¿Te importa o te interesa?

Caminaba un hombre en la calle cuando escuchó un consejo: “Pórtate bien para que te vaya bien”. Sonaba lógico. Dio la vuelta para saber quién lo decía y descubrió que era una recomendación del Diablo. Mi mamá me contó de ese ser acosado por el Demonio. Es real.

En esa frase encuentro las bases que mueven a la conducta humana: la motivación interna y la motivación externa. ¿Qué hay en un corazón para impulsar a un alma a actuar? ¿Y qué sucede cuando no es el alma la que estimula nuestros actos?

La motivación interna hace que las cosas nos importen, la motivación externa hace que las cosas nos interesa. Parecen sinónimos, pero son opuestos.  Mi lenguaje es el deporte, en él me explico.

Un niño sale a jugar futbol, por ejemplo. Esa actividad se convierte en su alegría; allí encuentra su momento de libertad, su diversión y sus retos. Sin obtener nada a cambio, desea jugar para esforzarse e inventar sueños en torno al juego: que es profesional, que representa su país en una Copa del Mundo…El futbol le importa, el juego mismo es su satisfacción.

El niño crece. Compite, destaca en el equipo, descubre que tiene talento, recibe reconocimientos, quizá hasta su papá o el entrenador proponen darle una recompensa por cada gol que anote. Todo eso le asombra. “¡Hago lo que amo, me aplauden… y encima me dan dinero si lo hago bien!”, piensa. El futbol es su diversión y por ello es importante, pero ahora, hay un beneficio extra.

En esta historia, el ahora joven, recibe ofertas para jugar en un equipo semiprofesional y recibir una paga formal. Siente más compromiso y se esfuerza más. Sus cualidades incrementan y así los apoyos económicos que recibe.

En unos años, alcanzó lo que de infante era un sueño: es jugador profesional y aunque sigue haciendo lo que ama y disfruta, el futbol se ha convertido en su medio de vida. En una lenta transición, la motivación interna se va transformando en externa. Antes era jugar por gozar, poco a poco, ese goce se reduce y lo que ahora mueve su accionar en torno al futbol, es el interés: tener ingreso para su desarrollo.

Aquel pequeño que se divertía mientras jugaba futbol, sin recibir nada a cambio, se ve ahora inmerso en firmas de contratos, representantes, sueldos, lesiones y hasta conflictos políticos, por tratar de llevar su vida, a través del futbol. Hoy juega por dinero y ha olvidado que en su origen jugaba por jugar.

Si llega a la Selección Nacional, exige más beneficios, pues desde niño ha recibido elogios que ponderan su merecimiento ante su buen nivel y además, ya no alcanzan sus ingresos para sustentar su forma de vivir. El futbol se ha convertido en su profesión, en su interés.

A todos nos puede pasar. Ese futbolista es un ejemplo para replantearnos qué es lo que nos mueve a tomar ciertos caminos. ¿Actuamos en busca de un fin que nos de satisfacción? ¿O son nuestros propios actos los que nos brindan bienestares? Si nos desarrollamos en la búsqueda de recompensas por lo que hacemos, la frustración es altamente probable si no obtenemos lo que buscamos; en cambio, gozar del desempeño personal en sí, brindará los frutos de manera natural.

A aquél hombre que el Diablo le dijo un consejo, le dio a entender más bien que la bondad debe surgir por una motivación externa, por interés, porque debe tener una recompensa; cuando el estímulo de actuar con bondad radica en el propio hecho de hacer el bien; es decir, con una motivación interna, un ímpetu que nos anima a hacer las cosas bien porque ese sólo hecho nos satisface, porque nos importa.

Mi ejemplo es el futbol, pero puede suceder en basquetbol, en beisbol, clavados, atletismo…y no sólo en deportes, en cualquier actividad en que nos desempeñemos, en nuestros actos diarios.

Lo que tú haces ¿te importa, o te interesa?

Publicado por Katy Lopez

Katy López radica en la Ciudad de México. Desde 2001 es reportera y su fuente principal es la información deportiva. Actualmente trabaja en El Heraldo de México.

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