Mujer y Deporte, REPORTAJES

Ella Bucio: La doble de acción que es Campeona Mundial


Cierra los ojos, se concentra, inhala profundo y al despegar los párpados corre a máxima velocidad para saltar de una techumbre, hacer un giro y caer en el siguiente edificio. ¡Lo logra! Le aplauden y cortan la toma. Así pasó Ella Bucio los últimos cinco años de su vida: como doble de acción, hasta que decidió hacer una pausa laboral de tres meses para cultivar un sueño: dedicar cada hora de cada día a hacer parkour hasta que logró convertirse en la mejor del mundo.

A sus 25 años, Ella ahorró lo de un lustro de trabajo como stuntman, un oficio de riesgo que implica representar a un personaje ficticio en escenas de acción, para dedicarse enteramente a sí misma, a escribir con esfuerzo, disciplina y valor el guión de su propia historia a practicar cada día, mejorar cada elemento y costear sus primeras competencias internacionales.

Mientras trabajaba, pasé meses sin poder entrenar parkour, por lo que mi progreso en esos cinco años fue lento y frustrante. Yo sabía que un día podía ser la mejor, pero no tenía tiempo para entrenar lo suficiente

Ella Bucio. Campeona Mundial de Parkour Freestyle.

En 2022 salió a representar a México por vez primera: fue a las Copas del Mundo de Montpelliere, Francia y de Sofía, Bulgaria, con el corazón adolorido al ver el gran talento mexicano que no sale del país a causa de los pocos apoyos para brillar en otras tierras.

“En todo este proceso, el coraje ha sido mi principal motor, mientras lloraba camino al aeropuerto, me dije: “voy a ganar esta mie*””, aseguró antes de tomar el vuelo por la conquista de Europa.

Se lo dijo y se lo cumplió. Ella ganó oro en la modalidad de freestyle en Francia (con 21.500 puntos) y oro en Bulgaria (también con 21.500). A pesar de nunca antes haber entrado al circuito, hoy es además la líder del ranking mundial de la temporada, además en la prueba de velocidad se ubica en cuarta posición en la lista del orbe de esta campaña.

Pero el preludio en su historia de éxito comenzó muchos años atrás, cuando la gimnasia artística y ella se fundieron en horas y horas de continua práctica.

“Toda la vida hice deporte, incluyendo muchos años de gimnasia. Después conocí a algunos chicos que practicaban parkour y me dijeron que podría ser buena en este deporte. Como doble de acción entre más cosas sepas hacer, tienes mejor condición y tienes más habilidades, por eso acepté…luego me di cuenta que la gimnasia era algo más estructurado: vas y practicas elementos que muchos otros ya han hecho antes, pero el parkour siempre está retándote a crear tus propios elementos”, analizó Bucio.

Con esa perspectiva, sus ahorros, la experiencia de escuchar dos veces el Himno Nacional y su creatividad en competencia, Ella llegó a Tokio, Japón, a la primera edición del Campeonato Mundial de Parkour, donde comenzó en las clasificatorias con 26.000 unidades (13.000 en ejecución y 13.000 en dificultad). En la final, Ella fue la única representante de América y en ella añadió .500 a cada criterio, para totalizar 27.000 puntos, a 2.000 de la japonesa Hanaho Yamamoto (25.000) y 2.5 de la checa Adela Merkova (24.500) que se quedaron plata y bronce de forma respectiva.

“Tengo muchos sentimientos por ahora. ¡Las otras chicas son tan buenas! Para mi es difícil sentirme tan competitiva como ellas, porque todas son tan talentosas. Todas merecen ser reconocidas”, comentó la capitalina de 25 años de edad, quien consumó el sueño de lograr la primera conquista en el mundo del Parkur, un deporte que busca debutar en Juegos Olímpicos pero no lo hará en Paris 2024, pese a que fue justo en Francia donde nació esta exigente disciplina que combina los ejercicios de la gimnasia artística, con los retos que implican los implementos que se encuentren en la calle.


Con la ciencia del peligro

Ella tiene una gran pasión por el deporte y la ciencia y por ello, en el costado derecho de su torso lleva un tatuaje que así lo indica.

“Me hice un tatuaje de la molécula de la adrenalina porque en mi vida he tenido siempre dos pasiones: una que es el deporte, por el asunto de la adrenalina que me encanta, y otra es la ciencia que siempre me ha gustado muchísimo. Si no me hubiera dedicado al deporte, probablemente ahorita estaría trabajando en un laboratorio”.

Historias aleatorias

¡Escríbete!

Disfruto mucho escribir. Es una especie de terapia para ponerme atención y darme tiempo de comprender mis emociones, reflexionarlas y actuar con más inteligencia. Sin embargo, si soy honesta, suelo escribir mucho sobre otras vidas y para otras personas; pocas veces escribo algo propio o para mí y a pesar de ello, hoy empiezo a notar que escribir adquiere un toque fantástico.

Creemos que escribir es un acto casi extinto, aunque lo hacemos más que nunca para entrar en contacto con alguien vía WhatsApp, por ejemplo y también leemos más que antes, pues aunque no sean libros, sí ojeamos publicaciones en redes sociales como Facebook.

Damos mucho hacia los demás en escribirles o dedicar lecturas a los mensajes que nos envían, pero no muy seguido nos atrevemos a entrar a la casa de nuestras emociones y deseos para enfrentarlos y entenderlos.

En estos días de confinamiento, me he acercado a algunas líneas de la Katy que escribía a los siete años de edad, de la que, con sueño, cansancio y hambre, ya planificaba una meta nueva, o de la que se propuso un reto que logró cumplir.

De entre las líneas que más me gustan, está esta hojita azul. Entonces trabajaba en el Diario Deportivo Récord, vivía en Coyoacán (al sur de la Ciudad de México) y casi a diario debía ir al Centro Deportivo Olímpico Mexicano, CDOM, (al norte de la capital y que colinda casi con el municipio de Naucalpan, Estado de México). El traslado implicaba poco más de una hora si me iba por la Línea 2 del metro: desde la estación General Anaya hasta Toreo o Cuatro Caminos eran 23 paradas y de allí salía para tomar un transporte hacia el CDOM.

Además, el camino era largo desde la estación Toreo hasta el autobús. Había entre ambos puntos muchos puestos ambulantes y en uno de ellos me detuve a comprar una pequeña libreta. Era un lunes de diciembre de 2004. Era mi cumpleaños y en ese momento no sé por qué consideré que mi libretita sería un buen “autorregalo”, así que en la primera página me escribí una dedicatoria.

No diré, como Alejandro Jodorowski, que estas líneas se trataron de psicomagia, no fue así. Trabajé muy duro, me esmeré muchísimo y estudié a conciencia.

Exactamente ocho meses después de escribir esa carta, el 13 de agosto de 2005, bajaba del avión que me llevó desde Ámsterdam hasta la capital de Finlandia: Helsinki, donde tuve la gran oportunidad de cubrir los Campeonatos Mundiales de Atletismo, en los que Ana Guevara ganó la última de sus tres medallas mundiales (bronce en 400m), el ecuatoriano Jefferson Pérez conquistó un oro (20km marcha), Yelena Isibáyeva iniciaba el reluciente brillo de su nombre en el mundo (ganó oro y récord en salto con pértiga), Kenenisa Bekele siguió la estela hacia un camino de leyenda (ganó oro en 10,000m) y Usain Bolt tocó por vez primera las mieles mundialistas aunque se lesionó en la final de 200m…un sinnúmero de cosas más sucedieron y otras tantas viví yo. Tal como me lo escribí en esa carta: ¡Llegué allí!

Después me dio por el gusto de enviar postales. Enviaba postales a mi familia desde donde estuviera. Al llegar, después de instalarme en el hotel, lo primero que preguntaba era la ubicación del servicio postal y si en el camino se atravesaba alguna tarjeta con una foto linda del lugar en el que estaba, la compraba para escribir en la noche, al terminar de trabajar.

Casi siempre bajaba del vuelo de regreso a México y mis postales aún no llegaban a casa; muchas se perdieron en el camino, pero de las que escribí y lograron llegar al destino final, me mandé a mi ésta, en la madrugada en que se clausuraron los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro, Brasil, en 2007.

Aquí no hubo un ‘proceso mágico’ pues aunque lo escribí, lo deseaba y trabajé muy duro por ello, no llegué a China. No fui a los Juegos Olímpicos de Beijing 2008 y, por doloroso que fue trabajar tan duro por seis años continuos y no lograrlo, decidí que esa ausencia en mis metas no definiría mi camino, que podría crecer aún más y con nuevas oportunidades de llegar a nuevas experiencias. Los sueños no han parado.

Tampoco se detuvieron las cartas. A veces a las 2:00am al terminar la jornada laboral, me daba algun tiempo para mandarme un mensaje, como este, a punto de iniciar los Juegos Centrocaribeños de Veracruz 2014.

Desde el pasado, me he mandado algunas líneas, pero muy a mi favor, he recibido muchísimas más.

Todas, desde que aprendí a escribir, las tengo guardadas en una canasta cuyo destino ya dije, pues quiero que esta canasta acompañe mi funeral, por si alguien gusta leer alguna.

Entre las reliquias que conservo, está el plan de una misión. Yo tenía nueve años y con mis amigos Ricardo y Fernando planificábamos que, al crecer, viajaríamos al Triángulo de las Bermudas y tras un sinnúmero de investigaciones (preguntando a nuestros papás y leyendo revistas, que eran nuestras máximas fuentes de información) concluimos que necesitaríamos un montón de cosas, algunas incluso las deberíamos inventar. Cuando teníamos un proyecto “más o menos claro” un día llegó Ricardo con dos hojas en las que plasmó todas nuestras ideas del viaje y aún lo tengo porque uno no sabe si en alguna emergencia se pueda necesitar de esta información anticontingencias. (De mi amigo Ricardo siempre me sorprendió su gran talento para dibujar en una época donde no se sabían valorar las virtudes artísticas, pues con frecuencia la maestra lo humillaba por no entender matemáticas; por suerte, él vivía en un mundo mucho más creativo y elevado que esos insultos).

En fin, que escribir es un placer que nos merecemos muy seguido y entre la distancia, hoy es un buen momento para expresar lo que sentimos a quienes queremos, estén cerca o lejos o para escribirnos a nosotros también. Puede doler, pero también puede sanar.

El tiempo le irá dando más valor a nuestras letras, podremos escribirnos nuevas cartas y cuando llegue el futuro y reencontremos nuestros textos, entre sonrisas y lágrimas nos sorprenderá descubrir quiénes éramos cuando nos dejamos ese mensaje y hacia donde avanzan nuestras líneas, con un nuevo recado por dejar.

Relatos 'off the record'

#HappyBoltDay

KATY LÓPEZ

@katilunga

En 2005, un chico espigado corría en la pista cuando algo interrumpió su paso: una lesión. Me dio tristeza. El más joven en la Final Mundial de Helsinki, Finlandia en los 200m y candidato al podio, veía alejarse al resto de los velocistas…pero no se detuvo y cruzó la meta más de seis segundos después del ganador.

Lo vi llegar desilusionado y harto de vivir la misma historia que el año anterior en los Olímpicos de Atenas 2004; una lesión tras otra, en momentos cúspide de su carrera. Algo cambió en él y en 2007 ganó su primera medalla mundial: plata en 200m y al año siguiente, tres oros olímpicos en Beijing 2008*. Un buen amigo que estuvo en el palco principal, me contó cómo a Jacques Rogge -entonces presidente del Comité Olímpico Internacional- le molestó que ese chico bailara en su victoria, cómo rompía la 4ª pared con tal autenticidad para usar esa cámara que lo grababa e interactuar con las 80 mil personas que lo veían en el estadio, más los millones que lo seguían en transmisiones.

“No se burla de nadie. Sólo es un niño….¡y es caribeño! Ese fue un acto de alegría y no de una malinterpretada soberbia”, le comentaron al dirigente.

En ese momento nació una nueva manera de ver a los deportistas: cada atleta adquirió una postura personal, ya no eran estoicas piezas en acciones biomecánicas, sino chicos divertidos, que bailaban, que se emocionaban y que sabían llorar, gritar, aplaudir y jugar. La emoción y la personalidad de los atletas está más cerca desde entonces.

Volví a encontrar a aquel chico que corrió rengueando en Helsinki 2005. Era Berlín, Alemania, era el año 2009 y él era un ser distinto al atleta molesto que se lesionaba. Ahora era el centro de atención y sabía capitalizar los reflectores: corrió la final de los 100m y rompió el récord mundial con 9.85 segundos…y si el cansancio no era suficiente, además, descalzo hizo un baile para festejar.

Hubo un sinnúmero de estudios biomecánicos de su carrera de 100m, de los cuales aún tengo uno que descifra distintas cantidades: de pasos, extensión de zancada, aceleración máxima, resistencia a la velocidad. Un esfuerzo humano descrito en números…pero yo me quedé con su logro mental: superar las barreras de las lesiones y romper dos récords del mundo.

Un día después fui a la pista de calentamiento para entrevistar a los atletas mexicanos que estaban por competir. Grababa un video y algún inoportuno puso su mano en mi toma «¡heeeey!», dije sin quitar la vista de la pantalla y algo molesta, pero cuando levanté la vista, vi que era él, que era una de las bromas de Usain Bolt y que un poco apenado y a la vez risueño regresó, me pidió mi teléfono y nos tomó esta foto:

Días después, ganó oro, también con nuevo récord mundial, en los 200m: 19.19s.

El 21 de agosto de 2009, en el Estadio Olímpico de Berlín, durante la ceremonia de entrega de medallas de 200m, pasó lo inimaginable: 75 mil personas cantaron ‘Happy Birthday!’ y todo era para él, que cumplía 23 años, para él que sólo en momentos como esos se convertía en un hombre profundamente conmovido, un hombre de sonrisas nerviosas, incluso parecía introvertido.

Ese mismo año visitó la Ciudad de México y dio una charla en el llamado ‘Congreso Mundial del Deporte’ (del que no han finiquitado el pago por su asistencia, por cierto), sólo unas horas y fue suficiente para enloquecer a la gente.

Pero en 2011 lo vi enloquecer a él, por la rabia de sus actos, en Daegu, Corea del Sur. Las lesiones fueron decepcionantes capítulos de su carrera, pero esa vez un error fue lo frustrante, lo que le impidió ganar: Usain hizo una salida en falso con la que él mismo provocó su descalificación en la Final de 100m; el Estadio se sumió en un profundo “¡¡¡¡Ooohhh!!!!” y ese grito, como una bomba atómica, destruyó la expectante espera por verlo dominar el hectómetro, con él en el epicentro, como si un hoyo negro absorbiera millones de decepciones.

Pero esa frustración, ese coraje y esa desesperación contra sí mismo, contra sus errores y el aprendizaje de ellos, le hizo tomar la responsabilidad de los siguientes retos y de entre lo doloroso y negativo encontró esa motivación que le hizo ganar dos oros mundiales: en los 200m y con el relevo 4x100m.

El aprendizaje, su felicidad, su certidumbre y su esfuerzo hicieron más radiante su brillo. En Londres 2012 sin lesiones, sin errores y sin miedos, rompió un record olímpico y ganó tres oros…otra vez. En Moscú 2013 recuperó lo que había perdido en los Mundiales anteriores y tenía sus tres coronas en 100m, 200m y el relevo 4x100m de regreso.

Su historia siguió como la que nadie nunca había escrito: de nuevo oros mundiales en 2015 en Beijing, China y ese mismo año regresó a la Ciudad de México para abrir una tienda oficial de la marca que le patrocina. Hasta jugó una cascarita de futbol, pero lo más curioso fue verlo sufrir al subir cuatro pisos en las escaleras del Centro Comercial Liverpool, cuyo elevador estaba bloqueado. Aquí les comparto esa historia. Fue la última vez que lo encontré en persona.

Después de volver a ganar tres oros olímpicos en Río de Janeiro, Brasil, en 2016, anunció que su retiro sería en los Campeonatos Mundiales de Atletismo de Londres, Inglaterra, en 2017, en una nostálgica aceptación del ocaso.

Así avanzó la temporada del adiós, hasta que llegó el agosto de 2017.

El 5 de agosto, día en que se conmemoraban cinco años de que ganó aquel glorioso oro con récord de evento en los Juegos Olímpicos de 2012, Usain regresó a ese mismo tartán en Londres, Inglaterra, a la final de 100m en los Campeonatos Mundiales de Atletismo. Bolt no rompió el récord mundial, tampoco ganó oro: se quedó la presea de bronce, agradecido y melancólico por tantos años de brillo, mientras el nuevo monarca, el estadounidense Justin Gatlin se postró a los pies de la leyenda, que vivía el ocaso de sus días sobre la pista.

Usain se fue de los Mundiales de Atletismo, tal como llegó: con una lesión en los últimos metros, en el relevo 4x100m.

Parecía triste verlo acabar así, pero tirado en el tartán, llegaron todos los relevistas de Jamaica: Nesta Carter, Michael Frater y Yohan Blake, no solo para apoyarlo, en especial para acompañarlo y agradecerle por años y años de esfuerzo, alegrías, asombro, orgullo y en especial, de mucha valentía.

Usain siempre supo que lo acosarían los fantasmas de las lesiones, de los errores y del miedo; pero después de las dificultades de 2004, 2005 y 2011, eligió enfrentar cada competencia con lo máximo que pudo, sin dejar ni el 1 por ciento de su esfuerzo a la deriva, sin dudar por el momento en que le acechara un desgarre o un calambre, sin cuestionarse, sin victimizarse, sin pretextos, ni culpables; totalmente entregado a cumplir lo que él deseaba. Muy por encima de los miedos, se entregó sin límites a su deseo: convertirse en leyenda.

Si me he de llevar un momento de ese chico revolucionario de las pistas, es aquella noche del 21 de agosto en Berlín, Alemania, con miles de voces cantándole y festejando su cumpleaños y aquí un video de ese recuerdo.


  • En 2017 le retiraron el oro del relevo 4x100m por doping del velocista Nesta Carter.
REPORTAJES

El padrino del Azteca

El Estadio Azteca es uno de los inmuebles deportivos más icónicos del planeta. Es, con el Maracaná (1950 y 2014), los únicos que ha recibido dos finales de la Copa del Mundo de Futbol varonil. En México ’70 vio a Brasil coronarse tras ganarle a Italia por 4-1 y en México ’86, albergó otra victoria sudamericana: la de Argentina por 3-2 sobre Alemania. En medio de ambos torneos, recibió la Copa del Mundo Femenil de la FIFA de 1971, un evento que rebasó los contextos deportivos, para convertirse en una inflexión social que potenció la evolución de las mujeres en el deporte.

Llamarle Estadio ‘Azteca’ quizá era obvio, pero hubo alguien a quien se le ocurrió primero que a nadie…y no fue un arquitecto, ni un dirigente deportivo; ni tampoco un empresario que financiara su creación.


@katilunga

Este video es para @Rowino_Potter que siempre está pendiente de esta cuenta de TikTok🙌🏽🤩🤗 . PD. El cantante Andrés Calamaro compuso la canción de fondo para el #EstadioAzteca @FIFA #Futbol #CdMx #ParaTi #Historia

♬ Estadio Azteca – Tranquilamente
PASEO DIGITAL. En este recorrio conoce más datos curiosos del Azteca.

En 1966, el Servicio Postal Mexicano emitió una convocatoria para bautizar el nuevo estadio que sería entonces el más grande del país y que estaba a punto de ser inaugurado. Era una época sin tecnologías digitales, sin Redes Sociales y en la que el uso del correo era mucho más frecuente de lo que es en el Siglo XXI.

En esta convocatoria, una de las reglas fue tomar en cuenta el nombre más votado y de éste, elegir a la primera persona que mandara la carta con su propuesta. El referente para conocer al primer remitente sería la fecha en que se marcó el sello postal sobre la misiva.

Antonio Vázquez Torres mandó el nombre ‘Azteca’ como propuesta y desde León, Guanajuato, mandó la carta que fue la primera en llegar a las oficinas del Servicio Postal Mexicano, en la Ciudad de México. Vázquez ganó el concurso y como premio recibió dos asientos en platea ¡concedidos por 99 años!

PRIMEROS AÑOS. El ‘Azteca’ tenía cuatro años de inaugurado cuando recibió la Copa del Mundo Varonil de Futbol, en 1970.

Ese primer nombre queda imborrable en su historia. Años después se buscó rebautizarle como Estadio ‘Guillermo Cañedo’, en honor al empresario y presidente de la Federación Mexicana de Futbol que en los ’60 comenzó una revolución por modernizar, profesionalizar e incluso internacionalizar este deporte en el país.

Llegó a ser vicepresidente de la FIFA y fue pieza clave para que México pudiese recibir las dos primeras Copas del Mundo de Futbol Varonil que ha organizado: 1970 y 1986; pero especialmente, su participación fue crucial para la creación del Estadio Azteca. Era justo inmortalizarle, pero en la costumbre nacional y mundial decirle ‘Estadio Azteca’ sigue siendo una tradición.

El estadio, creación de los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijarez Alcérreca, requirió de más de 100 mil toneladas de concreto y más de 8 mil toneladas de varilla. Tiene un techo de acero laminado que no requirió columnas y permite ver desde cualquier punto de la instalación hacia el campo.

RÉCORD. Es el estadio que más partidos de Copa del Mundo varonil ha recibido, con 19…hasta ahora.

En su más de medio siglo de existencia el Estadio Azteca no sólo ha visto futbol. También ha abierto sus puertas para juegos de NFL; funciones de lucha libre (1983); la pelea de Julio César Chávez contra Greg Haughen en 1993, registrada como el encuentro de box más concurrido de la historia con un Récord Guinness de asistencia de 132 mil 274 personas; conciertos de Michael Jackson, Elton John, U2, Paul McCartney…y hasta un encuentro religioso, presidido por el Papa Juan Pablo II, en 1999.



El 29 de mayo del 2026 el Estadio Azteca no solo cumple sus primeros 60 años de existencia, también se alistará para convertirse para romper otro récord más: convertirse en el primer inmueble del planeta que recibe tres inauguraciones de la Copa del Mundo de Futbol Varonil, en el verano de ese mismo año; que será la primera sede compartida para América, al organizarla en coordinación con Canadá y Estados Unidos; evento rumbo al que, de nueva cuenta se le quiere imponer un tercer nombre, no asociado con el legado de su historia, sino con el uso comercial y etiquetarle bajo la marca de una institución bancaria mexicana.

A esos dos asientos que Antonio Vázquez consiguió en 1966 les restan casi 40 años de vigencia, para atestiguar las historias que están por escribirse en el eternamente bien nombrado por un aficionado, que habló en voz de los fans mexicanos, como ‘Estadio Azteca’.

 

REPORTAJES

París 1900: Primera conquista olímpica de México

El polo hípico es un deporte de poca difusión pero mucha traición en México. El país vio crecer y desarrollarse al mejor jugador de la historia mundial: Carlos Gracida, quien fue además el favorito de la Reina Isabel II y maestro de su hijo Carlos y sus nietos Guillermo y Enrique, pero además, en los inicios del Siglo XX fue el polo, gracias a tres hermanos que años atrás incursionaron en este deporte.

El 28 de mayo de 1900, los hermanos mexicanos Pablo, Manuel y Estuaquio Escandón y Barrios, con el estadounidense William Wright hicieron equipo en el polo, porque eran otros tiempos y, en el amateurismo del torneo consideraron posible conjugar a jugadores de naciones mixtas, en un deporte de conjunto.

La justa, se desarrolló cuando Porfirio Díaz era presidente de México. En una era afrancesada en la que los hermanos Escandón y Barrios eran hijos de uno de los más importantes accionistas de una de las industrias que mayormente impulsó Don Porfirio: el ferrocarril.

No existían los organismos deportivos de hoy en día: Comité Olímpico Mexicano, Confederación Deportiva Mexicana, Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte o Federación Deportiva Mexicana de ningun deporte; así, el principal patrocinador de aquel resultado fue el padre de los Escandón y Barrios, que al ser accionista de la construcción del Ferrocarril México-Veracruz, costeó el viaje de sus hijos y sus caballos.

Antonio Escandón (quien por cierto regaló a la Ciudad de México el monumento a Cristóbal Colón que se encuentra en Av. Paseo de la Reforma) se casó con Catalina Barrón y Añorga. En el gobierno de Benito Juárez, el matrimonio gozaba de una privilegiada posición financiera y social y ante las posibilidades de padecer secuelas. Los tres hijos estudiaron en el Stonyhurts College de Inglaterra (fundado en 1794).

En marzo de aquel 1900, el hombre que retomó los Juegos Olímpicos de la Antigua Grecia para traerlos a la modernidad, el Barón Pierre de Coubertain, lideraba la segunda edición de la justa. La primera en 1896 fue, en honor a la herencia, en tierras helénicas, pero la segunda, en su patria, aunque entre desolación por falta de recursos, sin ceremonias que dieran inicio y fin a la justa; sin juramentos de atletas, entrenadores o jueces, mucho menos mascotas, logos o un lema.

En los inicios de los Juegos Olímpicos modernos los competidores, antes de deportistas, eran viajeros. En la segunda edición de la justa, París 1900, no existían las campañas mercadológicas, ni había medios de comunicación interesados en difundir el evento, por ello, los atletas deambulaban por las calles de París, preguntando: “¿Dónde se realizarán las competencias de los Juegos Olímpicos?”, con indicaciones, a veces a señas, por las carencias del idioma, unos y otros parisinos les ayudaban a llegar a las sedes a aquellos que buscaban la gloria olímpica, sin estadios llenos, ni gritos eufóricos, los únicos testigos eran los acompañantes de los atletas y los deportistas que no competían en el momento.

Era una tierra que desconocía las secuelas de las Guerras Mundiales, los campos de concentración, atentados o hasta la comercialización de la competencia; todo aquel que participaba lo hacía por el mero espíritu de contender, sin dádivas de por medio.

La casa del polo en París

Coubertine propuso una serie de torneos, Alfred Picard otros, pero fue Daniel Merillon, quien agregó al programa las disciplinas ecuestres. Así, el Campo de Polo de Bagatelle, en el Bosque de Boulogne, inició el primer torneo de polo de la justa, con equipos combinados que en vez de llevar el nombre de sus naciones, se bautizaron como equipos profesionales: Foxhunters: Estados Unidos con Inglaterra; Rugby: Francia con Inglaterra; Bagatelle: Francia con Inglaterra y Norteamérica: México y Estados Unidos.

El torneo, que duró tres semanas, se jugó en round robin (todos contra todos). Pero en las semifinales, Foxhunters perdió 6-4 ante Bagatellel; mientras Rugby superó 8-0 a Norteamérica y aunque la final se compitió el 29 de marzo, se asignaron los bronces a los dos perdedores, sin que debiesen enfrentarse entre ellos, pues así dicta el protocolo de este deporte.

Sin embargo, en el conteo oficial de aquella justa, no se consideró este resultado. Una de las teorías fue que el torneo se realizó con equipos y no con Selecciones Nacionales; aunque no se les reconoció en el medallero, los polistas sí obtuvieron un premio. En aquellos Juegos, de precaria situación financiera, no se entregó, como es ahora, medalla de oro plata o bronce, sino aportaciones privadas para conceder a los ganadores, desde juegos de pipas, hasta boquillas. Al equipo mexicoamericano se le dio una charola de plata de la que hoy no se sabe nada.

Los hermanos Escandón nunca se cambiaron de nacionalidad. Después de aquellos Juegos, Pablo fue Jefe del Estado Mayor y traductor de Porfirio Díaz en su entrevista con el presidente estadounidense William Howard Taft; luego fue gobernador del estado de Morelos. Manuel y Eustaquio se dedicaron a atender negocios en Francia y España, donde Manuel fue un gran promotor del polo. El estadounidense William Wright, el cuarto integrante de aquel equipo, era socio de los hermanos en sus negociaciones por Europa.

Para la edición de Berlín 1936, México regresó al podio olímpico en el polo, de nueva cuenta con el bronce, pero esta vez como equipo con Juan García, ANtonio Nava, Julio Müller y Alberto Ramos y fue la última edición en la que se realizó esta disciplina hípica.