Deportes

Del Olimpo al olvido

En más de 120 años, solo mil 792 mexicanos han pisado un escenario de Juegos Olímpicos, un selecto y pequeño grupo que refleja lo difícil que es clasificar a la justa.

No es fácil tener mil 792 olímpicos en la historia de nuestro país que hoy tiene más de 130 millones de mexicanos. Es un gran honor y más festejar 100 años de la creación de esta institución que ha dado más que campeones a México: también desarrollo a través de unos Juegos Olímpicos en 1968”.


Marijose Alcalá
Dirigente del Comité Olímpico Mexicano.


Los primeros mexicanos que compitieron en unos Juegos Olímpicos fueron los hermanos Manuel, Eustaquio y José Pablo Escandón y Barrón en la edición de Paris 1900; también fueron los primeros mexicanos que subieron al podio con el bronce en el polo hípico.

Aquí su historia

“¡En toda la historia son 110 mil hombres y mujeres Olímpicos a nivel mundial, en una población que actualmente oscila en los 8 mil millones de habitantes! Es una situación muy privilegiada ser Olímpico, se reconoce que para ser participante se debieron pasar muchos procesos y cada vez es más difícil lograrlo”, compartió el Subcampeón Olímpico de Lucha, Daniel Aceves.


1792
Mexicanos han competido en 24 ediciones de Juegos Olímpicos: 1746 en las ediciones de verano y 46 en las de invierno.

Pero detrás de las cifras se esconde un mundo posterior al resplandor olímpico. Los años de entrenamiento y preparación en busca de clasificar a unos Juegos Olímpicos se transforman en: lesiones permanentes, no contar con acceso a seguridad social o pensión y además, en las generaciones olímpicas del siglo XX la mayoría de los atletas debió elegir entre hacer carrera deportiva o carrera académica, lo que decantó para muchos en no contar con las herramientas profesionales para crear una vida después del deporte.

“Una de las preocupaciones es dar dignidad a las olímpicas y los olímpicos. Muchos no tienen acceso a un empleo digno y tienen problemáticas socioeconómicas. Queremos tender puentes de apoyo porque han otorgado su esfuerzo para representar México«, agregó Aceves Villagrán, quien dirige la Asociación de Olímpicos Mexicanos, un organismo sin fines de lucro que busca enaltecer los valores del Olimpismo y recordar a los casi mil 800 atletas que en más de 100 años han llevado a México al escenario Olímpico.

Se requiere hacer una dignificación de los Olímpicos Mexicanos porque somos un sector social que puede y quiere seguir sirviendo a Mexico de muchas formas


Daniel Aceves
Subcampeón Olímpico de Lucha en Los Ángeles 1984

Relatos con amor

Una vida de películas.

La mesita de centro, en casa de mi abuelita Elvira, era de cristal y una vez aproveché ese estratégico factor para agacharme y ver hacia dónde rondaba la mula de 6/6 mientras mi abuelito Jesús hacia la sopa del dominó, pero mi descarada jugarreta duró muy poco y, tras darme un coscorrón en la cabeza, me miró indignado -casi diría que iracundo- y dijo: “¡Eso NUNCA se hace! ¡Nunca lo vuelvas a hacer!”.

Los nudillos son articulaciones muy duras ¡pero mi abuelito los tenía aún más! Con ellos podría convencer a quién fuera de desistir de cualquier cosa y claro que le hice caso.

Entonces yo tenía ocho años y mi hermanita seis. Sin subestimar nuestra edad y con mucha paciencia, mi abuelito dedicó muchas tardes y noches a enseñarnos a jugar dominó. Aprendí a leer el juego del rival, a ‘ahorcar’ mulas, a cerrar juegos. Me encanta el dominó pues aunque las fichas llegan a tus manos al azar, gracias a mi abuelito aprendí que la astucia y el intelecto pueden hacer que una mula blanca sea tu Jugador Más Valioso. Entonces apostábamos frijoles o habas como si fueran monedas de oro.

Luego vino el póker. Donde el azar cobra más peso. Mientras barajaba las cartas, mi abuelito me contaba cómo, en una tarde de pocos fondos y mucha suerte, ganó un juego con par de 2, la siguiente ronda con tercia de 2 y la última, por increíble que fuera, con póker del mismo número. El 2 era su número favorito. El 21 aún más.

Hoy entiendo que mi abuelito aprovechó estas tardes y noches de juego para llevarme más allá de la diversión del azar. Jugándonos frijoles o habas, entre cartas o fichas, mi abuelito me recordaba algún episodio de su historia.

Mi abuelito Jesús era carpintero y al fondo de la casa guardaba, en grandes cajas de madera que él mismo fabricó, la herramienta con que trabajó por más de cuatro décadas. Tenía: serruchos, seguetas, pulsos, flexómetros, martillos, formones, cepillos, clavos de todas medidas…como si tuviera su propia tlapalería en casa.

Nació a inicios del siglo XX, cuando México se encontraba con sus primeros respiros pos revolucionarios. Al terminar la primaria, su padre Clicerio lo llevó a trabajar con un tío suyo en la industria de la construcción, después fue con otro tío que era ebanista y tras conocer los finos detalles para hacer de la madera una obra de arte, buscó su propio camino y se hizo carpintero en filmaciones ¡y vaya momento que le tocó vivir: la Época de Oro del Cine Mexicano!

Se diluía la década de los 40 cuando mi abuelito, desde su trinchera, sumó su esfuerzo para dar luz a la cinta de celuloide.

“Y si te decían que debías hacer los muebles, ventanas, barandales de toda una casa, así se hacía. Antes se grababa toooodo en estudio, ahora nomás rentan lugares…yo aprendí a trabajar a detalle y cuando empecé en las grabaciones quería hacerlo fino, bien medido y me decían: ‘¡no’mbre si aquí es a puro serrucho y clavo!’”.

Trabajó en los Estudios Tepeyac, los Estudios Clasa y los Estudios Churubusco. Fue en los primeros donde tuvo un encuentro que marcó su vida.

“Nos llamaron a empezar una película nueva y allí vaaaamos toda la Unidad. A la hora de comer, vi a uno de los compañeros ahí solito, ni quién le invitara un taco y le digo ‘¿no quieres venir con nosotros, vamos a una fonda acá al lado? Y sí, si quiso…Total que comimos rápido para irnos a jugar frontón y le digo a la señora ‘lo de él me lo apunta a mi por favor’ y él se quedó allí comiendo solito.

“Ya cuando regresamos a los estudios me quedé pálido de la regadooota que acababa de hacer: había invitado al actor principal de la película, ¡era Pedro Infante! Pero como estaba vestido de carpintero, yo no sabía que era él. Me acerque y le dije ‘dispénseme por favor por haberlo llevado a ese lugar. ¡Yo no sabía quién era usted!’, me agarró del hombro y me dijo ‘no’mbre no me diga eso, ¡que eso nomás lo hacen los amigos de verdad!’”.

Mi abuelito reía como si ese mismo día hubiese pasado aquel encuentro. Desde entonces se hizo buen amigo de Pedro Infante. Él le pidió a mi abuelito que le enseñara al menos a usar algunas herramientas para interpretar a ‘Pepe ‘El Toro’ en Nosotros los Pobres, película en la que trabajó mi abuelito y también en sus dos secuelas y para practicar carpintería mi abuelito le fue diciendo a Pedro cómo hacer un cajoncito de herramienta que el actor creó.

“Y luego que a Pedro nunca le gustó que usaran dobles para él. Una vez allá por Bellas Artes, Don Ismael (Rodríguez, director de estas cintas) nos mandó buscar personas que se parecieran a él por una escena en la que se tenía que colgar de la orillita de un edificio muy alto, no’mbre ¡cuando se entera Pedro que se enoja! y ¡que se cuelga solito de la azotea! “Para que vea que lo puedo hacer yo solo”, le dijo” jaja. ¡Era tremendo ese Pedrito!”.

Para ‘Nosotros los Pobres’, mi abuelito debió entrar al Palacio Negro de Lecumberri, pues nuestro protagonista, Pepe ‘El Toro’, fue encarcelado injustamente y allí encontraba al verdadero culpable de su desdicha. Según el guión, Pepe El Toro’ y ‘El Tuerto’ pelearían hasta que el villano perdería un ojo…pero llevar la escena a la realidad era difícil.

“Entonces no existía el departamento de efectos especiales, ni nada de eso, apenas teníamos maquillistas y a Don Ismael le gustaba mucho hacer una escena desde muchos ángulos, por eso tenía que quedar perfecto por cualquier lado. Estuve piense y piense cómo le haría, hasta el señor Arriaga (que interpretaba a ‘El Tuerto’) me preguntaba que cómo le iba a hacer, que si le iba a doler jaja…Total que dije: ‘¿si se pelean y Pepe ‘El Toro’ le rompe una silla? Así en la pata de la silla le podía a hacer un huequito. Le eché salva y con un botoncito ya salía todo, pero luego el problema era el ojo ¿cómo hacer un ojo? ¡Pues con un ostión!”.

Así lo hizo y surgió una de las escenas que para esa época causó asombro…¡y terror!

Mi abuelito trabajó en Lecumberri, hasta que uno de los presos le dijo: “usted se parece mucho al que me puso aquí, así que si lo vuelvo a ver, lo mato”. La producción decidió que mejor ya no se presentara, al fin ya habían grabado la parte en que él era más necesario.

Al final, la película fue multipremiada y también el director. Mi abuelito me contó que en una de varias galas, fue el propio Pedro Infante quien se levantó de la mesa para ir por mi abuelito y presentarlo con los directivos que celebraban la película y le felicitaron ese ingenioso efecto.

A la siguiente cinta ‘Ustedes los Ricos’, tuvo que hacer un incendio controlado, en el que ‘Pepe El Toro’ llora amargamente la muerte de su hijo. Mi abuelito dice que todo el set terminó llorando con Pedro Infante y al finalizar la escena, le preguntó: “Oye: ¿cómo le hiciste para llorar tanto?”. Infante le confesó que recordó cómo, cuando era pequeño, en su natal Sinaloa, le pagaban un centavo por cada cubeta de agua que sacaba de un pozo y eso le causaba mucha tristeza.

Después de muchos años de amistad, Pedro Infante ya sabía cómo eran los ritmos de las producciones: meses enteros de arduo trabajo y otros meses sin ningún ingreso. En alguna ocasión sin filmaciones, mi abuelito y Pedro se encontraron entre los foros de los Estudios Churubusco y tras preguntarle cómo estaba, mi abuelito le comentó que tenía meses sin sueldo.

– ¡Pos vente a hacerme la carpintería de mi casa de Cuajimalpa, Colorado! (así le decían a mi abuelito, que siempre llevaba camisas rojas al trabajo).

– ¡Órale, ya vas!

– ¡Ya estás! Mañana va mi hermano por ti a tu casa.

“Total que nos despedimos y cuando nos fuimos alejando me quedé pensando ‘bueno ¿pero y a dónde va a ir por mi Pepe? Volteo y le grito: “¡Pedro! ¡Déjame te doy la dirección de mi casa!” ¡Y que se me queda viendo! Saca de su pantalón un cuadernito, pasa las hojas y empieza a leer: “Jesús Cedillo, nacido el 2 de junio, vive en Calzada de Tlalpan…”, jeje. Así era ese Pedro”.

Mucho tiempo trabajó mi abuelito en los detalles en madera de su casa. Hasta un día de abril que Infante se despidió porque viajaba hacia Yucatán, tripulando su propio avión y no volvió a verle nunca. Sé cuánto le extrañó hasta los últimos días de su vida.

Pedro fue su amigo de verdad, pero continuamente mi abuelito pudo trabajar con muchos grandes actores. Me contaba cómo Germán Valdés ‘Tin-Tán’ desesperaba a los directores porque se inventaba los guiones, mucho veces ni leía lo que venía escrito y empezaba a improvisar sobre la marcha. Cómo era difícil aguantarse la risa cuando Cantiflas salía a escena, el duro carácter que tenía Emilio ‘El Indio’ Fernández o lo hermosa y altiva que era María Félix, pero a la vez atenta y en ocasiones simpática; me contó que en ‘La Diosa Arrodillada’ la producción paró una semana porque Félix se había ido a Acapulco.

O como, durante la grabación de Macario, sus manos, con muchas otras, prendieron las velas de una escena icónica. “Uuuh y no sabes la lata de andar prendiendo unas y que se apagaran otras. ¡Vieras cómo fue eso de revisar que no entrara un aire que apagara un lado!”.

Golpe de suerte

Además de crear muebles y escenografías, mi abuelito ayudaba a vestir los sets, ambientarlos e iluminarlos. Alguna ocasión, con la unidad donde trabajaba, debieron levantar una pesada estructura que sostenía las lámparas.

“En la Unidad América contábamos 1-2 y en el 3 ya levantábamos, pero en esa Unidad que me llamaron contaban 1-2-3 y luego levantaban y yo pues acostumbrado, que levanto antes que todos y ¡que me lastimo la espalda! Ya no podía hacer nada que nomás me agachaba y ya me quedaba ‘en escuadra’ todo el día”, me contaba mi abuelito, mientras no sé por qué yo reía a carcajadas al escucharlo.

Así estuvo mucho tiempo, hasta que el doctor le dijo que debía entrar a quirófano, cosa que haría tan pronto culminara otro rodaje…pero el destino tenía otros planes.

“Estábamos en la tramoya y le grité a un compañero que me aventara unas gasas para ponérselas encima a las lámparas, pero las aventó en recto, no hacia mi y cuando me acerqué para agarrarlas ¡que me caigo! Nomás escuché como por ahí alguien gritó “¡YA SE CAYÓ EL COLORADO!” Pero yo en el aire iba pensando “ahorita me doy la vuelta y en vez de cabeza voy a caer de pie y sí, sí caí de pie ¡pero con los puuuuuuros talones! Nooooo’mbre se me hincharon los pies ¡los tenía negros!

“Total que ya…me pusieron de incapacidad y un día que el doctor me dice “Oye Colorado: ¿Cómo te has sentido de tu espalda?”. “Pues bien si aquí acostado ni modo que me dé algo”. Nomás por no dejar, el doctor me sacó una radiografía y me dice: “No me lo vas a creer, pero con ese golpecito que te diste te acabas de acomodar el disco de la espalda y ya no vas a necesitar cirugía”. ¿Tu crees?”.

Nueva etapa

Me sobran anécdotas y me falta espacio para hablar de mi abuelito. Por muchas décadas vivió las más curiosas experiencias detrás de escena en filmaciones como ‘Los Tres García’, ‘Ahí está el detalle’, ‘Una familia de tantas’ o ‘A toda máquina’.

La Época de Oro del Cine Mexicano fue también su etapa de esplendor, pero con el ocaso de esa era, llegaron a México las producciones estadounidenses y mi abuelito comenzó una nueva etapa de trabajo con actores como: James Stewart, uno de los 50 artistas más célebres del cine estadounidense, Peter O’Toole y Audry Hepburn, con quienes trabajó en ‘The Unforgiven’, con Gregory Peck en ‘Gringo Viejo’, el guapísimo Rock Hudson con el que grabó ‘El último atardecer’ o también con el señor John Wayne, quien hizo especialmente en Durango una destacada carrera en el cine Western.

“Una vez vino a hablar conmigo: “¿Oie Coloradou, tú por qué decirme Juanito?” “¡Ay ¿como por qué?! Pues porque estás bien chaparrito!” Jaja. ¡Le faltaba el centímetro para los dos metros!…Era a toda ley ese Juanito. Cuando acabábamos de filmar mandaba hacer unas botellas de tequila grabadas con el nombre de la película ¡y nos regalaba a todos! Nos invitaba a una gran fiesta por el cierre de producción, no solo a los actores ¡a todos parejo!”.

Mi abuelito hizo entonces hasta réplicas de artículos de tribus Cherokees, Apaches, Suix o Cheyenes que aparecían en estas filmaciones.

En otra ocasión, se fue a Acapulco a trabajar en la película Rambo, con Silvester Stallone. “¡Ese señor traía como siete extras! A mi me habían encargado todo el departamento de armas y así las tenía bien apiladitas: rifles, pistolas, balas por calibre…todo de salva, claro, pero un día ¡que me roban uno! Ya luego lo encontramos por allá en un pueblo que se lo había quedado un carnicero y ya nos lo devolvió”.

Después de más de 40 años dedicados a crear los trucos de magia detrás de las películas, mi abuelito se jubiló cuando yo era pequeña, pero seguía yendo a los Estudios Churubusco a ver a sus amigos y muchas producciones le seguían llamando a trabajar. La última en que lo hizo fue Titanic. En los Estudios Churubusco crearon todo el set del barco: duelas, comedores, sillas, relojes, barandales y, como si fuera un rompecabezas, mandaron las piezas hacia Rosarito, Baja California, para ensamblar, instalar y equipar todo allá.

Ahora entiendo que aún jubilado mi abuelito regresaba a los Estudios Churubusco a crear la magia detrás del celuloide. Su taller era ese sitio donde nacían los encantamientos que sumados a muchos más esfuerzos creaban historias fantásticas e icónicas. Ese taller estuvo donde se encuentran ahora los jardines del Centro Nacional de las Artes. De niña lo acompañaba ocasionalmente allí, ahora que regreso encuentro los árboles que eran tan pequeños como yo y ahora son gigantes que acaricia el viento.

Ojalá mis dedos fueran a la velocidad de mis recuerdos con todas las historias que me contaba mi abuelito. Veíamos los partidos de Grandes Ligas o las películas en las que trabajó y de nuevo pensaba en esas anécdotas….aún lo hago.

Muchos años antes de iniciar el alto rendimiento como tahúr infantil, mi abuelito fue mi segundo Mejor Amigo. No es a razón de un ranking, así fue el orden de aparición en mi vida: primero conocí a mi Papito y después a mi abuelito y sé muy bien que él también me veía así. No asumía ser mi maestro, ni mi autoridad, él en verdad quería ser mi amigo.

Si algo nos unió aún más fue ese amor que ambos tenemos por el chocolate. Mi abuelito podía gastar toda su pensión en comprar chocolates que después guardaba en un lugar secreto y cuando menos lo esperábamos, nos compartía de su tesoro.

Los coscorrones que daba mi abuelito si hacíamos trampa en el poker o en el dominó eran duros, pero nuestras venganzas eran dulces. Por las noches, mi hermana y yo fraguábamos planes perversos y le llamábamos con el pretexto de que nos ayudara a resolver algún problema. Cuando entraba al cuarto en que estábamos en casa de mi abuelita, salíamos de nuestros escondites para agarrarlo a muñecazos…pero las cosas no se quedaban así, entonces venía su venganza: aprovechaba nuestro sueño para tomar prestados los zapatos de mi abuelita y darnos taconazos en las rodillas. Claro que respondíamos con una lucha que mas bien parecía como si dos umpa-lumpas quisieran derribar a un gigante.

“¡Pero cómo pues Jesús! ¿¡Cómo estas jugando así con estas niñas! ¡Si no tienes cinco años!”, le decía mi abuelita al descubrirlo…al final creo que no le importaba el regaño, la ‘vendetta’ había sido saldada.

Al crecer dejamos de jugar tan pesado y nos quedamos con el beisbol, las partidas de pocker o dominó, con las apuestas de frijoles o habas y especialmente con las películas y los chocolates.

Mi abuelito se fue un 2 de noviembre, justo en la última fecha para conmemorar el Día de Muertos, pero a diario lo recuerdo. Siempre hay una frase, un momento, una historia que se entremezcla en mi presente.

Hasta siempre, querido mejor amigo.

Los chocolates siguen siendo siempre a tu salud.

Deportes

La ayuda de Polonia al deporte mexicano

El debut de México en la Copa del Mundo Qatar 2022 será ante Polonia, un conjunto que en solo nueve participaciones ha alcanzado el tercer puesto en dos ediciones: Alemania 1974 y España 1982, pero años antes de hacer brillar su fútbol, compartieron el fulgor de su metodología deportiva para que México también viviera sus propios destellos en escenarios olímpicos y mundiales y al menos ocho especialistas en ciencias del deporte viajaron desde su natal Polonia hasta el otro lado del mundo a entrenar a chicos desconocidos para ellos y también para México…pero con su apoyo, dedicación y paciencia, sus nombres entrarían a la lista de las figuras imborrables en la historia nacional.

En los Juegos Olímpicos de México 1968 surgieron los primeros capítulos de éxito en la relación deportiva de México y Polonia. El boxeo mexicano ganó cuatro preseas, dos de ellas los oros de Ricardo Delgado y Antonio Roldán, con los dos bronces de Agustin Zaragoza y Joaquín Rocha; los cuatro pugilistas hicieron historia bajo las instrucciones de los entrenadores polacos Casimiro Mazek y Enrique Nowara (quien estuvo en México hasta 1971 y enfiló parte del rumbo amateur del boxeador Alfonso Zamora, que en los Juegos de Munich 1972 fue el único mexicano que ascendió al podio olímpico, con una presea de plata).

Durante los Juegos de México 1968 hubo un resultado histórico: el mundo vio por primera vez a una mujer mexicana en un podio olímpico: la esposa, madre y floretista Campeona Panamericana Pilar Roldán se colgó la única medalla olímpica que ha ganado la esgrima nacional y en la etapa más importante de su preparación hacia ese podio, Pilar trabajo en el Centro Deportivo Olímpico Mexicano con el apoyo del técnico Jerzy Buczak, quien no encontró limitantes alguna en nación, género o maternidad y trabajó duro con la mexicana hasta verla cumplir la meta que deseaba desde Tokio 64, aquí los detalles de su increíble historia.

En esos Juegos de 1968 el país local ganó su primera medalla olímpica en marcha atlética: el Sargento José Pedraza se colgó la plata en los 20km marcha, con la ayuda del entrenador polaco Jerzey Hausleber (con quien comenzó a trabajar en el verano de 1966) un técnico que en más de 35 años de esfuerzo directo con los atletas, contribuyó a que México colectara casi 120 preseas en Juegos Centrocaribeños, Juegos Panamericanos, Juegos Olímpicos o Campeonatos Mundiales de Atletismo, además de romper en 15 ocasiones los récords mundiales de distintas distancias de la caminata atlética. Hausleber Roszezewska fue el técnico que innovó con los entrenamientos en alturas superiores a los 4 mil metros sobre el nivel del mar y con su metodología se volvió artífice de leyendas como: Daniel Bautista, Ernesto Canto, Carlos Mercenario, Bernardo Segura, Noé Hernández o Joel Sánchez; todos ellos medallistas olímpicos de marcha atlética y por ello recibió el premio a la ‘Orden Mexicana del Águila Azteca’, que se concede a extranjeros que ofrecieron su esfuerzo para el desarrollo nacional, después se naturalizó mexicano y ganó además el Premio Nació al de Deportes.

Junto con Hausleber, llegó también a México en 1966 el entrenador Stanislaw Poburka para entrenar al equipo olímpico de voleibol varonil que no logró ganar ningún encuentro en el torneo de los Juegos de 1968, pero que contribuyó a sembrar la semilla que hizo crecer el deporte hasta tener talentos de exportación hacia Europa (como: José Luis Martell, Tomás Aguilera o Pedro Rangel). A sus 92 años de edad, Pobruka reside en Polonia.

Pero otro de los talentos polacos que llegó a México y se quedó aquí hasta su último aliento fue Tadeusz Kepka. Ambos, Hausleber y Kepka arribaron al país tras un contrato emitido por José de Jesús Clark Flores, entonces vicepresidente del Comité Olímpico Mexicano y en el caso de Kepka, su labor se enfocó en pruebas de fondo. Tadeusz -que hablaba fluido inglés, francés ruso, español y hasta latín- comenzó el arduo trabajo con una generación en la que estuvo el destacado Juan Máximo Martínez (qepd), único mexicano que se ubica en 4º sitio en dos distintas pruebas de unos mismos Juegos Olímpicos: en México 68 se quedó a un paso de las medallas tanto en 5,000m, como en 10,000m; con el también entrenó el medallista panamericano Mario ‘El Sope’ Pérez quien hizo los orígenes de la pista que lleva su apodo en la 2ª Sección de Chapultepec y aquí está la historia de este sitio y su creador.

Después, Kepka desarrolló el talento de Rodolfo Gómez, quien ganó maratones como Tokio o Atenas, fue dos veces 2º en el Maratón de Nueva York y también corrió el 42k en dos ediciones olímpicas: 1976 y 1980. Más tarde el mismo Rodolfo se volvería un destacado entrenador. Pronto llegó a manos de Kepka el talento de Arturo Barrios, el único mexicano que ha roto un récord mundial en pruebas de fondo (10,000m 27.08.23, Berlín 1989) y fue el primer hombre del mundo que hizo un 21k en menos de una hora. Con sus conocimientos, sus interminables cuadernos con estadísticas y su extraordinaria memoria, Tadeusz contribuyó a ver Subcampeón Mundial de maratón a Dionicio Ceron y también guió el trabajo que acumuló en sus piernas el veracruzano Germán Silva, dos veces ganador del Maratón de Nueva York y finalista olímpico del 42k en Atlanta 1996. Además se encargó de dirigir la preparación física de árbitros de fútbol mexicano. Antes de su último aliento, recibió a su último alumno destacado: el multimedallista panamericano y doble finalista olímpico Juan Luis Barrios.

A principios de la década de los 80 regresó a México con contrato en mano Andrzej Piotrowski (quien había venido a la capital del país en los Juegos de México 68 como parte del equipo polaco) y tendría por labor desarrollar los talentos en velocidad; entre otros, guió a Mayra González (400m), Óscar Juanz (400m vallas) y al sonorense Alejandro Cardenas quien practicaba la prueba combinada de decatlón y en 1999 se convirtió en la primera persona de México que ganó una medalla mundial en pruebas atléticas de velocidad: 400m y subió al podio con el bronce, al lado de la leyenda de las pistas, el estadounidense Michael Johnson. Hausleber, Kepka y Piotrowski estudiaron juntos en la Academia de Educación Física de su natal Varsovia. Antes de llegar a México Piotrowski entrenó a Irena Szewinska, Campeona Olímpica en México 68 en 200m y quien poseyó los récords mundiales de 100m, 200m, 400m y 4x100m.

Antes de ser entrenador, Piotrowski buscaba incursionar como actor en su natal Varsovia, pero migró a la Ciudad de México a desarrollar talentos deportivos. Hoy es el único de todos ellos que sigue viviendo en México.

La última en migrar de Polonia a México fue Wanda Panfil, considerada la mejor corredora de fondo del país, quien ganó majors como Nueva York o Londres, ademas de ser Campeona Mundial de Maratón en 1991 y fue así la primera y hasta hoy única Campeona Mundial del 42k nacida en Polonia. Wanda es la única de los ocho técnicos que aún se mantiene activa como entrenadora y apoya a distintos atletas como Vianey de la Rosa, olímpica en Río 2016.

Polonia, con el intelecto, la dedicación, la exigencia y, en casi todos los casos, con el ácido humor de sus técnicos, llevó a la gloria a atletas mexicanos que pusieron también intelecto, dedicación y exigencia en mancuernas que engrandecieron a México y crearon legados invaluables hasta hoy.

Deportes, Mujer y Deporte

La indómita Pilar Roldán

Fue una adelantada a su tiempo. Una innovadora, precursora y pionera de muchos sucesos inéditos. Sus contextos la llevaron entender que el deporte no era un pasatiempo ni un lujo, sino un recurso tan esencial como el agua. Pilar Roldán ya era esposa y madre de dos pequeños cuando se convirtió en la primera mujer de México que subió a un podio olímpico, en una época que juzgaba a las mujeres deportistas, en un deporte sin tradición nacional, en un entorno administrativo que dudaba de sus capacidades…pero todo ello en vez de impedimento se volvió una vitamina que nutrió cada uno de sus días de esfuerzo.

Aun no nacía Pilar y ya estaba destinada la deporte. Su padre, Ángel ‘El Güero’ Roldán, fue uno de los mejores tenistas de México y su madre, María ‘La Chata’ Tapia, fue medallista en los Juegos Centrocaribeños de San Salvador 1935. A los seis años tomó su primer raqueta, luego leyó ‘Los Tres Mosqueteros’ de Alejandro Dumas y jugaba a duelos imaginaria con la nada, pero la diversión se tornó en deseo y pidió a sus padres que le permitieran incursionar en la esgrima. El entrenador italiano Eduardo Alajmo le enseñó los fundamentos de tirar con florete y Pilar contagió su pasión a sus padres y su hermana menor Lourdes.

Comenzaba en este deporte de combate, cuando cerca de cumplir 15 años vio a su mamá ganar dos medallas de plata en el tenis de los Juegos Centrocaribeños de 1954. Esa era la naturaleza de la familia, para Pilar lo normal era ser una mujer de crecimiento integral: madre, deportista, competitiva y exitosa. Meses después ella misma representó por vez primera a México en los Juegos Panamericanos de 1955, que se inauguraron en la recién construida Ciudad Universitaria de la Universidad Nacional Autónoma de México y donde su mamá contendió como tenista, pero su padre y ella lo hicieron como esgrimistas. Es la primera y única vez que padres e hija representa a México en un evento de ciclo olímpico.

Su padre fue un guía innovador que iluminó su crecimiento deportivo. Sus consejos, su apoyo, su conciencia de entender que ni el esfuerzo ni la victoria tienen género, centraron las bases de su vida.

En la justa continental Pilar llegó invicta y venció a la finalista olímpica de Helsinki 1952  Maxime Mitchell de Estados Unidos, pero después vivió su primera derrota ante la venezolana Ingrid Sanders. Finalizó 4ª. Nada mal para el debut de una quinceañera.

Un año después, Pilar clasificó a los Olímpicos de Melbourne, Australia, los primeros donde se usó el toque electrónico. Roldán Tapia llegó a semifinales tras cuarto victorias y se ubicó en 10º puesto, pero lo que más saboreó fue ganarle un asalto a la experimentada británica Lillian Scheen que al final del torneo se llevó el oro de los Juegos.

Pilar continuó su vida entre floretes, caretas, guardias y audaces ataques y tras una serie de competencias en el extranjero (que costeó su padre por varias temporadas), Pilar construyó un prestigio en Europa y Estados Unidos y conquistó el oro en los Juegos Panamericanos de Chicago en 1959. Al año siguiente, en los Olímpicos de Roma 1960 dirigió a la Delegación Mexicana como abanderada del equipo y finalizó 8ª en el torneo.

Al regresar de Italia se casó con Edgar Giffenig. En 1961 se convirtió en mamá y de nueva cuenta se encontró con un apoyo sin precedentes para la época: para entrenar en las mañanas, su esposo cuidaba a su hijo, un solidario gesto que rindió frutos, pues Pilar ganó plata individual y con su hermana Lourdes ganó plata en la prueba por equipos de los Juegos Centrocaribeños de Kingston, Jamaica en 1962.

En 1963 nació su hija Ingrid. Pilar mantenía vivo el sueño olímpico con el apoyo familiar y el esfuerzo diario. Alternaba su vida como mamá y esgrimista, enfocada en tocar el podio olímpico en Tokio 1964, pero se encontró con una incongruencia: a unos días de partir le informaron que no fue inscrita. Busco al entonces presidente del Comité Olímpico Mexicano, José de Jesus Clark Flores, quien le dijo, según recuerda Pilar, que “no tenía calidad para ir”…aunque ya era una de las más prestigiosas floretistas del circuito internacional.

En vez de derrumbarse, aquella frase detonó sus más profundos deseos de poner al descubierto su inquebrantable valía.

Pilar se preparó por más de mil 400 días y en medio de esa mejora continua, recuperó el cetro del florete femenil en los Juegos Panamericanos de Winnipeg 67.

Al año siguiente, México recibió los Juegos Olímpicos de 1968. Pilar fue nominada para ser la última relevista del Fuego Olímpico en la Ceremonia de Inauguración, sería la primera mujer del mundo que encendería el pebetero olímpico, pero declinó el honor para dedicarse íntegramente a su competencia, que iniciaría cinco días después de arrancar la justa. Era el 19 de noviembre. Pilar tenía 29 años y dos hijos de 5 y 2 años cuando llegó a la Sala de Armas ‘Fernando Montes de Oca’ con 37 competidoras más.

Entrenada por el polaco Jerzy Buczak, Roldán fue sembrada en el Pool 5. Debía enfrentar a seis floretistas y las cuatro que obtuvieran los mejores resultados clasificarían a la siguiente fase. La mexicana ganó cinco de seis partidos (dio 22 toques y recibió 16) para clasificar a la siguiente fase en segundo sitio, detrás de la rumana, medallista mundial, Ecaterina Stahl-Iencic. Esa misma tarde, en la segunda ronda, Pilar terminó 2ª de su grupo con 3-2 y pasó a la gran final.

Pero para David Romero Vargas, entonces presidente de la Federación Mexicana de Esgrima, aquello no era indicativo de nada. “¿Una medalla? No. ¡Imposible! No hay que hacerse ilusiones”, dijo, tras ver a Pilar hacer historia. Ella encontró en esas frases una nueva ‘vitamina’.

La mañana del domingo 20 de octubre, era crucial. A la primera derrota, quedaba fuera del torneo. En el primer combate venció por 2-0 a la húngara, Campeona Olímpica por equipos, Lídia Dömölky, en la segunda a la italiana, medallista mundial, Giovanna Masciotta y logró algo tan inédito como anhelado: ¡estaba en la final!

En el Pool Final Pilar enfrentaría a: la Bicampeona Olímpica defensora Ildiko Rejto de Hungría, a la francesa, medallista mundial, Brigitte Gapais, la sueca Kerstin Palm y las soviéticas Campeonas Mundiales por equipos Yelenda Novikova y Galina Gorokhova.

Por la tarde, el primer duelo sería ante la soviética Novikova. Pilar esperaba en la pista al inicio del duelo, pero Yelena no llegaba. Al parecer el tráfico desde la Villa Olímpica hacia la ciudad Deportiva ‘Magdalena Mixhuca’ mermaban el camino de Novikova. Mientras tanto, en pista, los jueces le anunciaron a Pilar que, por regla, le darían el triunfo por default, pero la mexicana se negó. Pidió a los jueces esperar a su rival, pues un triunfo sin esfuerzo no sería digno ni loable. Novikova llegó tarde y en un aguerrido duelo, superó a Roldán…pero el gesto de la mexicana tuvo sus recompensas décadas después.

En los Olímpicos mexicanos Novikova cerró la contienda final con cuatro victorias y una sola derrota y Pilar con 3-2, empatada con la húngara Rejtó, el criterio de desempate fueron: Toques dados/Toques recibidos: la mexicana hizo 17/14 y la húngara 14/16.

Contra los pronósticos ajenos, contra un falso criterio de ‘falta de calidad’ y de ‘no hacerse ilusiones’, pero acompañada por el apoyo y la filosofía de esfuerzo de sus padres, su esposo y sus hijos, después de 14 años inmersa entre pistas y floretes olímpicos, Pilar Roldán, la esposa y madre de 29 años de edad, se convirtió en Subcampeona Olímpica en su propia casa, la primera mujer de México con una medalla olímpica sobre su pecho.

Pilar nunca dejó la esgrima, aunque fuera de manera recreativa. Nació su hija Sandra y dedicó su vida a apoyar el desarrollo de sus tres pequeños, pero una vez que fueron grandes regresó de lleno a la pista y con ese deseo, de nueva cuenta se volvió pionera: En 1984 Pilar fue la primera mujer del país que dirigió un organismo deportivo, al ser presidenta de la Federación Mexicana de Esgrima y a la par entrenó, compitió y clasificó a los Juegos Panamericanos de Indianapolis 1987; casi 20 años después de convertirse en la primera mujer medallista olímpica de México, ganó la presea de bronce en la prueba por equipos del florete femenil, en la justa continental y al año siguiente culminó su administración como dirigente de la esgrima nacional.

«Para todo eso me sirvió el deporte: me educó, me formó, me permitió realizarme como mujer, me permitió representar a mi país y sentirme muy orgullosamente mexicana al hacerlo»

Pilar Roldán. Subcampeona Olímpica de Esgrima y primera mujer de México con una presea olímpica.

…y respecto a aquel gesto que en México ’68 tuvo con Novikova: siete años después de su retiro, en 1995, el Comité Internacional del Juego Limpio le entregó a Pilar una medalla en reconocimiento por su ética y su valor extradeportivo, por darle la oportunidad a su rival de ganarle en la pista, aunque pudo elegir superarla por default y con ello habría accedido al oro. Con ese reconocimiento, Roldán Tapia se convirtió también en la primera persona de México que recibió la Medalla al Fair Play.

El brillo de aquel podio olímpico fue un resplandor con el que Pilar abrió el camino para que más mujeres encontraran en sus propias pistas el orgullo de lograr las victorias de sus propios combates.

Deportes, Mujer y Deporte

Maratón de Nueva York: Una conquista a ciegas.

El húmedo aroma del bosque se entremezcla con la fría mañana y Martha ya acumuló más kilómetros en las piernas. Será la primera mujer ciega de México que corra el Maratón de Nueva York y se alista para hacer de lo inédito, algo extraordinario.

“Esto es algo que puede hacer visibles tres condiciones que vivo: la discapacidad, mi género y mi edad porque a mis 58 años me animo a hacerlo. ¿Qué necesito? Entrenar: lo estoy haciendo, recursos: los estamos buscando, con eso lo voy a lograr y qué mejor: ¡representando a México!”, comparte Martha Beatriz tras culminar el entrenamiento en el Bosque de Chapultepec, algo que en su vida, antes de llegar al gremio de la discapacidad, no hizo nunca.


“Tengo 14 años en la discapacidad y anteriormente yo no corría, pero al verme sin hacer nada mi condición de salud era muy deplorable; empecé a correr y a sentir mejoría en mi cuerpo: hoy no tomo tantos medicamentos, he bajado de peso, he encontrado amigos y muchas disciplinas que puedo hacer. ¡El ejercicio me fortalece tanto!”, agregó López Vértiz, quien lleva una playera amarilla con el letrero ‘corredor ciego’ para ser visible y considerada por aquellos que también entrenan y sí pueden usar su vista.

Hace más de 35 años que Martha lidia con artritis reumatoide. Al detectar esta enfermedad crónico degenerativa recibió un tratamiento que debilitó su vista hasta que la perdió por completo.

“Fue algo paulatino…y digo: no fue por mi causa y nadie somos ajenos a que nos suceda. Perder la vista fue muy complicado porque en tu vida normal lo tienes todo y de pronto todo se va: trabajo, amigos, dinero”, compartió Martha con la voz entrecortada ante la impotencia de saber cómo todo lo que un día tuvo esfurmó. “Pero no me quedé a esperar nada. Quería seguir creciendo a pesar de todo. Entré a la Escuela Nacional para Ciegos, me rehabilité, conocí a muchas personas, vi que no era la única y estudié tres años, ahora soy Técnico en Masoterapia”, explicó la maratonista queda va por su segundo camino académico pues estudia en la Universidad Nacional Autónoma de México la carrera en Trabajo Social.

“No solamente quiero crecer en lo deportivo, también en lo educativo. He tomado muchos cursos de todo relacionado a la discapacidad no solo lo visual sino en todas las condiciones y sé que puedo aportar a empatizar y mejorar la calidad de vida de quienes tienen discapacidad. Curiosamente estudiar una carrera es algo que no había podido lograr antes y hoy lo hago con esta condición y a esta edad”, comparte orgullosa y sonriente la maratonista, que hizo de una dura pérdida su mayor motivo para reinventar su vida y hacer hoy más de lo que hacía 14 años atrás.


“A veces te sientes culpable de adquirir tu condición, pero me di cuenta que no es así. Espero que las personas puedan ser más sensibles con la comunidad porque no tenemos la vida comprada, cualquiera en cualquier momento puede llegar a la discapacidad y si alguien llega, hay que aprender a vivir y a superar; aprender que con lo que tenemos podemos hacer lo que deseamos”

Martha López
Maratonista ciega

Aprender a correr sin ver fue un reto que rompió las barreras de todos sus límites. “Al principio tenía temor y decía: «¿cómo voy a correr si caminar en la calle me cuesta mucho?» Empecé caminando con miedo, pero aquí Halcones me ha dado mucha seguridad y fortaleza, ya he hecho carreras desde cinco kilómetros hasta maratón, he encontrado amigos, oportunidades de todo lo que puedo hacer y darme cuenta que no debo ponerme límites de ningún tipo: ni condición de discapacidad, ni edad, ni género, lo que sea que yo quiera ¡lo puedo hacer!”, agregó.

Pero el camino ha sido más complejo que dominar sus propios temores. Martha ha superado además la pesadumbre de los prejuicios. 

“En mi casa hay ese tabú. Mi madre dice ‘¿pero por qué te vas a salir? ¿por qué te arriesgas?’ Pero es que no puedo encerrarme sin hacer nada. Hay mucho que deseo hacer: ya anduve en bici por 14 días desde Baja California a Baja California Sur; hace dos años anduve en motocicleta un mes por 19 estados de la República, ya hice un duatlón y me preparo para un triatlón. De niña no tuve una bicicleta propia, pero ahora quiero comprarme una bici tándem y en especial quiero demostrarle a mi familia que lo puedo hacer, ¿me voy a caer? si, tal vez ¿me voy a levantar? Seguro que me voy a levantar. No pasa nada”, agregó la aventurera que tocará el asfalto neoyorquino el 7 de noviembre próximo, en busca de conquistar sus calles con su esfuerzo y abrir las puertas de la confianza para quienes llegan a la discapacidad y creen que lo han perdido todo.

“Sueño con llegar a la meta. Pisar Nueva York es algo maravilloso, pero cruzar una meta con tanta gente, con el equipo que llevo, con el acompañamiento que tengo: mis guías, mis amigos que está al pendiente, llegar a la meta va a ser un sueño logrado. Solamente faltan un poco de recursos y un poco de entrenamiento pero lo demás está puesto para seguir yendo pa’ delante”, garantizó sonriente la mensajera de una esperanza ilimitada y retos inagotables.


Halcones del Asfalto

Martha entrena con el Club de Corredores Halcones, que vincula a personas con discapacidad visual (desde debilidad hasta ceguera total) con voluntarios que desean apoyarles en construir metas sobre el asfalto: desde tener la confianza de caminar 500 metros sin un bastón, hasta competir en eventos de 42 kilómetros.

“Uno de los principales valores que tenemos es el de al confianza, que se va construyendo con entrenamientos, asistencia, interacción.Una persona con discapacidad visual va a confiar en ti desde para caminar un kilómetro sin usar su bastón, hasta para correr durante 42 kilómetros, te conviertes en sus ojos y tienes que trabajar en construir confianza y este vínculo es muy poderoso”, explicó Teresita Robledo, coordinadora de Halcones México, que hoy, además de apoyar a atletas con discapacidades visuales, también recibe a personas con otras condiciones discapacitantes.

“En el camino fuimos aprendiendo que cuando eres guía entiendas que la discapacidad no define a una persona, pero sí tenemos que saber cómo podemos mejorar para ayudar al corredor a que en verdad de su máximo”, agregó.

El equipo se reune los sábados a las 7:00am en el Altar a la Patria del Bosque de Chapultepec para hacer entrenamientos conjuntos y allí mismo capacitan a los voluntarios que desean incorporarse como guías.

“Hay que asumir un compromiso tanto para ir a entrenar, como apoyar a un atleta con una meta en específico por ejemplo: correr medio maratón, un maratón, disminuir tiempos en 5k… en el equipo siempre decimos que todas las metas son importantes así sea que hoy empiezas a caminar un poco más, hasta correr un maratón en busca de ganar tu categoría”.

Con seis años en el equipo, Edgar Elenes Inchaurregui es el guía más experimentado. “En un principio fue curiosidad conocer y entender qué implicaba ser guía. Llegué con la idea de darles tiempo y esfuerzo pero me di cuenta de que yo recibía mucho más al aprender de su actitud ante la vida y su resiliencia. Me han enseñado a ser una persona más paciente, a entender un poco más las necesidades de los demás y tener un poco de más de conciencia sobre las diferencias y necesidades de las personas”, agregó el voluntario.

“La puerta está abierta. No es necesario tener experiencia como corredor, solo un poco de tiempo, voluntad y deseo de ayudar. Si estan interesados: vengan, conozcan al equipo que tiene a corredores entusiastas y a un grupo de guías que tratamos de ayudarles. Yo espero que la salud me acompañe por muchos años y poder hacer esta actividad el resto de mi vida”

Edgar Elenes Inchaurregui
Corredor guía
Deportes, Mujer y Deporte

Ella Bucio: La doble de acción que es Campeona Mundial


Cierra los ojos, se concentra, inhala profundo y al despegar los párpados corre a máxima velocidad para saltar de una techumbre, hacer un giro y caer en el siguiente edificio. ¡Lo logra! Le aplauden y cortan la toma. Así pasó Ella Bucio los últimos cinco años de su vida: como doble de acción, hasta que decidió hacer una pausa laboral de tres meses para cultivar un sueño: dedicar cada hora de cada día a hacer parkour hasta que logró convertirse en la mejor del mundo.

A sus 25 años, Ella ahorró lo de un lustro de trabajo como stuntman, un oficio de riesgo que implica representar a un personaje ficticio en escenas de acción, para dedicarse enteramente a sí misma, a escribir con esfuerzo, disciplina y valor el guión de su propia historia a practicar cada día, mejorar cada elemento y costear sus primeras competencias internacionales.

Mientras trabajaba, pasé meses sin poder entrenar parkour, por lo que mi progreso en esos cinco años fue lento y frustrante. Yo sabía que un día podía ser la mejor, pero no tenía tiempo para entrenar lo suficiente

Ella Bucio. Campeona Mundial de Parkour Freestyle.

En 2022 salió a representar a México por vez primera: fue a las Copas del Mundo de Montpelliere, Francia y de Sofía, Bulgaria, con el corazón adolorido al ver el gran talento mexicano que no sale del país a causa de los pocos apoyos para brillar en otras tierras.

“En todo este proceso, el coraje ha sido mi principal motor, mientras lloraba camino al aeropuerto, me dije: “voy a ganar esta mie*””, aseguró antes de tomar el vuelo por la conquista de Europa.

Se lo dijo y se lo cumplió. Ella ganó oro en la modalidad de freestyle en Francia (con 21.500 puntos) y oro en Bulgaria (también con 21.500). A pesar de nunca antes haber entrado al circuito, hoy es además la líder del ranking mundial de la temporada, además en la prueba de velocidad se ubica en cuarta posición en la lista del orbe de esta campaña.

Pero el preludio en su historia de éxito comenzó muchos años atrás, cuando la gimnasia artística y ella se fundieron en horas y horas de continua práctica.

“Toda la vida hice deporte, incluyendo muchos años de gimnasia. Después conocí a algunos chicos que practicaban parkour y me dijeron que podría ser buena en este deporte. Como doble de acción entre más cosas sepas hacer, tienes mejor condición y tienes más habilidades, por eso acepté…luego me di cuenta que la gimnasia era algo más estructurado: vas y practicas elementos que muchos otros ya han hecho antes, pero el parkour siempre está retándote a crear tus propios elementos”, analizó Bucio.

Con esa perspectiva, sus ahorros, la experiencia de escuchar dos veces el Himno Nacional y su creatividad en competencia, Ella llegó a Tokio, Japón, a la primera edición del Campeonato Mundial de Parkour, donde comenzó en las clasificatorias con 26.000 unidades (13.000 en ejecución y 13.000 en dificultad). En la final, Ella fue la única representante de América y en ella añadió .500 a cada criterio, para totalizar 27.000 puntos, a 2.000 de la japonesa Hanaho Yamamoto (25.000) y 2.5 de la checa Adela Merkova (24.500) que se quedaron plata y bronce de forma respectiva.

“Tengo muchos sentimientos por ahora. ¡Las otras chicas son tan buenas! Para mi es difícil sentirme tan competitiva como ellas, porque todas son tan talentosas. Todas merecen ser reconocidas”, comentó la capitalina de 25 años de edad, quien consumó el sueño de lograr la primera conquista en el mundo del Parkur, un deporte que busca debutar en Juegos Olímpicos pero no lo hará en Paris 2024, pese a que fue justo en Francia donde nació esta exigente disciplina que combina los ejercicios de la gimnasia artística, con los retos que implican los implementos que se encuentren en la calle.


Con la ciencia del peligro

Ella tiene una gran pasión por el deporte y la ciencia y por ello, en el costado derecho de su torso lleva un tatuaje que así lo indica.

“Me hice un tatuaje de la molécula de la adrenalina porque en mi vida he tenido siempre dos pasiones: una que es el deporte, por el asunto de la adrenalina que me encanta, y otra es la ciencia que siempre me ha gustado muchísimo. Si no me hubiera dedicado al deporte, probablemente ahorita estaría trabajando en un laboratorio”.

Deportes

Corea-Japón: El primer y controvertido Mundial del nuevo milenio

El 29 de junio de 2002 culminó el capítulo de uno de los actos más cínicos que el mundo recuerde de la FIFA, bajo la dirigencia de Joseph Blatter; un preludio al escandaloso ‘FIFAgate’ (que años después se tradujo en la dimisión del suizo frente al organismo más importante del futbol mundial); en el penúltimo día del mes de junio se jugó la final de la Copa del Mundo Corea-Japón.

Ver a Corea y Japón como anfitriones del evento no solo fue inédito, también sorprendente. Casi toda la primera mitad del siglo XX Japón invadió Corea y destruyó gran parte de su patrimonio histórico, lo que provocó relaciones hostiles entre ambos países; sin embargo ambos cobraron consciencia de que, ante la FIFA, solo unidos recibirían la primera Copa del Mundo en Asia. Su fuerza conjunta les hizo lograr el objetivo, (provocando previamente la dimisión de México en busca de su tercer Mundial).

El pulso del inicio del Milenio

Así, llegó a Asia la primera Copa del Mundo del Nuevo Milenio en un 2002 que vio en México su primer reality show (Big Brother); la famosa frase del entonces presidente Vicenta Fox a Fidel Castro: “comes y te vas”; la última visita del Papa Juan Pablo II (en la que canonizó a Juan Diego) o el paso del Huracán Kena.

En ese año inició la circulación del Euro y apareció, en Cantón, China, el primer caso de Síndrome Agudo Respiratorio Severo (o SARS-CoV), sin imaginar que 18 años después surgiría una nueva variante que cambiaría el curso de la humanidad. No existían ninguna de las redes sociales hoy en uso y el mundo digital era casi un desierto en el que muy pocos medios de información tenían presencia.

Michael Schumacher se convirtió en Campeón F1; mientras Lance Armstrong levantó su 4º título consecutivo en el Tour de France y Tim Montgomery rompió el récord mundial de 100m (9.78s, Paris), para ambos se desataron después escándalos de dopaje.

En 2002 se realizaron además los Juegos Olímpicos Invernales de Salt Lake City y los Juegos Centrocaribeños de San Salvador y mientras nacía el Diario Deportivo Récord, también desaparecía el Club Atlético Celaya.

En medio de pulsos de finales de los 90 e inicios del nuevo milenio, los ojos del mundo se posaron, entre mayo y junio, en Japón y Corea (y en el caso del segundo anfitrión: un día antes de culminar el Mundial, protagonizó un enfrentamiento naval con Corea del Norte, en el que fallecieron seis surcoreanos y 30 norcoreanos).

México en el Mundial 2002

México llegó a su 12ª Copa del Mundo, a pesar del famoso ‘aztecazo’ provocado por Costa Rica (1-2 para los ticos, en el verano del 2001, la primera derrota de la Selección Nacional en el Estadio Azteca, en partido oficial).

Javier Aguirre dirigía a un ‘Dream Team’ que contaba con el hoy gobernador de Morelos, Cuauhtémoc Blanco, Luis ‘Matador’ Hernandez, el histórico capitán Rafa Márquez, el ahora director de Selecciones Nacionales, Gerardo Torrado, Jared Borguetti, Braulio Luna, Germán Villa, Pavel Pardo, Francisco Palencia, José Manuel Abundis, Víctor Ruiz, Antonio de Nigris, Ramón Ramírez, Alberto García Aspe, Jesús Arellano, Manuel Vidrio, Duilio Davino, Salvador Carmona, Gabriel Caballero, Miguel Zepeda y en el arco: Óscar Perez y Jorge Campos. Un México instalado en el Grupo F con Ecuador, Croacia e Italia.

México superó primero a Croacia por 1-0 (que venía de ser 3º en Francia ‘98); luego triunfó contra Ecuador por 2-1 y ante Italia se dio el partido más emocionante de la fase: los azzurri llegaron con figuras como: Gianluigi Buffon, Francesco Totti, Christian Vieri, Paolo Maldini o Fabio Cannavaro y por encima de su fulgurante talento, México abrió el marcador gracias a Jared Borguetti que dio un cabezazo de 180° imparable para Buffon. México ganaba hasta los últimos cinco minutos del encuentro cuando Alessandro Del Piero marcó el empate.

México aseguró el primer sitio, pero el sueño terminó pronto, al caer en octavos por 0-2 en el Clásico de la CONCACAF ante Estados Unidos, para despedirse del Mundial, con Landon Donovan como verdugo y con el nacimiento de aquel famoso “dos a cero” que por mucho tiempo presumieron los estadounidenses. Cuauhtémoc Blanco fue el máximo goleador de la Selección con 9 goles en siete partidos.

El Mundial de las controversias

Entre las curiosidades: Senegal hizo su debut mundialista en aquella Copa y en el duelo inaugural derrotó 1-0 al campeón defensor Francia.

Pero en el mismo grupo de México iniciaron las sospechosas casualidades en contra de las potencias: el árbitro danés Jens Larsen anuló dos goles a Italia, contra Croacia. Al final, a la escuadra italiana le quitaron cinco decisivas anotaciones. Tras su último encuentro, Franco Carrera, presidente de la Federación Italiana de Futbol, aseguró que presentaría pruebas contra el árbitro ecuatoriano Bayron Moreno, a quien acusó de amaño, tras el partido de 4tos de final de los azzurri contra Corea; mientras el referi garantizó que solo hacía su trabajo. “Totti se tiró frente a mi y trató de engañarme”, dijo el sudamericano más odiado en Italia.

Carrera no presentó pruebas, pero ¿qué más pruebas se requerían ante la estela de ‘casuales’ injusticias? Antes de Italia, España fue la víctima y su técnico José Antonio Camacho protestó al árbitro kuwaití Saad Mané por anularle dos goles en el duelo contra Corea, que al final ganó la oncena asiática en penales por 5-3. Antes Corea empató con EUA, superó a Polonia y también a Portugal.

Corea se convirtió en el primer país asiático en cuartos de final de un Mundial y mientras los coreanos celebraban la histórica actuación, también enfrentaban sus propios e irónicos problemas internos: los dos hijos del presidente Kim Dae-Jung estaban en la cárcel, acusados de corrupción; mientras la comunidad internacional del fútbol señalaba las disfunciones arbitrales, por algunos referirs convocados con escasa experiencia: Mahamed Sade (Maldivias), Elis Doriri (Vanatu), Coffi Codina (Benin), Saad Kamel (Kuwait), Ali Tomusange (Uganda).

Entre otros casos inéditos, en el partido Alemania-Camerún, 14 jugadores fueron amonestados y aunque por un lado Blater admitió que durante el Mundial hubo: “árbitros insuficientes y desafortunados, los jueces de línea han sido un desastre”, a la vez fue renuente al uso del videoreplay; sin embargo, en la Comisión de Árbitros si hubo malos tragos: el español Ángel María Villar y el mexicano Edgardo Codesal renunciaron a ser miembros de este organismo, este último lo hizo “por toda la atmósfera de irregularidades”.

Al final, Alemania fue el ‘Vengador’ de los caídos y con gol de Michael Ballak superó a Corea por 1-0; mientras Brasil le ganó 1-0 a Turquía; para ver en la final Alemania vs. Brasil, con el experimentado silbante Pierluigi Colina y el mexicano Felipe Ramos Rizo como 4º árbitro.

En el Estadio de Yokohama de Japón, Brasil se apoderó por quinta vez de la Copa del Mundo, al vencer a Alemania por 2-0, ambos goles de Ronaldo.

La final de aquella Copa del Mundo de la FIFA resultó en una catarsis mundial, después de un mes de frustraciones e injusticias y una inflexión que abrió paso a los inexistentes “¿y si hubiera?”, “¿y si no hubiera?”.

Pero 13 años después, el comediante británico Lee Nelson se presentó en una conferencia de prensa con Joseph Blatter (que ya era estudiado por agencias de investigación estadounidenses por amaño y corrupción en asignación de sedes mundialistas). Nelson dejó un fajo de billetes falsos frente al suizo y en tono de burla dijo: “esto es para que le dé el Mundial del 2026 a Corea del Norte”. Blatter llamó a seguridad y el británico le lanzó los papeles en una de las escenas más icónicas en el adiós de la oscura carrera del suizo frente a la FIFA.

Relatos con amor

Mi ídolo

Tú no lo sabes, pero nuestro amor comenzó en el Estadio Azteca. Lo recuerdo perfecto: era de noche, 2 de octubre de 2005. Allí, la NFL hacía su primer juego de temporada fuera de Estados Unidos (49ers de San Francisco vs. Arizona Cardinals), pero antes del Kickoff yo miraba el cielo y sus estrellas -me gusta el firmamento del otoño- y en ese instante ¡supe que estabas conmigo! ¡Mi corazón latió tan fuerte! Sentí como si de abajo hacia arriba me fuera llenando de una felicidad y un asombro tan grande que no paré de sonreír. No me podía concentrar en el partido, solo pensando en ti.

Desde entonces cambió todo en mi vida. Al siguiente día fui a conocerte: eras más pequeñita que una lenteja y ya te amaba; hacíamos todo juntas: ir a correr, trabajar, viajar. ¡Platicaba de todo contigo! Aunque creyeran que estaba loca, porque me veían hablando pensando que estaba sola, pero te contaba todo a ti. En las noches, después de trabajar, prendía los audífonos y te ponía el Aria en la cuerda de Sol de Bach.

En mayo del 2006, estaba a pocas semanas de abrazarte; me sentía tan feliz y a la vez algo rara porque no volveríamos a estar tan unidas como esos meses…pero entonces un estudio detectó algo que parecía una hernia y resultó en otra cosa que jamás había escuchado: gastrosquisis aguda, aparato digestivo y algunos órganos más estaban fuera de la caja torácica, de hecho fuera del cuerpo. No sabía que existía eso. ¡Me aterré tanto! Pero Dios, en su grandeza, a unos días de recibirte, envió a las personas correctas para ti: el Doctor Rubén Sauer Ramírez y el Doctor Mario Franco Gutiérrez.

El día que naciste no te conocí. Te llevaron directo a cirugía. A la mañana siguiente entré al cuarto de terapia intensiva para bebés ¡había muchos! y sin haberte visto antes, de inmediato te encontré: ¡más hermosa de lo que hubiese imaginado!

Pero al pasar los días, no mejoraban las cosas. Fue muy duro que me dieran de alta y salir del hospital sin llevarte conmigo en mis brazos.

Diario podía ir a verte solo por dos horas (a las 12:00 y a las 4:00), pero no podía cumplir mi sueño de cargarte: había muchas cosas en medio de un abrazo: catéter, sonda, cablecitos del monitor y tu reciente y delicada cirugía.

Aunque había que usar cofias, cubrebocas y batas quirúrgicas para entrar a visitarte yo me arreglaba como si fuera a una fiesta: me peinaba, me maquillaba me ponía mi mejor perfume porque iría a ver a la persona que más admiro en el mundo: ¡te vería a ti! ¡Vería a mi ídolo! Una pequeña guerrerita de menos de 50 centímetros que en cada hora estaba dando la más valiente batalla. Ante mis ojos tú diste la pelea del siglo. Te vi luchar con tanta fuerza contra cualquier pronóstico, que era imposible no acompañar tu dedicación. Nunca lloré frente a ti y nunca dudé de tu fuerza.

Te cantaba, te contaba cuentos, te platicaba cómo era el mundo tan hermoso allá afuera, esperándote con tantas personas que te aman.

Viviste dos operaciones más y seis transfusiones de sangre, ¡tu cuerpo era tan pequeñito y tu voluntad tan inmensa!

En uno de varios momentos, platiqué con Dios y le dije. “Señor: te agradezco infinitamente el tiempo que me has permitido pasar con la más grande bendición de mi vida. Dejo en tus manos lo que suceda pues tu voluntad es perfecta y sé que me darás la fuerza para vivir con lo que a bien tengas destinado para ella y para mi”. A la vez, todas las noches soñaba con abrazarte y cantarte ¡me hacías muchísima falta!

Pocos días después, tu abuela Bertha llevó al padre a bautizarte y no puedo más que decir que: pasaron unos días y MILAGROSAMENTE ya podías tomar leche y a la semana ¡te dieron de alta!

¡No podía creer que conocerías a tus abuelitos y nuestra familia, que sentirías el sol y el calor de sus rayos, que verías las flores y percibirías el aroma de la tierra mojada, ¡que dormirías a mi lado al fin!

Nunca hizo falta volver al hospital. ¡Eres tan sana y bendecida!

Desde entonces has sido mi mayor inspiración, mi fortaleza y mi eterna gratitud con Dios; aun no puedo creer que confiara tanto en mi como para poner en mis manos la vida de un alma tan maravillosa como la tuya.

Ver cómo te sentaste sola por primera vez, ver salir tu primer diente, dar tu primer paso, ¡escuchar tu voz por primera vez! Escucharla día a día, con tus ideas, descubrimientos, preocupaciones y cantos. Escuchar tu risa, que se volvió el sonido más hermosa de mi vida.

Recuerdo las noches que me esperabas, después de trabajar, para leer cuentos y cambiarles el final por una historia más bonita…o inventar nuestros propios relatos que nos hacían reír hasta quedarnos dormidas.

Cómo aprendiste a leer, escribir, patinar, pintar. ¡Cómo hemos crecido juntas, bebé!

No recuerdo la fecha del último día que te cargué, ni el último cuento que contamos, la última vez que rodamos por el pasto o que anduvimos en bici y aunque cada momento sigue impreso en mi corazón; recuerdo siempre a detalle la lucha más valiente que he atestiguado por salir al mundo a vivir: tu lucha.

Gracias, pequeña maestra, por tu eterna enseñanza. Gracias por elegirme, gracias por darme el regalo de ser tu mamá.

Deportes

Tenis mexicano en medio de ‘fuego cruzado’

Aún cuando el Comité Olímpico Internacional ha llamado a las Federaciones Deportivas Internacionales a no formar parte en eventos en los que participen o sean anfitriones los países Rusia y Bielorrusia, o que la FIFA en un hecho histórico excluyó a Rusia de la Copa del Mundo de Qatar 2022 (aunque el país acaba de recibir la edición anterior del evento), México sigue adelante con la realización de la Copa Davis que se jugará del 4 al 5 de marzo en nuestro país.

El Estadio ‘Rafael Osuna’ del Centro Deportivo Chapultepec, en la Ciudad de México, recibirá el evento en el que nuestro país se presentará en el Grupo Mundial I con: Alex Hernández, Gerardo López Villaseñor, Luis Patiño, Miguel Ángel Reyes Varela, Hans Hach; para medirse ante los bielorrusos Ilya Ivashka, Edgar Gerasimov, Martin Borisiouk, Erik Arutiunian y Andrei Vasilevski.

El tapatío Gerardo López Villaseñor forma parte del equipo Copa Davis.

Más allá de que los deportistas de cualquiera de ambas naciones se manifiesten a favor o en contra de la invasión rusa sobre Ucrania, el Comité Olímpico Internacional instó a desestimar a Rusia (por atacar) y a Bielorrusia (por apoyar el ataque), señaladas además por el COI por romper la Tregua Olímpica, pues aún están por competirse los Juegos Paralímpicos de Invierno de Beijing 2022 (que inician el 4 de marzo y culminan el 13 de ese mes).

El silencio en el deporte blanco ya empieza a incomodar pues ni la Federación Internacional de Tenis (ITF por siglas en inglés), ni la ATP (Asociación de Tenistas Profesionales) ni la WTA (Women’s Tennis Association) se ha manifestado ni en contra ni en concordancia con el COI; por cierto: el ‘deporte blanco’ regresó al programa olímpico desde los Juegos de Los Ángeles 1984, como parte del calendario oficial (en México 1968 se jugó como deporte de exhibición) y por ello, al culminar los Juegos de verano, la ITF recibe recursos del COI para promover programas y estrategias de difusión de su deporte.

Recibir recursos del COI no es el motivo principal por el que la ITF deba homologar su criterio a la posición olímpica, ni la presión internacional sería el motivo para la decisión que tome la ATP o la WTA. La primera tiene al ruso Danil Medvedev como líder mundial y la segunda a la bielorrusa Aryna Savalenka como 3 del mundo. Debe ser difícil coartar a jugadores que no eligen lo que hacen sus gobiernos, pero en medio de este momento, es necesario salir de la incertidumbre y saber si: se suman a una postura para el veto a estas naciones, o lideran la propuesta de no sancionar a civiles, cuando de los dilemas sociales, el deporte (con la cultura) se encuentra entre las últimas ocupaciones de líderes en cuyas prioridades están ahora las estrategias bélicas y los beneficios políticos y financieros.

Ante la indecisión de ITF, ATP y WTA, la primera en levantar la mano fue la tenista ucraniana Elina Svitolona (15 del mundo), quien en sus redes sociales manifestó que no jugará contra rivales de Rusia ni de Ucrania.

“Necesitamos una posición clara de la WTA, ATP y la ITF (…) además los jugadores ucranianos necesitamos el apoyo de estos organismos para presentar a los atletas de Rusia y Ucrania como “neutrales” y no poner sus símbolos patrios en los torneos”, suscribió la nacida en Odessa, de 27 años de edad, quien no culpa a los atletas de esos países por las posiciones de sus gobiernos.

En nuestro país, los organizadores del evento siguen adelante con la competencia, en virtud de que no han recibido otra instrucción de la ITF y más aún tras las complejidades administrativas que la Federación Mexicana de Tenis enfrentó por la disputa de dos dirigencias que buscaban presidir el organismo, entre finales del 2020 y principios del 2021.

El 6 de marzo de 2022, cuando haya terminado la serie México vs. Bielorrusia en la Ciudad de México, se cumplirá un año de que nuestro país logró una hazaña histórica, al vencer como visitante, por 3-1 a Bulgaria en Copa Davis y romper así una racha de 33 años sin superar a un equipo europeo; en aquel entonces era solo la pandemia por COVID-19 la que acechaba al mundo, pero hoy, además de las condiciones sanitarias, son las hostilidades bélicas las que dejan en una difícil posición la relación deportiva de Mexico con ambas naciones.

Touché en GDL

Sin embargo, en Guadalajara, Jalisco ya se impacta la postura del COI: en la Copa del Mundo de Esgrima que se realiza en la capital jalisciense se retiró la bandera de Rusia de la fila de insignias de naciones participantes y, al ganar la medalla de bronce el equipo femenil de este país, se presentó la bandera de la Federación Internacional de Esgrima y no la de Rusia.

Mientras que las esgrimistas estadounidenses, encabezadas por la Campeona Olímpica de Tokio 2020 Lee Keifer manifestaron su apoyo a Ucrania y en el costado izquierdo de su uniforme pusieron una pequeña bandera del país recientemente invadido.

Mujer y Deporte

VOLUNTAD

Tenía la boca abierta, grande, muy grande. Me dolía una muelita y Nayeli estaba por inyectarme anestesia mientras platicaba conmigo. Si algo me encanta de los odontólogos es que platican con nosotros a sabiendas de que no podremos entablar propiamente una conversación, pero igual se involucran con nuestra historia, nos comparten la suya y a veces hasta el capítulo de alguien más, de alguien que crea caminos asombrosos.

“Deberías de entrevistar a mi amiga, ella va a ir a Juegos Olímpicos, me dijo Nayeli, amiga de una de mis mejores amigas: Laura. Le pregunté su nombre y me apenó confesarle que no la conocía (cosa rara porque, al seguir el ciclo olímpico desde Juegos Centrocaribeños uno conoce a todos los atletas y especialistas que acuden a Olímpicos). “Ah, es que ella no es deportista, ella es odontóloga también y va a ir como voluntaria”, me dijo.

¿Voluntaria, eh? Yo nunca había entrevistado a los voluntarios olímpicos y conocer la historia de alguno me pareció interesante.

Nayeli llegó a mi vida de forma incidental a introducirme con alguien que nunca imaginé cómo influiría en mí. Me dio el número de su amiga: Erika Grifaldo. Le llamé y acordamos entrevistarla en su consultorio para hacer un reportaje que saldría en TvAzteca.

Fue una tarde de la primavera de 2016. Erika estaba un poco nerviosa, así que empezamos con grabar algunos aspectos de ella “en acción” y después la entrevisté. Además de dentista, era corredora, hablaba un fluido portugués y con lo capacitada que estaba, la imaginé trabajando en la Policlínica de la Villa Olímpica (que opera 24 horas desde días antes y días después de la realización de los Juegos) quizás auxiliando a Simone Biles, Michael Phelps o Usain Bolt, en alguna dificultad dental.

Para su aventura a Río 2016 me contó que hubo un largo y detallado proceso de selección: aplicar para ser candidato, explicar sus aptitudes, garantizar que podría pagar su viaje y su hospedaje. Todo lo pudo ella, todo con el deseo de vivir esa experiencia de ayudar en medio de la atmósfera olímpica.

Pero no era la primera vez que dedicaba su tiempo a asistir a alguien más. En ocasiones, Erika se ha ido a las zonas serranas de Oaxaca para brindar servicios dentales a los niños que difícilmente tendrían acceso a ellos. La voluntad es una virtud innata en ella, radiante por sobre lo que algunos podrían considerar adversidades como: ser mamá adolescente y en medio del proceso estudiar una carrera tan compleja como la medicina, con subespecialidades como la anestesiología, la cirugía o traumatología, porque así de detallada es la odontología.

Publicamos la entrevista y desde entonces mis emociones olímpicas encontraron un nuevo y cautivante carril por dónde contar historias: la vida de una voluntaria.

Érika llegó a la ciudad carioca y casi a diario descubría algo nuevo: el Cristo Redentor, las banquetas de mosaico que trazan un oleaje en blanco y negro en Copa Cabana o el delicioso paõ de queijo, un bocadito terso muy común en Brasil; pero contrario a las expectativas que teníamos, el Comité Organizador mandó a Erika lejísimos de las playas, hasta Deodoro, para atender a los atletas del pentatlón moderno. Estábamos muy decepcionadas. Ella, con tantos recursos para ayudar de formas tan especiales, estaría haciendo labores más simples de las que imaginábamos; pero quizás esa fue la primera lección para ambas: la voluntad también implica la humildad de saber que, por pequeña o simple que parezca tu ayuda, mereces entregarte en excelencia, hacerlo bien porque tu apoyo es tan valioso e importante como tú mismo sepas apreciar el servicio que desinteresadamente ofreces a los demás.

La verdad Erika no le entendía muy bien al pentatlón moderno…o más bien nada, pero le puso su mejor rostro a la situación. Sonreía, apoyaba y, quizás sin conocer el deporte, empezó a entender a los deportistas, sus complejidades, sus necesidades y sus alegrías. Después de muchos días de ver caballos, espadas, googles, pistolas y spikes, empezó a comprenderlo todo y cuando así fue, en el último día de pruebas, la vida le concedió un momento inédito: ver al primer mexicano en la historia olímpica ganar una medalla en este deporte: Ismael Hernández, con el bronce.

Al ser una sede tan lejana, ni el público mexicano ni la prensa nacional estuvieron allí en ese momento; fue un logro nunca antes visto que pocos presenciaron, sufrieron, lloraron y celebraron en persona, entre ellos, Erika. Se puso feliz hasta tener la piel erizada y, muy a pesar de la distancia, me contagió su alegría.

Desde entonces, nunca perdimos contacto, primero porque se volvió mi odontóloga y luego porque no dejaba de hacer algo sorprendente. Al año siguiente, estábamos a las 5:30am sobre el camellón de Av. Aztecas para verla entrenar rumbo al MaratónCDMX 2017 y publicar un reportaje. Si algo le cuesta a Erika es entrenar de madrugada pero creó un motivo para hacer que valiera la pena salir en la penumbra a trazar esfuerzos en sus piernas: se dispuso a ‘vender’ sus 42 kilometros del maratón capitalino y recaudar fondos para una cirugía ocular que necesitaba una conocida; como ella sola no podría generar todo el recurso, se sumó Héctor Mendoza y los Happy Face Runners que delinearon toda una estrategia integral de ayuda con la que lograron la meta con creces.

Luego Erika volvió al voluntariado deportivo: en el Campeonato Mundial de Paranatación CDMX 2017, donde pasó algo muy triste: alguien robó los pines que con tanto esmero intercambió con voluntarios de todo el mundo, desde Río 2016; a pesar de ello, su espíritu solidario no se detuvo y apoyó en el evento con lo mejor de sí misma.

Después de hacer maratones, la montaña la llamó. Allá arriba comenzó los retos de correr en competencias de más de 50 kilómetros y hubo eventos que incluso ganó.

Pero después, Erika comenzó a sorprenderme de nueva cuenta con otra perspectiva de la voluntad, no solo para concederla a los demás, también para reforzarla hacia uno mismo. Ella, que en un punto de su vida padeció obesidad, que conquistó rutas maratónicas y después bosques y amaneceres, se decidió a construir la versión más fuerte y más difícil de su cuerpo al convertirse en fisicocultrista; algo mucho más profundo que levantar pesas todo el día, algo en nada relacionado con el uso de sustancias prohibidas (un prejuicio común para quienes desconocen este deporte), pero totalmente compatible con una disciplina que puede retarte hasta las lágrimas y tocar los límites de tu carácter hasta la desesperación, hasta exprimir tu voluntad al punto de desear el abandono.

Eso y más superó mi voluntaria favorita. No ganó el concurso de fisicoculturismo, pero no era un evento contra las demás, todo fue para sí misma: fue por conceder lo mejor de su ser aún en sus momentos más oscuros y descubrir que podría lograrlo fue la mejor medalla, un podio de ella que reluce en enseñanza para muchos que tenemos la suerte de seguir su historia.

Contrario a como era hace muchos años, ahora disfruto muchísimo ir a mi citas odontológicas, no solo porque Érika cuida mi sonrisa, muy en especial, porque la provoca.