La Fiesta del Tesgüino

‘Cruzito’ carga los últimos costales de cebolla hasta el local de su patrón, en la Central de Abastos de Chihuahua capital. Se limpia el sudor de la frente y pide permiso para ausentarse el fin de semana porque tiene “unos compromisos en la Ciudad de México”. Lo dejan viajar.
‘Cruzito’, de 1.50 metros de altura, tiene más de 50 años y hace casi 30 salió de la Sierra Tarahumara para trabajar. Desde entonces, antes de que salga el sol, está listo para recibir el cargamento de fruta y verdura en la Central, pero después de la comida se dedica a reforzar la herencia que habita en su sangre: sale a correr.

‘Cruzito’ es de esas almas que sonríe hasta con la vista. Su mirada fulgura como un cielo de otoño, con sólo dos astros radiantes y optimistas. Su piel morena, su cabello negro y sus piernas magras por tanto correr, envuelven un alma noble, discreta, sabia y paciente.

‘Cruzito’ llega al DF la nublada mañana del último viernes de agosto de 2015. Con hermoso atuendo rarámuri: su brillante camisa amarilla, tagora de manta con florecitas de colores bordadas en los contornos y huaraches de cuero. Carga una mochila negra y una cajita de cartón, llena de pares de esos huaraches de su tierra que le trajo a Memo, su amigo y guía en la loca capital de este país.

‘Cruzito’ y su sonrisa llegaron con –diría yo ‘el famoso’- Silvino Cubezare Kimaré, uno de los mejores corredores de 100 kilómetros del mundo en la actualidad, descendiente de grandes fondistas rarámuris.

Cruzito y Silvino llegan a la Ciudad para correr el Maratón. 42 kilómetros que para ellos apenas son el ‘arranque’, pues esa es la distancia mínima entre una comunidad y otra, allá en su tierra. No planeaban cortar el listón, en la meta, pero yo sólo quería seguir su historia por el asfalto capitalino.

Dos días antes del disparo de salida comimos juntos. Fuimos a uno de esos restaurantes de comida italiana…pero qué más daba la región gastronómica. Lo primero que pidieron a la mesa fue: tortillas, chiles toreados y Coca-Cola. Les gusta mucho la carne roja, pero no frecuentan comer lácteos. Comimos agusto todos, entre el olor de la pasta, de los chiles y las tortillas (que sabrá Dios de dónde las consiguieron).

Las calles, el tráfico, el ruido, la gente. Todo era una sorpresa para ellos y ellos también lo eran para ese entorno ajeno. Debí contar cuántas fotos les pedían tantas personas. Posa aqui, voltea allá. Fotos, fotos, muchas fotos, que recuerdan momentos vacíos: nadie intima, nadie platica. En cada foto yo veo un asombro hueco, sin empatía.

A los rarámuris hay que guardarles respeto y silencio, porque así mismo son ellos. No quería aturdirles, saturarlos o aburrirlos; preferí hablar poco y sólo por romper la rutina, platicar algo breve o preguntar de vez en vez alguna cosa trivial y así, dije: “¿Qué tal sabe el tesgüino, Cruzito?”.

(El tesgüino es una bebida hecha a base de maíz fermentado que toman los tarahumaras; una especie de ‘cerveza de maíz’, sin conservadores, ni procesos de refinación y allá en la Sierra, en las comunidades, se hace muy seguido ‘la fiesta del tesgüino’).

‘Cruzito’ frunce un poquito el ceño. Creí que se había molestado con mi pregunta, pero tras su pausa entendí que traía indignación de no poder responder lo que él en realidad quería decirme. El sabor del tesgüino se volvió irrelevante. Lo escuché:

“Allá desde hace años nos quisieron quitar el tesgüino, que porque la gente se emborracha. La gente del gobierno de allá fue a los poblados, rompieron las vasijas y pusieron un expendio de tesgüino ¿¡Cómo un expendio!? ¿Qué es eso? El tesgüino allá no se toma nomás porque sí, no se toma nomás para emborracharse. Todo se convierte en una fiesta porque si uno en su terrenito tiene mala hierba, si ocupa uno limpiarlo para sembrar, los demás de la comunidad le ayudan a uno desde temprano a limpiarlo y otro día de otra semana, uno va y ayuda a otro, y a otro. Es muy cansado eso, pero ya cuando se acaba de trabajar, se reúne la gente a descansar y a tomarse su jarro con su tesgüino…¡NO QUE UN EXPENDIO!”

Cruzito se olvidó de que yo era para él una chabochi (una extraña) y compartió conmigo su molestia. Entonces me habló de la ayuda del gobierno, que sí existe, que si llega hasta las comunidades más lejanas, que “hasta en burro suben las despensas”, pero que, para él, es un apoyo estéril y fortuito.

“La gente no debe tener cajas llenas de comida, necesitamos fertilizantes, palas…La gente no necesita que le regalen la comida, la gente necesitamos ganarnos la comida, necesitamos herramienta para trabaja la tierra y comer lo que trabajamos, no una caja con el frijol, el maíz, en bolsa. Uno no valora lo que se come si no se lo gana. Eso nomás hace que la gente se malacostumbre a estirar la mano, a no hacer nada, a no cuidar su tierra. Se malacostumbra uno, en vez de mantener las costumbres de uno”.

Todo eso me dijo antes de llegar a un entrenamiento en el Ocotal, al poniente de la Ciudad de México, la última práctica antes de correr. Verlos correr, con su frescura, relaja, casi hipnotiza y hasta contagia.

Seguimos juntos casi todo el fin de semana, entre entrevistas, carreras, tráfico de la ciudad y por fin: el Maratón. Cruzito y Silvino corrieron con su ropa tradicional y el resto de los corredores les animaban en el trayecto. Los esperé en la meta, en el Estadio Olímpico Universitario. Ninguno de los dos ganó el evento; no iban pensando en eso, porque lo suyo es correr por nueve o 15 horas, distancias tan eternas como las Barrancas del Cobre. Llegaron a la Ciudad de México para ganarse cada kilómetro, cada experiencia y mi respeto. ‘Cruzito’ y yo nos abrazamos como si nos conociéramos la vida entera.

“Gracias por estos días que me dejaron estar con ustedes, Cruzito”. “No me diga eso, gracias a usted. A ver cuándo va para allá a que conozca, a que vea lo que es la Sierra…y a que sepa a qué sabe el tesgüino”.

Pues sí. Sigo con la pregunta rondando en mi sentido del gusto. En mi boca espera la respuesta. Espero resolverla pronto…pero mientras juntaré herramienta, fertilizante, tela, para llevar a la Sierra Tarahumara, encontrarme por allí con el clan Kimaré y quizá, me invitan a una clandestina ‘fiesta del tesgüino’.

Publicado por Katy Lopez

Katy López radica en la Ciudad de México. Desde 2001 es reportera y su fuente principal es la información deportiva. Actualmente trabaja en El Heraldo de México.

Un comentario en “La Fiesta del Tesgüino

  1. QUE TAL LIC. NO SABE EL GUSTO QUE ME DA AL LEER SU REPORTAJE, SI REALMENTE NOS INTERESAMOS POR LAS ACTIVIDADES FÍSICAS QUE HACEN LOS TARAHUMARAS NOS SORPRENDERÍAMOS.POR AHÍ NOS TOCO HACER ALGUNOS ESTUDIOS PARA LA INSTALAR UN CENTRO DE ALTO RENDIMIENTO EN LOS 90¨S, DESDE PANALACHI, SAN JUANITO, SISOGUICHI, CREEL ETC. EL VER LAS ACTIVIDADES FÍSICAS ES ALGO FUERA DE SERIE EN LA LUCHA, BOLA, CARRERA, JUEGO DE PALILLOS. RECUERDO QUE DE VERLOS DECIDIMOS LLEVARLOS A LAS OLIMPIADAS JUVENILES A GUADALAJARA EN DEPORTES SIMILARES LUCHA GRECO ROMANA, ATLETISMO Y HOCKEY DE PASTO. EN ESTE ULTIMO NOS PROTESTARON POR QUE LOS TARAHUMARA JUGABAN DESCALZOS.
    PUES TAMBIÉN NOS TOCO INTERCAMBIAR ALGUNOS PU TOS CON EL DOCTOR SANCHEZ, “CHEROKE”, QUIEN ERA EL DR DE LA COMUNIDAD DE PANALACHI QUIEN A SU VEZ ERA SU ENTRENADOR EN ESE ENTONCES LOS MEJORES CORREDORES DE LA ALTA SIERRA VICTORIANO CHURO Y CIRILDO CHACARITO, HABIAN GANADO LOS ANGELES Y DENVER. TODO UNAS GLORIAS ESTOS SEÑORES.
    DESCONOZCO SU PARADERO PERO QUE BUENO QUE YA EXISTAN OTROS JÓVENES DE ESTA REGIÓN QUE VIENEN EMPUJANDO FUERTE COMO SILVINO CUBEZARE, JUAN HERNÁNDEZ, ISIDRO NAVA, CRUZ CLETO, HAY OTROS QUE AHORITA DE MOMENTO NO ME ACUERDO..
    BUENO KATY, EN OTRO MOMENTO TE PLATICO ALGUNAS AVENTURAS CON ESTOS AMIGOS DE LA SIERRA.
    TE ENVIO UN FUERTE ABRAZO.

    SERGIO HERNANDEZ.

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