Mi mamá es un hada

Antes de comenzar: me confieso profundamente egoísta y algo cobarde. Por muchos años he sido capaz de viajar en lo más profundo de historias ajenas para salir a contarlas, pero yo misma he sido temerosa en adentrarme a los lugares más sensibles de mi corazón y compartirle al mundo las joyas que en él encuentro. Pero aquí va una, una muy valiosa.

“Mamá que hable Osito”. Así le decíamos mi hermana y yo a mi mami por las noches, pues antes de dormir, ese pequeño oso guiñol con corbata de moñito platicaba con nosotras ¡Era tan divertido! ¡Hacía cosas tan chistosas! Después de platicar con Osito, nos sentíamos tan felices; era un momento de alegría y olvido, pues por esas fechas, mi hermana continuaba un prolongado tratamiento entre cirugías y rehabilitaciones, después de que en un accidente padeció quemaduras de hasta tercer grado.

Entonces no lo sabía, pero hoy veo que admiro muchísimo a mi mamá. Después del cansancio en el trabajo, atender pendientes en casa, cuidar la situación financiera, llevar a mi hermana al hospital y el dolor que le causaban las secuelas de ese accidente, su prioridad en esas noches era vernos felices.

Mi mamá es un hada. Aun cuando la vida se plagara de problemas, mi mami hacía magia y nos resguardaba de cualquier dificultad en un invisible pero resistente domo blindado, que creaba su corazón para nosotras: la protección de su amor incondicional; con él hacía que hasta la más grande dificultad se viera ínfima comparada con la simpleza de nuestra felicidad y nuestras sonrisas.

Su fortaleza para hacernos sonreír y sentirnos seguras, aun entre las adversidades, es una de las múltiples pruebas de su amor y uno de sus más grandes ejemplos en mi vida.

Hay cosas de ella que disfruto desde muy pequeña, una es escucharla cantar. ¡La voz de mi mamá es tan hermosa! Era yo muy chiquita pero recuerdo que al escucharla yo cerraba los ojos, y percibía cómo, a la par de su voz, las cuerdas de la guitarra obedecían a las yemas de sus dedos. Verla cantar se convirtió en una inspiración muy profunda en mi vida y entonces quise aprender a hacerlo yo también; pensaba adoptar eso como una herencia de sus manos a las mías, sin darme cuenta que en los fundamentos de mi ser, ya estaba ella, mi primera y más grande maestra, mi ejemplo, mi mamita.

Pero al aprender a tocar la guitarra, me di cuenta de los más simples detalles: que al principio duelen mucho los dedos y que poco a poco se hace callos en la mano que aprieta las cuerdas; que es necesario coordinar que una mano pise cuerdas y otra las haga sonar, mientras también hay que recordar la letra y cantar; pero especialmente, me di cuenta que al cantar, ella también me daba muchas enseñanzas. A veces me hacía sentir nostalgia, pero regularmente cantaba con valor. Valor es lo que más he aprendido de ella.

Yo llegaba al mundo en los últimos alientos del otoño y ella con sólo 20 años y sin instructivo alguno sobre cómo atender a una bebé rebelde, se dejó guiar por el amor y lo hizo en grande para cuidar de mí; entre sus brazos me arrullaba y protegía y desde entonces sé que estar con ella es como si la paz tuviera un perfume: abrazarla, respirar profundo y sentir su aroma hace de mi mundo un lugar hermoso.

Mi mamá es un hada y sus manos son mágicas: un día puede crear de la nada una hermosa sirena o darle vida a un elefante que cabe en la palma de mi mano, pero al siguiente puede quitar mis preocupaciones al acariciar mi cabello mientras me peina y cuando termina de hacerlo, me despeino para que de nuevo adentre sus dedos en mi cabello; podría hacerlo mil veces hasta sumirme en un sueño, mientras sonrío.

Gracias a mi mami viví miles de aventuras en lugares fantásticos que después supe, se llaman museos. ¡Nos encantaba ir a museos! A día de hoy es de las cosa que más disfruto hacer. Gracias a ella cada paseo era conquistar el capítulo de una aventura y era aún más divertido porque a veces mi mami nos llevaba vestidas de algún personaje. Mi mami es un hada que hace magia hasta con el tiempo; entonces veía tan común que ella, además de todas sus ocupaciones, hiciera un espacio en la agenda para coser nuestros disfraces y hoy daría lo que fuera por recuperar el mío de Caperucita Roja con el que íbamos a Chapultepec y mi hermana iba de conejito; o los que hizo cuando era Día de las Madres o de la Primavera o para las Pastorelas. Siempre hizo tanto. Siempre ha hecho mucho más de lo que “debe”, para llenar de ternura y amor cada acto hasta tocar los límites de lo que “quiere”.

Mi mami me enseñó a ser atenta con las personas desde que era yo muy pequeña. Una ocasión hubo visitas en la casa y mientras los adultos platicaban, me fui a la cocina a preparar las viandas de nuestros invitados, pero cuando llegué a la sala, con charola en mano, todos morían de risa, pues puse en ella lo que a mis cuatro años de edad tenía al alcance: los bolillos duros que mi abuelita había dejado para hacer pan molido y un poco de agua simple. Aunque yo no entendía que eso no sería apropiado, sí entendí que mi mami valoraba mucho mi intención y mi ternura, características que solo son reflejo de lo hermosa que es ella misma, porque sin ella no habría yo aprendido a ser así.

En los viajes por carretera, en verano nos íbamos de vacaciones a ver a nuestra querida familia en Guadalajara. Mi mami nos acondicionaba una cama en la parte de atrás del auto para que viéramos cómo cambia el color del cielo, su firmamento, el albor del sol y su caída. Siempre me ha enseñado lo valioso que es mirar a las estrellas.

He visto a mi mamá cruzar por las batallas más cruentas, lidiar con monstruos que parecían indestructibles y he visto cómo de su corazón emerge con la fuerza para engrandecer su valor y hacer de lo adverso una enseñanza.

Hace años, cuando me rompí el pie, ella se encargó de cuidarme, a cada momento, de darme felicidad en un proceso doloroso, de salir a pasear aunque implicara cargaruna silla de ruedas; entonces también me compartió algunos secretos de su magia: me enseñó a tejer. No lo hago tan bien y a veces me desespero, pero cada vez que lo intento, pienso en ella y en cuánto me gusta verla cuando teje.

Mi mamá ha dedicado su vida a enseñarme, aun cuando he sido una alumna irreverente, difícil y rebelde. Con su amor incondicional, fue paciente, para amarme aun conociendo las peores versiones de mi ser, aun cuando fuera difícil tratar de comprenderme (porque hubo una época en la que ni yo misma me entendía) y a pesar de ello, siempre ha estado dispuesta a ayudarme; aunque a veces me viera tomar decisiones que claramente me llevaban a caer, ella a veces me ha advertido y otras, sabe que necesito vivir esa experiencia y, por doloroso que ha sido, respeta mis locuras y sus consecuencias; siempre está lista para recibirme después de mis tropiezos, para abrazarme y demostrarme que puedo dar más, llegar más lejos, soñar más alto, potenciar lo mejor de mí.

Mi mami me ha enseñado que es una falta de respeto no dar lo mejor de uno mismo en honor a los dones y las bendiciones que recibe y que si quiero resultados excelentes, antes debo vivir cada momento en excelencia.

Conocerla en sus distintas facetas me inunda el corazón de amor. Ver su versión como una hija responsable, cuidadosa y amorosa, que hasta el último aliento de mis abuelitos dio todo lo mejor para ellos, compartirme el dolor de despedirse de ellos y hasta a veces puedo ver la añoranza que nació en su corazón ahora que no están; pero también conocerla como abuelita me ha hecho disfrutar de su alegría, su risa y sus travesuras. ¡Me hace tan feliz! Al verla sólo pienso: “Mami: espero cada día parecerme más a ti”.

Mi mami ha sido mil veces mejor mamá de lo que he sido como hija. Su bondad, sabiduría, creatividad, alegría, inundan mi corazón de su presencia.

No tengo tantos recuerdos en la mente como la cantidad que guardo en mi corazón. Gracias mami por todo lo que me has dado, anticipadamente te agradezco por todo lo que aún está por llegar y te prometo honrar todas las alegrías, enseñanzas y lágrimas que hemos vivido juntas; ni una experiencia ha sido en vano.

Te amo mamá.

Publicado por Katy Lopez

Katy López radica en la Ciudad de México. Desde 2001 es reportera y su fuente principal es la información deportiva. Actualmente trabaja en El Heraldo de México.

Un comentario en “Mi mamá es un hada

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios .

A %d blogueros les gusta esto: