El centauro mexicano

No existe en México una dupla similar a la de Humberto Mariles y Arete; sólo ellos han ganado dos oros y un bronce en una misma edición de Juegos Olímpicos, pero su gloria deportiva no los salvó de ser un binomio malquerido antes y después de hacer historia. Las muertes de ambos son tan impactantes como sus hazañas.

KATY LÓPEZ

El establo estaba sucio y mientras un caballerango hacía limpieza, de mala gana soltó un violento cubetazo, el caballo no pudo evitar el golpe directo en el ojo y quedó tuerto. “Este caballo de porquería no sirve para nada”, decían continuamente los soldados, que usaban al equino para iniciarse en el deporte ecuestre. En una práctica, la poca pericia de un jinete condujo al caballo hacia una rama, se rompió la oreja y un trozo quedó colgando, ahora no veía con el ojo derecho y los sonidos no llegaban a plenitud a su oído izquierdo, pero ese trozo de oreja colgando, le dio nombre: Arete.

Arete, el atlético criollo alazán, nacido en Guadalajara en 1938, sólo tenía maltrato en su destino. “A ver tú, Mariles, a ver si puedes con ese caballo tuerto de porquería”, le dijeron al militar, que acudió a estudiar al delgado caballo. Tan solo al observarlo hubo una sincronía instantánea y al subir en la montura, dejó de existir Humberto Mariles, pues ese momento, nació un centauro.

Humberto Mariles se encargó personalmente del cuidado de Arete, de entrenarle y comprenderle a diario, de darle confianza para dejar en sus manos su ceguera y su falta de oído, de sanar las heridas, humillaciones e improperios que frecuentemente recibió por ser delgado y correoso; se encargó de limpiar su autoestima ennegrecida con maltratos y pulir la nobleza y fortaleza de un equino que portaría en sus herraduras los capítulos más grandes del deporte ecuestre nacional…Mariles lo sabía.

El Teniente Coronel Mariles creyó en Arete, hasta asegurar que con él, con su flacura y sus discapacidades, ganaría eventos por todo el mundo. Nadie le creyó y el primero en decírselo de frente fue el Presidente Miguel Alemán, quien quería evitar la ‘deshonra’ internacional y, autoritario, le prohibió salir a competir en nombre del país con “ese caballo tuerto”. Para Mariles, el presidente podría ser el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, pero aquel prejuicioso insulto fue algo personal e imperdonable.

A pesar de las prohibiciones presidenciales, las logísticas de la gira internacional de 1947 estaban hechas y aunque el TC Mariles recurrió al ex Presidente Manuel Ávila Camacho para que intercediera por su causa, antes de darse la cita, el militar desacató la orden, viajó, compitió y, tal como lo auguró, con ese caballo flaco, tuerto y de oreja rota, ganó.

Mariles ganó con Arete en un concurso en Canadá y cuando llegó a Europa, pocos creían que ese flaco caballo diera batalla, pero en Roma, el equipo nacional triunfó en el Concorso Ippico Internazionale -es, con Estados Unidos, los únicos conjuntos ‘no europeos’ que poseen este título- y fue entonces que el mundo ecuestre empezó a hablar con seriedad y respeto de México.

En 1948, tras dos Guerras Mundiales, Londres recibiría los Juegos Olímpicos y el centauro tuerto y desobediente estaba listo para cargar el triunfo sobre su estirpe. El 13 de agosto de 1948 fue turno de Mariles y con Parral (equino que llevaba el nombre del sitio en que mataron a Pancho Villa), Raúl Campero/Tarahumara y Joaquín Solano/Malinche , subieron al podio en la prueba de los Tres Días con la medalla de bronce, al sumar 305.25 puntos; Suecia ganó plata (165.00) y Estados Unidos oro (161.50).

A la jornada siguiente, en el último día de competencias de los Juegos Olímpicos británicos, sería turno del ligero Arete, acompañado por Mariles. La pista parecía complicada y no por los 16 obstáculos que comprometían 19 saltos, en especial porque toda la semana llovió en Londres y al ser el pasto resbaladizo, saltar podría poner en riesgo hasta la vida de los caballos. El centauro mexicano fue el último en competir y de su ejecución dependía el resultado nacional. Mariles y Arete cruzaron limpios los primeros 14 obstáculos y terminaron con 6.25 faltas. Se quedaron el oro individual y condujeron además al oro por equipos.

(Por cierto: Hubo un empate de tres jinetes en 8.00 faltas por la plata: el francés Jean Marquis d’Ougeix, el estadounidense Frankling Wing y el mexicano Rubén Uriza. En la ronda de desempate Uriza logró la única pista limpia del concurso para quedarse la plata, el bronce fue para el galo).

Con Mariles y Arete, México ganó los primeros dos oros olímpicos de su historia: en salto individual y salto por equipos. El Estadio de Wembley escuchó por vez primera el Himno Nacional Mexicano y 64 años después el futbol azteca volvería a entonar el mismo Himno en la misma sede al ganarle el oro a Brasil por 2-1 en los Juegos de Londres 2012.

Mariles es el único jinete del país que subió al podio olímpico en dos distintas disciplinas ecuestres; el único mexicano que ha ganado tres preseas olímpicas en unos mismos Juegos.

Por ello, tras la gloria olímpica en el Reino Unido, llegó el perdón presidencial.

Cuatro años después, Arete estaba en el establo con su colega equino Cordovés, que de un golpe le rompió una pata al medallista olímpico y aunque intentaron ponerle una placa de plata, la muerte era el único remedio a su sufrir. Arete fue enterrado con honores en el lugar que lo vio crecer hasta convertirse en el mejor corcel del mundo, en lo que hoy es la explanada del Comité Olímpico Mexicano. Entre el dolor, meses después Mariles compitió en los Juegos de Helsinki 1952 con Petrolero pero nada fue lo mismo, y el binomio no alcanzó el brillo del podio.

Años más tarde, el Teniente disparó contra un civil tras un altercado. Lo llevó a la Cruz Roja y se hizo responsable de lo que sucediera con el hombre que a la postre falleció; esa muerte llevó a Mariles a la prisión más lúgubre de México: El Palacio Negro de Lecumberri y tras meses de litigio, el triple medallista olímpico salió libre.

Lecumberri fue la primera cárcel que tocó el Teniente Coronel Humberto Mireles.

 

En diciembre de 1972 estaba en París, donde antes de tomar el vuelo de regreso a México se rumora que le sembraron heroína, para acusarle de narcotráfico, lo encarcelaron y aunque su abogado reunía las pruebas para probar la injusticia, el veredicto del mexicano ya estaba escrito. Un día antes de su audiencia, el guardia acudió a su celda y Mariles no respondía. Unos hablaron de envenenamiento, otros de suicidio. No importó el “cómo”, sólo el “qué”: Mariles había muerto en una situación tan dolorosa y repentina como el propio Arete.

El éxito en la gloria olímpica y el repentino paso de la muerte se abrazaron con fuerza al binomio único en la historia de México. Hoy, una escultura en el Centro Deportivo Olímpico Mexicano, recuerda a aquel malquerido y resiliente centauro mexicano.

 

Humberto Mariles y ‘Arete’ revolucionaron la forma de competir en los saltos ecuestres, tanto por la técnica para atacar el obstáculo, como por el biotipo del caballo.

NOTA CURIOSS. Esta historia me la compartió Rogelio Hernández Huerta, periodista especializado en el deporte ecuestre y quien siendo estudiante vio cómo, durante la construcción del Centro Deportivo Olímpico Mexicano (CDOM) se descubrió un hallazgo qué pasó desapercibido.

Mientras se alistaba el espacio para crear la explanada del CDOM, en la zona de lo que era el centro de entrenamiento ecuestre, al retirar la tierra para iniciar la obra, se dieron cuenta que había allí un cadáver: era la osamenta del olvidado Arete.

Los militares mandaron tirar los huesos a la basura, pero Rogelio, presuroso, corrió por la funda de una almohada y allí metió la cabeza del caballo; su meta era sacar poco a poco los restos del corcel; pero al regresar al siguiente día, sólo encontró un casco de Arete que también resguardó.

En un encuentro en Lecumberri con Mariles, el militar le pidió que se quedara a cabeza pero le diera el casco “porque es el símbolo del impulso y de la fuerza, es lo que necesito para salir de aquí”, le dijo el militar, pero nunca pudo hacer la entrega y ahora en la Asociación de Pentatlón Moderno Militarizado, reposan esos pocos huesos del más exitoso equino mexicano.

 

 

Publicado por Katy Lopez

Katy López radica en la Ciudad de México. Desde 2001 es reportera y su fuente principal es la información deportiva. Actualmente trabaja en El Heraldo de México.

Un comentario en “El centauro mexicano

  1. EXCELENTE RELATO. Fue un Equipo Ecuestre Glorioso, que sin embargo, llegó unido a Europa, y a pesar de los triunfos, regresó dividido, pues el mejor jinete de la gira Europea, previa a JJOO Londres 48′, fue Raúl Campero, dejado fuera del Equipo de Salto, dándole como compensación, un lugar en la Prueba de los 3 días, donde conquistan Bronce como Equipo, posteriormente, en la clausura el Equipo mexicano se viste de “Gloria” ORO y PLATA en el evento de Salto Individual con Humberto Mariles y Ruben Uriza; ORO en la prueba de Equipos con Alberto Valdez, como tercer jinete del Equipo mexicano.

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