Relatos con amor

Una vida de películas.

La mesita de centro, en casa de mi abuelita Elvira, era de cristal y una vez aproveché ese estratégico factor para agacharme y ver hacia dónde rondaba la mula de 6/6 mientras mi abuelito Jesús hacia la sopa del dominó, pero mi descarada jugarreta duró muy poco y, tras darme un coscorrón en la cabeza, me miró indignado -casi diría que iracundo- y dijo: “¡Eso NUNCA se hace! ¡Nunca lo vuelvas a hacer!”.

Los nudillos son articulaciones muy duras ¡pero mi abuelito los tenía aún más! Con ellos podría convencer a quién fuera de desistir de cualquier cosa y claro que le hice caso.

Entonces yo tenía ocho años y mi hermanita seis. Sin subestimar nuestra edad y con mucha paciencia, mi abuelito dedicó muchas tardes y noches a enseñarnos a jugar dominó. Aprendí a leer el juego del rival, a ‘ahorcar’ mulas, a cerrar juegos. Me encanta el dominó pues aunque las fichas llegan a tus manos al azar, gracias a mi abuelito aprendí que la astucia y el intelecto pueden hacer que una mula blanca sea tu Jugador Más Valioso. Entonces apostábamos frijoles o habas como si fueran monedas de oro.

Luego vino el póker. Donde el azar cobra más peso. Mientras barajaba las cartas, mi abuelito me contaba cómo, en una tarde de pocos fondos y mucha suerte, ganó un juego con par de 2, la siguiente ronda con tercia de 2 y la última, por increíble que fuera, con póker del mismo número. El 2 era su número favorito. El 21 aún más.

Hoy entiendo que mi abuelito aprovechó estas tardes y noches de juego para llevarme más allá de la diversión del azar. Jugándonos frijoles o habas, entre cartas o fichas, mi abuelito me recordaba algún episodio de su historia.

Mi abuelito Jesús era carpintero y al fondo de la casa guardaba, en grandes cajas de madera que él mismo fabricó, la herramienta con que trabajó por más de cuatro décadas. Tenía: serruchos, seguetas, pulsos, flexómetros, martillos, formones, cepillos, clavos de todas medidas…como si tuviera su propia tlapalería en casa.

Nació a inicios del siglo XX, cuando México se encontraba con sus primeros respiros pos revolucionarios. Al terminar la primaria, su padre Clicerio lo llevó a trabajar con un tío suyo en la industria de la construcción, después fue con otro tío que era ebanista y tras conocer los finos detalles para hacer de la madera una obra de arte, buscó su propio camino y se hizo carpintero en filmaciones ¡y vaya momento que le tocó vivir: la Época de Oro del Cine Mexicano!

Se diluía la década de los 40 cuando mi abuelito, desde su trinchera, sumó su esfuerzo para dar luz a la cinta de celuloide.

“Y si te decían que debías hacer los muebles, ventanas, barandales de toda una casa, así se hacía. Antes se grababa toooodo en estudio, ahora nomás rentan lugares…yo aprendí a trabajar a detalle y cuando empecé en las grabaciones quería hacerlo fino, bien medido y me decían: ‘¡no’mbre si aquí es a puro serrucho y clavo!’”.

Trabajó en los Estudios Tepeyac, los Estudios Clasa y los Estudios Churubusco. Fue en los primeros donde tuvo un encuentro que marcó su vida.

“Nos llamaron a empezar una película nueva y allí vaaaamos toda la Unidad. A la hora de comer, vi a uno de los compañeros ahí solito, ni quién le invitara un taco y le digo ‘¿no quieres venir con nosotros, vamos a una fonda acá al lado? Y sí, si quiso…Total que comimos rápido para irnos a jugar frontón y le digo a la señora ‘lo de él me lo apunta a mi por favor’ y él se quedó allí comiendo solito.

“Ya cuando regresamos a los estudios me quedé pálido de la regadooota que acababa de hacer: había invitado al actor principal de la película, ¡era Pedro Infante! Pero como estaba vestido de carpintero, yo no sabía que era él. Me acerque y le dije ‘dispénseme por favor por haberlo llevado a ese lugar. ¡Yo no sabía quién era usted!’, me agarró del hombro y me dijo ‘no’mbre no me diga eso, ¡que eso nomás lo hacen los amigos de verdad!’”.

Mi abuelito reía como si ese mismo día hubiese pasado aquel encuentro. Desde entonces se hizo buen amigo de Pedro Infante. Él le pidió a mi abuelito que le enseñara al menos a usar algunas herramientas para interpretar a ‘Pepe ‘El Toro’ en Nosotros los Pobres, película en la que trabajó mi abuelito y también en sus dos secuelas y para practicar carpintería mi abuelito le fue diciendo a Pedro cómo hacer un cajoncito de herramienta que el actor creó.

“Y luego que a Pedro nunca le gustó que usaran dobles para él. Una vez allá por Bellas Artes, Don Ismael (Rodríguez, director de estas cintas) nos mandó buscar personas que se parecieran a él por una escena en la que se tenía que colgar de la orillita de un edificio muy alto, no’mbre ¡cuando se entera Pedro que se enoja! y ¡que se cuelga solito de la azotea! “Para que vea que lo puedo hacer yo solo”, le dijo” jaja. ¡Era tremendo ese Pedrito!”.

Para ‘Nosotros los Pobres’, mi abuelito debió entrar al Palacio Negro de Lecumberri, pues nuestro protagonista, Pepe ‘El Toro’, fue encarcelado injustamente y allí encontraba al verdadero culpable de su desdicha. Según el guión, Pepe El Toro’ y ‘El Tuerto’ pelearían hasta que el villano perdería un ojo…pero llevar la escena a la realidad era difícil.

“Entonces no existía el departamento de efectos especiales, ni nada de eso, apenas teníamos maquillistas y a Don Ismael le gustaba mucho hacer una escena desde muchos ángulos, por eso tenía que quedar perfecto por cualquier lado. Estuve piense y piense cómo le haría, hasta el señor Arriaga (que interpretaba a ‘El Tuerto’) me preguntaba que cómo le iba a hacer, que si le iba a doler jaja…Total que dije: ‘¿si se pelean y Pepe ‘El Toro’ le rompe una silla? Así en la pata de la silla le podía a hacer un huequito. Le eché salva y con un botoncito ya salía todo, pero luego el problema era el ojo ¿cómo hacer un ojo? ¡Pues con un ostión!”.

Así lo hizo y surgió una de las escenas que para esa época causó asombro…¡y terror!

Mi abuelito trabajó en Lecumberri, hasta que uno de los presos le dijo: “usted se parece mucho al que me puso aquí, así que si lo vuelvo a ver, lo mato”. La producción decidió que mejor ya no se presentara, al fin ya habían grabado la parte en que él era más necesario.

Al final, la película fue multipremiada y también el director. Mi abuelito me contó que en una de varias galas, fue el propio Pedro Infante quien se levantó de la mesa para ir por mi abuelito y presentarlo con los directivos que celebraban la película y le felicitaron ese ingenioso efecto.

A la siguiente cinta ‘Ustedes los Ricos’, tuvo que hacer un incendio controlado, en el que ‘Pepe El Toro’ llora amargamente la muerte de su hijo. Mi abuelito dice que todo el set terminó llorando con Pedro Infante y al finalizar la escena, le preguntó: “Oye: ¿cómo le hiciste para llorar tanto?”. Infante le confesó que recordó cómo, cuando era pequeño, en su natal Sinaloa, le pagaban un centavo por cada cubeta de agua que sacaba de un pozo y eso le causaba mucha tristeza.

Después de muchos años de amistad, Pedro Infante ya sabía cómo eran los ritmos de las producciones: meses enteros de arduo trabajo y otros meses sin ningún ingreso. En alguna ocasión sin filmaciones, mi abuelito y Pedro se encontraron entre los foros de los Estudios Churubusco y tras preguntarle cómo estaba, mi abuelito le comentó que tenía meses sin sueldo.

– ¡Pos vente a hacerme la carpintería de mi casa de Cuajimalpa, Colorado! (así le decían a mi abuelito, que siempre llevaba camisas rojas al trabajo).

– ¡Órale, ya vas!

– ¡Ya estás! Mañana va mi hermano por ti a tu casa.

“Total que nos despedimos y cuando nos fuimos alejando me quedé pensando ‘bueno ¿pero y a dónde va a ir por mi Pepe? Volteo y le grito: “¡Pedro! ¡Déjame te doy la dirección de mi casa!” ¡Y que se me queda viendo! Saca de su pantalón un cuadernito, pasa las hojas y empieza a leer: “Jesús Cedillo, nacido el 2 de junio, vive en Calzada de Tlalpan…”, jeje. Así era ese Pedro”.

Mucho tiempo trabajó mi abuelito en los detalles en madera de su casa. Hasta un día de abril que Infante se despidió porque viajaba hacia Yucatán, tripulando su propio avión y no volvió a verle nunca. Sé cuánto le extrañó hasta los últimos días de su vida.

Pedro fue su amigo de verdad, pero continuamente mi abuelito pudo trabajar con muchos grandes actores. Me contaba cómo Germán Valdés ‘Tin-Tán’ desesperaba a los directores porque se inventaba los guiones, mucho veces ni leía lo que venía escrito y empezaba a improvisar sobre la marcha. Cómo era difícil aguantarse la risa cuando Cantiflas salía a escena, el duro carácter que tenía Emilio ‘El Indio’ Fernández o lo hermosa y altiva que era María Félix, pero a la vez atenta y en ocasiones simpática; me contó que en ‘La Diosa Arrodillada’ la producción paró una semana porque Félix se había ido a Acapulco.

O como, durante la grabación de Macario, sus manos, con muchas otras, prendieron las velas de una escena icónica. “Uuuh y no sabes la lata de andar prendiendo unas y que se apagaran otras. ¡Vieras cómo fue eso de revisar que no entrara un aire que apagara un lado!”.

Golpe de suerte

Además de crear muebles y escenografías, mi abuelito ayudaba a vestir los sets, ambientarlos e iluminarlos. Alguna ocasión, con la unidad donde trabajaba, debieron levantar una pesada estructura que sostenía las lámparas.

“En la Unidad América contábamos 1-2 y en el 3 ya levantábamos, pero en esa Unidad que me llamaron contaban 1-2-3 y luego levantaban y yo pues acostumbrado, que levanto antes que todos y ¡que me lastimo la espalda! Ya no podía hacer nada que nomás me agachaba y ya me quedaba ‘en escuadra’ todo el día”, me contaba mi abuelito, mientras no sé por qué yo reía a carcajadas al escucharlo.

Así estuvo mucho tiempo, hasta que el doctor le dijo que debía entrar a quirófano, cosa que haría tan pronto culminara otro rodaje…pero el destino tenía otros planes.

“Estábamos en la tramoya y le grité a un compañero que me aventara unas gasas para ponérselas encima a las lámparas, pero las aventó en recto, no hacia mi y cuando me acerqué para agarrarlas ¡que me caigo! Nomás escuché como por ahí alguien gritó “¡YA SE CAYÓ EL COLORADO!” Pero yo en el aire iba pensando “ahorita me doy la vuelta y en vez de cabeza voy a caer de pie y sí, sí caí de pie ¡pero con los puuuuuuros talones! Nooooo’mbre se me hincharon los pies ¡los tenía negros!

“Total que ya…me pusieron de incapacidad y un día que el doctor me dice “Oye Colorado: ¿Cómo te has sentido de tu espalda?”. “Pues bien si aquí acostado ni modo que me dé algo”. Nomás por no dejar, el doctor me sacó una radiografía y me dice: “No me lo vas a creer, pero con ese golpecito que te diste te acabas de acomodar el disco de la espalda y ya no vas a necesitar cirugía”. ¿Tu crees?”.

Nueva etapa

Me sobran anécdotas y me falta espacio para hablar de mi abuelito. Por muchas décadas vivió las más curiosas experiencias detrás de escena en filmaciones como ‘Los Tres García’, ‘Ahí está el detalle’, ‘Una familia de tantas’ o ‘A toda máquina’.

La Época de Oro del Cine Mexicano fue también su etapa de esplendor, pero con el ocaso de esa era, llegaron a México las producciones estadounidenses y mi abuelito comenzó una nueva etapa de trabajo con actores como: James Stewart, uno de los 50 artistas más célebres del cine estadounidense, Peter O’Toole y Audry Hepburn, con quienes trabajó en ‘The Unforgiven’, con Gregory Peck en ‘Gringo Viejo’, el guapísimo Rock Hudson con el que grabó ‘El último atardecer’ o también con el señor John Wayne, quien hizo especialmente en Durango una destacada carrera en el cine Western.

“Una vez vino a hablar conmigo: “¿Oie Coloradou, tú por qué decirme Juanito?” “¡Ay ¿como por qué?! Pues porque estás bien chaparrito!” Jaja. ¡Le faltaba el centímetro para los dos metros!…Era a toda ley ese Juanito. Cuando acabábamos de filmar mandaba hacer unas botellas de tequila grabadas con el nombre de la película ¡y nos regalaba a todos! Nos invitaba a una gran fiesta por el cierre de producción, no solo a los actores ¡a todos parejo!”.

Mi abuelito hizo entonces hasta réplicas de artículos de tribus Cherokees, Apaches, Suix o Cheyenes que aparecían en estas filmaciones.

En otra ocasión, se fue a Acapulco a trabajar en la película Rambo, con Silvester Stallone. “¡Ese señor traía como siete extras! A mi me habían encargado todo el departamento de armas y así las tenía bien apiladitas: rifles, pistolas, balas por calibre…todo de salva, claro, pero un día ¡que me roban uno! Ya luego lo encontramos por allá en un pueblo que se lo había quedado un carnicero y ya nos lo devolvió”.

Después de más de 40 años dedicados a crear los trucos de magia detrás de las películas, mi abuelito se jubiló cuando yo era pequeña, pero seguía yendo a los Estudios Churubusco a ver a sus amigos y muchas producciones le seguían llamando a trabajar. La última en que lo hizo fue Titanic. En los Estudios Churubusco crearon todo el set del barco: duelas, comedores, sillas, relojes, barandales y, como si fuera un rompecabezas, mandaron las piezas hacia Rosarito, Baja California, para ensamblar, instalar y equipar todo allá.

Ahora entiendo que aún jubilado mi abuelito regresaba a los Estudios Churubusco a crear la magia detrás del celuloide. Su taller era ese sitio donde nacían los encantamientos que sumados a muchos más esfuerzos creaban historias fantásticas e icónicas. Ese taller estuvo donde se encuentran ahora los jardines del Centro Nacional de las Artes. De niña lo acompañaba ocasionalmente allí, ahora que regreso encuentro los árboles que eran tan pequeños como yo y ahora son gigantes que acaricia el viento.

Ojalá mis dedos fueran a la velocidad de mis recuerdos con todas las historias que me contaba mi abuelito. Veíamos los partidos de Grandes Ligas o las películas en las que trabajó y de nuevo pensaba en esas anécdotas….aún lo hago.

Muchos años antes de iniciar el alto rendimiento como tahúr infantil, mi abuelito fue mi segundo Mejor Amigo. No es a razón de un ranking, así fue el orden de aparición en mi vida: primero conocí a mi Papito y después a mi abuelito y sé muy bien que él también me veía así. No asumía ser mi maestro, ni mi autoridad, él en verdad quería ser mi amigo.

Si algo nos unió aún más fue ese amor que ambos tenemos por el chocolate. Mi abuelito podía gastar toda su pensión en comprar chocolates que después guardaba en un lugar secreto y cuando menos lo esperábamos, nos compartía de su tesoro.

Los coscorrones que daba mi abuelito si hacíamos trampa en el poker o en el dominó eran duros, pero nuestras venganzas eran dulces. Por las noches, mi hermana y yo fraguábamos planes perversos y le llamábamos con el pretexto de que nos ayudara a resolver algún problema. Cuando entraba al cuarto en que estábamos en casa de mi abuelita, salíamos de nuestros escondites para agarrarlo a muñecazos…pero las cosas no se quedaban así, entonces venía su venganza: aprovechaba nuestro sueño para tomar prestados los zapatos de mi abuelita y darnos taconazos en las rodillas. Claro que respondíamos con una lucha que mas bien parecía como si dos umpa-lumpas quisieran derribar a un gigante.

“¡Pero cómo pues Jesús! ¿¡Cómo estas jugando así con estas niñas! ¡Si no tienes cinco años!”, le decía mi abuelita al descubrirlo…al final creo que no le importaba el regaño, la ‘vendetta’ había sido saldada.

Al crecer dejamos de jugar tan pesado y nos quedamos con el beisbol, las partidas de pocker o dominó, con las apuestas de frijoles o habas y especialmente con las películas y los chocolates.

Mi abuelito se fue un 2 de noviembre, justo en la última fecha para conmemorar el Día de Muertos, pero a diario lo recuerdo. Siempre hay una frase, un momento, una historia que se entremezcla en mi presente.

Hasta siempre, querido mejor amigo.

Los chocolates siguen siendo siempre a tu salud.

Deportes, Mujer y Deporte

Maratón de Nueva York: Una conquista a ciegas.

El húmedo aroma del bosque se entremezcla con la fría mañana y Martha ya acumuló más kilómetros en las piernas. Será la primera mujer ciega de México que corra el Maratón de Nueva York y se alista para hacer de lo inédito, algo extraordinario.

“Esto es algo que puede hacer visibles tres condiciones que vivo: la discapacidad, mi género y mi edad porque a mis 58 años me animo a hacerlo. ¿Qué necesito? Entrenar: lo estoy haciendo, recursos: los estamos buscando, con eso lo voy a lograr y qué mejor: ¡representando a México!”, comparte Martha Beatriz tras culminar el entrenamiento en el Bosque de Chapultepec, algo que en su vida, antes de llegar al gremio de la discapacidad, no hizo nunca.


“Tengo 14 años en la discapacidad y anteriormente yo no corría, pero al verme sin hacer nada mi condición de salud era muy deplorable; empecé a correr y a sentir mejoría en mi cuerpo: hoy no tomo tantos medicamentos, he bajado de peso, he encontrado amigos y muchas disciplinas que puedo hacer. ¡El ejercicio me fortalece tanto!”, agregó López Vértiz, quien lleva una playera amarilla con el letrero ‘corredor ciego’ para ser visible y considerada por aquellos que también entrenan y sí pueden usar su vista.

Hace más de 35 años que Martha lidia con artritis reumatoide. Al detectar esta enfermedad crónico degenerativa recibió un tratamiento que debilitó su vista hasta que la perdió por completo.

“Fue algo paulatino…y digo: no fue por mi causa y nadie somos ajenos a que nos suceda. Perder la vista fue muy complicado porque en tu vida normal lo tienes todo y de pronto todo se va: trabajo, amigos, dinero”, compartió Martha con la voz entrecortada ante la impotencia de saber cómo todo lo que un día tuvo esfurmó. “Pero no me quedé a esperar nada. Quería seguir creciendo a pesar de todo. Entré a la Escuela Nacional para Ciegos, me rehabilité, conocí a muchas personas, vi que no era la única y estudié tres años, ahora soy Técnico en Masoterapia”, explicó la maratonista queda va por su segundo camino académico pues estudia en la Universidad Nacional Autónoma de México la carrera en Trabajo Social.

“No solamente quiero crecer en lo deportivo, también en lo educativo. He tomado muchos cursos de todo relacionado a la discapacidad no solo lo visual sino en todas las condiciones y sé que puedo aportar a empatizar y mejorar la calidad de vida de quienes tienen discapacidad. Curiosamente estudiar una carrera es algo que no había podido lograr antes y hoy lo hago con esta condición y a esta edad”, comparte orgullosa y sonriente la maratonista, que hizo de una dura pérdida su mayor motivo para reinventar su vida y hacer hoy más de lo que hacía 14 años atrás.


“A veces te sientes culpable de adquirir tu condición, pero me di cuenta que no es así. Espero que las personas puedan ser más sensibles con la comunidad porque no tenemos la vida comprada, cualquiera en cualquier momento puede llegar a la discapacidad y si alguien llega, hay que aprender a vivir y a superar; aprender que con lo que tenemos podemos hacer lo que deseamos”

Martha López
Maratonista ciega

Aprender a correr sin ver fue un reto que rompió las barreras de todos sus límites. “Al principio tenía temor y decía: «¿cómo voy a correr si caminar en la calle me cuesta mucho?» Empecé caminando con miedo, pero aquí Halcones me ha dado mucha seguridad y fortaleza, ya he hecho carreras desde cinco kilómetros hasta maratón, he encontrado amigos, oportunidades de todo lo que puedo hacer y darme cuenta que no debo ponerme límites de ningún tipo: ni condición de discapacidad, ni edad, ni género, lo que sea que yo quiera ¡lo puedo hacer!”, agregó.

Pero el camino ha sido más complejo que dominar sus propios temores. Martha ha superado además la pesadumbre de los prejuicios. 

“En mi casa hay ese tabú. Mi madre dice ‘¿pero por qué te vas a salir? ¿por qué te arriesgas?’ Pero es que no puedo encerrarme sin hacer nada. Hay mucho que deseo hacer: ya anduve en bici por 14 días desde Baja California a Baja California Sur; hace dos años anduve en motocicleta un mes por 19 estados de la República, ya hice un duatlón y me preparo para un triatlón. De niña no tuve una bicicleta propia, pero ahora quiero comprarme una bici tándem y en especial quiero demostrarle a mi familia que lo puedo hacer, ¿me voy a caer? si, tal vez ¿me voy a levantar? Seguro que me voy a levantar. No pasa nada”, agregó la aventurera que tocará el asfalto neoyorquino el 7 de noviembre próximo, en busca de conquistar sus calles con su esfuerzo y abrir las puertas de la confianza para quienes llegan a la discapacidad y creen que lo han perdido todo.

“Sueño con llegar a la meta. Pisar Nueva York es algo maravilloso, pero cruzar una meta con tanta gente, con el equipo que llevo, con el acompañamiento que tengo: mis guías, mis amigos que está al pendiente, llegar a la meta va a ser un sueño logrado. Solamente faltan un poco de recursos y un poco de entrenamiento pero lo demás está puesto para seguir yendo pa’ delante”, garantizó sonriente la mensajera de una esperanza ilimitada y retos inagotables.


Halcones del Asfalto

Martha entrena con el Club de Corredores Halcones, que vincula a personas con discapacidad visual (desde debilidad hasta ceguera total) con voluntarios que desean apoyarles en construir metas sobre el asfalto: desde tener la confianza de caminar 500 metros sin un bastón, hasta competir en eventos de 42 kilómetros.

“Uno de los principales valores que tenemos es el de al confianza, que se va construyendo con entrenamientos, asistencia, interacción.Una persona con discapacidad visual va a confiar en ti desde para caminar un kilómetro sin usar su bastón, hasta para correr durante 42 kilómetros, te conviertes en sus ojos y tienes que trabajar en construir confianza y este vínculo es muy poderoso”, explicó Teresita Robledo, coordinadora de Halcones México, que hoy, además de apoyar a atletas con discapacidades visuales, también recibe a personas con otras condiciones discapacitantes.

“En el camino fuimos aprendiendo que cuando eres guía entiendas que la discapacidad no define a una persona, pero sí tenemos que saber cómo podemos mejorar para ayudar al corredor a que en verdad de su máximo”, agregó.

El equipo se reune los sábados a las 7:00am en el Altar a la Patria del Bosque de Chapultepec para hacer entrenamientos conjuntos y allí mismo capacitan a los voluntarios que desean incorporarse como guías.

“Hay que asumir un compromiso tanto para ir a entrenar, como apoyar a un atleta con una meta en específico por ejemplo: correr medio maratón, un maratón, disminuir tiempos en 5k… en el equipo siempre decimos que todas las metas son importantes así sea que hoy empiezas a caminar un poco más, hasta correr un maratón en busca de ganar tu categoría”.

Con seis años en el equipo, Edgar Elenes Inchaurregui es el guía más experimentado. “En un principio fue curiosidad conocer y entender qué implicaba ser guía. Llegué con la idea de darles tiempo y esfuerzo pero me di cuenta de que yo recibía mucho más al aprender de su actitud ante la vida y su resiliencia. Me han enseñado a ser una persona más paciente, a entender un poco más las necesidades de los demás y tener un poco de más de conciencia sobre las diferencias y necesidades de las personas”, agregó el voluntario.

“La puerta está abierta. No es necesario tener experiencia como corredor, solo un poco de tiempo, voluntad y deseo de ayudar. Si estan interesados: vengan, conozcan al equipo que tiene a corredores entusiastas y a un grupo de guías que tratamos de ayudarles. Yo espero que la salud me acompañe por muchos años y poder hacer esta actividad el resto de mi vida”

Edgar Elenes Inchaurregui
Corredor guía
Deportes, Mujer y Deporte

Ella Bucio: La doble de acción que es Campeona Mundial


Cierra los ojos, se concentra, inhala profundo y al despegar los párpados corre a máxima velocidad para saltar de una techumbre, hacer un giro y caer en el siguiente edificio. ¡Lo logra! Le aplauden y cortan la toma. Así pasó Ella Bucio los últimos cinco años de su vida: como doble de acción, hasta que decidió hacer una pausa laboral de tres meses para cultivar un sueño: dedicar cada hora de cada día a hacer parkour hasta que logró convertirse en la mejor del mundo.

A sus 25 años, Ella ahorró lo de un lustro de trabajo como stuntman, un oficio de riesgo que implica representar a un personaje ficticio en escenas de acción, para dedicarse enteramente a sí misma, a escribir con esfuerzo, disciplina y valor el guión de su propia historia a practicar cada día, mejorar cada elemento y costear sus primeras competencias internacionales.

Mientras trabajaba, pasé meses sin poder entrenar parkour, por lo que mi progreso en esos cinco años fue lento y frustrante. Yo sabía que un día podía ser la mejor, pero no tenía tiempo para entrenar lo suficiente

Ella Bucio. Campeona Mundial de Parkour Freestyle.

En 2022 salió a representar a México por vez primera: fue a las Copas del Mundo de Montpelliere, Francia y de Sofía, Bulgaria, con el corazón adolorido al ver el gran talento mexicano que no sale del país a causa de los pocos apoyos para brillar en otras tierras.

“En todo este proceso, el coraje ha sido mi principal motor, mientras lloraba camino al aeropuerto, me dije: “voy a ganar esta mie*””, aseguró antes de tomar el vuelo por la conquista de Europa.

Se lo dijo y se lo cumplió. Ella ganó oro en la modalidad de freestyle en Francia (con 21.500 puntos) y oro en Bulgaria (también con 21.500). A pesar de nunca antes haber entrado al circuito, hoy es además la líder del ranking mundial de la temporada, además en la prueba de velocidad se ubica en cuarta posición en la lista del orbe de esta campaña.

Pero el preludio en su historia de éxito comenzó muchos años atrás, cuando la gimnasia artística y ella se fundieron en horas y horas de continua práctica.

“Toda la vida hice deporte, incluyendo muchos años de gimnasia. Después conocí a algunos chicos que practicaban parkour y me dijeron que podría ser buena en este deporte. Como doble de acción entre más cosas sepas hacer, tienes mejor condición y tienes más habilidades, por eso acepté…luego me di cuenta que la gimnasia era algo más estructurado: vas y practicas elementos que muchos otros ya han hecho antes, pero el parkour siempre está retándote a crear tus propios elementos”, analizó Bucio.

Con esa perspectiva, sus ahorros, la experiencia de escuchar dos veces el Himno Nacional y su creatividad en competencia, Ella llegó a Tokio, Japón, a la primera edición del Campeonato Mundial de Parkour, donde comenzó en las clasificatorias con 26.000 unidades (13.000 en ejecución y 13.000 en dificultad). En la final, Ella fue la única representante de América y en ella añadió .500 a cada criterio, para totalizar 27.000 puntos, a 2.000 de la japonesa Hanaho Yamamoto (25.000) y 2.5 de la checa Adela Merkova (24.500) que se quedaron plata y bronce de forma respectiva.

“Tengo muchos sentimientos por ahora. ¡Las otras chicas son tan buenas! Para mi es difícil sentirme tan competitiva como ellas, porque todas son tan talentosas. Todas merecen ser reconocidas”, comentó la capitalina de 25 años de edad, quien consumó el sueño de lograr la primera conquista en el mundo del Parkur, un deporte que busca debutar en Juegos Olímpicos pero no lo hará en Paris 2024, pese a que fue justo en Francia donde nació esta exigente disciplina que combina los ejercicios de la gimnasia artística, con los retos que implican los implementos que se encuentren en la calle.


Con la ciencia del peligro

Ella tiene una gran pasión por el deporte y la ciencia y por ello, en el costado derecho de su torso lleva un tatuaje que así lo indica.

“Me hice un tatuaje de la molécula de la adrenalina porque en mi vida he tenido siempre dos pasiones: una que es el deporte, por el asunto de la adrenalina que me encanta, y otra es la ciencia que siempre me ha gustado muchísimo. Si no me hubiera dedicado al deporte, probablemente ahorita estaría trabajando en un laboratorio”.

Deportes

¿Y si los políticos actuaran como futbolistas?

¿Estoy diciendo un disparate? Sí tal vez, pero la forma operativa de este deporte da muy buen ejemplo a las élites políticas e intelectuales del mundo.

En México tomaré por muestra el Poder Legislativo: Se conforma por diputados y senadores cuyas cámaras trabajan divididos en grupos parlamentarios (PRI, PAN, PRD los más fuertes). ¿Por qué? En el papel por la organización, en la práctica por la protección de las tendencias ideológicas y los intereses del partido.

¿Cuántas reformas o iniciativas de ley se truncan porque en las Comisiones no se ponen de acuerdo los legisladores, entre lo que uno u otro partido desea? Y cuando libran el obstáculo de la Comisión, ¿cuántas esperan en el pleno por ser aprobadas, rebotadas a la Cámara de al lado y al final, ver la luz del ejercicio social? Así el errante andar de las reformas, buenas, malas, elitistas o populares, pero todas con su derecho a ser votadas.

Mientras los ciudadanos escuchamos rondas de ‘declaracionitis’ de los legisladores, cuando el de ‘x’ color dice que el de ‘x’ otro hizo y deshizo, que tomó la tribuna, que es ausentista, que detienen el progreso. Tradición Mexicana. Los políticos no se asumen como representantes nacionales, sin partido, ni más color que el de su país, pero a ver si el futbol me ayuda en esto.

En los Olímpicos de Londres 2012, México ganó el primer oro en deportes de conjunto gracias al futbol con siete jugadores de equipos rivales: cuatro de Chivas (Miguel Ponce, Néstor Araujo, Marco Fabián y Jorge ‘El Chatón’ Enríquez) y dos del América (Diego Reyes y Raúl Jiménez). ¿Estarían ellos pensando en eso durante los partidos? ¿Llevaron un coordinador de bancada para la representación de cada equipo? No creo. Tampoco supe que en Cruz Azul pidieran a Jesús Corona que como seleccionado nacional portara el uniforme de ‘La Máquina’. ¿Por qué entonces los partidos creen que les pertenecen las personas que ahora representan a la sociedad?

Un futbolista -como un político- debe su formación al equipo/partido en el que inició y en el que por años hizo los fundamentos y principios, deportivos -o ideológicos- que lo tienen donde está. Se forja un estilo de juego -o una forma de pensar- pero una vez electos ¿no será momento de quitarle color a sus ideas y de emprender el camino del beneficio nacional? En el futbol pasa.

¿Qué tal con la campeonísima ‘Furia Roja’ de 2010? ¿Qué sería de la Real Selección Española de Futbol si pensaran como políticos? Un infierno. Específicamente en la que ganó el título de Sudáfrica 2010 había cinco jugadores del Real Madrid (Iker Casillas, Raúl Albiol, Xabi Alonso, Sergio Ramos y Álvaro Arbeola) y siete del Barcelona (Gerard Piqué, Carles Puyol, Andrés Iniesta, Xavi Hernández, Víctor Valdés, Sergio Busquets y Pedro Rodríguez).

¿Cómo sería una concentración en la que los jugadores no pueden olvidar las rivalidades de sus equipos? ¿Cuál sería el resultado? La derrota sin duda y el juicio del mundo ante injustificables acciones que ponderarían la pertenencia a un club local, por encima del beneficio nacional.

El futbol, así de burdo y elemental, tiene la simple cualidad de ser medible: ganar o perder; en las complejidades de la política, no hay marcadores, y la situación se torna mucho más grave cuando los actos de los parlamentarios tienen efectos de decisiones parciales en las sociedades.

Sería un insulto que con tanto talento futbolístico pasara algo así. España y su historia agradecen el civismo, carácter y estricto conocimiento del significado del esfuerzo de esos ibéricos, por la alegría de una nación. No se diga México por sus jugadores y la historia olímpica que alcanzaron.

¿Por qué en algo como el deporte, algo lúdico, algo simple y de entretenimiento, se conjugan hombres de equipos rivales, para un fin común y convertir a España en la selección europea más destacada de los últimos tiempos, con dos títulos de Europa y uno Mundial? ¿Por qué un grupo de mexicanos puede dejar afuera las diferencias de sus equipos y hasta los conflictos durante los torneos nacionales, para esforzarse un país?

Así lo veo. Tierno, estúpido, simplón. Sí, tal vez, pero una vez electo para un cargo, en cualquiera de los tres niveles de gobierno, se es un seleccionado, cuyas características intelectuales individuales -y no del partido- se potenciarán para promover una mejoría y un éxito de la comunidad, del estado o del país.

Ser electo debería ser un honor, debería implicar un esfuerzo y la entrega absoluta de su ser, con un liderazgo y una representación que enorgullezca, no sólo a su partido, sino a su comunidad o una nación…como creo que lo es para un futbolista.