La tesis que se volvió autódromo

El Autódromo Hermanos Rodríguez comenzó como una tesis académica de Óscar Fernández; hoy recibe fechas de la F1

KATYA LÓPEZ

A finales de los 50, Óscar Fernández trabajaba como asistente mecánico en el taller de autos de su padre y alternaba el oficio con la escuela; le tomó diez años culminar sus estudios, pues trabajaba de tiempo completo entre motores, aceite y coches. Al fusionar la academia y el oficio, surgió la más brillante idea: recibirse como Ingeniero Civil con una tesis con los análisis, planos, cálculos y el diseño de la primera pista de carreras en México.

“La única relación que encontré entre coches e Ingeniería fue una pista. Le pedí permiso a la UNAM para ver si me autorizaban hacer una tesis con este tema y empecé a trabajar en ella en el año de 1953. En México no había pistas de carreras, así que fui a Indianápolis y a Washington donde me dieron mucha información”, recuerda el hombre que supera los 90 años de edad.

Su padre, piloto aviador que combatió en la I Guerra Mundial con el Ejército de Estados Unidos, le ayudó. “Al estar en la Fuerza Aérea Americana, mi papá me consiguió los manuales que documentaban la fabricación de pistas para aterrizaje de aviones de guerra.

“No había nada escrito para pistas de carreras. Mi tesis fue el primero libro que se hizo en el mundo sobre el tema, incluso en la biblioteca del Congreso en Washington D.C., pedí datos y como no tenían nada, me pidieron una copia de mi tesis cuando la acabara y sí, se las mandé”, recuerda el amante de los autos.

Tras dos años de recopilar información, de análisis y desvelos, llegó el día del examen profesional. “El Ingeniero Guillermo Salazar Polanco, uno de los titulares del examen profesional, me dijo: ¿Cómo te vamos a examinar si no sabemos nada de pistas de carreras? y por eso invitó como sinodal al Ingeniero Gilberto Valenzuela director de la Secretaría de Obras Públicas del DF. Al terminar el examen, salió con la tesis en la mano y me dijo ¿Qué tal si la hacemos? Habló con el presidente Adolfo López Mateos se autorizó y se hizo”.

La semilla de un deseo quedó sembrada y despertó la inquietud de muchas mentes que colaboraron para ver su realidad; entre ellos el ingeniero Gilberto Valenzuela, quien motivó a trazar la pista en 1958 y al siguiente año fue inaugurada.

Con el tiempo el trazado ha evolucionado, a requerimientos de la Federación Internacional de Automovilismo; sin embargo, en el primer circuito, el Ingeniero Óscar recuerda su creación más especial: la curva peraltada.

“Era la única en el mundo!”

Óscar Herández
Ingeniero Civil por la UNAM

Cuando estudié los manuales de la Fuerza Aérea Americana, decía que, al tripular aviones de alta velocidad, viajaban a más de 700km/h, le decían a los pilotos que a causa de la resistencia de viento se podían dañar las alas si hacían un viraje instantáneo, por eso les pedían hacer un ligero ‘swing’ en sentido opuesto al que se dirigían, para cortar la resistencia del viento y entonces sí dar la vuelta. Eso se me metió en la cabeza.

“En el taller de mi papá inventé suspensiones y estabilizadores, pero luego se me ocurrió cambiar el peralte: el pavimento tendría una inclinación de 17 grados, para después trazar la curva a 27 grados, así la fuerza centrífuga queda perpendicular al pavimento y los carros no se patinan, sino se aferran”, explica a detalle y sonriente el ingeniero, al reencontrarse con el recuerdo de aquel concepto que lo hizo brillar en el mundo.

La curva podía tomarse hasta a 250km/h y pilotos como Nigel Mansen, Emerson Fitipaldi o Adrián Fernández felicitaron al ingeniero Óscar por un trazo tan preciso; sin embargo, fue retirada para recibir las carreras más recientes, pues ahora los bólidos promedian 350km/h y requieren trazados distintos al de aquella curva peraltada.

Sin embargo, el ingeniero Óscar Fernández no sólo tuvo el placer de ver su tesis hecha realizad, además corrió en el autódromo con un auto que con sus propias manos diseño y construyó.

“Yo corrí en el autódromo con mi coche Azteca, llegué a ganar cuartos de milla con él, pero me tenía que costear todo y todavía era estudiante ¡me salía en un dineral! A puro pujido, pero corría”, bromea.

En 1986, con la llegada de la F1 al país, se rediseñó la pista y se repitió el proceso para 2015, con el regreso de la máxima categoría del Deporte Motor a nuestro país. “Excavando las capas de asfalto era casi como ver un sitio arqueológico desde 1959. Nos pudimos dar cuenta de que para iniciar los cimientos del Autodromo, no fue nada fácil, en especial el reto de construir sobre el lago”, agregó Christian Epp, quien se encargó del rediseño del nuevo trazado de un sueño de un estudiante que es hoy el epicentro del deporte motor nacional.

Mientas tanto, el ingeniero Óscar aún disfruta del sueño hecho realidad y entre recuerdos, comparte una visita guiada por su taller, en la Colonia Popotla de la Ciudad de México, donde además de la tesis, tiene otros tesoros: antiguos autos que con celoso cuidado ajusta y da servicio; gemas que cobran vida cada vez que enciende sus motores y sale a recorrer las calles de la capital.

Quizá el más apreciado para el ingeniero es este Cadillac Rojo.

“Este coche era de mi papá y los fines de semana me lo prestaba, me iba manejando al Bosque de Chapultepec o por Paseo de la Reforma; una vez, vi a una muchacha tan bonita, que la invité a ella y a sus amigas a pasear conmigo en el coche, aunque iba muy calladita.

“Con el tiempo, esa muchacha tan bonita se convirtió en mi esposa y cuando nos casamos, mi papá nos regaló el Cadillac, pero tuve que venderlo para comprar nuestra casa. Me dolió mucho pero tenía que hacerlo y pensé que algún día volvería a tener un Cadillac como ese. Muchos años después andaba buscando el mismo modelo, aunque no fuera el coche que me dio mi papá, yo quería arreglar uno y encontré que vendían un Cadillac que estaba medio destartalado, pero lo compré y entonces me di cuenta, por el número de serie del motor, que ¡ese era el coche que mi papá me había regalado!”, dice y sonríe de nuevo, con la añoranza de una juventud creadora de un legado histórico y el presente de una nostalgia llena de vivencias únicas.

Publicado por Katy Lopez

Katy López radica en la Ciudad de México. Desde 2001 es reportera y su fuente principal es la información deportiva. Actualmente trabaja en El Heraldo de México.

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