REPORTAJES

Septiembre Negro: el día en que olimpismo se manchó de sangre.

“Seguro son festejos de algún tirador de México que algo anda festejando”. Esa fue la conclusión a la que llegó Pedro Aroche al escuchar disparos en el edificio vecino. Era la madrugada del 5 de septiembre y nadie imaginó que esa jornada amanecería con la herida más profunda en la historia del deporte olímpico.

Salió el Sol y con su luz se reveló la realidad. Pedro despertó y supo entonces que a unos metros de su habitación, se perpetró el primer atentado terrorista en terrenos deportivos: en la Villa Olímpica de los Juegos de Munich 1972, el grupo Septiembre Negro secuestró a atletas de la Delegación de Israel, en busca de que se cumplieran sus demandas.

El grupo Septiembre Negro entró camuflado como atletas a la Villa Olímpica.

“Yo la verdad pensé que era algún mexicano que andaba alegre y por eso había hecho eso, porque hay deportes como el pentatlón o el tiro deportivo donde usan armas y entonces si eran de fuego ¡pero nada que ver! Luego vimos que no era nada de eso, sino el ataque de los fedayines”, recordó el ex marchista Aroche, hoy entrenador de caminata.

Aroche (tercero) fue parte de la generación más competitiva de la marcha mexicana.

Los Juegos de Munich 1972 fueron su debut olímpico. “Tenía poco tiempo de trabajar con el profesor Jerzy Hausleber, yo nunca había ido a Europa y menos a un país tan fregón como Alemania, pero sí sabía que el conflicto de israelitas y palestinos tiene mucho tiempo, siempre han sido enemigos, pero lo que todavía no sé es cómo se colaron a la Villa Olímpica”, confesó.

La Guerra Fría estaba en su apogeo y esta secuela de la II Guerra Mundial mantenía dividida a Alemania. Munich, capital de Baviera, al sur de la Alemania Occidental, recibió los Juegos en una era en la que no se pensaba, ingenuamente, que el deporte pudiera ser el blanco de movimientos políticos o sociales.

Pero ambas Alemania (Occidental y Oriental) coincidían en dos cosas: borrar de la memoria mundial el racismo que lastimo a la comunidad judía, hasta mediados del Siglo XX y resarcir la imagen que imperó en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, cuando Adolfo Hitler fue anfitrión de la justa y pretendía evidenciar sus creencias de una presunta “supremacía aria”, sobre el resto de las razas (mensaje que no salió tan bien considerando al legendario atleta afrodescendiente Jesse Owens que ganó tres oros olímpicos en esos Juegos).

Así, el Comité Organizador de Munich 1972 se esmeró en mostrarse más amigable y empático…hasta redujo los controles de seguridad, para no “militarizar” los Juegos y ese hueco en la estrategia fue la puerta por la que entró el terrorismo al mundo olímpico.

El grupo Septiembre Negro conoció cada rincón de la Villa Olímpica, con apoyo de movimientos neonazis y, la noche del 4 de septiembre de 1972, vestidos con ropa deportiva, cruzaron la barda hacia la Villa (algo que frecuentemente hacían los atletas por las noches para evitar los regaños de los pocos guardias). Cuando competidores estadounidenses los vieron saltar, les ayudaron a pasar, sin conocer sus intenciones.

El grupo llegó a las habitaciones de los deportistas de Israel. El entrenador Moshé Weinber escuchó que abrían la puerta de su cuarto, al levantarse inició el forcejeo y antes de ser asesinado, alertó a los deportistas; nueve escaparon, entre ellos, un conocido del marchista Aroche: Shaun Ladany de 36 años de edad, un atleta que le tenía especial cariño a México porque en nuestro país vivió su debut olímpico.

“Se la pasaba mucho con nosotros. Le gustaba juntarse con los mexicanos. Era un marchista ya grande para esa época. Nos contó que cuando era niño le tocó estar en un campo de concentración, perdió a mucha de su familia, pero sus papás y él sí sobrevivieron. El día antes de que todo eso pasara, acababa de competir en los 50km de marcha (culminó en el sitio 19). Ya estaba dormido y se alcanzó a escapar de su cuarto porque se aventó desde el segundo piso, cayó en un jardincito, unos arbustos y cosas así…total que él fue corriendo a avisar a los guardias”, recordó Aroche de los Monteros.

Ladany siguió practicando caminata hasta después de los 80 años.

Ladany corrió por auxilio a los guardias que no estaban preparaos para lo que después supieron nombrar: un ataque terorista.

El grupo secuestró a los hebreos para demandar la liberación de 234 prisioneros palestinos en cárceles israelíes, además pedían liberar a dos integrantes del Ejército Rojo, apresados en Alemania. La toma se consumó a las 6:00 horas y aunque Alemania accedió a la petición que les correspondía, a las 11:15 el Gobierno de Israel dijo que no negociaría con ellos, lo que dejó en entera responsabilidad al gobierno alemán (que mundialmente todavía era sojuzgado por el Holocausto provocado por Hitler contra la comunidad judía en Europa).

Hasta las 15:30 horas el Comité Olímpico Internacional suspendió la justa y a las 18:00 horas, el grupo terrorista pidió un avión para volar a El Cairo, Egipto y allí presionar la negociación.

Las autoridades alemanas hicieron creer que cumplirían las demandas, pero en el aeropuerto instalaron un contraataque para eliminar a los terroristas.

Accedieron a llevarlos en helicópteros al aeropuerto, pero en un operativo mal logrado, con cinco francotiradores instalados en el aeropuerto iniciaron los disparos en los que fallecieron todos: terroristas, policías germanos y atletas rehenes: los luchadores Eleizer Halfin y Mark Slavin; los pesistas Ze’ev Friedman, David Berger y Yosef Romano; los jueces Yakov Springer y Yosef Gutfreund, con los entrenadores Kehat Shorr, Andre Spitzer y el técnico de Ladany: Amitzur Shapira.

“Había poca comunicación en ese tiempo. Ni mi familia ni nadie en México se enteró de inmediato de la situación, nosotros mismos que éramos vecinos del equipo de Israel descubrimos qué estaba pasando ya en la tarde y al siguiente día fuimos al estadio olímpico a dejar flores y guardar un minuto de silencio en nombre de la delegación israelita”, agregó el hoy técnico de las pruebas atléticas de ruta.

Ese fue el primer capítulo en que el olimpismo se manchó de sangre, en medio de una dolorosa lección de desconfianza y hostilidad, en el epicentro de un movimiento olímpico promotor de la hermandad.

REPORTAJES

Campeón Olímpico, Estrella de cine…¡y caballo!

KATY LÓPEZ

El podio olímpico concede un brillo especial a quien lo toca. Los reflectores se postran sobre aquellos que alcanzaron las máximas alturas del esfuerzo y, en afortunados casos, algunos cautivan la lente y la fama de sus hazañas llega hasta la pantalla grande.

Por ejemplo: el nadador Johnny Weissmüller ganó cinco medallas olímpicas en natación y una más en waterpolo, entre los Juegos de Ámsterdam 1920 y París 1924, para después convertirse en actor. Entre sus filmes más famosos, protagonizó ‘Tarzán’. Pero éste húngaro naturalizado estadounidense no fue el único que saltó del olimpismo al set de filmación, también lo logró un integrante del deporte ecuestre británico, en específico, un caballo.

Él fue Conrnishma V, un equino nacido en 1959 que a los cinco años de edad fue descubierto por Paddy Bruke como un elemento con potencial suficiente para realizar la competencia más desgastante del deporte ecuestre en los Juegos Olímpicos: la Prueba de los Tres Días y lo convocó a hacer binomio con la persona más joven del equipo británico: Mary Gordon-Watson.

Pero, para ser honestos, Cornishman V tenía el talento pero no la forma; el ágil caballo estaba un poco ‘pasado de peso’ y antes de pensar en subir de clase o ir a unos Olímpicos, debía iniciar una vida fitness. Tal como cualquier humano, después de arduos entrenamientos y una dieta balanceada, el caballo fue seleccionado para competir en los Juegos de México 68, aunque todo estaba listo para viajar al otro lado del mundo, una dura decepción llegó para Cornishman: su amazona Mary no lo acompañaría en esta aventura porque en un entrenamiento cayó y se fracturó una pierna.

A pesar de viajar sin su querida Mary, el caballo llegó a la Ciudad de México y en los Olímpicos ganó la medalla de oro por equipos con una de las leyendas del deporte británico: Richard Meade, el jinete más exitoso del Reino Unido, que cosechó en su historia tres oros olímpicos y el primeroellos lo obtuvo en la capital mexicana.

Esa primera hazaña fue gratificante para todos, pero, tan pronto pudo, Mary regresó a entrenar y con Cornishman V ganó el Campeonato Europeo individual de 1969 y el oro por equipos en el Mundial. Para los Olímpicos de Munich 1972, Cornishman V retuvo el título por equipos y en esa ocasión lo logró con su querida amazona Mary.

Aunque al año siguiente se retiró de las competencias, seguía en excelente forma atlética y su noble pero valiente carácter, con su percha y galanura le abrieron las puertas del Séptimo Arte y así inició su carrera como estrella de cine. En 1974 apareció en el thriller de Dick Francis ‘Dead Cert’ y en 1978 compartió escena con actores tan destacados como los mismísimos Anthony Hopkins y Christopher Plummer, ganadores del Premio Óscar, en la película en ‘International Velvet’.

El glorioso Cornishman V disfruto de la gloria olímpica y de los reflectores en el set. En 1986 dio sus últimos respiros, después 27 alegres veranos en los que el equino construyó un prestigio inigualable para cualquier corcel olímpico.

REPORTAJES

Armando Fernández: mexicano, waterpolista…¡y medallista olímpico alemán!

Quienes saben de polo acuático coinciden: Armando Fernández fue un ‘Pelé’ bajo agua. En la década de los 80, el mexicano fue nombrado Mejor Jugador de Europa, ganó cuatro ediciones de la Champions League, una Copa del Mundo y una medalla olímpica… y todo eso lo hizo con Alemania.

En un momento en el que los germanos necesitaban, por sobre todas las cosas, sentido de pertenencia e identidad, el waterpolo concedió orgullo y alegría a una nación que atravesaba por una de las etapa más duras de la historia mundial y entre la estela acuática, Armando concedió con sus brazadas un brillo especial a esa historia.

El desarrollo internacional de Armando comenzó en los 70 y en México. Tenía 17 años cuando compitió justo en Alemania, en los Olímpicos de Munich 1972 y desde entonces llamó la atención al ser un delantero aguerrido.

Para Montreal 1976, la selección mexicana de waterpolo alcanzó el nivel mas alto de su historia y con Armando llegó al Top 10 olímpico; entonces iniciaron para él las ofertas internacionales: desde Estados Unidos, hasta Alemania, pero solo una lo convenció: Hungría.

“Me fui a Budapest porque allá está mucho del mejor waterpolo del mundo y para mí era muy importante mejorar mi nivel y lo lograría si estaba en el mejor que existe. Estuve un año y alterno estudié para entrenador, después regresé a México para incorporarme con la Selección Nacional”.

El equipo se alistaba para jugar el Campeonato Mundial del 1978, que sería en Berlín. Armando descubrió que el destino lo llamaba a Alemania y hasta ese momento aceptó la invitación del entrenador croata Alfred Balen. “Le dije: ‘acabando el Mundial ya no me regreso a México y me quedo a jugar contigo aquí en Berlín’”.

Entonces el mundo estaba dividido en dos: entre azul y rojo, entre capitalismo y socialismo, a causa de la Guerra Fría liderada por Estados Unidos y la Ex URSS (Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas) y Armando eligió vivir en el epicentro de la hostilidad: el Berlín Occidental, su emblemático Muro y su equipo de waterpolo: el Wasserfreunde Spandau 04.

“En Berlín yo era un elemento raro e interesante. No había muchos extranjeros de Latinoamérica en Berlín. Estábamos rodeados de rusos, con una fuerte situación política, la Cortina de Hierro y ese rollo, pero para mí fue favorable porque yo tenía muchas oportunidades de crecer«, recuerda el ex tritón quien sigue viviendo en la capital germana.

En México era delantero, pero en Berlín jugué de medio y me quedó bien esa posición; por mi lectura del juego podía vincular las estrategias de ataque y apoyar en defensa. Tuvimos un equipo diferente a todos los demás porque había un sabor latino y eso nos valió los éxitos no solo en Alemania, sino en toda Europa. Así comenzó la historia”.

Una historia de éxito que dio a los berlineses motivos para sonreír en la adversidad. En sólo un año, el Spanadou 04 era Campeón Nacional. En 1981 Armando fue nombrado el Mejor Jugador de Europa y en 1982, tras ganar su primera de cuatro Champions League (porque después se llevó las de 1985, 1986 y 1988), lo llamaron a la Selección Germana; acto curioso pues la propia Alemania, aunque dividida por el Muro de Berlín, en Este y Oeste, unificaba al talento que florecía en su tierra, sin importar que hubiese nacido al otro lado del mundo.

“Me invitaron porque en México ya se había desintegrado el waterpolo. Hubo cambios desfavorables y eso me hizo tomar en cuenta naturalizarme. El proceso fue largo, pero por fortuna logré participar en los Juegos Olímpicos Los Ángeles 1984, donde jugamos de tú a tú contra Yugoeslavia (oro) y Estados Unidos (plata)», agrega Armando, quien entonces, a sus 29 años de edad, era el más veterano en la selección germana.

“Es un orgullo ser medallista olímpico. El que fuera con Alemania prácticamente fue parte de la situación en la que estaba. Yo ya era parte de Alemania, de Berlín, del equipo y la Selección, por eso lo viví como si hubiera sido mi país”.

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Selección Nacional Alemana que ganó bronce en los Olímpicos de Los Ángeles 1984. (Armando en flecha roja).

En una época de un mundo dividido, una Alemania separada y hasta un Berlín fragmentado, Armando, con los éxitos del Wasserfreunde Spandau 04 y de la Selección Germana, cubrieron en la ciudad y después en el país una necesidad básica: sentido de identidad, un motivo de orgullo y la unidad cálida que hacía falta en el eje medular de la Guerra Fría.

Cuatro años después del podio olímpico, el mexicano-germano jugó en Seúl 88 y culminó en 4º sitio. Al año siguiente, el 29 de noviembre de 1989, allí estuvo Fernández, ante la caída del Muro de Berlín.

“Todo sucedió de madrugada y en esa época estábamos concentrados en los entrenamientos para empezar la temporada, por eso me enteré hasta la mañana siguiente que llegamos a una práctica con un equipo invitado de Yugoslavia, pero ninguno de esos jugadores se presentaron y les preguntamos por qué no habían llegado ¡ellos nos contaron todo! Fue una locura”.

Hoy Armando busca hacer un filme de la historia de su equipo, el que unificó a una ciudad, dio orgullo a un país y derribó las barreras ideológicas antes de que cayera ‘La Cortina de Hierro’… todo esto con el mejor waterpolista mexicano, apoyando la estrategia hacia éxito germano.

 

También brilló con México

Antes de jugar por Alemania, Armando Fernández hizo brillar al waterpolo mexicano y uno de los momentos que más encumbró su carrera fue justo su adiós inesperado y su despedida de ensueño.

Era el 20 octubre de 1975 y Armando estaba en la Alberca Olímpica ‘Francisco Márquez’ de la Ciudad de México, parado frente a 15 mil personas, pues con la Selección Nacional de Polo Acuático recibiría el oro de los Juegos Panamericanos, tras vencer a Cuba en la final por 7-5.

Armando hizo cinco de los siete goles en ese partido y fue nombrado el mejor jugador y máximo goleador del torneo. Esa fue la última vez que compitió en su tierra y la última en que cantó el Himno Nacional. Se fue en grande.

 

 

REPORTAJES

“Mi hermano Luz”

Ésta es la historia de una hermandad que superó la competitividad, la guerra y la muerte. Esta es la historia de los hermanos Jesse Owens de Estados Unidos y Luz Long, de Alemania.

Jesee Owens fue el ‘Usain Bolt’ de la década de los 30. Owens -nieto de un esclavo e hijo de un obrero- vivió el auge de la segregación racial en Estados Unidos y pese a ello, destacó en el atletismo.

Compitió en los Olímpicos de Berlín ’36 y se convirtió en el ícono anti-nazi en la Alemania gobernada por Adolfo Hitler*, al conquistar cuatro oros olímpicos en las pruebas de: 100m, 200m, relevo 4x100m y, el más difícil de todos, salto de longitud; competencia en la que encontró a su hermano.

Jesse llegó a Berlín como el recordista mundial de salto largo con un registro de 8.13 metros -marca que no se rompería por 25 años- y durante los Juegos enfrentaría al favorito: el alemán, Campeón Europeo, Luz Long.

En la ronda clasificatoria, Jesse falló el primero de sus tres intentos, luego falló el segundo y postrado en la arena de la fosa, se quedó meditando unos segundos. Un foul más y el ‘recordman’ quedaría fuera.

Cuando Jesee se levantó, el saltador Luz Long se atravesó en su camino y le dijo que cambiara ligeramente la técnica, Jesse hizo caso, clasificó a la final y allí ganó oro…¡por encima de Luz Long! Según Jesse, logró el título olímpico gracias al consejo de Long, con quien desde entonces inició una estrecha amistad.

Aunque el mundo aplaudió el momento dorado que forjaron ambos atletas, el tiempo diluyó su historia. En Estados Unidos Jesse volvió a ser un afroamericano discriminado, mientras Long corrió una peor suerte: a diferencia del resto de los olímpicos alemanes, a Luz lo enviaron al campo de batalla durante la II Guerra Mundial, fue el único de aquel equipo de Berlín 36 que combatió en el frente.

Aún en los momentos más álgidos de la guerra, los ‘hermanos‘ Owens-Long se mantenían en contacto por medio de cartas, a pesar de las hostilidades entre sus países de nacimiento.

Siete años después de compartir el podio olímpico con Jesse, Long fue enviado a una misión para invadir Sicilia. Allí, el alemán recibió una severa herida y lo primero que vino a su mente fue escribirle a Owens una carta final que dice:

“Estoy aquí Jesse, donde sólo parece haber arena seca y sangre húmeda. No tengo mucho miedo por lo que me pase, mi querido amigo, temo por mi mujer que está en casa y por mi pequeño hijo Karl, quien nunca ha conocido realmente a su padre.


«Mi corazón me dice, si soy honesto contigo, que ésta es la última carta que voy a escribir en mi vida. Si es así, te pido algo. Es algo muy importante para mi: Quiero pedirte que vayas a Alemania cuando termine la guerra, encuentra a mi hijo Karl y háblale de su padre; dile, Jesse, cómo era la vida cuando no nos separaba la guerra, dile cómo pueden ser las cosas entre los hombres en esta tierra.


«Si haces esto por mí, esto que necesito tanto que se sepa, haré algo por ti, te voy a decir algo que seguro quieres escuchar y que es verdad: ese momento en Berlín, cuando te hablé por primera vez, cuando tenías tu rodilla en la arena, yo sé que estabas orando; entonces no lo sabía, pero lo sé ahora ¡Ahora lo sé! Sé que no es una casualidad que tú y yo nos conociéramos, sabía que nuestra amistad duraría más que un momento olímpico.

«Creo que esto pasó porque Dios hizo que sucediera, eso es lo que quiero decirte Jesse, pienso que debo creer en Dios, así que ahora rezo para pedirle que estas palabras que te escribo en verdad lleguen a ti y puedas leerlas.
Tu hermano, Luz.

En sus últimas horas de vida, Luz compartió a Jesse lo afortunado que se sentía de haber sido la respuesta a sus plegarias en aquella competencia olímpica, pues el propio Owens fue para Long una de sus bendiciones más grandes: fue su amigo.

Long falleció el 14 de junio de 1943 en Sicilia y aún después de morir recibió honores: En 1964 el Comité Olímpico Internacional le otorgó la medalla Pierre de Coubertine al ‘Verdadero Espíritu Deportivo’. Fue el primer ganador de este reconocimiento que sólo se ha entregado en 19ocasiones especiales.

Jesse leyó la carta y cumplió el sueño que Luz le pidió. La fraternidad entre los saltadores se heredó hasta sus familias y aún resuenan los ecos de la amistad Owens-Long: durante el Campeonato Mundial de Atletismo de Berlín 2009 -que fue en el mismo estadio donde compitieron Jesse y Liz en los Olímpicos del ’36- durante la ceremonia de premiación, los encargados de entregar las medallas en salto de longitud fueron la nieta de Jesse y el hijo de Long.

* La idea de que Hitler rechazaba a Owens fue sólo parte de la desinformación. El propio Owens portaba en su cartera una fotografía en la que aparecen Hitler y él, durante los Olímpicos de 1936. La imagen se tomó detrás del palco de honor y por ende, la prensa no alcanzó a retratarlos, pero inlcuso el piloto británico Eric Brown fue testigo de que Hitler sí estrechó la mano de Owens y lo felicitó por sus resultados.

REPORTAJES

El centauro mexicano

El establo estaba sucio y mientras un caballerango hacía limpieza, de mala gana soltó un violento cubetazo, el caballo no pudo evitar el golpe directo en el ojo y quedó tuerto. “Este caballo de porquería no sirve para nada”, decían continuamente los soldados, que usaban al equino para iniciarse en el deporte ecuestre. En una práctica, la poca pericia de un jinete condujo al caballo hacia una rama, se rompió la oreja y un trozo quedó colgando, ahora no veía con el ojo derecho y los sonidos no llegaban a plenitud a su oído izquierdo, pero ese trozo de oreja colgando, le dio nombre: Arete.

Arete, el atlético criollo alazán, nacido en Guadalajara en 1938 y sólo veía maltrato en su destino. “¡Tú, Mariles: A ver si puedes con ese caballo tuerto de porquería!”, le dijeron al militar, que acudió a conocer al delgado equino. Tan solo al observarlo hubo una sincronía instantánea; al subir en la montura, dejó de existir Humberto Mariles y ese momento, nació un centauro.

Humberto Mariles se encargó personalmente del cuidado de Arete, de entrenarle y comprenderle a diario, de darle confianza para dejar en sus manos su ceguera y su falta de oído, de sanar las heridas, las humillaciones y los improperios que frecuentemente recibió por ser delgado y correoso. Mariles se encargó de limpiar su autoestima ennegrecida con maltratos hasta pulir la nobleza y fortaleza de un equino que portaría en sus herraduras los capítulos más grandes del deporte ecuestre nacional…Mariles lo sabía.

El Teniente Coronel Mariles creyó en Arete, hasta asegurar que con él, con su flacura y con sus discapacidades, ganaría eventos por todo el mundo. Nadie le creyó y el primero en decírselo de frente fue el Presidente de México Miguel Alemán, quien quería evitar la ‘deshonra’ internacional y, autoritario, le prohibió al militar salir a competir en nombre del país con “ese caballo tuerto”. Para Mariles, el Presidente de la Nación podría ser el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, pero aquellas tres palabras se convirtieron en un prejuicioso insulto personal…e imperdonable.

A pesar de las prohibiciones presidenciales, las logísticas de la gira internacional de 1947 estaban hechas y aunque el TC Mariles recurrió al ex mandatario Manuel Ávila Camacho para que intercediera por su causa, antes de darse la cita, el militar desacató la orden, viajó, compitió y, tal como lo auguró, con ese caballo flaco, tuerto y de oreja rota, ganó.

Mariles ganó con Arete en un concurso en Canadá y cuando llegó a Europa, pocos creían que ese flaco caballo diera batalla, pero en Roma el equipo nacional triunfó en el Concorso Ippico Internazionale y es, con Estados Unidos, los únicos conjuntos no europeos que han conquistado este título; fue entonces que el mundo ecuestre empezó a hablar con seriedad y respeto de México.

En 1948, tras dos Guerras Mundiales, Londres recibiría los Juegos Olímpicos y el centauro tuerto y desobediente estaba listo para cargar el triunfo sobre su estirpe. El 13 de agosto de 1948 fue turno de Mariles y con Parral (equino que llevaba el nombre del sitio en que mataron a Pancho Villa), Raúl Campero/Tarahumara y Joaquín Solano/Malinche , subieron al podio en la prueba de los Tres Días con la medalla de bronce, al sumar 305.25 puntos; Suecia ganó plata (165.00) y Estados Unidos oro (161.50).

A la jornada siguiente, en el último día de competencias de los Juegos Olímpicos británicos, sería turno del ligero Arete, acompañado por Mariles. La pista parecía complicada y no por los 16 obstáculos que comprometían 19 saltos, en especial porque toda la semana llovió en Londres y al ser el pasto resbaladizo, saltar ponía en riesgo hasta la vida de los caballos. El centauro mexicano fue el último en competir y de su ejecución dependía el resultado nacional. Mariles y Arete cruzaron limpios los primeros 14 obstáculos y terminaron con 6.25 faltas. Se quedaron el oro individual y condujeron además al oro por equipos.

(Por cierto: Hubo un empate de tres jinetes en 8.00 faltas por la plata: el francés Jean Marquis d’Ougeix, el estadounidense Frankling Wing y el mexicano Rubén Uriza. En la ronda de desempate Uriza logró la única pista limpia del concurso para quedarse la plata, el bronce fue para el galo).

Con Mariles y Arete, México ganó los primeros dos oros olímpicos de su historia: en salto individual y salto por equipos. El Estadio de Wembley escuchó por vez primera el Himno Nacional Mexicano y 64 años después el futbol azteca volvería a entonar el mismo Himno en la misma sede al ganarle el oro a Brasil por 2-1 en los Juegos de Londres 2012.

Mariles es el único mexicano que ha ganado tres preseas olímpicas en unos mismos Juegos y el único jinete del país que subió al podio olímpico en dos distintas disciplinas ecuestres; por ello, tras la gloria olímpica en el Reino Unido, llegó el perdón presidencial.

Cuatro años después, Arete estaba en el establo con su colega equino Cordovés, que de un golpe le rompió una pata al medallista olímpico y aunque intentaron ponerle una placa de plata, la muerte era el único remedio a su sufrir. Arete fue enterrado con honores en el lugar que lo vio crecer hasta convertirse en el mejor corcel del mundo, en lo que hoy es la explanada del Centro Deportivo Olímpico Mexicano*. Entre el dolor, meses después Mariles compitió en los Juegos de Helsinki 1952 con Petrolero pero nada fue lo mismo: el binomio no alcanzó el brillo del podio.

Años más tarde, el Teniente disparó contra un civil tras un altercado. Lo llevó a la Cruz Roja y se hizo responsable de lo que sucediera con el hombre que a la postre falleció; esa muerte llevó a Mariles a la prisión más lúgubre de México: El Palacio Negro de Lecumberri y tras meses de litigio, el triple medallista olímpico salió libre.

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ENCIERRRO. Lecumberri fue la primera cárcel que tocó el Teniente Coronel Humberto Mireles.

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En diciembre de 1972, Mariles estaba en París, donde antes de tomar el vuelo de regreso a México se rumora que le sembraron heroína, para acusarle de narcotráfico, lo encarcelaron y aunque su abogado reunía las pruebas para defenderle, el veredicto del mexicano ya estaba escrito. Un día antes de su audiencia, el guardia acudió a su celda y Mariles no respondía. Unos hablaron de envenenamiento, otros de suicidio. No importó el «cómo», sólo el «qué»: Mariles había muerto en una situación tan dolorosa y repentina como el propio Arete.

El éxito en la gloria olímpica y el repentino paso de la muerte se abrazaron con fuerza al binomio único en la historia de México. Hoy, una escultura en el Centro Deportivo Olímpico Mexicano, recuerda a aquel malquerido y resiliente centauro mexicano.

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INNOVADORES. Humberto Mariles y ‘Arete’ revolucionaron la forma de competir en los saltos ecuestres, tanto por la técnica para atacar el obstáculo, como por el biotipo del caballo.

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*NOTA CURIOSA

Esta historia me la compartió Rogelio Hernández Huerta, periodista especializado en el deporte ecuestre y quien siendo estudiante vio cómo, durante la construcción del Centro Deportivo Olímpico Mexicano (CDOM), se descubrió un hallazgo que pasó desapercibido.

Mientras se alistaba el espacio para crear la explanada del CDOM, en la zona de lo que fue el Centro de Entrenamiento Ecuestre, al retirar la tierra para iniciar la obra, encontraron un cadáver: era la osamenta del olvidado Arete.

Los militares mandaron tirar los huesos a la basura, pero Rogelio, presuroso, corrió por la funda de una almohada y allí metió la cabeza del caballo; su meta era sacar poco a poco los restos del corcel; pero al regresar al siguiente día, sólo encontró un casco de Arete que también resguardó.

En un encuentro en Lecumberri con Mariles, el militar le pidió que se quedara la cabeza pero le diera el casco “porque es el símbolo del impulso y de la fuerza, es lo que necesito para salir de aquí”, le dijo el militar, pero nunca pudo hacer la entrega y ahora en la Asociación de Pentatlón Moderno Militarizado, reposan esos pocos huesos del más exitoso equino mexicano.

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REPORTAJES

El padrino del Azteca

El Estadio Azteca es uno de los inmuebles deportivos más icónicos del planeta. Es, con el Maracaná (1950 y 2014), los únicos que ha recibido dos finales de la Copa del Mundo de Futbol varonil. En México ’70 vio a Brasil coronarse tras ganarle a Italia por 4-1 y en México ’86, albergó otra victoria sudamericana: la de Argentina por 3-2 sobre Alemania. En medio de ambos torneos, recibió la Copa del Mundo Femenil de la FIFA de 1971, un evento que rebasó los contextos deportivos, para convertirse en una inflexión social que potenció la evolución de las mujeres en el deporte.

Llamarle Estadio ‘Azteca’ quizá era obvio, pero hubo alguien a quien se le ocurrió primero que a nadie…y no fue un arquitecto, ni un dirigente deportivo; ni tampoco un empresario que financiara su creación.


@katilunga

Este video es para @Rowino_Potter que siempre está pendiente de esta cuenta de TikTok🙌🏽🤩🤗 . PD. El cantante Andrés Calamaro compuso la canción de fondo para el #EstadioAzteca @FIFA #Futbol #CdMx #ParaTi #Historia

♬ Estadio Azteca – Tranquilamente
PASEO DIGITAL. En este recorrio conoce más datos curiosos del Azteca.

En 1966, el Servicio Postal Mexicano emitió una convocatoria para bautizar el nuevo estadio que sería entonces el más grande del país y que estaba a punto de ser inaugurado. Era una época sin tecnologías digitales, sin Redes Sociales y en la que el uso del correo era mucho más frecuente de lo que es en el Siglo XXI.

En esta convocatoria, una de las reglas fue tomar en cuenta el nombre más votado y de éste, elegir a la primera persona que mandara la carta con su propuesta. El referente para conocer al primer remitente sería la fecha en que se marcó el sello postal sobre la misiva.

Antonio Vázquez Torres mandó el nombre ‘Azteca’ como propuesta y desde León, Guanajuato, mandó la carta que fue la primera en llegar a las oficinas del Servicio Postal Mexicano, en la Ciudad de México. Vázquez ganó el concurso y como premio recibió dos asientos en platea ¡concedidos por 99 años!

PRIMEROS AÑOS. El ‘Azteca’ tenía cuatro años de inaugurado cuando recibió la Copa del Mundo Varonil de Futbol, en 1970.

Ese primer nombre queda imborrable en su historia. Años después se buscó rebautizarle como Estadio ‘Guillermo Cañedo’, en honor al empresario y presidente de la Federación Mexicana de Futbol que en los ’60 comenzó una revolución por modernizar, profesionalizar e incluso internacionalizar este deporte en el país.

Llegó a ser vicepresidente de la FIFA y fue pieza clave para que México pudiese recibir las dos primeras Copas del Mundo de Futbol Varonil que ha organizado: 1970 y 1986; pero especialmente, su participación fue crucial para la creación del Estadio Azteca. Era justo inmortalizarle, pero en la costumbre nacional y mundial decirle ‘Estadio Azteca’ sigue siendo una tradición.

El estadio, creación de los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijarez Alcérreca, requirió de más de 100 mil toneladas de concreto y más de 8 mil toneladas de varilla. Tiene un techo de acero laminado que no requirió columnas y permite ver desde cualquier punto de la instalación hacia el campo.

RÉCORD. Es el estadio que más partidos de Copa del Mundo varonil ha recibido, con 19…hasta ahora.

En su más de medio siglo de existencia el Estadio Azteca no sólo ha visto futbol. También ha abierto sus puertas para juegos de NFL; funciones de lucha libre (1983); la pelea de Julio César Chávez contra Greg Haughen en 1993, registrada como el encuentro de box más concurrido de la historia con un Récord Guinness de asistencia de 132 mil 274 personas; conciertos de Michael Jackson, Elton John, U2, Paul McCartney…y hasta un encuentro religioso, presidido por el Papa Juan Pablo II, en 1999.



El 29 de mayo del 2026 el Estadio Azteca no solo cumple sus primeros 60 años de existencia, también se alistará para convertirse para romper otro récord más: convertirse en el primer inmueble del planeta que recibe tres inauguraciones de la Copa del Mundo de Futbol Varonil, en el verano de ese mismo año; que será la primera sede compartida para América, al organizarla en coordinación con Canadá y Estados Unidos; evento rumbo al que, de nueva cuenta se le quiere imponer un tercer nombre, no asociado con el legado de su historia, sino con el uso comercial y etiquetarle bajo la marca de una institución bancaria mexicana.

A esos dos asientos que Antonio Vázquez consiguió en 1966 les restan casi 40 años de vigencia, para atestiguar las historias que están por escribirse en el eternamente bien nombrado por un aficionado, que habló en voz de los fans mexicanos, como ‘Estadio Azteca’.

 

Mujer y Deporte, REPORTAJES

La grandeza de Sárosi

Ganar una medalla es hermoso, pero si no eres grande sin ella, no lo serás con ella

KATYA LÓPEZ

Dos meses antes de los Juegos Olímpicos de Río 2016 se desdibujó el destello de una gran atleta. No rompió un récord, no subió al podio, ni estuvo en la final. El brillo emanó de una húngara con muy pocas probabilidades de ganar una medalla, pero quien se llevó el aplauso y la admiración de la comunidad mundial del bádminton.

Francia recibió el Campeonato Europeo del ‘deporte del gallito’, que fue selectivo a Río 2016. Los mejores jugadores del continente se presentaron en la competencia; entre ellos, claro, la española, Campeona Mundial, Carolina Marín, quien revalidó su título.

Sin tantos reflectores, también llegó la húngara Laura Sárosi, con la clara meta de obtener la plaza a Río 2016, y de lograrlo, buscaba romper con una sequía de 20 años sin ver a su país en el torneo olímpico de bádminton.

Pero antes de abundar en su historia, sólo dos datos muy son importantes:

  1. Este deporte asiático -que debutó en los Olímpicos de Barcelona ’92- se juega en una cancha de 13.40m de largo por 5.18m de ancho, para pruebas individuales, y 6.10m de ancho para los encuentros dobles, que a la mitad tiende una red a 1.55 metros de altura, para pasar un liviano gallito con una raqueta. Parece simple, pero ese gallito puede alcanzar golpes de 300 kilómetros por hora, en competencia.
  2. Aunque los jugadores sólo usan raquetas y gallitos, llevan grandes maletas a los torneos, pues, por regla, un jugador puede usar en el partido todo lo que lleve en la maleta, así que cargan con muchas raquetas, toallas o hidratantes.

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Laura llegó a la ronda de 16vos de final. Enfrentaba a la alemana Karinne Schnaase. Perdió el primer set por 16-21, pero se recuperó en el siguiente y ganó 21-14. Un set más y el boleto olímpico sería suyo. A inicios del tercer y decisivo episodio, a la alemana Schnaase se le desprendió la suela del tenis y en esa gran maleta no llevó un par de calzado deportivo extra.

El encuentro pudo definirse en ese instante con la victoria a favor de Sárosi y cuando la expectativa era ver a la húngara caminar hacia el juez para pedirle que culminara el partido, Laura fue hasta su mochila, sacó el tenis izquierdo, se lo dio a la alemana y se reanudó el encuentro.

TenisPrestado

Laura perdió el set por 18-21; es decir, fue derrotada por 1-2 de Schnaase. La mirada de Sárosi se nubló y entre lágrimas vislumbraba cómo se alejaba su última oportunidad de llegar a unos Olímpicos.

SarosiDespedida

Pero en agradecimiento, la Federación Alemana de Bádminton emitió una carta a su organismo Internacional y solicitó firmas para que a Laura Sárosi se le otorgara un ‘wild card’; es decir, una invitación, emitida directamente por el Comité Olímpico Internacional, para competir en Río 2016.

“Lo que ella hizo verdaderamente abraza la cultura y el espíritu olímpico, que en las dos últimas décadas ha sido enterrado a causa de la excesiva comercialización”, suscribe la solicitud, que sumó más de 5 mil firmas (aquí el link: https://community.avaaz.org/petitions/free-card-to-rio-2016-for-laura-sarosi )

La petición fue aceptada y Sárosi, con un par extra de zapatillas deportivas, con su espíritu de juego limpio y su solidaridad, estuveron en Río 2016. Laura jugó en el Grupo M ante la canadiense Michelle Li (tres veces Campeona Panamericana) y la india Sindhu Pusarla, quien al final ganó la plata olímpica. La húngara perdió sus dos duelos y no accedió a la siguiente ronda, pero la admiración estaba sobre sus hombros, mucho antes de competir.

Ganar una medalla es hermoso, pero si no eres grande sin ella, no lo serás con ella.

POSDATA MEXICANA

Un episodio muy similar vivió la esgrimista Pilar Roldán antes de combatir en la final de la prueba de florete en los Olímpicos de México 1968. Aunque la mexicana ya se encontraba en la Sala de Armas, lista para combatir en el pool final para definir a las medallistas, su última rival no llegaba al combate.

Aunque parecía inexplicable, el tráfico de la Ciudad de México era el causante de que la entonces soviética Yelena Novikova no apareciera en la pista y aunque por regla se pudo anunciar el triunfo de Pilar por ausencia de su oponente, la mexicana pidió a los jueces esperar hasta que llegara Novikova-Belova.

Al final, Yelena se quedó el oro por diferencia de un solo partido, el partido que le ganó a Pilar Roldán, que se llevó la plata; la húngara Ildikó Redjkö se colgó el bronce.

Sin embargo, años después Roldan sería reconocida por su gesto. En 1995 el Comité Internacional del Juego Limpio le entregó la medalla al Fair Play y fue entonces la primera persona de México condecorada con esta distinción.

REPORTAJES

París 1900: Primera conquista olímpica de México

El polo hípico es un deporte de poca difusión pero mucha traición en México. El país vio crecer y desarrollarse al mejor jugador de la historia mundial: Carlos Gracida, quien fue además el favorito de la Reina Isabel II y maestro de su hijo Carlos y sus nietos Guillermo y Enrique, pero además, en los inicios del Siglo XX fue el polo, gracias a tres hermanos que años atrás incursionaron en este deporte.

El 28 de mayo de 1900, los hermanos mexicanos Pablo, Manuel y Estuaquio Escandón y Barrios, con el estadounidense William Wright hicieron equipo en el polo, porque eran otros tiempos y, en el amateurismo del torneo consideraron posible conjugar a jugadores de naciones mixtas, en un deporte de conjunto.

La justa, se desarrolló cuando Porfirio Díaz era presidente de México. En una era afrancesada en la que los hermanos Escandón y Barrios eran hijos de uno de los más importantes accionistas de una de las industrias que mayormente impulsó Don Porfirio: el ferrocarril.

No existían los organismos deportivos de hoy en día: Comité Olímpico Mexicano, Confederación Deportiva Mexicana, Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte o Federación Deportiva Mexicana de ningun deporte; así, el principal patrocinador de aquel resultado fue el padre de los Escandón y Barrios, que al ser accionista de la construcción del Ferrocarril México-Veracruz, costeó el viaje de sus hijos y sus caballos.

Antonio Escandón (quien por cierto regaló a la Ciudad de México el monumento a Cristóbal Colón que se encuentra en Av. Paseo de la Reforma) se casó con Catalina Barrón y Añorga. En el gobierno de Benito Juárez, el matrimonio gozaba de una privilegiada posición financiera y social y ante las posibilidades de padecer secuelas. Los tres hijos estudiaron en el Stonyhurts College de Inglaterra (fundado en 1794).

En marzo de aquel 1900, el hombre que retomó los Juegos Olímpicos de la Antigua Grecia para traerlos a la modernidad, el Barón Pierre de Coubertain, lideraba la segunda edición de la justa. La primera en 1896 fue, en honor a la herencia, en tierras helénicas, pero la segunda, en su patria, aunque entre desolación por falta de recursos, sin ceremonias que dieran inicio y fin a la justa; sin juramentos de atletas, entrenadores o jueces, mucho menos mascotas, logos o un lema.

En los inicios de los Juegos Olímpicos modernos los competidores, antes de deportistas, eran viajeros. En la segunda edición de la justa, París 1900, no existían las campañas mercadológicas, ni había medios de comunicación interesados en difundir el evento, por ello, los atletas deambulaban por las calles de París, preguntando: “¿Dónde se realizarán las competencias de los Juegos Olímpicos?”, con indicaciones, a veces a señas, por las carencias del idioma, unos y otros parisinos les ayudaban a llegar a las sedes a aquellos que buscaban la gloria olímpica, sin estadios llenos, ni gritos eufóricos, los únicos testigos eran los acompañantes de los atletas y los deportistas que no competían en el momento.

Era una tierra que desconocía las secuelas de las Guerras Mundiales, los campos de concentración, atentados o hasta la comercialización de la competencia; todo aquel que participaba lo hacía por el mero espíritu de contender, sin dádivas de por medio.

La casa del polo en París

Coubertine propuso una serie de torneos, Alfred Picard otros, pero fue Daniel Merillon, quien agregó al programa las disciplinas ecuestres. Así, el Campo de Polo de Bagatelle, en el Bosque de Boulogne, inició el primer torneo de polo de la justa, con equipos combinados que en vez de llevar el nombre de sus naciones, se bautizaron como equipos profesionales: Foxhunters: Estados Unidos con Inglaterra; Rugby: Francia con Inglaterra; Bagatelle: Francia con Inglaterra y Norteamérica: México y Estados Unidos.

El torneo, que duró tres semanas, se jugó en round robin (todos contra todos). Pero en las semifinales, Foxhunters perdió 6-4 ante Bagatellel; mientras Rugby superó 8-0 a Norteamérica y aunque la final se compitió el 29 de marzo, se asignaron los bronces a los dos perdedores, sin que debiesen enfrentarse entre ellos, pues así dicta el protocolo de este deporte.

Sin embargo, en el conteo oficial de aquella justa, no se consideró este resultado. Una de las teorías fue que el torneo se realizó con equipos y no con Selecciones Nacionales; aunque no se les reconoció en el medallero, los polistas sí obtuvieron un premio. En aquellos Juegos, de precaria situación financiera, no se entregó, como es ahora, medalla de oro plata o bronce, sino aportaciones privadas para conceder a los ganadores, desde juegos de pipas, hasta boquillas. Al equipo mexicoamericano se le dio una charola de plata de la que hoy no se sabe nada.

Los hermanos Escandón nunca se cambiaron de nacionalidad. Después de aquellos Juegos, Pablo fue Jefe del Estado Mayor y traductor de Porfirio Díaz en su entrevista con el presidente estadounidense William Howard Taft; luego fue gobernador del estado de Morelos. Manuel y Eustaquio se dedicaron a atender negocios en Francia y España, donde Manuel fue un gran promotor del polo. El estadounidense William Wright, el cuarto integrante de aquel equipo, era socio de los hermanos en sus negociaciones por Europa.

Para la edición de Berlín 1936, México regresó al podio olímpico en el polo, de nueva cuenta con el bronce, pero esta vez como equipo con Juan García, ANtonio Nava, Julio Müller y Alberto Ramos y fue la última edición en la que se realizó esta disciplina hípica.

REPORTAJES

Sobrevivió al Titanic y ganó un oro olímpico

Dick Williams vivió en carne propia algunos de los capítulos más álgidos de la Historia Mundial del Siglo XX

KATY LÓPEZ

Era abril de 1912 cuando Dick Williams llegó a Cherbourg, Francia con dos metas claras: jugar el circuito de tenis de Estados Unidos por un año y matricularse en la Universidad de Harvard. Con ese plan abordó el Titanic.

Richard ‘Dick’ Williams tenía 21 años de edad y viajaría en 1ª clase en el que fue el barco más grande y elegante de la época, acompañado por su padre Sr. Charles Duane Williams -quien era descendiente directo de Benjamin Franklin, uno de los presidentes de Estados Unidos-.

La noche del 14 de abril ambos cenaron con el Capitán del barco, Edward Smith y regresaron a su camarote a dormir; horas después, elementos de la tripulación les despertaron para avisarles que «el inhundible Titanic» chocó con un iceberg.

Los Williams salieron de su cuarto con tranquilidad…aunque en el camino, Dick rompió una puerta para sacar a un pasajero atrapado y al verlo, un elemento de la tripulación le advirtió que sería demandado por dañar la propiedad de White Star Line. El suceso inspiró una de las escenas de la película ‘Titanic’ (James Cameron, 1997).

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Dick’ Williams viajaba en el Titanic con su padre, Sr. Charles Williams.

Pero para su padre la situación no era preocupante: años antes estuvo en un hecho similar y recordó que entonces contuvieron el daño con la carga de algodón para seguir la travesía; así que mejores planes podrían tener para el Titanic. Padre e hijo donaron sus chalecos salvavidas y para no enfermar en la fría cubierta, fueron al gimnasio del barco a usar las bicicletas estáticas.

Pero en menos de dos horas, la situación salió de control: el hundimiento, la oscura noche, el pánico y la falta de botes salvavidas, se convirtieron en el escenario de un gélido infierno flotante. Los Williams estuvieron en el barco hasta el imponente crujir del desprendimiento de una chimenea que amenazaba sus vidas.

Dick le dijo a su padre que debían saltar del barco y aunque así hicieron, su padre fue alcanzado por la estructura y murió al instante. ‘Dick’ nadó tan fuerte, rápido y lejos como le fue posible.

El agua estaba a -28° centígrados y sin salvavidas, ni más botes cerca, ‘Dick’ corrió con la suerte de encontrar una pequeña luz de esperanza para sobrevivir.

«Cerca había dos lanchas de lona, pero descompuestas porque ninguna se inflaba (…) Básicamente lo que estaba allí era una plataforma de madera y entre 25 y 30 personas estábamos aferrados a ella, con medio cuerpo sumergido en las heladas aguas. Allí estuvimos hasta que fuimos rescatados, a la mañana siguiente”

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Así eran las lanchas de lona que usaron los sobrevivientes.

Al salir el sol del 15 de abril de 1912, casi la mitad de las personas aferradas a ese tablón estaban muertas. Los sobrevivientes fueron transferidos al Bote 14. Williams pasó tanto tiempo con las piernas en el agua fría, que estaban prácticamente sin circulación sanguínea y cuando llegó al barco Carpathia -que asistió a los sobreviventes- el doctor recomendó amputarlas tan pronto tocaran tierra, pues la amenaza de morir por gangrena era evidente…pero Williams se negó.

¿Un tenista sin piernas? IMPOSIBLE. “Mire, voy a necesitar estas piernas, para eso hice este viaje”, dijo entonces, sin poder siquiera ponerse en pie. Él mismo estableció un ultimátum: caminar tan pronto como fuera posible. Para vencer el pronóstico, masajeó sus piernas y tras algunas horas, pudo levantarse; se decidió a caminar en cubierta cada dos horas, en mañana, tarde, noche o madrugada. Caminar se volvió su religión de cada dos horas en el barco, hasta llegar a Nueva York.

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Ninguna adversidad corrigió el rumbo de sus metas.

El plan con el que abordó el Titanic no iba a cambiar por el hundimiento, por su padre muerto, ni por un par de piernas congeladas. Cuatro meses después de realizar ejercicios de rehabilitación y de reanudar sus entrenamientos, ‘Dick’ Williams ganó el US Open (entonces llamado USA Championship) y esa temporada venció al mejor jugador de sus tiempos: Maurice McLoughlin (por 6-3/8-6/10-8). Dick mantuvo ese paso por años y fue Campeón Interuniversitario de 1913 a 1915.

En 1916, interrumpió su prolífica carrera en el ‘deporte blanco’ para enlistarse en la Armada de Estados Unidos y combatir en la I Guerra Mundial. Fue Oficial de Artillería en París, Francia y recibió condecoraciones como la France’s Croix de Guerre y la Chevalier de la Légion d’Honneur. Regreso a su país como un héroe.

Tras esa pausa, ‘Dick’ volvió a Estados Unidos a jugar. Entre las hazañas que más se le recuerdan está haberle ganado un set de cinco minutos a la leyenda Bill Tilden. Fue capitán Copa Davis desde 1921 hasta 1926 y en esa época tuvo la oportunidad de competir en unos Juegos Olímpicos.

Habían pasado 12 años después de haber cumplido sus planes y ‘Dick’ ya no era el joven que ganó el US Open, pero hizo el equipo para competir en los Juegos Olímpicos de 1924 y regresaría a París, para trazar una nueva historia de condecoraciones.

En la justa de París 1924, a sus 33 años de edad, jugó el torneo de dobles mixtos. Dick se resentía de una molestia en el pie derecho, pero hasta eso se convertía en una buena señal: el dolor sirvió al menos para saber que aún tenía consigo sus piernas; sin embargo, ganar la final, al lado de su compañera Hazel Wightman, no parecía fácil.

“Tenía torcido el tobillo y le sugerí a Hazel que abandonáramos el juego. Ella me dijo que me quedara en la red y que ella se dedicaría a correr”, recordó Williams.

Con esa estrategia, la dupla superó en dos sets  a la pareja conformada por los también estadounidenses Marion Jessup y Vincent Richards (6-2/6-3), sin imaginar que retendrían el título por 88 años y serían Campeones Olímpicos de Dobles Mixtos…¡aún después de morir!

Esa fue la última ocasión en que se compitió el torneo de tenis en unos Juegos Olímpicos. El ‘deporte blanco’ regresó a la justa hasta Seúl 1988, pero en específico, la modalidad de dobles mixtos se compitió de nuevo hasta Londres 2012 y entonces Williams y Wightman cedieron el título a Victoria Azarenka y Max Mirnyi de Bielorrusia, que ganaron una asombrosa final ante los locales Laura Robson y Andy Murray (2-6/6-3/10-8).

Williams ingresó al Salón de la Fama del Tenis en 1957 y aunque no le gustaba hablar de lo que vivió la madrugada del 15 de abril de 1912, escribió sus memorias al respecto: desde que abordó el Titanic, hasta el día de su rescate. Sólo se crearon 12 copias de este texto, que se repartió entre su familia, la Sociedad de Historia de Pensilvania y el Salón de la Fama del Tenis.

Williams falleció en 1968, a los 77 años de edad, como un Campeón: superviviente del Titanic, de la I Guerra Mundial y con el título olímpico en dobles mixtos de tenis. Una leyenda única del olimpismo mundial.

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De izquierda a derecha: Dick Williams, Ricard Sears y Bill Johnston, leyendas del deporte blanco estadounidense.

Otros deportistas sobrevivientes al Titanic

En el Titanic, viajaba el también tenista Karl Behr, de 26 años de edad. Behr abordó el barco para sorprender a su novia Helen Newsom, quien subió en escalas anteriores. Tres meses después de sobrevivir al hundimiento, Williams y Behr se enfrentaron en un torneo en el Longwood Cricket Club, cerca de Boston. Karl Behr también ingresó al Salón de la Fama, pero en 1969.

El esgrimista Cosmo Duff-Gordon sobrevivió al Titanic en compañía de su esposa. Sin embargo, el británico ascendido al podio olímpico años antes al hundimiento: se colgó la plata con el equipo varonil de espada, en los Juegos de Atenas 1906.

REPORTAJES

Peter Norman: Un blanco contra el racismo.

16 de octubre de 1968. Estadio Olímpico Universitario, Ciudad de México. Premiación de 200m de los Juegos Olímpicos.

Su discreta manifestación a favor de los derechos humanos le costó ser vetado de por vida del deporte; ganó una medalla olímpica y la marca que logró hace más de 50 años es aún récord australiano de 200m.

KATY LÓPEZ

Dos afroamericanos estaban descalzos y al escuchar su Himno Nacional, levantaron un puño cerrado enfundado en un guante negro y agacharon sus cabezas; mientras él, un atleta blanco de Oceanía, permaneció estoico, a sus espaldas… pero no fue indiferente a la indignación; discretamente también hizo una protesta que le costó ser vetado de por vida del deporte. Esa noche de 1968, en el Estadio Olímpico Universitario de la Ciudad de México, el ‘Black Power’ y el repudio al racismo se manifestaron en el podio.

El gremio olímpico se paralizó en la Ceremonia de Premiación de los 200m planos, al ver a los velocistas estadounidenses Tommie Smith (oro) y John Carlos (bronce) externar el rechazo a su país, que los tomaba en cuenta para ganar medallas, pero no para acceder a los mismos servicios sociales que tenían los blancos. Hizo falta mirar a detalle que los tres hombres, incluido el velocista blanco, estaban en protesta.

El ganador de la plata era un australiano nacido en Melbourne, el ‘ciudadano modelo de la época’: blanco, maestro de educación física y oficial del Ejército de Salvación. Era Peter Norman y México ’68 fue su debut y su adiós de una justa olímpica.

Días antes de empezar sus competencias, Norman conoció en la Villa Olímpica a Paul Hoffman, un estadounidense blanco que competiría en las pruebas de remo. Hoffman formaba parte del ‘Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos’, a Norman le pareció un movimiento justo, quería formar parte de él y el remero Hoffman le entregó un parche alusivo.

Llegó el momento de correr. En la semifinal de 200m, Norman, de 26 años, asombró al cruzar la meta en 20.17 segundos, logró el mejor registro de los siete heats clasificatorios, rompió el récord olímpico y la atención del mundo se postró sobre sus hombros. ¿Quién era? ¿De dónde venía? ¿Qué había logrado antes? Preguntas recurrentes y sin respuesta para muchos, en ese entonces.

Miércoles 16 de octubre de 1968. 17:50 horas: final de 200m planos, rama varonil. Norman salió del 6º carril y de nuevo asombraba a la multitud: a la mitad de la prueba, se encontraba…¡En penúltimo sitio!

Pero, al salir de la curva, faltando 80 metros para llegar a la meta, el australiano inició un ataque asombroso en el que despuntó desde el séptimo lugar. Rebasó a Mike Fray (Jamaica) y Larry Questad (EUA); a falta de 20 metros, superó a Roger Bambuck (Francia) y Edwin Roberts (Trinidad&Tobago). En los últimos cinco metros le ganó a John Carlos (EUA), para terminar en segundo sitio. ¡La carrera de su vida! Plata en 20.06 segundos y nuevo récord australiano, marca que tiene más de 50 años intacta. (Video: Final Olímpica de 200m varonil México 1968. https://www.youtube.com/watch?v=–lzACn0aZ8)

PeterNorman1 Los tres medallistas portaron el logo del movimiento a favor de los derechos humanos.

Esa misma noche entregarían las preseas a los velocistas. Momentos antes de la ceremonia, los estadounidenses explicaron a Norman lo que harían. Él les dijo: «Yo creo en Dios y estoy con ustedes», porque mucho antes de ser rivales en la pista eran atletas que con el esfuerzo uno del otro motivaron la mejor versión de cada uno, pero especialmente, antes de atletas, eran humanos y aunque muy jóvenes (ninguno pasaba de los 26 años) eran conscientes de que el honor de ser medallistas olímpicos también les daba responsabilidades con sus comunidades.

Para Peter el momento perfecto para sumarse al mensaje de igualdad y, sin agacharse, ni alzar el puño, puso el parche en el lado izquierdo de su chamarra, justo arriba del escudo de su país. ¿Por qué lo hizo? Norman era un atleta blanco de Oceanía que no estaba afectado por el racismo; sin embargo, en el podio se manifestó silencioso contra las políticas del Estado Australiano y su trato a los aborígenes.

Aunque en 1968 se revocó la discriminación en Australia, los aborígenes no eran incluidos en censos nacionales, enfrentaban desventajas sociales y económicas, no podían votar y pedían las tierras que les fueron arrebatadas por siglos. Esa fue la protesta del medallista olímpico Norman. No tenía nada qué ganar y lo perdió todo.

Los tres medallistas olímpicos fueron expulsados de la Villa Olímpica, pero también de la justa…¡y de por vida! Durante los Juegos mexicanos, su protesta fue bien vista, pero al regresar a sus países, padecieron de rechazo, desempleo y acusaciones.

Tommie Smith, con sus 11 récords mundiales, sólo encontró trabajo como lavacoches en un estacionamiento; mientras la esposa de John Carlos se suicidó.  “Todo por pedir que las personas seamos tratadas iguales”, dijo Carlos.

PeterNorman5 La marca de 20.06s con la que ganó plata olímpica Peter Norman es aún récord australiano de 200m.

Mientras tanto, Norman fue ignorado por la comunidad deportiva australiana. Aunque al siguiente ciclo olímpico, Peter estaba pronosticado para regresar al podio en los Juegos de Munich 1972, tanto en 100 como en 200m, las autoridades deportivas de su país se negaron a incluirlo en todas las selecciones nacionales.

Después de manifestarse en México ’68, las secuelas perduraron por décadas. Hasta en la realización de los Juegos Olímpicos que fueron en su país: Sidney 2000, a los que no fue invitado ni como parte del equipo logístico.

Pero de manera indirecta, su protesta hizo eco en el Comité Organizador de los ‘Juegos del Milenio’, que cedió la flama en la Ceremonia de Encendido del Pebetero Olímpico a una mujer aborigen: la velocista Cathy Freeman. Tras muchos años y sinsabores, las cosas sí habían cambiado.

PeterNorman.Escultura
En octubre de 2005, la Universidad de San José, California, en Estados Unidos, erigió una escultura para recordar aquel podio olímpico, pero sólo inmortalizaron a los dos estadounidenses: Smith y Carlos. A Peter no le molestó seguir en el anonimato.

Norman murió al año siguiente, el 3 de octubre de 2006 y tanto Smith como Carlos viajaron a Australia para hacer un último gesto de agradecimiento ante su solidaridad y cargaron su féretro.

40 años después de la discreta, pero intensa protesta, Matt Norman presentó el documental ‘Salute’, en el que dejó grabada la historia de su tío: Peter Norman, un blanco contra el racismo. Aquí el tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=qUrxBwa4Mfo

PeterNorman3 38 años después de ese podio histórico, Norman falleció. Los estadounidenses Tommie Smith y John Carlos viajaron a Australia para despedirlo y cargaron su féretro.

Pero los grandes hacen historia hasta después de morir. En octubre de 2012, el Parlamento Australiano hizo una sesión especial para dar una disculpa pública a Norman por el trato que recibió en su país, tras competir en México ’68; por no haberle inscrito para los Juegos de Munich ’72 aunque repetidamente dio las marcas; y reconocer además su valentía en una sociedad que estaba cegada entonces, por luchar y aportar empatía, solidaridad e igualdad en la conciencia colectiva australiana.

A finales de marzo, en la ciudad natal de Norman, se realiza el IAAF Melbourne World Challenge y al ganador de la prueba en que ganó plata olímpica, los 200m, se le otorga el trofeo ‘Peter Norman Memorial’, que en 2015 fue para Alonso Edward, destacado velocista de Panamá, medallista mundial, de ascendencia afro.

Los grandes escriben la historia, pero los gigantes la cambian. 


Dato curioso: Aunque el remero estadounidense Paul Hoffman fue llamado a declarar ante autoridades del Comité Olímpico de EUA, como incitador social por el movimiento al que pertenecía (‘Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos’) jamás se le sancionó y de todos los involucrados en esta historia, fue el único que sí compitió en Munich ’72.