pérez Saldívar profesionalizó sus entrenamientos y una madrugada de 1966, salió a correr con su hermano entre solitarias y peligrosas veredas, sin saber que esa práctica sería el preludio de uno de los lugares de mayor concurrencia para entrenar en la Ciudad de México. “No existía la 2ª Sección del Bosque de Chapultepec. Había, cuevas, barrancas, animales salvajes ¡y hasta drogadictos! Una ocasión nos persiguieron para asaltarnos y al escaparnos, acabamos casi por la Calzada Virreyes, como no podíamos regresar, entrenamos allí. Había mucho matorral, pero le dije a mi hermano: “aquí está bueno pa’ correr” y al otro día me llevé el machete para cortar ramas”, confesó.

Esos machetazos y sus entrenamientos fueron los primeros pulsos en la vida de la pista ‘El Sope’. “Cuando cortábamos la maleza, jamás pensamos que pudiera ser el camino de tantos corredores, sólo queríamos un lugar seguro para hacer ejercicio”.

Entonces, Pérez Saldívar trabajaba en la Secretaría de Obras Públicas (SOP) y representaba a este organismo al competir en pruebas de ruta que podían ir de Xochimilco a Tláhuac, de Tláhuac a Milpa Alta o de Iztapalapa a Tláhuac. En esas competencias recibió su sobrenombre.

“Había varios clubes de atletismo: Venados, CDI, Vaqueros, UNAM, Poli y donde yo trabajaba: la SOP; todos me gritaban, en especial los de Prepa 5 “¡échale SOP!”, me decían, pero un día me ‘regalaron’ una ‘E’, y ya me decían ‘El Sope’; a ellos les debo el apodo”.

Sope.Periodico

De ser un fumador mórbido, Mario ‘El Sope’ Pérez, se convirtió en atleta de selección nacional. Ganó oro (5,000m), plata (10,000m) y bronce (1,500m) en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1970; bronce (5,000m) en los Panamericanos de 1971 y compitió en los Olímpicos de Munich ’72 , basando su preparación en aquella pista, que a machetazos creó.

“Con tantas medallas, una ocasión fui a Los Pinos y vi al Presidente Gustavo Díaz Ordaz. Me preguntó dónde entrenaba, le expliqué y él dijo: “Esa vereda se va a llamar ‘El Sope’” y mandó poner una placa con mi apodo”.

Algunas mañanas, el creador de este circuito practica, anónimo, entre los corredores. “La satisfacción de ver la pista llena a casi todas horas, que la gente venga a correr es muy bonito, ver cómo aquí van haciendo sus cronos, planeando sus metas me da mucha alegría”.

El trazo original que le dio Mario Pérez ha cambiado mucho al de hoy en día, pero ahora la pista atlética ‘El Sope’ tiene dos circuitos: uno de mil 150 metros y otro de 820m; además cuenta con una recta de arcilla de 100m para entrenar tramos de velocidad, tiene señalizaciones cada 100m, aparatos de estiramiento, red de iluminación, red de riego y jardinería.

La pista ‘El Sope’ nació a razón de una promesa cumplida. Es un trazo hecho a machetazos, herencia para los corredores de la Ciudad de México y uno de los circuitos más completos para practicar carrera atlética, en la capital del país.

EL DATO

Legado para todos

La pista atlética ‘El Sope’ es una de las más importantes del D.F. En ella han entrenado desde destacados competidores de alto rendimiento, hasta personalidades como Presidentes o Jefes de Gobierno.

Deportes

¿Te importa o te interesa?

Caminaba un hombre en la calle cuando escuchó un consejo: “Pórtate bien para que te vaya bien”. Sonaba lógico. Dio la vuelta para saber quién lo decía y descubrió que era una recomendación del Diablo. Mi mamá me contó de ese ser acosado por el Demonio. Es real.

En esa frase encuentro las bases que mueven a la conducta humana: la motivación interna y la motivación externa. ¿Qué hay en un corazón para impulsar a un alma a actuar? ¿Y qué sucede cuando no es el alma la que estimula nuestros actos?

La motivación interna hace que las cosas nos importen, la motivación externa hace que las cosas nos interesa. Parecen sinónimos, pero son opuestos.  Mi lenguaje es el deporte, en él me explico.

Un niño sale a jugar futbol, por ejemplo. Esa actividad se convierte en su alegría; allí encuentra su momento de libertad, su diversión y sus retos. Sin obtener nada a cambio, desea jugar para esforzarse e inventar sueños en torno al juego: que es profesional, que representa su país en una Copa del Mundo…El futbol le importa, el juego mismo es su satisfacción.

El niño crece. Compite, destaca en el equipo, descubre que tiene talento, recibe reconocimientos, quizá hasta su papá o el entrenador proponen darle una recompensa por cada gol que anote. Todo eso le asombra. “¡Hago lo que amo, me aplauden… y encima me dan dinero si lo hago bien!”, piensa. El futbol es su diversión y por ello es importante, pero ahora, hay un beneficio extra.

En esta historia, el ahora joven, recibe ofertas para jugar en un equipo semiprofesional y recibir una paga formal. Siente más compromiso y se esfuerza más. Sus cualidades incrementan y así los apoyos económicos que recibe.

En unos años, alcanzó lo que de infante era un sueño: es jugador profesional y aunque sigue haciendo lo que ama y disfruta, el futbol se ha convertido en su medio de vida. En una lenta transición, la motivación interna se va transformando en externa. Antes era jugar por gozar, poco a poco, ese goce se reduce y lo que ahora mueve su accionar en torno al futbol, es el interés: tener ingreso para su desarrollo.

Aquel pequeño que se divertía mientras jugaba futbol, sin recibir nada a cambio, se ve ahora inmerso en firmas de contratos, representantes, sueldos, lesiones y hasta conflictos políticos, por tratar de llevar su vida, a través del futbol. Hoy juega por dinero y ha olvidado que en su origen jugaba por jugar.

Si llega a la Selección Nacional, exige más beneficios, pues desde niño ha recibido elogios que ponderan su merecimiento ante su buen nivel y además, ya no alcanzan sus ingresos para sustentar su forma de vivir. El futbol se ha convertido en su profesión, en su interés.

A todos nos puede pasar. Ese futbolista es un ejemplo para replantearnos qué es lo que nos mueve a tomar ciertos caminos. ¿Actuamos en busca de un fin que nos de satisfacción? ¿O son nuestros propios actos los que nos brindan bienestares? Si nos desarrollamos en la búsqueda de recompensas por lo que hacemos, la frustración es altamente probable si no obtenemos lo que buscamos; en cambio, gozar del desempeño personal en sí, brindará los frutos de manera natural.

A aquél hombre que el Diablo le dijo un consejo, le dio a entender más bien que la bondad debe surgir por una motivación externa, por interés, porque debe tener una recompensa; cuando el estímulo de actuar con bondad radica en el propio hecho de hacer el bien; es decir, con una motivación interna, un ímpetu que nos anima a hacer las cosas bien porque ese sólo hecho nos satisface, porque nos importa.

Mi ejemplo es el futbol, pero puede suceder en basquetbol, en beisbol, clavados, atletismo…y no sólo en deportes, en cualquier actividad en que nos desempeñemos, en nuestros actos diarios.

Lo que tú haces ¿te importa, o te interesa?

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Periodismo Deportivo: más que difundir resultados, en esta labor autodidacta

Al término de los cuatro años de estudiar periodismo, asumimos contar con las herramientas básicas para iniciar en el desarrollo práctico de este que es  –permítanme el término- un ‘oficio en vía de profesionalización’. Gran error. Culminar los estudios es quizá el primero de muchísimos pasos en el ‘terreno de juego de la información’.

El Periodismo es un trabajo autodidacta. Los estudios permiten conocer los géneros periodísticos (nota, entrevista, crónica, color, reportaje, artículo, columna) y a su vez las preguntas que deben responder (¿qué? ¿quién? ¿cómo? ¿cuándo? ¿dónde? ¿por qué? y ¿para qué?). Es la base para darle una estructura a la información; pero, el trabajo periodístico consiste en saber cómo investigar las respuestas a estas preguntas y a su vez, difundirlas con objetividad, claridad y de forma oportuna.

La carrera brinda las herramientas técnicas para generar la información; sin embargo, no hay una capacitación para convertirse en un experto del contenido mismo.

Vidas paralelas: si de manera alterna, una persona estudia Medicina y otra Periodismo, en cuatro años uno será Médico General y el otro Periodista. El doctor continuará los estudios en una especialidad (Ortopedia, por ejemplo), mientras el periodista empezará a ejercer en alguna fuente específica (Deportes, por ejemplo). Al término de su especialidad, el médico podrá estudiar una subespecialidad (como ortopedia en rodilla), mientras el otro, a base de experiencia, se convertirá en especialista, quizá, en Deporte Amateur (o también llamado Olímpico).

Mientras el Médico tiene un desarrollo avalado por la academia, el Periodista basa su crecimiento profesional en el campo práctico. En el Periodismo quien escribe aprende tanto como desea e igualmente difunde tanto como puede comprender. No hay un aval escolar que determine sus capacidades para informar temas especializados, ni una exigencia de sus medios, por una mayor capacitación en su labor.

En su desempeño laboral, puede cometer errores informativos, algunos graves, en el prestigio del medio que representa, pero en especial de su propio nombre, pues al fin, la firma de periodista, es lo primero y más importante que tiene. Como periodista, tu nombre es tu propia marca.

En el caso del periodismo deportivo, en la fuente de deporte amateur o deporte olímpico, nadie le explica al periodista cuántas disciplinas comprende el atletismo; qué es envión y qué es arranque en levantamiento de pesas; cómo son las claves que se utilizan en clavados; el ippon o el yuko en judo; los aparatos que comprende la gimnasia artística varonil y su proceso para obtener calificaciones; las figuras destacadas nacionales e internacionales; la historia de cada deporte; los logros nacionales previos; la legislación deportiva; la metodología competitiva…muchos otros temas.

Es más: no existe un ‘proceso’ de clasificación para definir si un periodista cuenta con los conocimientos necesarios para cubrir unos Juegos Olímpicos; aun cuando la calidad de su cobertura tiene un alto impacto en cómo la sociedad asimila los resultados de los representantes de su país, o de los logros históricos de figuras internacionales.

El deporte es más que una fuente periodística de entretenimiento, más que la difusión de notas a granel que nos evaden de las realidades personales; más que la burda difusión de estadísticas o resultados, más que una ilación de historias aspiracionales. Como lo ha escrito el holandés Johan Hizinga en su libro Hommo Ludens, “el deporte es una representación lúdica de la lucha por la vida”.

El deporte, como el arte, son importantes complementos para la vida, para una existencia armoniosa y plena; difundir sus cualidades pide mayor responsabilidad.

El camino de una periodista

El impredecible 7 agosto

A los reporteros ni una gitana podría leernos el futuro. Jamás sabes lo que encontrarás al abrir los ojos por la conquista de un nuevo día. Uno de esos días fue éste: 7 de agosto de 2012, cuando en menos de cuatro horas vi más de lo que podría imaginar.

Estar allí era un sueño cumplido por el que trabajé diez años sin descanso. Desde 2002 se inyectó en mi el espíritu olímpico y llegar a unos Juegos se volvió mi meta; un camino complejo en el que para los periodistas no existe propiamente un proceso de clasificación, sino de designación. Así que al pasar una década entre pistas, tatamis, dianas, arcos, gimnasios, libros, cifras, datos y detrás de la computadora, sentir el respiro del ambiente olímpico británico, pese a dejar al otro lado del mundo a mi bebé, era una especie de ‘medalla de oro’ para mi.

Pero específicamente, en esa fecha del 7 de agosto del 2012, el atletismo estaba en sus días iniciales en Londres 2012. Me instalé en el Estadio Olímpico, lista para ver al corredor David Rudisha en los 800m. Rudisha me caía bien. Su papá ganó plata en el relevo 4x400m de México ’68 y aunque no nos conocíamos ya me parecía que su historia se entrelazaba de alguna forma con mi país. Así que me senté en la grada para prensa junto a un desconocido y pronto descubrí que era un sabio: un austriaco de 81 años que gozó esa competencia a tal grado que me hizo llorar de emoción. Tan pronto el keniano cruzó la meta con el oro, este hombre europeo empezó a escribir aceleradamente para compartirme muchos datos que me hicieran valorar ese récord mundial que jamás olvido: 1:40.91 minutos. Así veía la vida aquel señor y pues sí, de alguna forma no sabríamos en qué momento dejaría de atestiguar, valorar y compartir cada instante. Esa fue su lección más grande, más allá de los textos que aún conservo; más allá de la diferencia en nuestros idiomas o culturas, para él la prioridad era compartir la luz de sus emociones y, de forma implícita, su sabiduría conmigo. Aún tengo sus líneas, como el recuerdo de un aprendizaje más grande incluso que el imperioso atletismo.

Pero, en mi deber laboral, salí aceleradamente de allí. Debía ir a cubrir las competencias en el Complejo Acuático. Me instalé en la tribuna de prensa, lista para ver las pruebas de clavados. No había tantos reporteros de México. La mayoría estaban en el ExCeL Complex, donde el sonorense Óscar Valdez peleaba los 4os de final contra Irlanda. De ganar, rompería una sequía de 12 años sin ver a un mexicano en un podio olímpico de boxeo. En su segunda incursión olímpica, el querido Valdez Fierro se despedía del pugilismo amateur con una derrota, mientras yo, seguía en los saltos ornamentales.

Todo parecía una historia conocida: Laura Sánchez en el trampolín 3m individual. Fue 6ª en Beijing 2008 y en el primer salto de Londres 2012 estaba 5ª; en la segunda ronda 6ª. Para mí ya era loable que estuviera en finales con una lesión severa en el hombro y en medio de diversas adversidades administrativas. Empecé a escribir la nota ‘Culmina Sánchez en 6º sitio’. ¡Oh error! Laura remontó. No me quiero poner técnica, pero Laura rozaba zona de medallas. Estaba en una dura lucha con la italiana Tania Cagnotto y al final la superó ¡por 20 centésimas! (362.40 puntos de Laura, por 362.20 de Tania) HISTÓRICO: Laura es hoy por hoy la primera y única mujer mexicana que gana una medalla olímpica en una prueba individual de clavados. ¿¡Qué más esperaban mis ojos!? Un récord mundial de atletismo, una medalla olímpica histórica para México…¡y faltaba mucho!

Entrevisté a Laura y salí de la sala de prensa del Complejo Acuático prácticamente jalada por Carlos Legaspi, quien me tomó por el codo y me apresuraba para regresar al Estadio Olímpico de Atletismo. Legaspi fue mi lazarillo en ese andar de casi 2.5 kilómetros y se lo agradezco, pues mientras avanzaba, escribía las letras finales de la nota sobre Laura.

Llegamos al Estadio y es literal que ya no cabía ni un testigo más; increíble porque había 80 mil asientos, pero solo cupimos de pie y en un rincón. Lamenté mucho no poder sentarme junto al sabio austriaco, pero menos de 15 minutos después, allí estaba un mundo silente y expectante: presenciando a ocho hombres hincados que esperaban el disparo de salida y a su sonido, respondió un estruendo único y electrizante. El mundo vio entonces al primer hombre en la historia que retenía un oro olímpico de 100m…con nuevo récord olímpico. Sí: Usain Bolt, con crono de 9.63 segundos, tiempo suficiente para que la multitud se rindiera ante el ‘rockstar del tartán’.

Lo que más recuerdo de aquella final es el dedo índice de la mano derecha de Usain. Aún le faltaban dos pasos para cruzar la meta y ya había puesto ese dedo sobre su boca, una señal universal de «silencio»; una especie de «¡a callar!», pues durante un año cargó la pesada loza de la «rumorología». En 2011, durante los Campeonatos Mundiales de Atletismo de Daegu, Corea, en la final de los 100m pasó lo impensable: Usain se descalificó por una salida en falso, por estar pendiente de los movimientos de su compatriota Yohan Blake (que al final ganó el oro mundial del hectómetro en Daegu 2011). Fue un error, un trauma, un fantasma que lo persiguió hasta Londres 2012, con un»¿y si pasa de nuevo?» «¿Y si Blake le gana?». Así que esa noche de verano británico, sus zancadas sacudieron esas y más dudas y el ademán tenía que reforzar su monarquía.

Pero ¿y mi historia? ¿Allí acabaría la aventura? ¡Pues no! ¡FALTABA LA CONFERENCIA DE PRENSA CON BOLT! Bajábamos apresurados cuando Legaspi me dijo: “Voltea discreta y mira quién viene detrás de nosotros».

Obviamente que no fui discreta, obviamente que miré hacia atrás y al verlo pensé «¡NO-PUEDE-SER!» A dos escalones de mí estaba caminando ¡SIR PAUL MCCARTNEY! Tal vez fue en ese instante cuando debió de darme un infarto ¡pero no! Sólo pude verlo, tratar de tomarle fotos y (estúpidamente) decirle “¡Hola!” (sí en español) y me contestó igual “¡Hola!”.

Pude infartarme allí de no ser porque el guardaespaldas que nos separaba empezó a empujarme y a gritar “¡Camina! ¡Camina!” y pues sí, se me fue el espasmo y desperté para TRATAR de andar, y de asimilar la serie de anormalidades que en tan pocas horas viví, para rematar con: la conferencia de prensa de Usain, siempre ocurrente, bromista, creativo y paciente.

A las 11:40 de la noche me di cuenta de que no había comido desde el desayuno, que hacía frío y que la noche sería bastante complicada (en especial considerando que, por una carambola de azares, en aquellos días me tocó dormir en el banquito de uno de los pianos verticales que están en la estación de trenes de St. Pancras), pero ¿qué más daba? Si lo que viví esa noche no salía ni planificando.

Un día singular, lleno de personas mágicas, que hicieron algo aquel día que me asombró, me conmovió, me alegró y me llenó el alma. Pasan los años y recuerdo con el mismo brillo cada instante de ese séptimo día de agosto, en un verano olímpico intenso, alocado e inédito.