Deportes, Mujer y Deporte

Maratón de Nueva York: Una conquista a ciegas.

El húmedo aroma del bosque se entremezcla con la fría mañana y Martha ya acumuló más kilómetros en las piernas. Será la primera mujer ciega de México que corra el Maratón de Nueva York y se alista para hacer de lo inédito, algo extraordinario.

“Esto es algo que puede hacer visibles tres condiciones que vivo: la discapacidad, mi género y mi edad porque a mis 58 años me animo a hacerlo. ¿Qué necesito? Entrenar: lo estoy haciendo, recursos: los estamos buscando, con eso lo voy a lograr y qué mejor: ¡representando a México!”, comparte Martha Beatriz tras culminar el entrenamiento en el Bosque de Chapultepec, algo que en su vida, antes de llegar al gremio de la discapacidad, no hizo nunca.


“Tengo 14 años en la discapacidad y anteriormente yo no corría, pero al verme sin hacer nada mi condición de salud era muy deplorable; empecé a correr y a sentir mejoría en mi cuerpo: hoy no tomo tantos medicamentos, he bajado de peso, he encontrado amigos y muchas disciplinas que puedo hacer. ¡El ejercicio me fortalece tanto!”, agregó López Vértiz, quien lleva una playera amarilla con el letrero ‘corredor ciego’ para ser visible y considerada por aquellos que también entrenan y sí pueden usar su vista.

Hace más de 35 años que Martha lidia con artritis reumatoide. Al detectar esta enfermedad crónico degenerativa recibió un tratamiento que debilitó su vista hasta que la perdió por completo.

“Fue algo paulatino…y digo: no fue por mi causa y nadie somos ajenos a que nos suceda. Perder la vista fue muy complicado porque en tu vida normal lo tienes todo y de pronto todo se va: trabajo, amigos, dinero”, compartió Martha con la voz entrecortada ante la impotencia de saber cómo todo lo que un día tuvo esfurmó. “Pero no me quedé a esperar nada. Quería seguir creciendo a pesar de todo. Entré a la Escuela Nacional para Ciegos, me rehabilité, conocí a muchas personas, vi que no era la única y estudié tres años, ahora soy Técnico en Masoterapia”, explicó la maratonista queda va por su segundo camino académico pues estudia en la Universidad Nacional Autónoma de México la carrera en Trabajo Social.

“No solamente quiero crecer en lo deportivo, también en lo educativo. He tomado muchos cursos de todo relacionado a la discapacidad no solo lo visual sino en todas las condiciones y sé que puedo aportar a empatizar y mejorar la calidad de vida de quienes tienen discapacidad. Curiosamente estudiar una carrera es algo que no había podido lograr antes y hoy lo hago con esta condición y a esta edad”, comparte orgullosa y sonriente la maratonista, que hizo de una dura pérdida su mayor motivo para reinventar su vida y hacer hoy más de lo que hacía 14 años atrás.


“A veces te sientes culpable de adquirir tu condición, pero me di cuenta que no es así. Espero que las personas puedan ser más sensibles con la comunidad porque no tenemos la vida comprada, cualquiera en cualquier momento puede llegar a la discapacidad y si alguien llega, hay que aprender a vivir y a superar; aprender que con lo que tenemos podemos hacer lo que deseamos”

Martha López
Maratonista ciega

Aprender a correr sin ver fue un reto que rompió las barreras de todos sus límites. “Al principio tenía temor y decía: «¿cómo voy a correr si caminar en la calle me cuesta mucho?» Empecé caminando con miedo, pero aquí Halcones me ha dado mucha seguridad y fortaleza, ya he hecho carreras desde cinco kilómetros hasta maratón, he encontrado amigos, oportunidades de todo lo que puedo hacer y darme cuenta que no debo ponerme límites de ningún tipo: ni condición de discapacidad, ni edad, ni género, lo que sea que yo quiera ¡lo puedo hacer!”, agregó.

Pero el camino ha sido más complejo que dominar sus propios temores. Martha ha superado además la pesadumbre de los prejuicios. 

“En mi casa hay ese tabú. Mi madre dice ‘¿pero por qué te vas a salir? ¿por qué te arriesgas?’ Pero es que no puedo encerrarme sin hacer nada. Hay mucho que deseo hacer: ya anduve en bici por 14 días desde Baja California a Baja California Sur; hace dos años anduve en motocicleta un mes por 19 estados de la República, ya hice un duatlón y me preparo para un triatlón. De niña no tuve una bicicleta propia, pero ahora quiero comprarme una bici tándem y en especial quiero demostrarle a mi familia que lo puedo hacer, ¿me voy a caer? si, tal vez ¿me voy a levantar? Seguro que me voy a levantar. No pasa nada”, agregó la aventurera que tocará el asfalto neoyorquino el 7 de noviembre próximo, en busca de conquistar sus calles con su esfuerzo y abrir las puertas de la confianza para quienes llegan a la discapacidad y creen que lo han perdido todo.

“Sueño con llegar a la meta. Pisar Nueva York es algo maravilloso, pero cruzar una meta con tanta gente, con el equipo que llevo, con el acompañamiento que tengo: mis guías, mis amigos que está al pendiente, llegar a la meta va a ser un sueño logrado. Solamente faltan un poco de recursos y un poco de entrenamiento pero lo demás está puesto para seguir yendo pa’ delante”, garantizó sonriente la mensajera de una esperanza ilimitada y retos inagotables.


Halcones del Asfalto

Martha entrena con el Club de Corredores Halcones, que vincula a personas con discapacidad visual (desde debilidad hasta ceguera total) con voluntarios que desean apoyarles en construir metas sobre el asfalto: desde tener la confianza de caminar 500 metros sin un bastón, hasta competir en eventos de 42 kilómetros.

“Uno de los principales valores que tenemos es el de al confianza, que se va construyendo con entrenamientos, asistencia, interacción.Una persona con discapacidad visual va a confiar en ti desde para caminar un kilómetro sin usar su bastón, hasta para correr durante 42 kilómetros, te conviertes en sus ojos y tienes que trabajar en construir confianza y este vínculo es muy poderoso”, explicó Teresita Robledo, coordinadora de Halcones México, que hoy, además de apoyar a atletas con discapacidades visuales, también recibe a personas con otras condiciones discapacitantes.

“En el camino fuimos aprendiendo que cuando eres guía entiendas que la discapacidad no define a una persona, pero sí tenemos que saber cómo podemos mejorar para ayudar al corredor a que en verdad de su máximo”, agregó.

El equipo se reune los sábados a las 7:00am en el Altar a la Patria del Bosque de Chapultepec para hacer entrenamientos conjuntos y allí mismo capacitan a los voluntarios que desean incorporarse como guías.

“Hay que asumir un compromiso tanto para ir a entrenar, como apoyar a un atleta con una meta en específico por ejemplo: correr medio maratón, un maratón, disminuir tiempos en 5k… en el equipo siempre decimos que todas las metas son importantes así sea que hoy empiezas a caminar un poco más, hasta correr un maratón en busca de ganar tu categoría”.

Con seis años en el equipo, Edgar Elenes Inchaurregui es el guía más experimentado. “En un principio fue curiosidad conocer y entender qué implicaba ser guía. Llegué con la idea de darles tiempo y esfuerzo pero me di cuenta de que yo recibía mucho más al aprender de su actitud ante la vida y su resiliencia. Me han enseñado a ser una persona más paciente, a entender un poco más las necesidades de los demás y tener un poco de más de conciencia sobre las diferencias y necesidades de las personas”, agregó el voluntario.

“La puerta está abierta. No es necesario tener experiencia como corredor, solo un poco de tiempo, voluntad y deseo de ayudar. Si estan interesados: vengan, conozcan al equipo que tiene a corredores entusiastas y a un grupo de guías que tratamos de ayudarles. Yo espero que la salud me acompañe por muchos años y poder hacer esta actividad el resto de mi vida”

Edgar Elenes Inchaurregui
Corredor guía
Deportes

Tomás Luna: el corredor silvestre

Tomás Luna es un caso extraño del atletismo, el caso más agreste, rudo y casi salvaje convertido en deporte de alto rendimiento. Para Tomás la vida siempre empezó muy tarde: entró a la primaria a los 9 años de edad y reprobó el primer grado en dos ocasiones. A los 26 descubrió sus cualidades como corredor de fondo y a los 39 años, ganó el 21km de la Ciudad de México 2015.

Tomás nació en la comunidad veracruzana ‘El Limón’, que, según el mismo dice, no alcanza ni a ser un pueblo, es más bien una aldea de menos de mil habitantes.

Entró a la primaria cuando un niño promedio estaría a la mitad de la educación básica y reprobó 1er grado porque los maestros se cansaban de las inundaciones y las dificultades para llegar a su comunidad. El propio Tomás se molestaba de correr, trotar o andar por hora y media para llegar a la escuela; entonces ‘emigró’ al siguiente pueblo, al que llegaba tras 40 minutos de recorrido a caballo. Terminó la primaria a los 18 años.

Los caballos son la pasión de su padre y gracias a ellos se descubrió corredor. En ‘El Limón’ se hacen carreras de apuestas entre equinos y cuando Tomás era pequeño, al término de las competencias hípicas, se retaba con niños del pueblo. No había pista atlética, mucho menos de tierra, tampoco tenis; corría descalzo en las suaves líneas que pisaban los caballos. Un testigo medía la distancia: hizo carreras de 80, 85 y hasta 90 pasos.

Su desempeño convirtió sus competencias en los eventos estelares y corría hasta antes que los propios animales y sí, también se apostaba. En una ocasión ganó una prueba de 6 mil pesos de los que le tocaron 500.

Llegó a cronometrar 25 segundos en 200 metros, sin entrenar, ni comprender la biomecánica, ni la frecuencia de carrera, ni la resistencia a la velocidad; así de rápido avanzaban sus silvestres zancadas.

Tomás inició la Telesecundaria y de ella tiene más grabado que nada el famoso baile folklórico veracruzano ‘Colás’. “Ese lo puedo bailar hasta sin música”, dice entre risas y sí, pues fue el único que le enseñaron para celebrar el 10 de mayo, el Natalicio de Benito Juárez, la Navidad, el 15 de septiembre…el Colás cabía para cualquier festejo.

Pero llegó el momento de viajar un poco más: Tomás salió de Veracruz hacia Puebla, para iniciar la preparatoria abierta. Se trasladaba 40 kilómetros en bicicleta para llegar a la escuela y permanecía sentado por siete horas, dos veces por semana, para estudiar. Tanto tiempo en una silla le arruinó los sueños de velocidad.

«Después de andar tanto en la bici, me sentaba mucho rato así, al aventón, sin estirar ni nada y por tanto estar sentado se me amoló la ciática, ya no podía yo correr”.

Su amor por el atletismo le ayudó a canalizar el mal como remedio: hacer tanta bicicleta le hizo adquirir resistencia y decidió practicar distancias largas. Sin proponérselo mucho, en 2010 y con 34 años de edad, Tomás se convirtió en Seleccionado Nacional y ganó medalla de plata en los 10,000m de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Mayagüez, Puerto Rico; corrió el maratón de los Panamericanos de Guadalajara 2011 y también los 42.195km de los Olímpicos de Londres 2012.

¿Quién lo creería? Un chico que corría en pistas para caballos, que terminó la educación básica cuando un estudiante promedio está culminando una carrera, que tuvo una lesión que parecía irremediable, ha conquistado las calles de tantas ciudades en el mundo, soñando poco y haciendo mucho.

Este veracruzano no escatima en disfrutar, aprovechar y darlo todo por el placer de vivir lo que le gusta…aunque descubra tarde sus talentos, aunque lleguen tarde los elementos, aunque encuentre sus cualidades en inhóspitos y agrestes terrenos. Su talento silvestre floreció en el esfuerzo.