Historias aleatorias

¡Escríbete!

Disfruto mucho escribir. Es una especie de terapia para ponerme atención y darme tiempo de comprender mis emociones, reflexionarlas y actuar con más inteligencia. Sin embargo, si soy honesta, suelo escribir mucho sobre otras vidas y para otras personas; pocas veces escribo algo propio o para mí y a pesar de ello, hoy empiezo a notar que escribir adquiere un toque fantástico.

Creemos que escribir es un acto casi extinto, aunque lo hacemos más que nunca para entrar en contacto con alguien vía WhatsApp, por ejemplo y también leemos más que antes, pues aunque no sean libros, sí ojeamos publicaciones en redes sociales como Facebook.

Damos mucho hacia los demás en escribirles o dedicar lecturas a los mensajes que nos envían, pero no muy seguido nos atrevemos a entrar a la casa de nuestras emociones y deseos para enfrentarlos y entenderlos.

En estos días de confinamiento, me he acercado a algunas líneas de la Katy que escribía a los siete años de edad, de la que, con sueño, cansancio y hambre, ya planificaba una meta nueva, o de la que se propuso un reto que logró cumplir.

De entre las líneas que más me gustan, está esta hojita azul. Entonces trabajaba en el Diario Deportivo Récord, vivía en Coyoacán (al sur de la Ciudad de México) y casi a diario debía ir al Centro Deportivo Olímpico Mexicano, CDOM, (al norte de la capital y que colinda casi con el municipio de Naucalpan, Estado de México). El traslado implicaba poco más de una hora si me iba por la Línea 2 del metro: desde la estación General Anaya hasta Toreo o Cuatro Caminos eran 23 paradas y de allí salía para tomar un transporte hacia el CDOM.

Además, el camino era largo desde la estación Toreo hasta el autobús. Había entre ambos puntos muchos puestos ambulantes y en uno de ellos me detuve a comprar una pequeña libreta. Era un lunes de diciembre de 2004. Era mi cumpleaños y en ese momento no sé por qué consideré que mi libretita sería un buen “autorregalo”, así que en la primera página me escribí una dedicatoria.

No diré, como Alejandro Jodorowski, que estas líneas se trataron de psicomagia, no fue así. Trabajé muy duro, me esmeré muchísimo y estudié a conciencia.

Exactamente ocho meses después de escribir esa carta, el 13 de agosto de 2005, bajaba del avión que me llevó desde Ámsterdam hasta la capital de Finlandia: Helsinki, donde tuve la gran oportunidad de cubrir los Campeonatos Mundiales de Atletismo, en los que Ana Guevara ganó la última de sus tres medallas mundiales (bronce en 400m), el ecuatoriano Jefferson Pérez conquistó un oro (20km marcha), Yelena Isibáyeva iniciaba el reluciente brillo de su nombre en el mundo (ganó oro y récord en salto con pértiga), Kenenisa Bekele siguió la estela hacia un camino de leyenda (ganó oro en 10,000m) y Usain Bolt tocó por vez primera las mieles mundialistas aunque se lesionó en la final de 200m…un sinnúmero de cosas más sucedieron y otras tantas viví yo. Tal como me lo escribí en esa carta: ¡Llegué allí!

Después me dio por el gusto de enviar postales. Enviaba postales a mi familia desde donde estuviera. Al llegar, después de instalarme en el hotel, lo primero que preguntaba era la ubicación del servicio postal y si en el camino se atravesaba alguna tarjeta con una foto linda del lugar en el que estaba, la compraba para escribir en la noche, al terminar de trabajar.

Casi siempre bajaba del vuelo de regreso a México y mis postales aún no llegaban a casa; muchas se perdieron en el camino, pero de las que escribí y lograron llegar al destino final, me mandé a mi ésta, en la madrugada en que se clausuraron los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, Brasil, en 2007.

Aquí no hubo un ‘proceso mágico’ pues aunque lo escribí, lo deseaba y trabajé muy duro por ello, no llegué a China. No fui a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 y, por doloroso que fue trabajar tan duro por seis años continuos y no lograrlo, decidí que esa ausencia en mis metas no definiría mi camino, que podría crecer aún más y con nuevas oportunidades de llegar a nuevas experiencias. Los sueños no han parado.

Tampoco se detuvieron las cartas. A veces a las 2:00am al terminar la jornada laboral, me daba algun tiempo para mandarme un mensaje, como este, a punto de iniciar los Juegos Centrocaribeños de Veracruz 2014.

Desde el pasado, me he mandado algunas líneas, pero muy a mi favor, he recibido muchísimas más.

Todas, desde que aprendí a escribir, las tengo guardadas en una canasta cuyo destino ya dije, pues quiero que esta canasta acompañe mi funeral, por si alguien gusta leer alguna.

Entre las reliquias que conservo, está el plan de una misión. Yo tenía nueve años y con mis amigos Ricardo y Fernando planificábamos que, al crecer, viajaríamos al Triángulo de las Bermudas y tras un sinnúmero de investigaciones (preguntando a nuestros papás y leyendo revistas, que eran nuestras máximas fuentes de información) concluimos que necesitaríamos un montón de cosas, algunas incluso las deberíamos inventar. Cuando teníamos un proyecto “más o menos claro” un día llegó Ricardo con dos hojas en las que plasmó todas nuestras ideas del viaje y aún lo tengo porque uno no sabe si en alguna emergencia se pueda necesitar de esta información anticontingencias. (De mi amigo Ricardo siempre me sorprendió su gran talento para dibujar en una época donde no se sabían valorar las virtudes artísticas, pues con frecuencia la maestra lo humillaba por no entender matemáticas; por suerte, él vivía en un mundo mucho más creativo y elevado que esos insultos).

En fin, que escribir es un placer que nos merecemos muy seguido y entre la distancia, hoy es un buen momento para expresar lo que sentimos a quienes queremos, estén cerca o lejos o para escribirnos a nosotros también. Puede doler, pero también puede sanar.

El tiempo le irá dando más valor a nuestras letras, podremos escribirnos nuevas cartas y cuando llegue el futuro y reencontremos nuestros textos, entre sonrisas y lágrimas nos sorprenderá descubrir quiénes éramos cuando nos dejamos ese mensaje y hacia donde avanzan nuestras líneas, con un nuevo recado por dejar.

Historias aleatorias

Mi mamá es un hada

Antes de comenzar: me confieso profundamente egoísta y algo cobarde. Por muchos años he sido capaz de viajar en lo más profundo de historias ajenas para salir a contarlas, pero yo misma he sido temerosa en adentrarme a los lugares más sensibles de mi corazón y compartirle al mundo las joyas que en él encuentro. Pero aquí va una, una muy valiosa.

“Mamá que hable Osito”. Así le decíamos mi hermana y yo a mi mami por las noches, pues antes de dormir, ese pequeño oso guiñol con corbata de moñito platicaba con nosotras ¡Era tan divertido! ¡Hacía cosas tan chistosas! Después de platicar con Osito, nos sentíamos tan felices; era un momento de alegría y olvido, pues por esas fechas, mi hermana continuaba un prolongado tratamiento entre cirugías y rehabilitaciones, después de que en un accidente padeció quemaduras de hasta tercer grado.

Entonces no lo sabía, pero hoy veo que admiro muchísimo a mi mamá. Después del cansancio en el trabajo, atender pendientes en casa, cuidar la situación financiera, llevar a mi hermana al hospital y el dolor que le causaban las secuelas de ese accidente, su prioridad en esas noches era vernos felices.

Mi mamá es un hada. Aun cuando la vida se plagara de problemas, mi mami hacía magia y nos resguardaba de cualquier dificultad en un invisible pero resistente domo blindado, que creaba su corazón para nosotras: la protección de su amor incondicional; con él hacía que hasta la más grande dificultad se viera ínfima comparada con la simpleza de nuestra felicidad y nuestras sonrisas.

Su fortaleza para hacernos sonreír y sentirnos seguras, aun entre las adversidades, es una de las múltiples pruebas de su amor y uno de sus más grandes ejemplos en mi vida.

Hay cosas de ella que disfruto desde muy pequeña, una es escucharla cantar. ¡La voz de mi mamá es tan hermosa! Era yo muy chiquita pero recuerdo que al escucharla yo cerraba los ojos, y percibía cómo, a la par de su voz, las cuerdas de la guitarra obedecían a las yemas de sus dedos. Verla cantar se convirtió en una inspiración muy profunda en mi vida y entonces quise aprender a hacerlo yo también; pensaba adoptar eso como una herencia de sus manos a las mías, sin darme cuenta que en los fundamentos de mi ser, ya estaba ella, mi primera y más grande maestra, mi ejemplo, mi mamita.

Pero al aprender a tocar la guitarra, me di cuenta de los más simples detalles: que al principio duelen mucho los dedos y que poco a poco se hace callos en la mano que aprieta las cuerdas; que es necesario coordinar que una mano pise cuerdas y otra las haga sonar, mientras también hay que recordar la letra y cantar; pero especialmente, me di cuenta que al cantar, ella también me daba muchas enseñanzas. A veces me hacía sentir nostalgia, pero regularmente cantaba con valor. Valor es lo que más he aprendido de ella.

Yo llegaba al mundo en los últimos alientos del otoño y ella con sólo 20 años y sin instructivo alguno sobre cómo atender a una bebé rebelde, se dejó guiar por el amor y lo hizo en grande para cuidar de mí; entre sus brazos me arrullaba y protegía y desde entonces sé que estar con ella es como si la paz tuviera un perfume: abrazarla, respirar profundo y sentir su aroma hace de mi mundo un lugar hermoso.

Mi mamá es un hada y sus manos son mágicas: un día puede crear de la nada una hermosa sirena o darle vida a un elefante que cabe en la palma de mi mano, pero al siguiente puede quitar mis preocupaciones al acariciar mi cabello mientras me peina y cuando termina de hacerlo, me despeino para que de nuevo adentre sus dedos en mi cabello; podría hacerlo mil veces hasta sumirme en un sueño, mientras sonrío.

Gracias a mi mami viví miles de aventuras en lugares fantásticos que después supe, se llaman museos. ¡Nos encantaba ir a museos! A día de hoy es de las cosa que más disfruto hacer. Gracias a ella cada paseo era conquistar el capítulo de una aventura y era aún más divertido porque a veces mi mami nos llevaba vestidas de algún personaje. Mi mami es un hada que hace magia hasta con el tiempo; entonces veía tan común que ella, además de todas sus ocupaciones, hiciera un espacio en la agenda para coser nuestros disfraces y hoy daría lo que fuera por recuperar el mío de Caperucita Roja con el que íbamos a Chapultepec y mi hermana iba de conejito; o los que hizo cuando era Día de las Madres o de la Primavera o para las Pastorelas. Siempre hizo tanto. Siempre ha hecho mucho más de lo que “debe”, para llenar de ternura y amor cada acto hasta tocar los límites de lo que “quiere”.

Mi mami me enseñó a ser atenta con las personas desde que era yo muy pequeña. Una ocasión hubo visitas en la casa y mientras los adultos platicaban, me fui a la cocina a preparar las viandas de nuestros invitados, pero cuando llegué a la sala, con charola en mano, todos morían de risa, pues puse en ella lo que a mis cuatro años de edad tenía al alcance: los bolillos duros que mi abuelita había dejado para hacer pan molido y un poco de agua simple. Aunque yo no entendía que eso no sería apropiado, sí entendí que mi mami valoraba mucho mi intención y mi ternura, características que solo son reflejo de lo hermosa que es ella misma, porque sin ella no habría yo aprendido a ser así.

En los viajes por carretera, en verano nos íbamos de vacaciones a ver a nuestra querida familia en Guadalajara. Mi mami nos acondicionaba una cama en la parte de atrás del auto para que viéramos cómo cambia el color del cielo, su firmamento, el albor del sol y su caída. Siempre me ha enseñado lo valioso que es mirar a las estrellas.

He visto a mi mamá cruzar por las batallas más cruentas, lidiar con monstruos que parecían indestructibles y he visto cómo de su corazón emerge con la fuerza para engrandecer su valor y hacer de lo adverso una enseñanza.

Hace años, cuando me rompí el pie, ella se encargó de cuidarme, a cada momento, de darme felicidad en un proceso doloroso, de salir a pasear aunque implicara cargaruna silla de ruedas; entonces también me compartió algunos secretos de su magia: me enseñó a tejer. No lo hago tan bien y a veces me desespero, pero cada vez que lo intento, pienso en ella y en cuánto me gusta verla cuando teje.

Mi mamá ha dedicado su vida a enseñarme, aun cuando he sido una alumna irreverente, difícil y rebelde. Con su amor incondicional, fue paciente, para amarme aun conociendo las peores versiones de mi ser, aun cuando fuera difícil tratar de comprenderme (porque hubo una época en la que ni yo misma me entendía) y a pesar de ello, siempre ha estado dispuesta a ayudarme; aunque a veces me viera tomar decisiones que claramente me llevaban a caer, ella a veces me ha advertido y otras, sabe que necesito vivir esa experiencia y, por doloroso que ha sido, respeta mis locuras y sus consecuencias; siempre está lista para recibirme después de mis tropiezos, para abrazarme y demostrarme que puedo dar más, llegar más lejos, soñar más alto, potenciar lo mejor de mí.

Mi mami me ha enseñado que es una falta de respeto no dar lo mejor de uno mismo en honor a los dones y las bendiciones que recibe y que si quiero resultados excelentes, antes debo vivir cada momento en excelencia.

Conocerla en sus distintas facetas me inunda el corazón de amor. Ver su versión como una hija responsable, cuidadosa y amorosa, que hasta el último aliento de mis abuelitos dio todo lo mejor para ellos, compartirme el dolor de despedirse de ellos y hasta a veces puedo ver la añoranza que nació en su corazón ahora que no están; pero también conocerla como abuelita me ha hecho disfrutar de su alegría, su risa y sus travesuras. ¡Me hace tan feliz! Al verla sólo pienso: “Mami: espero cada día parecerme más a ti”.

Mi mami ha sido mil veces mejor mamá de lo que he sido como hija. Su bondad, sabiduría, creatividad, alegría, inundan mi corazón de su presencia.

No tengo tantos recuerdos en la mente como la cantidad que guardo en mi corazón. Gracias mami por todo lo que me has dado, anticipadamente te agradezco por todo lo que aún está por llegar y te prometo honrar todas las alegrías, enseñanzas y lágrimas que hemos vivido juntas; ni una experiencia ha sido en vano.

Te amo mamá.

OPINIÓN

¿Solidaridad o prohibición?

KATY LÓPEZ

Los Juegos Olímpicos han capturado distintos momentos que enaltecen el espíritu de la fraternidad y la humanidad; sin embargo, sobre sus podios también se ha develado el lado cruento de las sociedades. Aunque la justa de Tokio 2020 se postergó por la pandemia del coronavirus al verano de 2021 (del 23 de julio al 8 de agosto), entre muchas otras incertidumbres queda esta: ¿en el verano de 2021 los estadounidenses van a manifestarse ante las tensiones sociales que enfrenta el país tras el homicidio de Georg Floyd, entre otros procesos de brutalidad policial?

(Floyd, un afroamericano de 46 años de edad, fue asesinado en Minneapolis el 25 de mayo de 2020 a manos del policía Derek Chauvin, que lo detuvo por el presunto uso de un billete falso de 20 dólares y aunque Floyd no se resistió al protocolo, el oficial lo sometió y dejó, por 8 minutos y 46 segundos, su rodilla sobre el cuello del detenido cuyas últimas palabras fueron “¡No puedo respirar!”. Aunque el oficial fue detenido, en Estados Unidos iniciaron las protestas no sólo por la justicia en este caso, también en nombre de todas las víctimas de violencia racial en el país).

El 10 de enero de 2020, en Lausana, Suiza, durante la 135ª sesión del Comité Olímpico Internacional, su presidente Thomas Bach recordó que los deportistas no deben hacer expresiones sociopolíticas ni en el podio, ni en ninguna de las instalaciones olímpicas, al decir que el movimiento olímpico no se puede usar como un trampolín de sus manifestaciones, pero tienen permitido hacerlo en sus redes sociales. Por un lado, tiene sentido, pues algunos atletas, como la saltadora Voula Papachristou emitió comentarios racistas en sus redes sociales y fue expulsada de la Villa Olímpica y de la justa de Londres 2012.

A la par, el propio COI tiene sus propias iniciativas sociales, como la creación de un equipo de un grupo vulnerable: el de los refugiados, que compite con la bandera de los cinco Aros Olímpicos, que debutó en los Juegos de Río 2016 y que en Tokio 2020+1, el protocolo marca que se presentarán justo después de la primera Delegación Nacional que entrará en la Ceremonia de Inauguración: Grecia, que tiene el honor de aperturar la justa, al ser su país el creador del certamen, en la Antigüedad.

Sin embargo, en los Juegos de Tokio 1964 y posteriormente en los de México 1968, se dio uno de los momentos más representativos de la lucha social. Fue contundente, pero discreto: ni Japón ni México invitaron a Sudáfrica a participar en sus Olímpicos, como señal de rechazo a su política de Apartheid (un sistema de segregación racial con la que los colonos europeos buscaban mantener privilegios sobre la población negra e india, nacida en estas tierras). Aunque Avery Brundage, presidente del COI en esa época, se manifestó en contra de esos actos, nada podía hacer, pues el país sede decidía a qué nación invitaba y cual no.

Pero en México 68 sucedió uno de los actos más contundentes. Cuando, en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria, durante la premiación de los 200m varoniles, Tommie Smith y John Carlos, ganadores del oro y el bronce de forma respectiva, levantaron el puño con un guante oscuro para hacer alusión al grupo Panteras Negras que buscaba la igualdad racial. Seis meses atrás, la comunidad afroamericana había perdido a su más grande líder: el pastor bautista Marthin Luther King y aunque muchos deseaban no competir en la justa como boicot, fue Jessie Owens quien los convenció de asistir a la Ciudad de México y ganar medallas no sólo por su país, sino por su gremio. El más grande símbolo del deporte afroamericano, Owens fue el vínculo entre los atletas de esta comunidad y el Comité Olímpico de ma Unión Americana.

De una forma casi imperceptible, el ganador de la medalla de plata en aquel podio, el australiano Peter Norman, también se manifestó y aquí también está su trágica y admirable historia.

Peter Norman: Un blanco contra el racismo.

En septiembre de 2018, en la conmemoración del 50 aniversario de los Olímpicos del 68, John Carlos regresó a la Ciudad de México y en una charla con estudiantes de la Universidad Nacional Autónoma de México comentó:

«Si en verdad quisieran que no haya manifestaciones políticas en los Juegos, entonces los deportistas no deberían tener un uniforme de ninguna nación, ni ver su bandera al ganar una medalla, ni entonar el Himno Nacional de ningún país; eso también es un acto político. Debería ser la fiesta de la humanidad, sin distinción, ni banderas»

John Carlos
Medallista olímpico de bronce en los 200m de México 68.

Pocas expresiones extradeportivas se recuerdan después de aquella; por ejemplo: el último día de los Juegos Olímpicos de Río 2016, cuando por tradición se contiende el maratón varonil, el etíope Feyisa Lilesa protestó al cruzar la meta en segundo lugar en el Sambódromo de la ciudad carioca. El corredor hizo este gesto para manifestarse en contra de la represión gubernamental a la tribu Oromo.

El etíope ganó plata en los 42k de Río 2016.

“Oromo es mi tribu. El pueblo Oromo protesta por lo que es correcto, por paz, por un lugar para vivir. El gobierno está matando a mi gente y respaldo todas las protestas, mi familia está en la cárcel y si hablan de derechos democráticos, los matan. En nueve meses, más de mil personas han muerto en la lucha porque no les quiten sus tierras de cultivo”, dijo Lilesa, que repitió esa señal en el podio y pidió asilo en Brasil, pues aseguró que podrían matarlo o enviarlo a prisión por manifestarse; hasta el keniano, Campeón Olímpico Eliud Kipchogue externó su solidaridad con él.

Aunque previo a la justa carioca, el COI reiteró estar en contra de actos políticos en los Juegos, so pena de retirarle la medalla a quien los hiciera, el caso de Lilesa no tuvo repercusiones y por el contrario, en redes sociales recaudaron 40 mil dólares en unas horas para apoyarlo en su nueva vida fuera de Etiopía.

Después, en los Juegos Panamericanos de Lima 2019, dos estadounidenses también protestaron en el podio. Mientras se escuchaba su Himno Nacional, el esgrimista Race Imboden se hincó, tal como hiciera el jugador de futbol americano Collin Kaepernick en los campos de NFL.

Aunque no es de un gremio discriminado, Imboden se manifestó

“El orgullo por mi país, al que le tengo tanto amor, está truncado por las múltiples fallas: racismo, control de armas, maltrato a inmigrantes o un presidente (Donald Trump) que propaga el odio. Elegí sacrificar mi momento arriba del podio para llamar la atención sobre las situaciones que deben abordarse. Animo a otros a usar sus plataformas para lograr el cambio”

Race Imboden
Medallista olímpico de esgrima

Mientras la lanzadora de martillo Gwen Barry ganó oro en Lima 2019, pero no dejó su mano derecha sobre el pecho al escuchar el Himno Nacional de Estados Unidos y, al terminar la ceremonia, levantó el puño en el podio, tal como en México 68 hicieron Smith y Carlos.

Después de sus protestas, Sarah Hirshland, jefe ejecutiva del Comité Olímpico y Paralímpico de Estados Unidos, castigó por un año a ambos atletas; sin embargo, el 2 de junio de 2020, tras el asesinato de Floyd, Hirshland escribió una carta en la que dijo “Este Comité está del lado de aquellos que buscan la equidad y un trato igualitario”.

El mismo organismo que castigó las manifestaciones de Lima 2019, suscribió después un comunicado para manifestarse su repudio al trato que padeció George Floyd, por los elementos policiales. La atleta Barry exigió una disculpa pública del organismo por castigarla, si dicen coincidir en la misma lucha y porque el castigo le provocó perder patrocinios y apoyos en su preparación hacia Tokio 2020+1.

No solo eso. Hoy, la propia NFL, que años atrás excluyó a Kaepernick por su manera de protestar, emite un comunicado en el que acepta su responsabilidad en la creación del tejido social de la Unión Americana; la Federación Mundial de Atletismo tuiteó la silueta de aquel podio de los 200m en México 68 con el hasthag #BlackLivesMatter; jugadores de NBA como LeBron James o Dwayne Wade también se unen a la lucha, desde sus redes sociales; el pugilista Floyd Mayweather se dispuso a pagar los gastos funerarios de George Floyd y, para sorpresa del mundo, Michael Jordan (que en su vida como deportista activo jamás tomó un liderazgo social ante las injusticias que sufre la comunidad afroamericana) también protestó en su cuenta de twitter. Hasta futbolistas de la Bundesliga hicieron homenajes en el campo de juego, en honor a Floyd por una sola causa y una misma consciencia.

Entre el dolor y la prohibición ¿El equipo estadounidense o cualquier otro atleta de un país con dificultades sociales se animarán a protestar en Tokio 2020+1? ¿Ante la movilización social de atletas e instituciones deportivas el COI replanteará sus peticiones? ¿O estará escrito entre líneas el precepto de que “estará prohibido hasta que la institución lo haga”?

REPORTAJES

Amor prohibido en México 68

En una época de profundas diferencias en el mundo, ambos personajes provenían de los polos ideológicos más opuestos de mediados de siglo XX.

KATY LÓPEZ

A finales de la década de los 60, México ejercía un profundo anticomunismo. Era el apogeo de la Guerra Fría y el temor de que en el país se sentaran bases para cambiar el modelo sociopolítico y económico era tan grande, que hasta al interior de la comunidad estudiantil creció un campo de batalla: entre los estudiantes que buscaban mayores libertades y aquellos que crearon el MURO: Movimiento Universitario de Renovadora Orientación.

El entonces presidente de México, Gustavo Díaz Ordaz ejerció su poder político para evitar que las ideas comunistas se propagaran en México y, según documentos secretos del Gobierno Estadounidense, la CIA tenía una fuerte influencia en las decisiones del primer mandatario, a través de Winston Scott, jefe de la agencia de investigación de Estados Unidos en México entre 1959 y 1969, quien creó una red de informantes entre los que estaban el propio Díaz Ordaz y Luis Echeverría. Todos coincidieron en prohibir la existencia del Partido Comunista de México y después, hasta la religión católica tomó el estandarte anticomunista, con lemas como “¡Religión sí! ¡Comunismo no!” o “¡Viva Cristo Rey y nuestro Ejército defensor!”.

Así, al final de la década de los 60 había dos pensamientos diametrales, intensos y enfrentados y durante los Juegos Olímpicos que recibió nuestro país en 1968, las hostilidades fueron aún más profundas, en especial hacia la nación que le dio vida al concepto del comunismo: la Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas (URSS); por ejemplo: en los partidos del voleibol femenino, el público ahogó el Gimnasio Juan de la Barrera de la Ciudad de México con abucheos a la URSS cuando le ganó el oro a Japón.

Otro caso sucedió en el Auditorio Nacional, cuando la gimnasta checoeslovaca Vera Caslavska había conquistado el corazón de los mexicanos al hacer su rutina de piso con el Son de la Negra y, aunque solo le faltaba cosechar el oro de la viga de equilibrio para ganar los cinco individuales disponibles, los jueces le dieron el primer lugar a la soviética Nataliya Kuchinskaya, decisión que desató la indignación, la ira y los gritos y abucheos del público. (Un poco del estigma estaba ensalzado contra el modelo sociopolítico de la URSS y otro más se aderezó con el rechazo hacia la invasión soviética sobre la República Checoeslovaca).

Kuchinskaya no era culpable ni de ser electa con el oro ni de recibir tales improperios de los anfitriones mexicanos; sin embargo, detrás de las medallas, de los podios, las competencias y la atmósfera de los Juegos, México le tenía preparada una historia alterna a la abucheada Campeona Olímpica soviética.

Todo porque aquellos prejuicios políticos y sociales no le importaron a un joven…quizá al único joven de todo México a quien sí debieron importarle. Se llamaba Alfredo Díaz Ordaz y era el hijo del muy anticomunista Presidente de México.

“Alfredo Díaz Ordaz se enamoró de Nataliya Kuchinskaya pero ella no hablaba inglés ni español y obviamente él no hablaba ruso, así que una voluntaria debía de estar allí para traducirles. Él siempre quería verla y estar con ella todo el tiempo que fuera posible y de alguna forma yo terminé en calidad de chaperona”, recuerda entre risas Lady Kyara Baez, quien 50 años después de aquel suceso confesó la breve y prohibida historia de amor, en una reunión con la generación que vivió aquellos Juegos.

Baez se preparó por casi dos años para ser voluntaria en los Juegos Olímpicos de México 68 y al ser de las pocas que hablaban ruso, fue designada para apoyar a la delegación soviética en su estadía, durante el inicio del otoño de aquel año.

Natalya vivió sus últimos Juegos en 1968.

Así, con una apasionada obsesión, Alfredo quería conquistar a Kuchinskaya.

“Una ocasión le dijo a Nataliya que quería darle una serenata y bueno, yo tenía que traducir todo de uno para otro. Nos llevó a Los Pinos y allí empezó a cantarle Come on Baby Light my Fire de Los Doors, pero ella me decía que era música muy escandalosa. A él no le importó eso, estaba muy emocionado de estar con ella en su casa…bueno la casa del Presidente de México más bien”.

Lady Kyara Baez. voluntaria en México 68.

Y aunque la velada fue divertida, después vinieron las consecuencias. “Yo pedí permiso para salir por una hora de la Villa Olímpica ¡y nos tardamos más de dos! Cuando regresamos, me regañaron mucho y me pidieron que no volviera a suceder, en realidad se enojaron conmigo que era voluntaria traductora y con ella también porque era atleta”, agregó Lady; sin embargo, por duros que fueron los regaños, ninguna de las dos nunca reveló que su tardanza se debía a estar en una cita con el hijo del presidente de México.

No era de extrañarse. Alfredo era la oveja negra de la familia presidencial. Era su último hijo y muy parecido a los jóvenes revolucionarios del Movimiento Estudiantil de 1968: le gustaba el rock progresivo y la psicodelia, formó grupos como Love Syndicate en donde escribió Love don’t go away y después creó la banda Renaissance. En los 80’s fundó además el grupo de funk rock Lucrecia, que en 1980, le abrió un concierto a Alice Cooper en Monterrey, Nuevo León.

La llama de ese amor fue un fulgor efímero que duró sólo el periodo olímpico, pero 50 años después, la historia perdura en la memoria de la testigo más cercana.

Alfredo Díaz Ordaz, años después de aquel romance.

En México 68, Nataliya tenía 19 años de edad y ganó cuatro medallas: dos oros en la prueba por equipos y en la viga de equilibrio, además de dos bronces (all around individual y manos libres). Nunca volvió a asistir a unos Juegos Olímpicos.

No quedan rastros de aquel amor platónico y olímpico, pero sí algunos sencillos del talento y creatividad de Alfredo, considerado un buen elemento del rock mexicano, pero con el estigma de un apellido ensombrecido por la historia.

Aquí una canción interpretada por aquel el hijo anárquico del presidente de México:

https://www.youtube.com/watch?v=4oVt7376s3

Relatos 'off the record'

Mi querido enemigo

KATY LÓPEZ

El cielo era azul y los árboles de eucalipto se mecían al vaivén del viento de verano, mientras yo respiraba profundo el aroma que deja la tierra mojada, tras una noche de lluvia. En medio de mi onírica escena, se coló una bocanada de cigarro. No evité el gesto repulsivo que arruinó mi momento y fui aún más lejos: busqué en la trayectoria de aquel humo al culpable de mi regreso a la realidad y allí estaba él: con su gorra azul, su pantalón casual, que hacía juego con una chamarra color caqui, un rostro pálido, lleno de arrugas y esos pequeños ojos café que apuntaban con desdén a la pista de atletismo.

Olvidé aquel profundo aliento, hice una mueca y esperé el comentario de ese frecuente “enemigo mío”: el profesor de Polonia, Andrzej Piotrowski, entonces entrenador de velocistas como el medallista mundial Alejandro Cárdenas, Mayra González, Óscar Juanz o Israel Benítez. Todos trabajaban hasta después del mediodía en la pista de atletismo del Centro Deportivo Olímpico Mexicano.

Yo tenía 19 años, no existían las redes sociales y los teléfonos móviles no tenían cámara fotográfica, mucho menos internet. Debutaba como reportera de Deporte Amateur en el Diario Deportivo Récord; una fuente que, hoy penosamente confieso, no era de mi agrado: no le entendía nada, no conocía a ningún competidor, ningún deporte, ninguna regla. Yo, que sólo quería escribir de NBA, ahora estaba reporteando un montón de deportes olímpicos de los que no tenía ni la más atómica noción.

Pero para iniciar en Récord había una condición: en los primeros seis meses de trabajo te tenías que ganar tu nombre; es decir: si salías a hacer una entrevista o investigación, la información que escribieras no diría “Katya López”, por ejemplo sino “Redacción Récord”, mi nombre aparecería hasta que mi calidad periodística estuviera confirmada, así que el camino era muy largo aún.

A pesar de mi anonimato, el profesor Piotrowski a diario leía el periódico y, por pequeñas que fueran, leía las notas de Deporte Amateur firmadas por un “Redacción Récord” del que conocía la cara. Así que también a diario tenía algún reclamo guardado entre el humo del cigarro para mí. “¿Por qué escribió “100 metros con vallas varoniles” si los hombres corren 110”. “¡No se dice lanzamiento de bala, es impulso de bala! ¡Ah estas guentes!”, decía sin siquiera verme, y devolvía un cigarro delgadísimo a su boca.

Esa tarde soleada y calurosa, fui de nuevo a esa cita no escrita, por un regaño más, un refunfuño, algún desaire, pero el profesor no decía nada, ni siquiera veía el moreno rostro de una pobre adolescente que apenas aprendía a juntar sujeto y predicado. Entonces me pareció que esa tarde el profesor Piotrowski estaba más iracundo que cualquier otra ocasión. Sentí pavor y el cielo azul, el sol radiante y las flores silvestres creciendo en el campo parecían expectantes a la hecatombe.

Él estaba sentado en una escalinata, frente a la meta de los 100 metros y entonces salieron de su boca seis palabras:

– ¿Es usted idiota, o qué es? Me dejó absorta en una marabunta de contradicciones: noté que el profesor Piotrowski me respetaba lo suficiente para hablarme de “usted” pero no tanto como para contenerse de insultarme. Lo dijo con un tono suficientemente fuerte como para que sus atletas tomaran sus cosas y se alejaran del tsunami que se avecinaba.

– ¿¡Por qué me dice eso, profesor!?

– ¿Si se da cuenta que hoy escribió que Alejandro Cárdenas se recupera de una “fascitis frontal”?

– ¡Pues sí, eso me dijo él, que tenía eso! ¿Yo cómo voy a saber?

– ¿Ah sí? ¡No me diga! ¿Dónde la tiene? ¿En la frente? ¿En el pene?

– ¡Pues no sé profesor, no soy doctora!

El profesor hizo algo que en casi un año de conocerle yo nunca había visto: se levantó de su silla, su pálida piel se tornó roja y caminó hacia mi irreverente, petrificado, ignorante y aterrorizado ser.

“¿Pero cómo es posible que diga usted semejante estupidez’? ¿Boh, qué espera? ¿Que vengamos todos a resolverle aquí su trabajo? Usted “no es doctora” ¡ES REPORTERA! Y tiene que saber y si no sabe ¡aprenda! ¡Y si no aprendió, pregunte! ¡SE LLAMA FASCITIS PLANTAR! ¿Alguna vez alguien aquí le ha negado una entrevista? ¿Alguien le ha dicho que no puede atenderle? Acaba el entrenamiento y todos aquí le dan el tiempo que sea para sus entrevistas, aunque tengan que ir a comer o a descansar ¿y usted qué hace con el tiempo de las guentes? ¿Escribir idiotez?

“¿Las guentes que compran su periódico en la calle no saben quién es usted ¡PERO AQUÍ SÍ SABEMOS! Sabemos quién escribe tonterías, que no sabe de qué habla, que no le importa saber y lo peor: ¡Que no le importa ni su nombre! Y si no le importa su nombre ¿¡boh qué dedicamos tiempo a usted que no le importa nada!?

“¿No le importa que sepamos que es usted una idiota? Si usted es periodista ¿qué no sabe qué vale su nombre? ¿Nadie le ha dicho que cuando llegue a hacer entrevista van a decir “ah si, la que dice lanzamiento de bala”, “la de la fascitis frontal”? ¡Irresponsable!”.


Creo que me quedé con la boca abierta y los ojos desorbitados. No sé cómo permanecí callada tanto tiempo, no sé cómo contuve el llanto. Salí de la pista. Me temblaban las piernas, me latía muy fuerte el corazón. Me fui hacia el periódico y en el trayecto, pensé cada palabra a detalle.

Estaba terriblemente avergonzada. Nunca me sentí tan humillada como esa radiante tarde de verano. La mayor humillación era aceptar tan tarde que todo ese tiempo había actuado exactamente como una idiota y que arrastraba mi nombre al precario concepto de alguien profundamente estúpido e inconsciente de serlo.

Al otro día regresé a la pista y estaba de nuevo el profesor con su cigarro. Otra vez me temblaban las piernas y con todo el miedo de causar un nuevo enojo, inhalé profundo, lo miré y tras verme de reojo con soberbia, él me dio la mano derecha, pero no con la palma extendida, sino con el dedo pulgar y el dedo índice juntos, como si entre ambos detuviera una copa de vino. Emulé el movimiento y chocamos los dedos, en una especie de “brindis por la paz”.

Me senté junto a él y sin decir ni “hola”, ni “buenos días”, sin siquiera pedirle que me diera clases, comencé las preguntas:

– Oiga Profesor ¿cuánto mide la pista de atletismo?

– Son 400 metros, y se hacen las carreras desde 100m hasta 10,000m, más las tres que son con obstáculos: 100m vallas para mujeres, 110 vallas para hombres y 3,000m con obstáculos y los dos relevos: 100m y 400m”.

– Ahhh. ¿Y él qué está haciendo?

– Salto con garrocha. Hay dos saltos verticales: garrocha y altura, dos horizontales: longitud y triple.

– Creí que atletismo solo era correr.

Boh, también hay lanzamiento: martillo, disco y jabalina, pero bala se impulsa, no se lanza.

– Ahhh.

Así comenzaron mis tutorial es de algo que en ninguna escuela me habían enseñado jamás. El profesor Piotrowski abrió una puerta a un mundo asombroso que yo no había entendido. Un mundo que se volvió radiante y legible. En un lenguaje universal: el del esfuerzo del espíritu manifestado en el cuerpo.

El profesor Piotrowski pasó de ser el hombre enojón que arruinaba mis respiros, a mi maestro y mi amigo…quizá el amigo más honesto que llegaba a mi vida en mis inicios en este oficio; porque sin duda muchos podrían leer que yo escribía con una profunda ignorancia, pero sólo para él fue importante hacérmelo saber.

Gracias a él comprendí cada disciplina atlética y perdí el miedo de preguntar una y otra ocasión si no entendía “por que más vale parecer tonto una vez que serlo toda la vida”, me decía el profesor Piotrowski.

Pocos años después, entre mi asombro, hice el primer viaje al extranjero de mi vida laboral: los Campeonatos Mundiales de Atletismo de Helsinki, Finlandia –otra curiosa historia, por cierto–. Los viví como ir a Disneylandia: comprendí cada esfuerzo, cada derrota, cada llanto de victoria, cada evento y sus detalles.

¡Estaba tan asombrada! Cuando regresé, busqué al profesor ¡y le contaba tantas cosas al mismo tiempo!

“¡Profesor! ¿¡Qué cree!? Yelena Isinbáyeva usa aretes de delfines y mire me dio su correo electrónico ¡ella me lo escribió aquí! No invente profe, ¡Bekele corre increíble, su última vuelta del 10,000m en 54 segundooooos! ¿Y qué cree? Que el que ganó los 3,000m con obstáculos se llamaba Saif Shaheen, era de Qatar pero nació en Kenia y los kenianos lo veían feo porque le pagaron un millón de dólares por naturalizarse, más Kemboi. Jefferson Pérez se cayó en la meta porque traía calambres y aún así ganó los 20k de marcha. Ana Guevara, la máxima medallista mundial del atletismo mexicano, ¡profe la vi ganar su bronce! ¿Y sabe qué? Allá meten al campo unos cochecitos rojos que van por las jabalinas y los discos ¡y los regresan a las jaulas! ¿Y si sabía que ese estadio se usó en los Olímpicos del 52 y en la entrada está una escultura de ¡Paavo Nurmi!? Me tomé una foto con Nurmi, bueno con la estatua. ¡Y mire! Le traje un libro de estadísticas, pesa un montón pero usted si lo va a saber usar…”.

Creo que el profesor se estaba mareando de tanto escucharme. Creo que se dio cuenta de que había creado un monstruo. Pero también creo que estaba muy feliz de ver que aquel regaño hizo florecer tantas cosas tan buenas en mi vida.

Aquel hombre que hacía años no paró en insultos y gritos, acompañados siempre de un respetuoso “usted”, aquel que era “mi querido enemigo» se convirtió en una de las personas que más aprecio. Desde entonces puedo platicar con él en su idioma: el deporte, el alto rendimiento, el olimpismo, la historia, el esfuerzo.

Ese doloroso regaño me hizo ver lo mucho que me estimaba y, en especial, algo que demuestra su psicología de buen entrenador: el profesor Piotrowski no solapará ni el más mínimo dejo de mediocridad de nadie; va a exigir, de las maneras que sea necesario, dar el máximo y cuando se logre la meta, no aplaudirá. “Para eso habíamos trabajado ¿Ya lo lograste? Boh, viene un reto más grande entonces”, sería una de las frases que diría el Profe Piotrowski.

Porque un coach te enseña que lo excelente no llega por azar, que la excelencia se trabaja y se cosecha, que la vida no merece menos que tu máximo esfuerzo para que al final del día ni el más ínfimo rastro de indiferencia nuble lo mejor de ti.

Gracias por tanto, mi querido enemigo.

REPORTAJES

La tesis que se volvió autódromo

El Autódromo Hermanos Rodríguez comenzó como una tesis académica de Óscar Fernández; hoy recibe fechas de la F1

KATYA LÓPEZ

A finales de los 50, Óscar Fernández trabajaba como asistente mecánico en el taller de autos de su padre y alternaba el oficio con la escuela; le tomó diez años culminar sus estudios, pues trabajaba de tiempo completo entre motores, aceite y coches. Al fusionar la academia y el oficio, surgió la más brillante idea: recibirse como Ingeniero Civil con una tesis con los análisis, planos, cálculos y el diseño de la primera pista de carreras en México.

“La única relación que encontré entre coches e Ingeniería fue una pista. Le pedí permiso a la UNAM para ver si me autorizaban hacer una tesis con este tema y empecé a trabajar en ella en el año de 1953. En México no había pistas de carreras, así que fui a Indianápolis y a Washington donde me dieron mucha información”, recuerda el hombre que supera los 90 años de edad.

Su padre, piloto aviador que combatió en la I Guerra Mundial con el Ejército de Estados Unidos, le ayudó. “Al estar en la Fuerza Aérea Americana, mi papá me consiguió los manuales que documentaban la fabricación de pistas para aterrizaje de aviones de guerra.

“No había nada escrito para pistas de carreras. Mi tesis fue el primero libro que se hizo en el mundo sobre el tema, incluso en la biblioteca del Congreso en Washington D.C., pedí datos y como no tenían nada, me pidieron una copia de mi tesis cuando la acabara y sí, se las mandé”, recuerda el amante de los autos.

Tras dos años de recopilar información, de análisis y desvelos, llegó el día del examen profesional. “El Ingeniero Guillermo Salazar Polanco, uno de los titulares del examen profesional, me dijo: ¿Cómo te vamos a examinar si no sabemos nada de pistas de carreras? y por eso invitó como sinodal al Ingeniero Gilberto Valenzuela director de la Secretaría de Obras Públicas del DF. Al terminar el examen, salió con la tesis en la mano y me dijo ¿Qué tal si la hacemos? Habló con el presidente Adolfo López Mateos se autorizó y se hizo”.

La semilla de un deseo quedó sembrada y despertó la inquietud de muchas mentes que colaboraron para ver su realidad; entre ellos el ingeniero Gilberto Valenzuela, quien motivó a trazar la pista en 1958 y al siguiente año fue inaugurada.

Con el tiempo el trazado ha evolucionado, a requerimientos de la Federación Internacional de Automovilismo; sin embargo, en el primer circuito, el Ingeniero Óscar recuerda su creación más especial: la curva peraltada.

“Era la única en el mundo!”

Óscar Herández
Ingeniero Civil por la UNAM

Cuando estudié los manuales de la Fuerza Aérea Americana, decía que, al tripular aviones de alta velocidad, viajaban a más de 700km/h, le decían a los pilotos que a causa de la resistencia de viento se podían dañar las alas si hacían un viraje instantáneo, por eso les pedían hacer un ligero ‘swing’ en sentido opuesto al que se dirigían, para cortar la resistencia del viento y entonces sí dar la vuelta. Eso se me metió en la cabeza.

“En el taller de mi papá inventé suspensiones y estabilizadores, pero luego se me ocurrió cambiar el peralte: el pavimento tendría una inclinación de 17 grados, para después trazar la curva a 27 grados, así la fuerza centrífuga queda perpendicular al pavimento y los carros no se patinan, sino se aferran”, explica a detalle y sonriente el ingeniero, al reencontrarse con el recuerdo de aquel concepto que lo hizo brillar en el mundo.

La curva podía tomarse hasta a 250km/h y pilotos como Nigel Mansen, Emerson Fitipaldi o Adrián Fernández felicitaron al ingeniero Óscar por un trazo tan preciso; sin embargo, fue retirada para recibir las carreras más recientes, pues ahora los bólidos promedian 350km/h y requieren trazados distintos al de aquella curva peraltada.

Sin embargo, el ingeniero Óscar Fernández no sólo tuvo el placer de ver su tesis hecha realizad, además corrió en el autódromo con un auto que con sus propias manos diseño y construyó.

“Yo corrí en el autódromo con mi coche Azteca, llegué a ganar cuartos de milla con él, pero me tenía que costear todo y todavía era estudiante ¡me salía en un dineral! A puro pujido, pero corría”, bromea.

En 1986, con la llegada de la F1 al país, se rediseñó la pista y se repitió el proceso para 2015, con el regreso de la máxima categoría del Deporte Motor a nuestro país. “Excavando las capas de asfalto era casi como ver un sitio arqueológico desde 1959. Nos pudimos dar cuenta de que para iniciar los cimientos del Autodromo, no fue nada fácil, en especial el reto de construir sobre el lago”, agregó Christian Epp, quien se encargó del rediseño del nuevo trazado de un sueño de un estudiante que es hoy el epicentro del deporte motor nacional.

Mientas tanto, el ingeniero Óscar aún disfruta del sueño hecho realidad y entre recuerdos, comparte una visita guiada por su taller, en la Colonia Popotla de la Ciudad de México, donde además de la tesis, tiene otros tesoros: antiguos autos que con celoso cuidado ajusta y da servicio; gemas que cobran vida cada vez que enciende sus motores y sale a recorrer las calles de la capital.

Quizá el más apreciado para el ingeniero es este Cadillac Rojo.

“Este coche era de mi papá y los fines de semana me lo prestaba, me iba manejando al Bosque de Chapultepec o por Paseo de la Reforma; una vez, vi a una muchacha tan bonita, que la invité a ella y a sus amigas a pasear conmigo en el coche, aunque iba muy calladita.

«Con el tiempo, esa muchacha tan bonita se convirtió en mi esposa y cuando nos casamos, mi papá nos regaló el Cadillac, pero tuve que venderlo para comprar nuestra casa. Me dolió mucho pero tenía que hacerlo y pensé que algún día volvería a tener un Cadillac como ese. Muchos años después andaba buscando el mismo modelo, aunque no fuera el coche que me dio mi papá, yo quería arreglar uno y encontré que vendían un Cadillac que estaba medio destartalado, pero lo compré y entonces me di cuenta, por el número de serie del motor, que ¡ese era el coche que mi papá me había regalado!”, dice y sonríe de nuevo, con la añoranza de una juventud creadora de un legado histórico y el presente de una nostalgia llena de vivencias únicas.

OPINIÓN

D’Alessio: el diputado incómodo

KATYA LÓPEZ

Atletas, entrenadores o federativos no hicieron altas expectativas en el diputado Ernesto D’Alessio cuando fue nombrado como presidente de la Comisión del Deporte en San Lázaro; sin embargo, en lo que va de la LXIV Legislatura, el regiomontano estudió desde la Ley General de Cultura Física y Deporte, los estatutos de Federaciones Deportivas Mexicanas, el marco legal que rige al gremio y se erige como el contrapeso del deporte mexicano desde el Congreso de la Unión.

Su sorpresa ha sido tan grande como su descontento.

«El presidente Andrés Manuel López Obrador dic que no vamos a ser tapadera de nadie y en un acto de honestidad, jamás me imagine esto: el deporte es el lugar perfecto para hacer actos de corrupción y enriquecimiento: en él no puede intervenir el Poder Judicial porque las Federaciones dicen ‘yo soy una Asociación Civil y no puedes actuar contra mí’.

Yo le diría al presidente (AMLO): La corrupción no sólo se da en el gobierno, se da en el deporte, métase en el deporte, necesitamos su voluntad política, porque dentro de las Federaciones Deportivas Mexicanas hay intereses muy fuertes”.

Ernesto D’Alessio
Presidente de la Comisión del Deporte en el Congreso de la Unión.

Desde sus redes sociales, D’Alessio denuncia irregularidades y acompaña a atletas, como a los clavadistas, Campeones Panamericanos, Rommel Pacheco y Jahir Ocampo, quienes externaron ser excluidos de las últimas dos fechas de la Serie Mundial 2019 y también de los Juegos Panamericanos de Lima, Perú; o la también clavadista, Subcampeona Mundial, Adriana Jiménez, quien fue desconocida por la Federación Mexicana de Natación, en una comunicación dirigida a Ana Guevara, titular de la Conade, y que el organismo hizo público en redes sociales.

“En el caso de Rommel y Jahir les dijeron que en su lugar iría una nueva pareja en 3m sincronizado, para foguearla, pero ¿Y Kevin Berlín y Andrés Villareal que se ganaron su lugar, son una nueva pareja y no van a Serie Mundial? El criterio en trampolín de 3m no es el mismo que en plataforma de 10m. No tengo nada en contra ni a favor de nadie, sólo que sean justos”, agrega el legislador, quien se externa ante la decisión de Ana Guevara, titular de CONADE, de no intervenir en este caso.

“Me llamó la atención que Ana Guevara dijera que no intervendría en la vida interna de las Federaciones Deportivas, porque en 2008 se retió señalado que en la Federación Mexicana de Atletismo había corrupción e impunidad, ella misma utilizó esas palabras.

«A finales del año pasado, cuando fue diputada, tuvimos foros con atletas, no invitamos a directivos de ningún tipo y pedimos que el Canal del Congreso no transmitiera este foro para escucharlos libremente, para escuchar lo que ella ya sabe”.

Aunque D’Alessio no puede emitir denuncias contra funcionarios deportivos, acompaña a los afectados con asesorías jurídicas y ya avanza en casos concretos de taekwondo y ciclismo que incluyen hasta delitos contra el derecho humano del acceso a la cultura física; además, relata uno de los casos de justicia deportiva más inauditos que ha recibido.

“Se metió un recurso a la Comisión de Apelación y Arbitraje Deportivo porque la Asociación de Ciclismo de Nuevo León no mandó convocatoria para informar de su proceso electoral, a quienes tenían derecho de votar no les permitieron ingresar, pero votaron padres de familia y la CAAD apoya a la Asociación y a la Federación Mexicana de Ciclismo. ¡Es una joya! Pero del otro lado: en la Federación Mexicana de Natación, Kiril Todorov tiene más de cinco desacatos de la CAAD y según los estatutos de la propia FMN, con uno sólo es suficiente para ser desconocido…y esta señora Claudia Ruiz, resulta que tiene una agencia de representación de ateltas, los que van a las comeptencias, los maneja ella y allí hay conflicto de interés porque maneja las redes sociales de la FMN y de algunos de sus atletas, bueno, ya hasta me bloqueó”, expresa el legislador, quien propuso una iniciativa para tipificar el fraude deportivo.

“¿Quiénes van a un Mundial, Olímpicos o Panamericanos? Hay patrocinadores, dinero y negocio de por medio. Se intuye que se están arreglando para ver cuáles son los deportistas que van a ir a estas justas deportivas donde hay patrocinios de por medio (…) Es lamentable que en el deporte haya fraudes y deben ser castigados. Me llaman loco cuando levanto esta iniciativa que tiene capacidad de resolver muchos de estos problemas, pero sí puede cambiar las cosas que tipifiquemos el fraude deportivo, algo que no sólo comprende a los árbitros del futbol, es un tema muy amplio, hasta en decisiones técnicas sin sustento metodológico para determinar qué deportistas son o no seleccionados para asistir a una competencia”, aseguró.

Sus prioridades legislativas.

Para el diputado Enresto D’Alessio, en esta misma legislatura se deben resolver tres puntos.

  1. La creación del Consejo de Vigilancia Electoral Deportiva (COVED), el llamado instituto electoral de las Federaciones Deportivas Nacionales y Asociaciones Deportivas Estatales, que vigile la legalidad en los procesos de elección de los organismos.
  2. Tipificar el fraude deportivo en el Código Penal, lo que implica no sólo someter a vigilancia a los árbitros de futbol o la posibilidad de amaño, sino también las decisiones técnicas para conformar selecciones nacionales.
  3. Que la Comisión de Apelación y Arbitraje Deportivo sea vinculante y tenga coercibilidad, para que tenga intervención directa del Poder Judicial y se emitan sanciones en lugar de extrañamientos o exhortos que no tienen repercusión en el ejercicio diario del deporte nacional.
Historias aleatorias

Don Lupe

KATY LÓPEZ

Extraño mucho a Don Lupe. Cada fin de semana, escuchar su voz, mientras caía el sol, era el preámbulo de vivir un dulce cierre de jornada.

Cada sábado y domingo, el señor Guadalupe Vicents llegaba con su charola llena de los dulces más tradicionales de la Ciudad de México: los merengues, hechos a base de claras de huevo y azúcar; los muéganos, que son una ruedita armada de pequeños cuadritos de harina dorada, cubiertos de dulce piloncillo; gaznates que son unos tubitos dorados rellenos de merengue; y, en ocasiones especiales, las duquesas, una tortillita muy delgada hecha a base de coco dorado, relleno de merengue blanco.

Don Lupe pasaba por el barrio gritando “Merengueeeeees, merengues, muéganos y merengueeeeees”. Al escucharlo, yo ya tenía en las manos mi platito y en mi mente una larga lista de un pedido para una familia en la que regularmente se pedían dos piezas por persona.

Me hacía tan feliz ver a Don Lupe, porque entonces yo guardaba un muégano para comerlo entre semana y así no hacer tan amarga la espera de volvernos a encontrar.

Los maestros dulceros como Don Lupe tienen más de 100 años de hacer tradición en México y, entre los protocolos que estamos acostumbrados a hacer con ellos está el del ‘volado’: sacar una moneda, elegir entre águila o sol y si el comensal gana, no paga, pero si el mueganero gana, se podría hasta pagar el doble.

Pero con Don Lupe no era necesario echar volado. Tan pronto terminaba su entrega, él hacía sus cuentas y apoyaba esa charola de un metro de largo sobre su cabeza. Yo le pagaba y mientras él sacaba el cambio de un bolsillo, con la otra mano le agregaba a mi pedido tres o cuatro piezas más.

Él era un virtuoso en la preparación de esos dulces. No he vuelto a probar otros quizá tan comunes pero tan exquisitos y ahora, entre los momentos rutinarios de la vida, los que uno piensa que jamás acabarán, me arrepiento de nunca haber sacado mi cámara para tomarle una foto a su trabajo (entonces ni existían los ‘celulares inteligentes’). La charola misma era un asomo a una galería de colores radiantes.

Una tarde de verano llovió tan fuerte, que el señor Lupe se resguardó bajo la techumbre de la entrada, en la casa de mi abuelita Elvira. Mi papá lo invitó a pasar y le ofreció un café mientras terminaba de llover. Para él era tan importante resguardar su persona, como sus delicados dulces. Los merengues, no sólo con las gotas de lluvia pueden romperse, tan sólo la humedad los hace chiclosos y poco apetecibles. Allí entendí que Don Lupe hacía artesanías comestibles y hasta ponerlos en esa charola implicaba protegerlos de su fragilidad.

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A Don Lupe lo apreciaba toda la familia y él, un hombre cariñoso y agradecido, también nos quería mucho. A mis papás los invitó a la boda de uno de sus hijos. Una ceremonia hermosa, llena de flores, abundancia y alegría. De los merengues y los muéganos se hizo de una casa hermosa y una familia con hijos que estudiaron licenciaturas, cosa que le daba una inmensa alegría.

Lo que más me agradaba de Don Lupe era que siempre supo mi nombre. A mi hermana y a mí nos confundían regularmente; cosa que me parece imposible, porque, aunque sólo tenemos 2.5 años en diferencia en edad, cuando éramos niñas, mi hermana era casi 30 centímetros más pequeña que yo, su complexión delgada era inconfundible y aun así, era regular que a ella le dijeran ‘Katy’, pero no Don Lupe.

Don Lupe era tan dulce como sus merengues. Siempre me preguntaba cómo iba en la escuela, qué había aprendido esa semana, o cuál era mi materia favorita, mientras ponía sobre mi pedido el pilón de cuatro piezas más y yo le renegaba. “No Don Lupe, por favor, se los pago, cómo cree”, pero él no escatimaba y con la misma dulzura de sus postres, se negaba a aceptar el pago extra.

Un día, recuerdo, llegó un poco avergonzado. Tenía pocos muéganos, algunos gaznates, pero los merengues estaban casi completos. “Se me pasaron un poco en el horno”, me dijo. Tenían las orillitas quemadas y me dio tanta tristeza que no se le vendieran, que le pedí dos para mí y dos para mi abuelito. Al probarlos, esta textura entre dorada y chiclosa me gustó tanto, que al otro fin de semana le dije que eran aún más ricos así. Desde entonces, Don Lupe siempre procuró tener para mí un merengue un poco quemadito.

Don Lupe recorría todos los callejones de la colonia. Pasaba por las casas de mis dos abuelitas, de mis tíos, de mis primos. Todos comprábamos sus postres. A veces, los domingos, cuando mi tío Héctor vendía carnitas, en el callejón donde vive mi abuelita Socorro, Don Lupe se quedaba a platicar un poco, comía unos tacos y seguía el trajín de la venta, hacia el callejón en donde vivía mi abuelita Elvira.

Cada fin de semana me vio crecer cada vez que abrí la puerta. Don Lupe supo cuando entré a la secundaria, lo mucho que me gustaba jugar basquetbol, llegar a la prepa, estudiar periodismo, maquillarme, arreglarme, convertirme en mamá y hasta ser periodista. No me lo dijo, pero cuando le hablaba de todas las cosas nuevas que aprendía y de lo mucho que el mundo me ha asombrado, veía en sus ojos el fulgor alegre que se extendía de mi felicidad hacia la suya.

En los últimos años que abrí la puerta para dar la bienvenida a sus deliciosos postres, escuchaba lo mucho que tosía. “Es por freír el muégano y dorar el azúcar”, me decía. Los dulces que le daban trabajo, también le envenenaban el aliento.

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Mi abuelito es, creo yo, quien inculcó en mí el gusto por los postres. Con él entendí que la mejor recompensa a un arduo día de trabajo era un dulce bien hecho. Cuando fue muy mayor, le costaba trabajo morder los muéganos, así que empezó a pedir merengues y ya, al superar los 80 años, los comía un poquito más despacio, pero con el mismo gusto.

Al saber eso, Don Lupe y ver que dos pequeñitos vivían en casa, empezó a hacer merengues en vacitos de plástico, para que mi abuelito no se ensuciara con las moronitas que dejaban los merengues que vendía en forma de rollito y para que los bebés pudieran comer su merengue sin preocuparse por ensuciar nada.

Allí, inventamos un juego nuevo: empezamos a batir más el merengue en el vacito, para que, según nosotros, esponjara más, pero la verdad creo que era un pequeño ritual para que nos rindiera el gusto.

Un fin de semana, era lluvioso, no llegó y para todos fue una tragedia: no teníamos con qué aminorar la amargura de empezar una semana de escuela y de trabajo. Así pasó casi un mes, cuando, como un radiante destello, volvimos a escuchar su grito. “Es que estuve un poco enfermo de la gripe”, me dijo, al reincorporarse a esa cita no agendada, pero que todos en el barrio sabíamos que tendríamos con él.

Extraño mucho a Don Lupe. Nunca pudimos despedirnos. Simplemente no fue un fin de semana y me quedé con mi platito en las manos, esperando que quizá su enfermedad lo liberara. Pasó otro fin más y nada, y hasta el día de hoy añoro tanto los muéganos, los merengues, los gaznates, las duquesas…todo aquello era el cierre de una especie de rito que iniciaba con su voz lejana, su actitud alegre, su amabilidad continua y la promesa de que, aún en la peor situación, siempre hay una bocanada de un dulce momento por disfrutar.

Relatos 'off the record'

El hombre de la sonrisa eterna

KATYA LÓPEZ

Sus ojos se reducían a dos breves y radiantes líneas, rodeadas de pequeñas arrugas que se plisaban a razón de una amplia sonrisa, honesta y contagiosa. Allí estaba él: con sus 1.64 metros de estatura, con sus brazos delgados y fuertes como sus piernas, con el brillo intenso de su alegría, aún mayor que el radiante reflejo de sus cuatro oros mundiales, sus dos oros olímpicos, sus victorias históricas y sus récords mundiales en el Maratón de Berlín. Aún más grande que todo ello, allí estaba él: Haile Gebrselassie, el hombre de la sonrisa eterna.


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HONOR. Gebrselassie llegó como embajador del MaratónCDMX.

“Yo antes corría para vivir”, dijo ante Las Puertas del Infierno del escultor Agust Rodin, en el Museo Soumaya de la Ciudad de México, ante más de 200 personas que con sus celulares grababan cada palabra, tomaban cada foto y lo veían a través de la pantalla del móvil. Haile llegó como embajador del MaratónCDMX a platicar, entrenar y compartir su vida en las carreras.

“Sí, antes corría para vivir, porque correr me daba la oportunidad de competir, de ganar carreras, de ganar premios, de llevar dinero a casa, de tener patrocinios…antes corría para vivir, pero hoy corro para no morir ¡En serio! Ahora corro por mantener mi cuerpo saludable; cada día que no salgo a correr es un día que le hago un daño a mi cuerpo y quiero invitarlos a disfrutar esta forma de vivir corriendo”, agregó con una voz tan sueva como un murmullo, como si nos compartiera el secreto de su felicidad.

Allí estaba él, entre autógrafos, entrevistas, aplausos, flashes, reflectores y selfies. Nada le quitaba la auténtica y paciente sonrisa y entonces, concedió su tiempo a algunos privilegiados para sentarnos frente a frente y platicar con él.


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Esperé mi turno, mientras me hacía muchas preguntas: ¿Cómo un niño de cinco años corría 10 kilómetros para llegar a la escuela? ¿Cómo le robaba la radio a su padre y huía al campo para escuchar las finales olímpicas de Moscú 80 y el triunfo de su inspiración, Mirus Yifter? ¿Cómo su padre por eso les golpeaba a él y a sus nueve hermanos, hasta tres veces al día? ¿Cómo es que su padre creyó en él hasta que fue Campeón Mundial de 10,000m (Stuttgart 1993)? No por el oro sobre su pecho, sino por el auto que le regalaron por la victoria, el primer coche que tuvo la familia. ¿Cómo platica de todo ello mientras sonríe? Y cómo, la única vez que el mundo vio lágrimas en su rostro, fue porque lloró de alegría cuando ganó su primer oro olímpico en los 10,000m de Atlanta ‘96. ¿Cómo, de trabajar en los campos, se convirtió en un prominente hombre de negocios, con hoteles y agencias de automóviles en Etiopía?

Allí esperaba, silente, emocionada, reflexiva. Llegó el momento de hablar con el hombre que rompió 27 récords mundiales, desde 1,500m hasta el maratón. Allí estaba él, sonriente. Me saludó, nos presentamos e inició una charla tan inusual como asombrosa; una clase de historia contada por un histórico:

-Es increíble lo lejanos que están nuestros países y lo mucho que estamos vinculados, ¿No cree señor Gebrselassie?

¡Sí, es impresionante! Puedes llamarme Haile, si quieres. En Etiopía le tenemos un cariño muy especial a México y tenemos tanta gratitud con este país, que hasta tenemos una Plaza México en nuestra capital, Addis Abeba.

¿En verdad? ¡No lo sabía!

Ha

Sí. Fue porque a mediados de los 30, Benito Mussolini invadió Etiopía, que era de los pocos países libres de África, entonces casi todos eran colonias europeas y aunque el entonces Emperador de Etiopía, Haile Selassie, acudió a la Sociedad de Naciones Unidas a acusarlo, nadie lo apoyó, nadie dijo nada, nadie excepto ¿quién crees?

¿¡Quién!?

Nadie, excepto ¡MÉXICO! México fue el único país del mundo que públicamente condenó la ocupación en Etiopía y por eso, cuando Etiopía fue libre, en agradecimiento, el Emperador Halie Selassie mandó a construir la Plaza México.

– ¡No sabía que tuviéramos una plaza allá! ¿Pero sabe qué?

– ¿Qué?

Allá por los 40, cuando Etiopía fue libre, el Emperador Selassie vino a México a agradecernos el gesto de solidaridad y aquí en la Ciudad de México inauguró la Plaza Etiopía. La ciudad creció, se modernizó, se construyeron las líneas del metro y justo bajo la Plaza Etiopía se instaló la estación que hoy lleva ese nombre: ETIOPÍA; en los andenes está la placa del día en que el Emperador estuvo con nosotros.

¿Ves? ¡Yo no sabía eso tampoco! Hoy yo te conté algo nuevo y tú me cuentas algo nuevo a mí. Lejos, pero nos apreciamos México y Etiopía. Si a eso le agregamos que hace cincuenta años aquí en México un etíope, Mamo Wolde, ganó el maratón de los Juegos Olímpicos, pues con más razón México nos trae buenos recuerdos.

Y qué mejor que recuerdos de correr.

Nada mejor que correr, que apoyarnos y apreciarnos.

Hablamos de correr, de consejos para entrenar, de la calidad de vida que merece nuestro cuerpo y al final, nos despedimos en un abrazo cariñoso.

Llegué a la cita reflexiva y nerviosa, pero salí llena de energía, sonriendo.

Al día siguiente, Heile Gebrselassie compartió un entrenamiento en el Bosque de Chapultepec con algunos de los participantes en el Maratón de la CDMX, casi impreceptible, de no ser porque el mundo se rinde a su nobleza y su alegría.


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OPINIÓN

¿Qué le depara al MaratonCDMX?

La inercia de este evento provocó la creación de nuevas carreas de 42k en el país; tan sólo en 2019 se correrá una cifra récord de 31 maratones en México.


KATY LÓPEZ

Las expectativas en la edición 2019 del MaratonCdMx son altas. Después de la inercia que lo lanzó a un éxito inédito. la Etiqueta Oro de la IAAF, la Etiqueta Ever Green y mantenerlo como el maratón con más finishers del país, son el cartel para el evento que se realizará bajo una nueva administración con Rodrigo Dosal, frente al Instituto del Deporte CDMX, organismo que hasta hoy coordina la carrera.

El listón es muy alto y la curiosidad entre corredores y fanáticos de esta prueba sólo lleva a una pregunta: ¿Qué le sigue al evento?

La prueba se realizará el domingo 25 de agosto y para la IAAF, esta edición arranca con la Etiqueta Oro en su poder, pero en este año deberá cumplir los parámetros y calificar para mantener el estatus en la edición del 2020.

MaratonMex68

Aunque conserva la tradición de realizarse el último domingo de agosto, ya aparece el primer cambio: no mantendrá la misma ruts, pues culminó el convenio con la UNAM para que la meta fuera al interior del Estadio Olímpico Universitario y hasta hoy, Dosal no ha confirmado que busque renovar este trato. Por el contrario, fuentes cercanas a la Universidad ratifican que no hay intención de abrir las puertas del inmueble para recibir a los corredores este año y, también comentan, que la carrera generaba una serie de logísticas que demandaban apartar el estadio por casi una semana.

La propuesta más fuerte para la edición 2019 es realizar la carrera en sentido opuesto a la ruta original, es decir: con salida alrededor del Estadio de CU y llegada en el Centro Histórico. Esta idea se analizó en años anteriores, al considerar que con el cambio, la altimetría beneficiaría en los primeros 10k a los participantes y haría más ligero el trajín de los últimos 15 kilómetros, no como fue en los seis años anteriores: con la dificultad de ir en la última etapa de la carrera con profunda fatiga, calambres y en ascenso hacia el Estadio.

Aunque no es un hecho que la ruta tenga salida en Ciudad Universitaria, sí se considera que los corredores crucen la meta en el primer cuadro de la CDMX.

XXXV Maratón Internacional de la Ciudad de México

Pensando más allá de la situación del corredor, en temas de logística, sólo el cambio de sentido pone en jaque a la CDMX. En los seis años anteriores, al salir del primer cuadro de la capital a las 7:00am, se hacía aperturas parciales de la ruta, para que la Zona Centro se liberara antes del mediodía y, de forma escalonada, se retiraran las vallas en áreas como: Tepito, Av. Reforma, Polanco y algunos tramos de Av. Insurgentes. Sólo el sur de este trazo quedaba cerrado hasta las 3:30 o 4:00pm.

Pero en 2019 ¿Cómo sería cerrar el Centro Histórico (además de un tramo del Eje Central, por ejemplo) en ese horario? Se requiere de una difusión continua de los cierres viales y de generar una cultura deportiva que sustente la paciencia de quienes no van a participar de ninguna forma (aquellos que no son corredores, ni voluntarios, ni tienen un familiar ni amigo que lo sea) para creer que el MaratónCdMx vale la pena el tráfico.

En la década de los 80, cuando se realizaron sus primeras ediciones, el Maratón de la Ciudad de México tenía salida y meta en el Autódromo Hermanos Rodríguez, opción que hasta ahora no figura entre la logística para 2019.

La identidad, el lema, la medalla son aún un misterio. Lo que sí reitera Dosal es que será un evento con un sentido social mucho más exaltado que en otras ediciones.

MaratonMEXICO

Recordemos que en seis años, se corrió por MÉXICO y que cada letra fue una medalla que se enfocó en una causa: M: Mujer; E: Ecología: X: Música; I: Innovación Tecnológica; C: Culturas Prehispánicas; O: Olímpicos (para conmemorar además el 50 aniversario de los Juegos de 1968).

En seis años, el MaratonCDMX generó una tendencia con repercusiones interesantes. El estadístico, especialista en atletismo, Luis Pineda comparte un comparativo de los 29 maratones que se corrieron el año pasado. El MaratonCDMX fue el que tuvo más participantes inscritos con 38 mil 336 corredores; la sinergia de este evento y las estrategias para posicionarlo en el gusto de la gente provocaron una especie de boom maratónico que se tradujo en la creación de cinco nuevas pruebas de 42k tan sólo en 2018: Puerto Vallarta, Jalisco; Xalapa, Veracruz; Tampico, Tamaulipas; La Paz, Baja California Sur; o Villahermosa, Tabasco vieron en sus calles el debut de un maratón.

Mientras otros siete casos: Tehuacán, Puebla; Ciudad del Carmen, Campeche; Querétaro, Querétaro; Celaya, Guanajuato; Ciudad Victoria, Tamaulipas; Los Mochis, Sinaloa; o Hermosillo, Sonora, tienen maratones que nacieron después de la nueva era del MaratonCDMX; es decir: con menos de cuatro años de existencia y mucho de su existencia responde a todos aquellos participantes que desean vivir la experiencia de correr un maratón, sin salir de su entidad.

Con un costo de inscripción de 650 pesos, el MaratonCDMX era el segundo más caro del país y el precio podía elevarse 500 pesos si el participante decidía correr con causa por medio de las fundaciones afiliadas al evento, para que ese excedente se usara como donativo al objetivo de estos organismos, que tienen desde fines ecológicos, cuidado a la niñez o reinserción social para personas en estado de reclusión.

Aunque el Gobierno Capitalino persiste en que la meta es conservar las etiquetas y certificaciones, hoy es aún más difícil de lo que fue en 2018. La IAAF pide ahora tener en el evento a corredores aún más rápidos (y por ende que cobran aún más caro) que en 2018; los patrocinadores que se involucraron por seis años no se quedaron en el barco de esta nueva aventura y quienes sí lo hicieron redujeron su aportación financiera, a razón de la incógnita de lo que el gobierno capitalino hará con el evento.

Javier Carballo es el director general del MaratónCDMX y ya lo era en la pasada administración. Carballo es una de las menos de 2 mil 500 personas en el mundo que ya completó los seis majors (es decir: que corrió toda la ruta de los maratones más importantes del mundo: Nueva York, Chicago, Berlín, Londres, Tokio y el único que pide marca de clasificación: Boston). Su experiencia como maratonista y como organizador del evento le dan un aliento al rediseño de la carrea que ya enfrenta el reto de ser aún más grande de lo que fue en sus últimos seis años.

UN DATO

¿Cuál es el más antiguo?

El Maratón Rover es el más longevo de México. En 2019 vivirá su edición 65; lo que significa que cinco años antes de los Juegos Olímpicos de México 68, el Maratón Rocer fue el primero que se realizó en México. La carrera sale del sur de la CDMX y tiene como meta Cuernavaca, Morelos. Su nivel de exigencia incluye correr por carreteras, montaña en ascenso y descenso, llanura y calles y no concede premiación económica. En 2018 tuvo 528 finalistas.