ANA. “Mi héroe es una chava”

El olor de la tierra mojada, el pasto reverdecido, el cielo azul y la pista de atletismo reluciente, con una de las más grandes generaciones de velocistas mexicanos: Alejandro Cárdenas, Juan Pedro Toledo y ella: Ana Guevara. Era imposible no seguirla con la mirada en las prácticas. Su fuerza, su actitud, su autoridad, su autoexigencia, su seriedad al entrenar. Era imponente.

En las entrevistas siempre puntual y asertiva. Su capacidad de reacción no sólo estaba en la pista, también en su pensamiento y sus opiniones; a preguntas absurdas, contestaba con ágiles sarcasmos. Sonorense, dura, franca, directa, pero no extrovertida.

Ana era más bien seria ante la imagen pública, pero la pista la transformaba. En los inicios de la década de los 2000, México se detenía a verla correr. Eran 50 segundos de locura, de pieles enchinadas, de gritos y aplausos …¡hasta porras frente a un televisor! O un transporte público silente, atento a la narración en la radio de alguna de sus victorias.

Después de ganar, ella festejaba con la famosa ‘Anaseñal’, cuando flexionaba el brazo derecho y lucía su reforzado bícep, con una doble intención que quizá sólo en México comprendíamos: un recordatorio para los incrédulos, incapaces de ver en esa delgada mujer una posibilidad de grandeza, hasta que se convirtió en Campeona Mundial en 2003, con una de las 10 mejores marcas en la historia de los 400m: 48.89 segundos.

En 2003 se convirtió en la 1ª mujer mexicana con un oro mundial en atletismo.

¿Quién no recuerda su última carrera? En el relevo 4x400m en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007, cuando México estaba en 5º sitio a la tercera posta y ella se encargó de cerrar la carrera y llevó al cuarteto a ganar plata —-> https://www.youtube.com/watch?v=gzNxPpaQHWE

La carrera victoriosa de Ana se convirtió en una tendencia. La firma trasnacional Nike no sólo la patrocinaba, además creó una campaña en torno a su brillo: “MI HÉROE ES UNA CHAVA” se volvió el lema para miles de niñas que salieron a buscar sueños en distintos deportes, a que su actitud tuviera más temple y sus retos fueran más grandes.

A pesar de las emociones que causaba, en esa época sólo una vez la vi llorar: en el podio de sus últimos Olímpico, en Atenas 2004, con su corona de olivos y su medalla de plata. Sólo esa vez. Conmovida.

La segunda vez, su llanto fue distinto, vulnerable. Con el rostro hinchado, con el ojo derecho morado y una furia impotente, a causa del abuso y la violencia. Doloroso. Indignante. Inimaginable.

Ana habló en el Senado sobre la agresión que sufrió.

Ana, hoy legisladora, no contrata chofer ni guardaespaldas. El domingo pasado, viajaba en su motocicleta de regreso a la Ciudad de México, cuando, tras un altercado con un automovilista, fue golpeada y pateada en costillas y cara, por cuatro hombres. Se trasladó a un punto de la Policía y la llevaron al hospital, donde la operaron por una triple fractura en la cara. Así, Ana entró a la estadística de mujeres que han sido afectadas por la violencia en México.

Tan pronto la dieron de alta, Ana acudió al Senado de la República para hacer pública su situación. Su voz trataba de narrar, pero en un punto, las palabras se entrecortaban en el llanto, que no fue temeroso ni victimizado, sino decepcionado e impotente.

“Es un hecho cobarde…(se quiebra)…he sido siempre la más ciudadana…(y rompe en llanto de nuevo) (…) No es justo que siga habiendo tanta injusticia, que se siga dando de manera tan arbitraria y tan cobarde”.

Ver a una mujer llorar a causa de la violencia duele como los mismos golpes. Ver a la mujer que erizó la piel de México con su esfuerzo y sus victorias, envuelta en lágrimas y sin poder hablar entre furia, tristeza y decepción, deja a cualquiera vulnerable, endeble.

Pero Ana no se asume como víctima. Se vale llorar, pero no se vale quedarse sólo en las lágrimas, sin que el dolor de la situación estimule a la acción.

Ana levantó muchas veces la Bandera de México y ahora toma un nuevo estandarte: el de eliminar la violencia contra las mujeres. La Senadora, ex velocista, medallista olímpica y medallista mundial, decidió tomar una foto diaria de su rostro y subirla a sus redes sociales, hasta que se desinflamen sus golpes, esto puede tomar meses y ese tiempo y cada foto serán una protesta por cada mujer que es golpeada en México.

Su mensaje es claro: pueden lastimarte, pero está en ti asumir el papel de ser víctima de tus golpeadores, o ser tu propia heroína. Para todas ellas, el lema cobra vida de nuevo: “¡Mi héroe es una chava!”.

Entre lo ya indignante y doloroso, surge además lo inaudito: las críticas, burlas y misoginias contra ella. Las opiniones son diversas y su viralización las deja al alcance de la propia Ana. Las redes sociales curten el ánimo hasta degradar o fortalecer y lo curioso es que en la oscura adversidad, la grandeza de Ana se hace más fuerte…y sí seguro flexiona el brazo para recordar su fortaleza y recordarles a los absurdos que tienen (o tuvieron) una madre y es mujer. 

 

Publicado por Katy Lopez

Katy López radica en la Ciudad de México. Desde 2001 es reportera y su fuente principal es la información deportiva. Actualmente trabaja en El Heraldo de México.

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