REPORTAJES

Los ‘recordman’ mexicanos

Sólo diez deportistas del país han dejado su nombre en un récord mundial y las únicas marcas mexicanas aún vigentes pertenecen a dos mujeres; la más reciente llegó en 2018

KATY LÓPEZ

Romper un récord del mundo puede dar gloria o desgracia. De los eventos que se compiten en el ciclo olímpico, diez mexicanos han dejado su nombre en un registro del orbe y cada marca abrió un camino inesperado en sus carreras.

En 2018, el mundo vio a la décima persona mexicana dejar su nombre en una nueva marca: la jalisciense Linda Lorena Ochoa-Anderson, en el tiro con arco compuesto.

Pero todo inició a finales de la década de los 60, cuando despuntó la era del cronometraje electrónico, que aportaba resultados precisos por centésimas de segundo, así como datos estadísticos; así fue posible calibrar con una precisión histórica los nuevos alcances del ser humano.

Pero tras los logros y las consolidaciones, los héroes temporales se visten de luz y sombra; a tal grado, que de los diez recordistas mundiales mexicanos, sólo tres se  han convertido, hasta hoy, en medallistas olímpicos y dos se naturalizaron estadounidenses.

Así, el ciclista regiomontano Radamés Treviño fue el primer mexicano que dejó su nombre en una marca del orbe, aunque el final de su vida fue trágico. En 1967 mejoró la marca de los 4,000m de persecución individual, pero en 1970 competía en una prueba de ruta en la CDMX, cuando un automovilista invadió el carril de competencia y lo mató, llevándose con él sus 24 años de edad y su prominente carrera deportiva.

En 1968 el nadador Guillermo Echavarría lo hizo en los 1,500m libres, cuando sólo faltaban tres meses para los Olímpicos de México ‘68.

«Después del récord, todos querían que ganara oro. No dormía de la preocupación, despertaba en la madrugada empapado en sudor por la ansiedad. El día de la final, antes de competir, el presidente Gustavo Díaz Ordaz me mandó una tarjetita que decía Memo nos vemos en el podio y eso me metió más presión; obviamente terminé la carrera más por honor que otra cosa”, recordó Echevarría, quien hace 50 años salió de la alberca entre rechiflas y abucheos por culminar en sexto sitio de la final olímpica.

En la década de los 70 la marcha mexicana cambió el paradigma. Daniel Bautista rompió récords y ganó medallas.

“En mi época hacer récords mundiales era obligatorio. Fui protagonista en los 20km: rompí tres veces la marca en ruta porque trabajar intensamente era una costumbre y ganar era consecuencia; queríamos dominar un deporte que era de europeos y perduramos algunas generaciones”, recordó Bautista Rocha, quien en cuatro ocasiones batió el registro del orbe en 20km de marcha atlética.

Raúl González lo hizo dos veces en 50km. “Hay una fórmula muy simple: los mejores atletas acumulan entre 10 mil y 12 mil kilómetros de trabajo al año; hablamos más o menos de 200 o 300 km de trabajo por semana”, explicó el doble medallista olímpico, cuya marca de 3:41.20 duró cinco años vigente.

En 1989, Arturo Barrios rompió la marca de 10,000m. No ascendió a podios mundiales ni olímpicos, pero su logro rindió frutos. “Un récord del mundo deja tu nombre en la historia, sin importar que pasen 50 años. Nadie más que yo habría querido una medalla olímpica, pero sé que di mi máximo esfuerzo: dos veces fui 5º y aunque no gané, hubo más satisfacciones en mi vida”, agrega Barrios, quien después se naturalizó estadounidense.

“La falta de educación limita el rendimiento de un atleta. Los mejores fondistas fuimos universitarios y tu forma de pensar de expresarte, de escribir y hasta de correr, es distinta cuando estudias, por eso no ha habido más récords mundiales de mexicanos”, agregó Barrios.

Pasaron 27 años para volver a ver a un mexicano con un registro del orbe. En 2016, Jessica Salazar fue la primera mujer del país que lo logró, en 500m contrarreloj. “No fue tan difícil hacer el récord, como lo ha sido mantener el nivel de competencia. Todos tienen altas expectativas de tus resultados y es difícil creer que por tener un récord mundial vas a ganar cosas mundiales, a veces yo misma espero más de mis resultados y hay que aprender a controlar las emociones”, agregó la ciclista.

“Hacer un récord del mundo tiene que ver con tus capacidades pero también con las condiciones del día: desde el clima, hasta tu estado anímico, la altitud, todo se da en ese momento para lograrlo”, agregó Salazar Valles, quien en origen era especialista en ciclismo BMX.

La más reciente fue Linda Ochoa, quien lo hizo en 2018 en tiro con arco compuesto. “Siempre lo soñé, fue un deseo pero no una presión y sé que podría romperse pronto, espero ser yo misma quien lo haga de nuevo, pero sé que hay muchas otras metas en mi vida”, agregó la tapatía, quien en 2019 optó por representar a Estados Unidos.

Hoy, México ostenta los récords de Salazar y de Ochoa; pero sólo una vez retuvo una marca del orbe en natación con Echeverría. “Todo mundo tuvo expectativas en mi después del récord y fue muy duro, muy difícil no ganar una medalla olímpica en mi propia casa, por tanta presión”, recuerda Guillermo; mientras Linda comparte: “No me preocupa mucho cuanto dure el récord, ya es parte de mí y sí buscaré mejorarlo, pero sin obsesionarme”.

LO CURIOSO

Hace casi 40 años, los récords mundiales de marcha atlética se consideraban únicamente en pista, por lo que tanto Raúl González, en 50 mil metros de marcha (equivalentes a 125 vueltas a una pista de atletismo), junto con Daniel Bautista, Ernesto Canto y Bernardo Segura, en 20 mil metros, hicieron marcas del orbe; de hecho, el registro de 1:17.25.6 horas que hizo Segura Rivera en 1994 sigue vigente.

RECORDISTAS MUNDIALES MEXICANOS

 

RadamesTreviño

1. RADAMÉS ELIUD TREVIÑO LLAMAS

Fecha de nacimiento: 7 de diciembre de 1942

Lugar de nacimiento: Monterrey, Nuevo León.

Deporte: Ciclismo

Disciplina: Persecución individual 4,000m.

Récord: 4:49.73 (Ciudad de México, 1967)

Detalles: En la 3ª Semana Deportiva Internacional, en el velódromo que aún se encuentra en el Centro Deportivo Olímpico Mexicano, rompió la plusmarca que pertenecía al italiano Luigi Roncaglia y que tenía más de tres años vigente (4:52mins; 6 de junio de 1964).

MemoEchavarria

2. GUILLERMO ECHAVARÍA

Fecha de nacimiento: 13 de mayo de 1948

Lugar de nacimiento: Ciudad de México

Deporte: Natación

Disciplina: 1,500m

Récord: 16:28.1mins, 7 de julio de 1968. California.

Detalles: Mejoró el registro del estadounidense Michael Burton (16.34.1min) que tenía vigente 13 meses. El récord de Echevarría duró menos de dos meses pues el propio Burton lo mejoró por 20 segundos en setiembre de 1968 (16:08.57mis).

3. DANIEL BAUTISTA ROCHADanielBautista

Fecha de nacimiento: 4 de agosto de 1952

Lugar de nacimiento: El Salado, San Luis Potosí

Deporte: Atletismo

Disciplina: 20km marcha

Récord: 1:23.40 (30 de mayo de 1974, Bydgoszcz, Polonia). 1:22.16 (19 de mayo de 1979, Valencia, España). 1:21.04 (9 de junio de 1979, Vretstrop, Suecia) y 1:21.00 (30 de marzo de 1980, Xalapa, Veracruz).

Detalles: Bautista mejoró los registros de 20km (ruta) y 20 mil metros (pista) de marcha. La primera vez mejoró el registro del británico Paul Nihill (1:24.50, 1972)  y su último récord lo rompió un mes después el mexicano Domingo Colín.

OlegarioVazquez4. OLEGARIO VÁZQUEZ RAÑA

Fecha de nacimiento: 10 de diciembre de 1935

Lugar de nacimiento: Ciudad de México

Deporte: Tiro deportivo

Disciplina: Rifle de aire individual

Récord: 393 puntos, octubre 1975.

Detalles: Marcó el récord en los Juegos Panamericanos de 1975, lo que lo llevó a ganar oro y además la primera edición del Premio Nacional de Deportes, junto con el clavadista Carlos Girón.

5. RAÚL GONZÁLEZ RODRÍGUEZRaulGonzalez

Fecha de nacimiento: 29 de febrero de 1952

Lugar de nacimiento: Nuevo León, Monterrey

Deporte: Atletismo

Disciplina: 50km marcha

Récord: 3:45.52 (23 de abril de 1978, CDMX), 3:41.20 (11 de junio de 1978, Podebrady, Checoeslovaquia).

Detalles: En un solo año rompió dos veces el registro y el segundo duró casi cinco años vigente. Raúl es el único deportista de América que ha mejorado el registro mundial de 50km marcha.

DomingoColin.jpg6. DOMINGO COLÍN

Fecha de nacimiento: 4 de agosto de 1952

Lugar de nacimiento: Ciudad de México

Deporte: Atletismo

Disciplina: 20km marcha

Récord: 1:21.00 (24 de abril de 1980, Cherkasy, URSS)

Detalles: Un mes después de que Daniel Bautista hiciera el nuevo registro, Colín lo mejoró por solo un segundo. Su marca estuvo vigente por casi tres años.

7. CARLOS MERCENARIO CARVAJAL

Fecha de nacimiento: 3 de mayo de 1967CarlosMercenario

Lugar de nacimiento: Ciudad de México

Deporte: Atletismo

Disciplina: 20km marcha

Récord: 1:19.24 (3 de mayo de 1987, NYC, EU).

Detalles: Mercenario mejoró la marca que tenía casi cuatro años sin romperse y era del checo Jozef Pribilinec; sin embargo, el registro del mexicano apenas duró un mes. Es el último mexicano que dejó su nombre en un récord del mundo de 20km marcha.

ArturoBarrios.jpg8. ARTURO BARRIOS FLORES

Fecha de nacimiento: 12 de diciembre de 1962

Lugar de nacimiento: Ciudad de México

Deporte: Atletismo

Disciplina: 10,000m

Récord: 27:08.23 (18 de agosto de 1989, Berlín, Alemania)

Detalles: Es el único atleta del continente americano que hizo una marca mundial en este evento. Su récord duró casi cuatro años y sigue siendo, junto con el de 5,000m, el récord mexicano actual. Barrios el mejor fondista en la historia del país fue el primer hombre del mundo que corrió el 21k en menos de una hora

9. JESSICA SALZAR VALLESJessicaSalazar

Fecha de nacimiento: 21 de septiembre de 1995

Lugar de nacimiento: Guadalajara, Jalisco

Deporte: Ciclismo

Disciplina: 500m contrarreloj

Récord: 32.268s (7 de octubre de 2016, Aguascalientes, México)

Detalles: Es la primera mujer latinoamericana que rompe el récord del mundo en este evento. Mejoró el registro de la rusa Anastasia Voyonova que tenía dos años de vigencia (32.7949). Sigue siendo la marca vigente.

LindaOchoa10. LINDA OCHOA-ANDERSON

Fecha de nacimiento: 2 de enero de 1987

Lugar de nacimiento: Guadalajara, Jalisco

Deporte: Tiro con arco

Disciplina: Arco compuesto

Récord: 150 puntos con 11 X (13 de mayo Florida, EU).

Detalles: Aunque ya había marcado 150 puntos en esta temporada, lo que hizo la diferencia fue la cantidad de centros perfectos (X), mejoró la marca de la colombiana Sara López por una X. Es la primeramexicana que logra una marca mundial en tiro con arco.

Relatos 'off the record'

CARLOS

CarlosLopez3

Katy López

La primavera de 2011 daba sus más radiantes pulsos cuando Carlos llevó toda su ilusión y su esfuerzo a Colombia para entrenar con la Selección Nacional de Ciclismo de Ruta. Se preparaba para competir en los Juegos Panamericanos de Guadalajara, Jalisco y aunque toda su disciplina y dedicación estaban en los entrenamientos, su corazón se quedó en México, con su pequeño hijo Cali.

Cali era un niño cuando le dijeron a sus padres que no llegaría a adulto; que, a causa de un asintomático, silencioso y letal tumor cerebral, Carlitos tendría una muerte encefálica; que en cualquier momento podría irse y así pasó: mientras Carlos entrenaba, allá tan lejos, Carlitos dio su último aliento el 4 de mayo de aquel año. Carlos suspendió todo, regresó a México y junto con su esposa Blanca, honraron los ocho años compartidos con su primogénito.

“Para mí es un honor tener un hijo tan bondadoso. Como mamá de un gran héroe, me siento feliz porque estuvo conmigo ocho añitos que fueron de enseñanza. Mi hijo, después de su partida, ha dado vida a más personas…perdón si hablo en presente, pero para mí, mi hijo no murió, está y estará conmigo hasta el fin de mis días”, comparte Blanca, quien junto con Carlos decidió donar los órganos de su hijo.

“Nos hace falta ser más conscientes con nuestros semejantes y fomentar la cultura de donación de órganos, somos egoístas y no pensamos que tenemos hijos y quizá en un momento necesitaremos de un héroe anónimo como mi Cali”, agrega ella, quien con su esposo se convirtieron en donadores voluntarios también.

Carlos estaba abatido entre el dolor y la añoranza. En su cabeza sólo giraba la frase que sus hijos Cali y el más pequeño, Erick Alexander, le gritaban en cada competencia: “¡Vamos papá tu puedes! ¡Eres nuestro héroe!”. Eso lo cambió todo. Carlos se preparó a conciencia y prometió a sus dos pequeños que unos meses después ganaría una medalla de los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011.

Llegó octubre y con él, la competencia. Carlos llegó a la meta en Zapopan, Jalisco con el rostro lleno de sudor y llanto: aunque paró el reloj en 3:41.59 horas y fue el mejor mexicano, no alcanzó a cumplir la promesa y culminó en 7º sitio y a nadie en ese circuito le dolió más el resultado que al ciclista.

La vida de Carlos siguió rodando en bicicletas, entre carreteras conquistadas en su natal Tzomantepec, Tlaxcala, entre pedaleos que vieron ocasos y amaneceres, entre esfuerzos que tocaron la brisa fresca y el olor a flores recién nacidas en verano, o el vuelo seco de la hojarasca en el otoño.

Carlos era un adolescente cuando dejó la escuela para ayudar en los ingresos de una familia de 11 integrantes cuando un día vio en su pueblo el trazo competitivo de una vuelta ciclista y allí encontró el camino de su destino. Dedicó su vida al ciclismo. Compitió en vueltas por distintos países, se convirtió en un mentor de nuevos talentos y planeaba su retiro en 2019, pero esa última meta no la cumplió.

El 15 de diciembre de 2018, Carlos López González salió a rodar entre otro de muchos atardeceres otoñales que persiguió en su bicicleta, cuando fue arrollado en la carretera federal Apizaco-Huamantla, muy cerca del puente de Cocotla y falleció al instante por el severo traumatismo craneoencefálico que provocó el accidente.

No fue un tráiler, no fue una persona en estado de ebriedad, fue Adolfo Escobar Jardines, ex edil de Tlaxcala, quien manejaba una camioneta a exceso de velocidad, en compañía de su familia y así se llevó la vida de un ciclista, un padre, un esposo, un hermano, un ejemplo.

El 17 de enero de 2019, Carlos habría cumplido 38 años de edad y a Blanca, entre sollozos, sólo le resta un aliento para decir:

“De la manera más cruel me arrebataron a mi compañero de vida. Quisiera que no fuera cierto, pero los días pasan y él no regresa…ahora mis dos Carlitos están juntos”.

A una semana de su partida, el domingo 23 de diciembre, en Santa Ana Chiautempan, su natal Tlaxcala, realizaron un Paseo Ciclista Pacífico, en un llamado a la conciencia por el cuidado de los ciclistas, en memoria de Carlos López y en honor a todas las veces que rodo por ese asfalto, entre ocasos, amaneceres, sonrisas y sueños.

 

 

Mujer y Deporte, Relatos 'off the record'

Luz olímpica

Si no existiera la noche, no descubriríamos el potente destello de las estrellas. Así es la adversidad, que en sus fases más oscuras nos ayuda a encontrar la luz. En una de esas etapas, yo diría que encontré mi ‘Luz Olímpica’.

En noviembre de 2018, Luz Mercedes Acosta recibió la medalla olímpica que por derecho le correspondía desde los Juegos Olímpicos de Londres 2012. Aunque no subió al podio en la sede británica, el Comité Olímpico Internacional anunció años después que tras descubrir los dopajes de: la kazaja Maiya Meneza (oro), la rusa Svetlana Tsarukaeva (plata) y la turca Simsek Sibel (4ª), la mexicana Luz Mercedes era la verdadera ganadora del bronce

Justo en esos Olímpicos ella hizo por mi algo que merecía una medalla de diamantes y como no puedo entregársela, lo mejor que puedo hacer es compartir esta historia…

Estaba en Londres 2012, mis primeros Juegos que fueron un tanto ‘X-tream’: tenía más de dos meses sin recibir pago, no tenía dinero, y al llegar a Inglaterra no tenía donde vivir… pero, el 23 de julio, en mi primer día de trabajo, fui al ExCeL Complex y encontré en entrenamiento a Joselino Montes y Luz Mercedes Acosta, los dos, de levantamiento de pesas.

Mientras practicaban, pensé en lo que pasaron para clasificar a los Juegos: Lino era el primer hombre mexicano, en 28 años, que competiría en unos Olímpicos y Luz Mercedes ¡uff! Yo no conocí antes de ella a nadie que peleara su plaza olímpica hasta las últimas instancias administrativas, institucionales y hasta jurídicas, sólo ella. La Federación Mexicana de Levantamiento de Pesas no quería llevarla, pero de acuerdo a sus propios criterios de selección –escritos meses antes de los Juegos – a ella le correspondía la plaza. Luz Mercedes no desistió hasta vivir sus segundos Olímpicos (fue 8ª en Beijing 2008) y allí estaba, en sus últimas practicas en Inglaterra.

Terminaron de entrenar. Se acercaron para que los entrevistáramos y al final, Luz Mercedes me saludó contenta, yo también lo estaba…no sé, ahora creo que ella notó algo en mí. Me preguntó qué pasaba y brevemente le conté mi austera y enredada historia. Se afligió pero -como buena sonorense- no tardó en sonreírle a mi desgracia, que vi en su rostro como si fuera suya.

Más en invitación que en los formalismos del trabajo me dijo: “¿¡vas a venir a mi competencia!?”. (Aquí quiero hacer un paréntesis: cuando un atleta te hace esa pregunta, es una distinción muy especial, quiere decir que quiere compartir contigo esa experiencia, quiere que, al final del momento para el que se preparó por años -o quizá toda su vida-, puedas estar a su lado).

A eso había ido yo a Londres: a ver a los atletas de México competir. Así que, sin titubeos, respondí: «¡Claro que sí Luz!”. Así quedamos.

Seguí mis días de cobertura y como fui invitada, a las 10:00 am del 31 de julio de 2012, estaba en el ExCel Complex de nuevo, para ver la competencia femenil del Grupo A en -63kg. de halterofilia; es decir, a Luz Mercedes, que hizo 99 kilos de arranque, 125 de envión, para un total de 224kg: sexto sitio para la mexicana.

Fui a la zona mixta para entrevistarla. Terminó el protocolo laboral y Luz Mercedes me dijo: “¡Espérame aquí! ¡No te me vayas!” Y así hice. Pasaron menos de 10 minutos y Luz no regresaba, pero entonces llegó la Doctora Mónica, quien formó parte del equipo multidisciplinario de Luz Mercedes; la Doctora me dijo: «Luz ya no pudo venir contigo porque le pidieron hacer prueba anti dopaje, pero vengo de su parte. Abre tu mochila» y sacó una bolsa llena de alimentos: cereales, frutos secos, jugos, sándwiches, panqués, barras energéticas, agua… Era demasiado y yo, bueno, casi lloraba. “¡Doctora, por favor dígale que muchas gracias!”, dije y la abracé muy fuerte. Después le escribí a Luz Mercedes y ella contestó: “No me digas nada, no puedo hacer tanto como quisiera, pero si en esto puedo ayudarte…además tú harías lo mismo”, me dijo. No había duda de que sí.

Toda esa semana pensé: ¿Cómo podía ella pensar en mí, teniendo encima la presión administrativa por su participación en Londres 2012? En el evento para el que se preparó por cuatro años, Luz se acordó de mí y pensó en cómo aminorar mis dificultades.

Además, los pesistas no pueden comer casi nada el día de su competencia, pues en ocasiones el peso corporal puede ser el criterio de desempate.

Con todo y eso, con todo y tener que cargar kilos de comida en pleno ayuno, antes de salir de la Villa Olímpica, Luz sacó del comedor tantos alimentos como pudo para entregármelos y ¿qué hice yo? Bueno claro que le agradecí y consumí parte de esa bendición, pero si algo aprendí de mi jefe y editor en Récord, Gustavo Borges, fue que la mejor forma de agradecer las bendiciones no era regresarlas a quien las entrega, sino compartirlas con quienes las necesitan.

Así hice con lo que Luz me entregó. Le invité a compañeros que tal vez no estaban en una situación como la mía -por que la verdad: no cualquiera es un homeless en el Reino Unido-, pero que por los andares olímpicos no tenían tiempo de salir a comer. Disfruté ver como la ayuda de Luz Mercedes se multiplicó para muchos más.

Yo no sé qué le habrá demostrado al público, los jueces y sus rivales en el escenario de competencia, pero para mí, Luz se llevó una medalla de diamantes azules, en humanidad y empatía.

Siempre le agradeceré mucho a Luz su solidaridad, su atención y el brillo de su nombre en su actitud.

Prácticamente al 6º aniversario de esta historia, en noviembre de 2018, la vida le permitió cosechar algunas de las hermosas bendiciones que han florecido tras la siembra de su bondad y escribió su nombre en el muro de los medallistas olímpicos de México.

Historias aleatorias

Amo las flores

 

Katilunga

Amo las cosas que me asombran. Amo demasiadas cosas. Amo, por ejemplo, las flores. Amo en especial a las silvestres.

Amo los dientes de león, que aparecen a finales del verano, entre camellones de las calles. Se mantienen estoicos aún al acelerado y feroz ritmo de un auto y aunque revolotean, siguen completos; sin embargo, se desprenden con el primer y delicado aliento de un deseo.

Amo las flores y me asombran. ¿Cómo es que llegan a la vida con la única tarea de ser hermosas y llenar de perfume su belleza? Un oficio tan trivial y delicado, que no alcanzo a comprender cómo en su vanidoso, egoísta y tierno objetivo radica la esencia de los ciclos de la vida.

Me asombran las flores que, como bailarinas de ballet, construyen su elegancia y su hermosura sobre una estructura  flexible y resistente. ¿Cómo un tallo tan delgado y delicado sostiene sobre sí tanta belleza?  Por hermosa y pesada, es una obra que ni el más grande arquitecto ha emulado.

Amo su capacidad de improvisar. Cada verano me sorprenden con múltiples detalles ¿en qué lugar saldrán? ¿de qué color serán?

Amo la valentía que ni ellas notan. ¿Cómo es que en el lúgubre frío y la oscura tierra, combaten y germinan por alcanzar las cálidas caricias del sol en el verano?

Al llegar el otoño, las despido y doy gracias por su esfuerzo, por dotar de brillo y esperanza mis trayectos. En un año más vendrán de vuelta, sorprenderán mi andar y darán vida. 

Amo las flores. Tan simples y asombrosas. 

Relatos 'off the record'

El dije de la protesta

Una noche del verano de 2018 caía en la Ciudad Universitaria de la UNAM, cuando entre los caminos que conducen a sus aulas caminaba John Carlos; 50 años atrás, en ‘territorio puma’ brilló en el con el bronce olímpico de los 200m, pero el resplandor de su éxito deportivo fue solo el pretexto para pararse en el podio y desde las alturas de la victoria el denunciar lo injusto que era la discriminación racial.

De padres cubanos, Carlos nació en Harlem, Nueva York el 5 de junio de 1945 y antes de la medalla olímpica en México 68, fue Campeón Panamericano de 200m en Winnipeg 1967, pero el deporte nunca más volvió a escuchar su nombre y su silueta no brilló nunca más en el movimiento olímpico.

Pero entre aquel ocaso del verano de 2018, John caminaba por el Centro Cultural Universitario de la UNAM y recordaba cómo cinco décadas antes el mundo era tan distinto pero a la vez muchos prejuicios seguían arraigados y la lucha por eliminarlos debía continuar. Llegó a la Sala ‘Carlos Chávez’ donde muchos protagonistas y testigos presenciales de México 68 compartían lo que el corazón, la memoria y la reflexión les permite atesorar de aquellos 15 intensos días de otoño.

John Carlos compartía sus más profundos recuerdos. Usaba una gorra negra y de su cuello pendía un dije que resumía el momento más intenso de su vida: aquellos momentos en el podio de los Juegos Olímpicos, cuando levantó con el puño enfundado en guante negro en señal de protesta contra la desigualdad racial.

Esa misma seña era su dije: un puño con cada dedo del color de un aro olímpico, en cuya base se trazó la silueta de su figura a cuerpo completo.

“Se me ocurrió a mí el diseño y lo mandé hacer en el Suroeste de Estados Unidos”, compartió orgulloso. “Es único. Aquí lo dice todo. Quería usar los aros olímpicos, pero me dijeron que tal vez no podría hacerlo, por eso fue mejor poner el puño”.

La joya es el pequeño recuerdo del gran momento que cimbró la historia y que sumió su vida entre los más intensos contrastes.

“Primero nos respetaban mucho, en México muchos nos aplaudieron, pero después algunos yanquis nos acusaban de alborotadores. Al regresar a Estados Unidos, la gente que me apreciaba, a la vez trataba de evitarme, tenían miedo de represalias, de padecer lo mismo que nosotros de ser señalados, juzgados y hasta bloqueados por la sociedad”, agregó el hombre hoy de 74 años de edad.

Pese al brillo olímpico, pese a levantar la mano para denunciar las desigualdades sociales, políticas, económicas, académicas o médicas que padecía la comunidad afroamericana, Carlos fue vetado y separado del deporte.

“La tristeza más grande de mi vida fue que mi esposa se quitó la vida. No pudo superar estas condiciones fue terrible. Si no hubiera tenido fe en mí mismo y en Dios no sé qué habría sido de mi”, confesó Carlos, quien visitó la UNAM y desde la Sala Carlos Chavez habló a las nuevas generaciones:

Al no poder continuar su desarrollo deportivo, ni tener el reconocimiento social que merece todo medallista olímpico, ni encontrar trabajo vinculado a su amado atletismo, encontró la forma de subsistir lavando autos, también fue obrero, pero perdió todo.

“La tristeza más grande de mi vida fue que mi esposa se quitó la vida. No pudo superar estas condiciones fue terrible. Si no hubiera tenido fe en mí mismo y en Dios no sé qué habría sido de mi”, confesó en la charla ante estudiantes y les dijo:

“Comprométanse con su sociedad. Pónganse al frente del cambio. No esperen a tener 60 años para pensar en hacer algo. Yo entonces tenía 22 y no estaba dispuesto a quedarme callado. Es difícil, es muy difícil, las consecuencias son muy duras; quizá ustedes no verán los resultados, pero sus hijos sí los vivirán”.

John Carlos. Medallista olímpico y luchador social

Hace 50 años en el Estadio Olímpico de Ciudad Universitaria, Carlos ganó bronce en 200m, al lado de su compatriota Tommie Smith (oro) y el australiano Peter Norman (plata). Todos se manifestaron allí: los estadounidenses con el puño negro y Norman con un parche a favor de los Derechos Humanos en el deporte olímpico. Todos fueron vetados de por vida del deporte, pero ninguno se arrepintió.

“No se trata de luchar por los derechos de un sólo grupo. Cuando se falta y se dañan los derechos de unos, queda probado que no se respetan ningunos”

John Carlos. Ex velocista estadounidense

Ni el medio siglo que ha hecho estragos en el color de su cabello o en la textura de su piel ha cambiado su carácter indomable, inquebrantable y valiente; el espíritu de un joven que porta sobre el pecho un dije más pequeño y más valioso que su medalla olímpica.

REPORTAJES

Desaire olímpico

Karen Muir era la favorita para ganar oro de 100m dorso en la natación de México 68, pero ni siquiera se presentó en los Juegos. No fue invitada. Ni ella ni ningún sudafricano fue aceptado en la justa mexicana y ese desaire causó uno de los más ríspidos conflictos entre un país sede de unos Juegos y el Comité Olímpico Internacional (COI).

En febrero de 1968, durante la sesión del COI en Grenoble, le ordenan a México invitar a Sudáfrica, la nación más desarrollada del Continente Africano y donde los colonos europeos promovían el Apartheid, una política de segregación racial contra los ciudadanos de raza negra.

“Para México era una incongruencia invitarlos: en un evento de paz e igualdad no se podía traer al país que hacía política en contra de esos valores. Aunque Sudáfrica aseguró que traería a una Delegación Nacional con negros y no negros, el Consejo Superior de Deportes de África se manifestó diciendo que más allá de llevar atletas de ambas razas, debía respetar las normas básicas de convivencia cívica y por eso todos los países de África decidieron no asistir a México 68 si venía Sudáfrica; luego se solidarizaron países de Medio Oriente, India, URSSS, Cuba, Europa del Este y si no venían, esto iba a ser una catástrofe con menos de 60 países participantes”, comenta el arquitecto Javier Ramírez, quien custodia un amplio archivo documental de los Olímpicos mexicanos.

Las protestas comenzaron muy pronto y a finales de febrero, el Comité Olímpico Cubano expidió una carta al COI para externar su desacuerdo en convocar a una nación que promovía el racismo; aquí el documento:

El llamado de las naciones africanas por el respeto a los Derechos Humanos y por los ideales del olimpismo trascendía más allá del deporte. Muchos de los países de ese continente recién culminaban las colonizaciones europeas en sus territorios; por ello, si su identidad estaría representada en los Juegos Olímpicos, era fundamental, en la vida y la historia de estos países, mantener una postura infranqueable ante el Apartheid; por ello, el Consejo Supremo del Deporte en África también se expresó y emitió una carta a todos los Delegados de las naciones de su continente, para sumarse a la decisión de los mexicanos José de Jesús Clark Flores, Marte R. Gómez y Pedro Ramírez Vazquez: no invitar a Sudáfrica.

En medio de la hostilidad, el COI, que entonces dirigía el estadounidense conservador Avery Brundage, quería “obligar a México” a extender la invitación. Broundage e-hasta hoy el único estadounidense que ha dirigido el COI- fue lanzador de disco y representó a su país en los Olímpicos de Estocolmo 1912, perfiló un camino con tendencias raciales; mismas que quedaron demostradas en los propios Juegos de México 68, al excluir de por vida a los velocistas Tommie Smith, John Carlos y Peter Norman de participar en los Juegos Olímpicos, por manifestarse contra las expresiones de odio por color de piel y aquí su historia:

Pero antes de llegar a los Juegos mexicanos, Broundage buscó perpetrar las políticas de Sudáfrica y el reconocimiento de esta nación en la esfera olímpica y convocó al Comité Ejecutivo del COI para someter a votación si se convocaba o no a Sudáfrica; entonces, el Comité Organizador de México 1968, dirigido por el arquitecto Pedro Ramírez Vázquez, se esforzó para que la mesa directiva del propio COI revirara sus propias exigencias.

“México cabildea. Por ejemplo: el italiano Giorgio de Stefani era presidente de la Federación Internacional de Tenis y estaba a favor de invitara Sudáfrica pero México le dice ‘mira: vamos a incluir al tenis como deporte de exhibición en México 68, pero solo si votas en contra de que venga Sudáfrica’”, agregó Ramírez.

Pero en otra negociación se puso sobre la mesa el nombre del comediante más famoso de México: Mario Moreno ‘Cantinflas, aquel que el propio Charles Chaplin consideró como el “comediante vivo más grande del mundo”.

“El caso más curioso es el de Lord Killani, era vicepresidente del COI, pero también representante de la productora cinematográfica Columbia Pictures en Irlanda, así que Emilio Rabasa, Director del Banco Cinematográfico en México habla a Los Ángeles, a la Columbia, y les dice: “les damos la distribución de la película oficial de los Juegos y mediamos el problema legal que tienen con Cantinflas, pero que su distribuidor en Irlanda se eche para atrás con invitar a Sudáfrica”, y así se logró todo”, agregó Ramírez.

Al final, la mayoría en el Comité Ejecutivo se negó a invitar a Sudáfrica y para evitar que el organismo se viera dividido, Brundage anunció que fue una decisión unánime; por vez primera el propio COI revocó una petición que había defendido.

Cantinflas, en agradecimiento a la resolución de su contrato, hizo cuatro spots gratuitos para promover entre la ciudadanía mexicana una buena actitud de anfitrionía durante los Juegos Olímpicos y aquí una recopilación de ellos:

Colaboraciones se Cantinflas rumbo a los Juegos Olímpicos de México 1968.

Mientras por seis ediciones olímpicas consecutivas se negó a Sudáfrica el derecho a competir, hasta Barcelona 1992.

Pero en 1968, México ganó la primera competencia olímpica, antes de empezar los Juegos: la lucha por los Derechos Humanos y el respeto a la igualdad; sin embargo, desde entonces es el COI el que invita directamente a cada una de las naciones participantes y ya no se emiten las invitaciones a través de la sede y su Comité Organizador.

“El COI debería estar agradecido con México. Nos debe la autoridad moral que le dimos al organismo, al mantener los valores olímpicos en los Juegos, al respetar su propia Carta Olímpica y ser congruentes con los ideales que el propio COI promueve”

Javier Ramírez Campuzano
Custodio de archivo documental de México 1968
REPORTAJES

Septiembre Negro: el día en que olimpismo se manchó de sangre.

“Seguro son festejos de algún tirador de México que algo anda festejando”. Esa fue la conclusión a la que llegó Pedro Aroche al escuchar disparos en el edificio vecino. Era la madrugada del 5 de septiembre y nadie imaginó que esa jornada amanecería con la herida más profunda en la historia del deporte olímpico.

Salió el Sol y con su luz se reveló la realidad. Pedro despertó y supo entonces que a unos metros de su habitación, se perpetró el primer atentado terrorista en terrenos deportivos: en la Villa Olímpica de los Juegos de Munich 1972, el grupo Septiembre Negro secuestró a atletas de la Delegación de Israel, en busca de que se cumplieran sus demandas.

El grupo Septiembre Negro entró camuflado como atletas a la Villa Olímpica.

“Yo la verdad pensé que era algún mexicano que andaba alegre y por eso había hecho eso, porque hay deportes como el pentatlón o el tiro deportivo donde usan armas y entonces si eran de fuego ¡pero nada que ver! Luego vimos que no era nada de eso, sino el ataque de los fedayines”, recordó el ex marchista Aroche, hoy entrenador de caminata.

Aroche (tercero) fue parte de la generación más competitiva de la marcha mexicana.

Los Juegos de Munich 1972 fueron su debut olímpico. “Tenía poco tiempo de trabajar con el profesor Jerzy Hausleber, yo nunca había ido a Europa y menos a un país tan fregón como Alemania, pero sí sabía que el conflicto de israelitas y palestinos tiene mucho tiempo, siempre han sido enemigos, pero lo que todavía no sé es cómo se colaron a la Villa Olímpica”, confesó.

La Guerra Fría estaba en su apogeo y esta secuela de la II Guerra Mundial mantenía dividida a Alemania. Munich, capital de Baviera, al sur de la Alemania Occidental, recibió los Juegos en una era en la que no se pensaba, ingenuamente, que el deporte pudiera ser el blanco de movimientos políticos o sociales.

Pero ambas Alemania (Occidental y Oriental) coincidían en dos cosas: borrar de la memoria mundial el racismo que lastimo a la comunidad judía, hasta mediados del Siglo XX y resarcir la imagen que imperó en los Juegos Olímpicos de Berlín 1936, cuando Adolfo Hitler fue anfitrión de la justa y pretendía evidenciar sus creencias de una presunta “supremacía aria”, sobre el resto de las razas (mensaje que no salió tan bien considerando al legendario atleta afrodescendiente Jesse Owens que ganó tres oros olímpicos en esos Juegos).

Así, el Comité Organizador de Munich 1972 se esmeró en mostrarse más amigable y empático…hasta redujo los controles de seguridad, para no “militarizar” los Juegos y ese hueco en la estrategia fue la puerta por la que entró el terrorismo al mundo olímpico.

El grupo Septiembre Negro conoció cada rincón de la Villa Olímpica, con apoyo de movimientos neonazis y, la noche del 4 de septiembre de 1972, vestidos con ropa deportiva, cruzaron la barda hacia la Villa (algo que frecuentemente hacían los atletas por las noches para evitar los regaños de los pocos guardias). Cuando competidores estadounidenses los vieron saltar, les ayudaron a pasar, sin conocer sus intenciones.

El grupo llegó a las habitaciones de los deportistas de Israel. El entrenador Moshé Weinber escuchó que abrían la puerta de su cuarto, al levantarse inició el forcejeo y antes de ser asesinado, alertó a los deportistas; nueve escaparon, entre ellos, un conocido del marchista Aroche: Shaun Ladany de 36 años de edad, un atleta que le tenía especial cariño a México porque en nuestro país vivió su debut olímpico.

“Se la pasaba mucho con nosotros. Le gustaba juntarse con los mexicanos. Era un marchista ya grande para esa época. Nos contó que cuando era niño le tocó estar en un campo de concentración, perdió a mucha de su familia, pero sus papás y él sí sobrevivieron. El día antes de que todo eso pasara, acababa de competir en los 50km de marcha (culminó en el sitio 19). Ya estaba dormido y se alcanzó a escapar de su cuarto porque se aventó desde el segundo piso, cayó en un jardincito, unos arbustos y cosas así…total que él fue corriendo a avisar a los guardias”, recordó Aroche de los Monteros.

Ladany siguió practicando caminata hasta después de los 80 años.

Ladany corrió por auxilio a los guardias que no estaban preparaos para lo que después supieron nombrar: un ataque terorista.

El grupo secuestró a los hebreos para demandar la liberación de 234 prisioneros palestinos en cárceles israelíes, además pedían liberar a dos integrantes del Ejército Rojo, apresados en Alemania. La toma se consumó a las 6:00 horas y aunque Alemania accedió a la petición que les correspondía, a las 11:15 el Gobierno de Israel dijo que no negociaría con ellos, lo que dejó en entera responsabilidad al gobierno alemán (que mundialmente todavía era sojuzgado por el Holocausto provocado por Hitler contra la comunidad judía en Europa).

Hasta las 15:30 horas el Comité Olímpico Internacional suspendió la justa y a las 18:00 horas, el grupo terrorista pidió un avión para volar a El Cairo, Egipto y allí presionar la negociación.

Las autoridades alemanas hicieron creer que cumplirían las demandas, pero en el aeropuerto instalaron un contraataque para eliminar a los terroristas.

Accedieron a llevarlos en helicópteros al aeropuerto, pero en un operativo mal logrado, con cinco francotiradores instalados en el aeropuerto iniciaron los disparos en los que fallecieron todos: terroristas, policías germanos y atletas rehenes: los luchadores Eleizer Halfin y Mark Slavin; los pesistas Ze’ev Friedman, David Berger y Yosef Romano; los jueces Yakov Springer y Yosef Gutfreund, con los entrenadores Kehat Shorr, Andre Spitzer y el técnico de Ladany: Amitzur Shapira.

“Había poca comunicación en ese tiempo. Ni mi familia ni nadie en México se enteró de inmediato de la situación, nosotros mismos que éramos vecinos del equipo de Israel descubrimos qué estaba pasando ya en la tarde y al siguiente día fuimos al estadio olímpico a dejar flores y guardar un minuto de silencio en nombre de la delegación israelita”, agregó el hoy técnico de las pruebas atléticas de ruta.

Ese fue el primer capítulo en que el olimpismo se manchó de sangre, en medio de una dolorosa lección de desconfianza y hostilidad, en el epicentro de un movimiento olímpico promotor de la hermandad.

Historias aleatorias

Mi primer Mejor Amigo

KATYA LÓPEZ

El Doctor García se llevó la gran mano derecha a su cabeza sin cabello y se quitó los lentes, mientras con su gran mano izquierda sostenía un documento, analizando, sentado frente a su escritorio. “Pues va a nacer en diciembre”, dijo. “Que nazca cualquier día de diciembre, aquí voy a estar, cualquier día: Noche Buena, Navidad, Fin de Año, Año Nuevo, cualquier día que quiera, ¡menos el 12 de diciembre! Ese día es el santo de mi mamá, de mi esposa y de mi hija”.

No debió decirlo. La consigna fue el calvario de todos. Tal como el Doctor García no quería, la tarde del 12 de diciembre empezaron las contracciones y tal como avisó, él no estaba disponible, pues celebraba a todas sus Lupitas.

En aquellos años no había whatsapp, ni redes sociales, vaya no había internet o celulares, ni siquiera bípers (para quienes recuerden aquel aparatito que transmitía mensajes de emergencia en los 90). No había nada más que números fijos y, como advirtió, el Doctor García no era localizable y aunque lo fuera, estaría indispuesto para la emergencia.

Así fue como dos jóvenes, Lilí de 20 años y Adolfo de 21, llegaron a donde siempre los citaba el Doctor García: un hospital geriátrico de la Colonia Contry Club en Coyoacán pues estaban a escasas horas de convertirse en padres…¡sin la ayuda de un adulto!

No había más remedio. Aún antes de nacer se vislumbraron los indicios revolucionarios: “Ah el 12 de diciembre no estará, eh Doctor? ¡Pos el 12 de diciembre nacemos!”. Sin doctor, sin partera, entre las serenatas, los fuegos artificiales y los festejos para la Virgen de Guadalupe, ya entrada la noche ¡era hora de nacer! Cerca de la 1:00am del 13 de diciembre, Adolfo recibió a la artera anarquista: era yo.

Así fue como conocí al primer Mejor Amigo de mi vida: mi papito. Sus manos fueron las primeras que me abrazaron, sus ojos los primeros que me vieron y su aliento el primero que respiré.

¿Quién lo diría? Dos años atrás, estaba hospitalizado, con la vida en un hilo a causa de una fractura en el cráneo y en la incertidumbre de si al menos tendría capacidad de hablar. Sin importar el diagnóstico, su ímpetu rebasó cualquier expectativa y dejó boquiabierto hasta al especialista más experimentado en el Hospital de Neurología. Un accidente no definiría su vida, ni su persona, ni su destino. Un accidente no describiría quién es. Todo lo que de él se dijera no dependería de nadie más que de sí mismo. Así cambió su pronosticada historia y, entre otras diez mil cosas increíbles más que ha hecho, en aquel entonces, se convirtió en mi papá; quizá la cosa más maravillosa que hizo por mí, junto con ayudarme a llegar al mundo.

Esa madrugada de diciembre allí estábamos los tres: mamá, papá y Katy, en la continuidad a la vida. Desde mis primeros respiros, él se convirtió en mi primer Mejor Amigo. Ayudarme a nacer creo es suficiente motivo, pero no fue el único.

Cada instante ha sido alegría y aprendizaje para ambos. Siempre entre canciones, viajes de madrugada por carretera en vacaciones, juegos en las ferias de la casa -para celebrar a San Mateo, San Diego, San Lucas y los muchos otros santos con iglesia en Coyoacán- o ya más grande, viajar con él en motocicleta.

Mi mami y él me enseñaron a hablar y, como es deducible, empecé a hacerlo muy pronto: al año y medio de edad, según mi mami, ya platicaba (desde entonces) largamente y, lo recuerdo bien, a ellos dos yo les decía: Mamita y Mamito.

Mi papito hizo los muebles para el cuarto de mi hermana y mío. Me enseñó a bailar. ¡Salió en una película! (Dunas, 1984). Cada noche de invierno me arropaba con mucha ternura para no tener frío y al despertar, siempre nos decía «¡Arriba y adelante con el Atlante!». Yo despertaba despeinada y pensaba “¿Papi: en serio le vamos al Atlante?” Después descubrí que era nuestro grito de guerra para empezar el día.

Cuando estudiaba Periodismo, mi papito me preparaba dos sándwiches: uno para mí y otro por si alguno de mis compañeros no había desayunado. Podría contar una lista interminable de su capacidad de dar, pero deshonraría sus propios actos si los ensuciara en medio de la confusa presunción.

De su parte, todo ha sido enseñanza pero nunca imposición autoritaria ni ofensiva.

Yo era muy inexperta la primera vez iba a entrevistar a Ana Guevara. Tenía 19 años. Estaba muy nerviosa y, como siempre, él me llevó a la cita. Antes de bajar del coche, platicamos:

– Papito, tengo mucho miedo ¿qué tal si le pregunto algo que le parezca tonto y se enoja conmigo?

– No te preocupes. Ella es tan humana como tú, le pasan las mismas cosas que a ti y seguramente también en algún momento sintió lo que tú sientes. No dejes de ser tú y te va a ir bien. Me dijo, me dio un beso y lo abracé, como una niña que va a su primer día de clases en el kínder y cuyo padre confía en quién es su hija.

Ese consejo me ha durado toda la vida. Ese y muchos otros. Un día lancé basura al cesto y no cayó en su lugar, fui a recogerla del suelo y la deposité; entonces me dijo “El flojo trabaja dos veces”. Hace poco me llevó al trabajo y, bueno, ya saben cómo somos los hijos. “Papi: ¡ya estoy muy grande para que me hagas mi lunch y me traigas a la oficina!”, le dije y él me contestó:

«Así tengas 100 años y yo tenga 200 años, siempre serás mi bebita y mientras yo pueda, te voy a ayudar”.

Me faltan líneas y me sobran lágrimas para describir todo lo que me ha enseñado, todo lo que ha hecho por mí.

Todo lo he aprendido de él con mucho amor y ahora que lo veo en retrospectiva, le tengo una admiración, una gratitud y un respeto que quizá poco le he confesado. Nunca será suficiente. Lo que hacemos o decimos por nuestros seres queridos nunca basta, pero siempre nos llenará hacérselos saber: siempre hacerles ver cuánto les amamos, cuánto les aprendemos, cuán valiosos son en nuestras vidas.

Dicen que uno no sabe cuánto lo quieren sus padres hasta que tiene a sus hijos y cuando estuve en su lugar comprendí todo. También dicen que uno es mejor abuelo que padre y si conmigo mi papito ya era maravilloso, ha sido extraordinario descubrir todo lo que es y hace siendo abuelito.

Su vida ha sido ayudar. No escatima, no segrega, no evade ningún momento. Para algunos sería un engorroso compromiso y para él es la oportunidad de compartir lo mejor de su ser, con tal de ver feliz a alguien más.

Es una bendición que llamo: mi papito, mi héroe. Al que conozco, admiro y agradezco desde la primera vez que abrí los ojos y así haré hasta mi último respiro. Con el que he estado en clase continua desde los primeros segundos de mi vida. Por siempre será mi primer Mejor Amigo.

…después de leer, mi papito escribió esto:

“Cuando conocimos al Doctor García, siempre nos decía que el 12 de diciembre no estaba dispuesto para nadie porque festejaba a todas sus ‘Lupitas’ y se ponía más que borracho, pero eso a mí no me importó y le llamé a su casa.

Afortunadamente, me contestó el Dr. Sebastian García y luego de recibe su cordial y caluroso saludo (o sea una mentada de madre, como era su costumbre) le dije que tenía que estar en el hospital. 

Llegó después de un para de horas. Venía manejando su coche ¡se subió a la banqueta! Abrió la puerta con mucho trabajo, se bajó casi a gatas, llegó y me dijo “creo que vas a tener que cambiarte”. Así que me puse mi ‘traje de gala azul cielo’: una bata y un pantalón que me quedaban inmensamente grandes.

Después de un rato, cuando ya estábamos dentro del quirófano, el doctor no llegaba. Estábamos con otra chica asistente, los tres inexpertos…o digamos más bien que inútiles, sólo nos veíamos las caras de asustados.

Tú Katy decidiste salir y en ese momento ¡se me quitó el miedo, angustia y todo lo que te puedes imaginar! Te recibí en mis manos y todo cambió para mí. Verte y sentirte en mis manos me cambió la vida y gracias a ustedes, yo cambié para hacer lo posible en ayudarles y tratar de ser un buen padre (…) te agradezco lo que me escribiste. ¡Las amo y siempre tendrán mi apoyo incondicional! ¡QUE DIOS BENDIGA A NUESTRA FAMILIA!

 

OPINIÓN

La maldición de hacer la fiesta y el por qué México ganará en Barranquilla 2018

KATYA LÓPEZ

Una serie de combinaciones inusitadas llevarán a México a ganar los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Barranquilla 2018, algo que no sucedía con Cuba presente desde hace 52 años, en San Juan 1966. A la mitad de la justa, ya se vislumbran los escenarios

Sin duda hay un despunte en el rendimiento de los mexicanos. Éste resurge y se entremezcla con los peores momentos para equipos de Venezuela, Cuba y el local Colombia, que hoy padece la misma suerte de México, hace cuatro años, pues en Veracruz 2014 ni como local pudo superar a Cuba en el medallero y así, desde Barranquilla emana el desaliento el día de hoy para los anfitriones.

Los propios Alfredo Castillo, titular de la CONADE, Carlos Padilla, presidente del Comité Olímpico Mexicano o Marijose Alcalá, Jefa de Misión de la Delegación Mexicana, dieron pronósticos que hoy parecen reservados. El que más apostó fue Castillo al decir que México alcanzaría un máximo de 127 oros, a pesar del recorte de eventos en los que nuestro país garantizaba ganar, como los 20km de marcha en donde competiría la Campeona de Copa del Mundo Lupita González.

La evaluación se quedó corta y a mitad de los Juegos, nuestro país suma 189 podios, de ellos 77 oros, lejana va Colombia en segundo sitio con 43 primeros sitios y por debajo, Cuba con 35 áureas. Mientras leemos este análisis, se abulta la ventaja mexicana gracias a deportes como tiro deportivo.

Hoy la realidad marca que México escuchará el Himno Nacional en el podio entre 53 y 55 ocasiones más. Algo que sucedió en San Salvador 2002 pero sin Cuba presente y que nunca antes había pasado en competencia directa con los isleños: ganarles hasta 132 oros.

¿Pero a qué responde? Si Colombia amenazaba con destronar a México de su segundo sitio y dar pelea hasta a la potencia mundial Cuba. Su triunfo con 239 podios (94 oros) en los Juegos Sudamericanos de Cochabamba, en junio pasado, eran su mejor cartel, pero el brillo fue fortuito.

Colombia, de local sufre lo que México sufrió en Veracruz 2014. Aunque en patinaje de velocidad logró el liderato del medallero, sus deportes potencia olímpica se sumergen en las sombras. En ciclismo de pisa sólo ganaron dos oros, mientras México se llevó ocho. Los colombianos no contaban además con Paul Nicholas el trinitario que ganó tres oros en las pruebas de velocidad del velódromo.

Natación tuvo dos grandes sorpresas: por un lado, la caída de la hegemónica Venezuela que lideraba los medalleros en las albercas y en Veracruz se consagró con 17 títulos, pero en Colombia sólo ganó dos; por el otro, la actuación de México con 43 podios y de ellos 15 oros; sería necio atribuir el resultado de los tritones nacionales sólo al factor Venezuela, pues 13 oros se ganaron con nuevo récord de evento y por vez primera contaron con atención focalizada, campamentos de preparación y competencias internacionales, como un equipo integrado. Natación logró la segunda mejor actuación histórica detrás de Panamá 1970 (19-16-16), cuando México saboreaba los remanentes del nivel alcanzado en los Olímpicos de México 1968 y cada país podía llevar tres nadadores por evento a la justa centrocaribeña, por ende la probabilidad de podio era más alta.

Sin embargo, a la lista se suma otra variable: Cuba. Como ejemplo, remo: que en Veracruz 2014 ganó las diez de oro disponibles y esta vez sólo cinco, mientras México conquistó seis; gracias a una nueva y competitiva generación que incluye al Campeón Mundial Sub23 Alexis López, pero también a dolorosas ausencias en el equipo isleño: remeros que dejaron la selección en los Juegos Panamericanos de Toronto 2015 y en el Campeonato Mundial de Florida 2017 mermaron en la creación de un equipo más consolidado y a los cubanos les quedó como mejor y nada despreciable figura, el Subcampeón Mundial Ángel Fournier.

Mucho se ha dicho que en ésta, la justa regional más antigua del mundo, no debe mezclarse el deporte con la política y sin embargo, quedó inmersa directo en el medallero. Desde el inicio de la Guerra Fría (principios de 1960), mucho se sospechó de los apoyos del bloque comunista para con Cuba en asesoría técnica y científica, con la firme convicción de demostrar que su nuevo modelo políticosocial era superior al capitalismo. ¡Y vaya que lo fue! Cuba llegó a reinar los Juegos por hasta 150 medallas de oro aunque la máxima fue Ponce 1993 con 227 oros y 364 totales, México penosamente alcanzaba el segundo lugar con 66 primeros sitios.

Cayó el Muro de Berlín en noviembre de 1989 y aún quedaron en Cuba secuelas de la metodología deportiva, que hasta los Olímpicos de Río 2016 le alcanzó para estar entre las 20 potencias mundiales con 11 medallas (5 oros, 2 platas y 4 bronces) pero eso es solamente el suave oleaje de lo que un día fue el tórrido ritmo de un país arrasador.

Hace más de 30 años, Cuba descubrió algo mejor que ganar las medallas: exportar a la materia intelectual que las fabrica: los entrenadores. Los convenios de colaboración de Cuba con diversos países de la región son continuos, pero su mejor aliado es México, donde en los últimos 15 años no sólo se han firmado convenios con la Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte, sino con los Institutos Estatales del Deporte y entidades como Baja California, Jalisco o Nuevo León, potencias de la Olimpiada Nacional, deben mucho de sus resultados a estos baluartes. México puede hablar de Campeones Mundiales Juveniles como Roberto Vilches en atletismo o Natalia Botello en esgrima gracias al apoyo focalizado de extraordinarios técnicos isleños como Lázaro Paz o Alain Tandrón y como ellos, muchos más en todo el país que hoy lidera el medallero de Barranquilla 2018 muy en parte al intelecto cubano.

Sin embargo, también hay intelecto nacional de por medio. Así como lo hubo en la natación, lo hay en el ciclismo y en otro deporte sorpresa: el tiro deportivo en el que México está a la mitad de su torneo y acumula 15 preseas ocho de ellas de oro, cuando hace cuatro años apenas ganó seis de primer lugar. El talento más destacado allí es Edson Ramírez, quien ganó los tres oros que buscaba, de la mano del entrenador mexicano Blas Ruiz.

Aunque en halterofilia Colombia ganó los Juegos con 13 de oro, México mejoró lo hecho hace cuatro años, cuando sólo se ganó uno y ahora fueron cuatro, tres de ellos con récord de evento de Tania Mascorro, Aremi Fuentes y Quisia Guicho; mientras, deportes tradicionales para México: clavados, squash, racquetbol o taekwondo cumplieron con sus tradicionales dominios.

En la segunda mitad de los Juegos, Cuba remontará para superar a Colombia, con boxeo, lucha, judo femenil y atletismo; sin embargo, no alcanzará para superar a México y podría quedar hasta diez medallas por debajo de nuestro país.

Además, a México le falta contender sus deportes potencia: nado sincronizado, triatlón, gimnasia rítmica, tiro con arco y en el atletismo un máximo de siete eventos por ganar.

Sobra decir que el presupuesto para Conade de este año fue el menor en los últimos siete años. Si en 2012 fue de 5 mil 357.1 mdp, este año fue de 2 mil 200mdp y se redujo más del 50 por ciento de la cifra inicial; a causa de ello, se dieron recursos focalizados para atletas específicos, no para selecciones nacionales, por lo que casos como Pentatlón Moderno se quedó sin ganar más de sus dos oros o el boxeo no recibió apoyos federales para competir o lucha que la mayoría de sus campamentos los hizo en Jalisco, mientras sus contrincantes entrenaban en giras por Europa. A eso se suma que entrenadores de seleccionados nacionales llevan meses sin recibir sus sueldos, un malestar que se ha vuelto una constante pues han pasado hasta medio año en estas condiciones, mientras sus atletas triunfan en eventos internacionales.

Aún con dificultades y desatinos, la segunda parte de la Delegación Mexicana llega por vez primera sin la presión de colgarse el oro, sino con el deseo de mantener una racha nunca antes vista y que podría dar la mejor cosecha de oros, en la historia de México dentro de la justa centrocaribeña un promisorio inicio a Tokio 2020 que se mezcla con sin sabores extranjeros y resiliencia mexicana.

REPORTAJES

Campeón Olímpico, Estrella de cine…¡y caballo!

KATY LÓPEZ

El podio olímpico concede un brillo especial a quien lo toca. Los reflectores se postran sobre aquellos que alcanzaron las máximas alturas del esfuerzo y, en afortunados casos, algunos cautivan la lente y la fama de sus hazañas llega hasta la pantalla grande.

Por ejemplo: el nadador Johnny Weissmüller ganó cinco medallas olímpicas en natación y una más en waterpolo, entre los Juegos de Ámsterdam 1920 y París 1924, para después convertirse en actor. Entre sus filmes más famosos, protagonizó ‘Tarzán’. Pero éste húngaro naturalizado estadounidense no fue el único que saltó del olimpismo al set de filmación, también lo logró un integrante del deporte ecuestre británico, en específico, un caballo.

Él fue Conrnishma V, un equino nacido en 1959 que a los cinco años de edad fue descubierto por Paddy Bruke como un elemento con potencial suficiente para realizar la competencia más desgastante del deporte ecuestre en los Juegos Olímpicos: la Prueba de los Tres Días y lo convocó a hacer binomio con la persona más joven del equipo británico: Mary Gordon-Watson.

Pero, para ser honestos, Cornishman V tenía el talento pero no la forma; el ágil caballo estaba un poco ‘pasado de peso’ y antes de pensar en subir de clase o ir a unos Olímpicos, debía iniciar una vida fitness. Tal como cualquier humano, después de arduos entrenamientos y una dieta balanceada, el caballo fue seleccionado para competir en los Juegos de México 68, aunque todo estaba listo para viajar al otro lado del mundo, una dura decepción llegó para Cornishman: su amazona Mary no lo acompañaría en esta aventura porque en un entrenamiento cayó y se fracturó una pierna.

A pesar de viajar sin su querida Mary, el caballo llegó a la Ciudad de México y en los Olímpicos ganó la medalla de oro por equipos con una de las leyendas del deporte británico: Richard Meade, el jinete más exitoso del Reino Unido, que cosechó en su historia tres oros olímpicos y el primeroellos lo obtuvo en la capital mexicana.

Esa primera hazaña fue gratificante para todos, pero, tan pronto pudo, Mary regresó a entrenar y con Cornishman V ganó el Campeonato Europeo individual de 1969 y el oro por equipos en el Mundial. Para los Olímpicos de Munich 1972, Cornishman V retuvo el título por equipos y en esa ocasión lo logró con su querida amazona Mary.

Aunque al año siguiente se retiró de las competencias, seguía en excelente forma atlética y su noble pero valiente carácter, con su percha y galanura le abrieron las puertas del Séptimo Arte y así inició su carrera como estrella de cine. En 1974 apareció en el thriller de Dick Francis ‘Dead Cert’ y en 1978 compartió escena con actores tan destacados como los mismísimos Anthony Hopkins y Christopher Plummer, ganadores del Premio Óscar, en la película en ‘International Velvet’.

El glorioso Cornishman V disfruto de la gloria olímpica y de los reflectores en el set. En 1986 dio sus últimos respiros, después 27 alegres veranos en los que el equino construyó un prestigio inigualable para cualquier corcel olímpico.