REPORTAJES

¿Por qué se llama ‘El Sope’ la pista atlética de la Ciudad de México?

 

A diario entrenan en ella casi 4 mil personas; su historia comienza hace más de 50 años, con una promesa por cumplir, un intento de asalto…¡y un machete!

Dejó caer el machete sobre la maleza una y otra vez, hasta trazar un camino llano. Padecía una obsesión por cumplir una promesa y -de forma involuntaria- con ese machete abrió la senda para las metas de casi 4 mil corredores, que todos los días asisten a la pista ‘El Sope’, en la 2ª Sección del Bosque de Chapultepec, de la Ciudad de México.

Hace 50 años, un terreno salvaje y escondido entre la hierba silvestre, fue ‘civilizado’ por Mario Pérez, quien transformó una zona hostil para convertirla hoy en una de las pista de arcilla más importantes de la capital del país.

Pero antes de abrir camino a machetazos, Mario era un hombre fumador y sedentario. La cuota de su adicción era una cajetilla de cigarros diaria, hasta que un día su hermano lo retó a iniciarse en el atletismo.

Lo acompañé a una carrera de campo traviesa; los ganadores le sacaron como dos kilómetros de ventaja…¡y que lo regaño! “¿¡Para eso me trajiste aquí!? ¡Para verte perder!”. Él, muy noble contestó: “¿Por qué no le entras tú?”. Muy orgulloso, le dije: “¡Sí. El otro año voy a correr y verás que estos no me ganan a mí!”», recordó Don Mario.

Allí supe lo que cuesta cumplir una promesa. Esa promesa fue mi entrada al atletismo. ¡En el primer mes de entrenamiento, hasta para sentarme me agarraba de las paredes! Sentía que me moría…¡y pararme era peor!…pero todo valió la pena».

Entre orgullosos dolores, el novato corredor cumplió la promesa: se llevó el primer sitio en su primera incursión en el Campeonato Nacional de Campo Traviesa, en 1965 y ese triunfo fue el primer paso hacia una prolongada vida en el atletismo.

Pérez Saldívar profesionalizó sus entrenamientos y una madrugada de 1966, salió a correr con su hermano entre solitarias y peligrosas veredas, sin saber que esa práctica sería el preludio de uno de los lugares de mayor concurrencia para entrenar en la Ciudad de México. “No existía la 2ª Sección del Bosque de Chapultepec. Había, cuevas, barrancas, animales salvajes ¡y hasta drogadictos! Una ocasión nos persiguieron para asaltarnos y al escaparnos, acabamos casi por la Calzada Virreyes, como no podíamos regresar, entrenamos allí. Había mucho matorral, pero le dije a mi hermano: “aquí está bueno pa’ correr” y al otro día me llevé el machete para cortar ramas”, confesó.

Esos machetazos y sus entrenamientos fueron los primeros pulsos en la vida de la pista ‘El Sope’. “Cuando cortábamos la maleza, jamás pensamos que pudiera ser el camino de tantos corredores, sólo queríamos un lugar seguro para hacer ejercicio”.

Entonces, Pérez Saldívar trabajaba en la Secretaría de Obras Públicas (SOP) y representaba a este organismo al competir en pruebas de ruta que podían ir de Xochimilco a Tláhuac, de Tláhuac a Milpa Alta o de Iztapalapa a Tláhuac. En esas competencias recibió su sobrenombre.

“Había varios clubes de atletismo: Venados, CDI, Vaqueros, UNAM, Poli y donde yo trabajaba: la SOP; todos me gritaban, en especial los de Prepa 5 “¡échale SOP!”, me decían, pero un día me ‘regalaron’ una ‘E’, y ya me decían ‘El Sope’; a ellos les debo el apodo”.

Sope.Periodico

De ser un fumador mórbido, Mario ‘El Sope’ Pérez, se convirtió en atleta de selección nacional. Ganó oro (5,000m), plata (10,000m) y bronce (1,500m) en los Juegos Centroamericanos y del Caribe de 1970; bronce (5,000m) en los Panamericanos de 1971 y compitió en los Olímpicos de Munich ’72 , basando su preparación en aquella pista, que a machetazos creó.

“Con tantas medallas, una ocasión fui a Los Pinos y vi al Presidente Gustavo Díaz Ordaz. Me preguntó dónde entrenaba, le expliqué y él dijo: “Esa vereda se va a llamar ‘El Sope’” y mandó poner una placa con mi apodo”.

Algunas mañanas, el creador de este circuito practica, anónimo, entre los corredores. “La satisfacción de ver la pista llena a casi todas horas, que la gente venga a correr es muy bonito, ver cómo aquí van haciendo sus cronos, planeando sus metas me da mucha alegría”.

El trazo original que le dio Mario Pérez ha cambiado mucho al de hoy en día, pero ahora la pista atlética ‘El Sope’ tiene dos circuitos: uno de mil 150 metros y otro de 820m; además cuenta con una recta de arcilla de 100m para entrenar tramos de velocidad, tiene señalizaciones cada 100m, aparatos de estiramiento, red de iluminación, red de riego y jardinería.

La pista ‘El Sope’ nació a razón de una promesa cumplida. Es un trazo hecho a machetazos, herencia para los corredores de la Ciudad de México y uno de los circuitos más completos para practicar carrera atlética, en la capital del país.

EL DATO

Legado para todos

La pista atlética ‘El Sope’ es una de las más importantes del D.F. En ella han entrenado desde destacados competidores de alto rendimiento, hasta personalidades como Presidentes o Jefes de Gobierno.

REPORTAJES

El perdedor más grande de la historia.

¿Somos sólo cifras? A veces conducimos nuestra vida en torno a números: ¿Cuánto ganas? ¿Cuánto debes? ¿Qué edad tienes? ¿Cuánto te costó?…Si eres maratonista -o conoces a alguien tan loco que lo sea- de seguro lo primero por conocer serán dos números: el tiempo al cruzar la meta y la ubicación en la tabla general. ¿Será lo más importante? ¿Si no llegaste en primer sitio, no vale la pena contar lo que viviste?

En estas líneas va el mejor ejemplo: en ediciones pasadas, el Maratón de la Ciudad de México recorría casi la misma ruta en que se trazó uno de los capítulos más trascendentes de los recuerdos olímpicos, durante los Juegos de 1968 y en ese asfalto hizo camino del perdedor más grande de la historia.

A las 3:00 pm del 20 de octubre, en la Plaza de la Constitución, inició el maratón olímpico de México ’68. El etíope Abebe Bikila, Campeón Olímpico en Roma 1960 (donde ganó descalzo) y también ganador del oro en Tokio 1964, era favorito entre 75 corredores.

Fue una prueba casi suicida: los Olímpicos en la Ciudad de México dificultaron el rendimiento de los atletas en eventos de resistencia -debido a la altitud de casi 2 mil 300 metros sobre el nivel del mar, que implican una pérdida del 30 por ciento de oxígeno, en comparación con la playa-.

Por ello, esa tarde, los corredores iban a un paso reservado. En el 20km, el belga Gaston Roelants (oro de 3,000m con obstáculos en Tokio ’64) lideraba la prueba, con el británico Tim Johnston.

Después de los 20km, la ruta parecía un campo de guerra: corredores mareados, sin aliento, tirados en el suelo y asistidos con tanques de oxígeno para respirar. Al 17km, ante las miradas atónitas de los espectadores, el brillo de Bikila se apagó en el retiro, a causa de una fractura en un dedo del pie; al final, fueron 18 deserciones.

Pero Etiopía retuvo el cetro del evento. Tras 2 horas, 20 minutos y 26 segundos, Mamo Wolde ganó. Media hora después, Wolde, con el japonés Kenji Kimihara (2:23.20) y el neozelandés Michael Ryan (2:23.45) recibieron las medallas…pero ese no era el fin de la competencia y aún después de la ceremonia de premiación, los jueces anunciaron que un corredor seguía en la ruta.

Medallistas olímpicos del maratón de México '68.

Parecía imposible. La noche otoñal de aquel octubre ya había caído, cuando entre los jueces de ruta empezaron a compartir los capítulos que enarbolaban su maratónica desdicha: en el 19km cayó y se lastimó severamente rodilla y hombro derechos; después de ver a compañeros abandonar la prueba, avanzaba con profundo dolor, pero rechazó la asistencia médica y sólo pidió vendas para contener la luxación de su pierna, pues de recibir apoyo, sería descalificado; a ratos caminaba, otros trotaba, y hubo instantes en los que hasta lloraba…pero no se detenía. El pronóstico para ese fondista era sumarlo, en cualquier momento, a la estadística del retiro pero ¿quién era el insistente lesionado? John Stephen Akhwari.

Los pies lesionados de Akhwari, durante su competencia.

El tanzano Akhwari no era novato en la prueba y antes de este día, los números también le sonreían. Había ganado el Campeonato Africano de Maratón, fue 5º en el Maratón de los Juegos de la Mancomunidad y corrió la distancia por debajo de las 2:20 horas. Esto le auguraban un destino más exitoso en México.

Pero la ruta en la Ciudad de México fue tortuosa, en especial a partir de aquella caída. Pasó más de una hora desde que Wolde cortó el listón de la meta, como campeón del evento, hasta que Akhwari llegó al Estadio Olímpico Universitario, que estaba casi vacío. Akhwari apenas podía andar cuando entró por el túnel y los pocos testigos le acompañaron con aplausos que le empujaron a trotar, caminar y hasta saltar en una pierna. La ovación terminó tras ver al perdedor más grande de la historia llegar a la meta, con tiempo oficial de 3 horas, 25 minutos y 27 segundos.

“Usted viene muy mal, ¿Por qué no permitió que le asistieran las ambulancias?”, le preguntó un juez. Cansado y lesionado, Akhwari dio una respuesta más radiante que una medalla de oro:

“Mi país no me mandó a 5 mil millas de distancia para empezar una carrera, me mandaron aquí para terminarla”.

Ese día Akhwari dejó grabado su nombre en el asfalto de la Ciudad de México.

En 1983, Akhwari recibió una medalla de honor, como Héroe Nacional de Tanzania. Creó una fundación encargada de apoyar a atletas de su país, para llegar a los Juegos Olímpicos en mejores condiciones. En abril de 2008, fue portador de la flama que encendió el pebetero de los Juegos de Bejing y en la justa china fue además ‘Embajador de Buena Voluntad’.

En México ’68, Akhwari cayó, se lesionó, hizo un ‘mal tiempo’, fue el último en llegar…y es recordado por algo más grande que ganar; algo invaluable y no medible con números, porque hay instantes en la vida tan grandes, que no se calibran con nada.

REPORTAJES

Rudy Ball: el judío que compitió por la Alemania Nazi

Imagen

Al año de 1936 podríamos llamar del ‘olimpismo nazi’: ambas ediciones de los Juegos se realizaron en Alemania, durante el régimen de Adolfo Hitler. Tras recibir la justa de verano, en Berlín, la ciudad de Garmish-Partenkirchen organizó la de invierno, entre un tenso ambiente, ante las hostiles políticas públicas del gobierno fascista.

Pin.Nazi1936
Pin conmemorativo de la justa invernal 

Como anfitrión del evento, Alemania llevó a ambos Juegos delegaciones con las que deseaba demostrar el supuesto poder ario; sin embargo, en el equipo de invierno compitió un judío: el jugador de hockey sobre hielo Rudy Victor Ball.

Antes de la Primera Guerra Mundial, Rudy era conocido como el mejor jugador alemán y fue capitán del equipo que ganó bronce en los Olímpicos de Lake Placid 1932, pero su ascendencia judía impidió que fuera llamado para la justa del 36.

Imagen

Su coequipero Gustave Jaenecke se rehusó a integrar la selección si su amigo Ball no lo hacía; el resto del equipo se sumó a la demanda. Gracias a esa solicitud, Ball pudo hacer una negociación importante: decidió competir, en tanto el gobierno nazi permitiera que su familia abandonara Alemania.

En los Juegos de 1936, Ball jugó cinco partidos y anotó dos goles; después se lesionó y el equipo alemán terminó en quinto sitio.

Rudy Ball falleció en 1975, en Sudáfrica, pero en 2004, el único judío-alemán que compitió en los Juegos Olímpicos, en nombre de la Alemania nazi de 1936 fue electo para entrar en el Salón de la Fama del Hockey sobre Hielo.

REPORTAJES

PHILIP BOIT: Un keniano en la nieve

KATY-LOPEZ.COM

Como muchos kenianos, Philip Boit soñaba con dedicarse al atletismo de fondo y emular los éxitos de sus compatriotas en el mundo, hasta que recibió una extraña propuesta de la marca Nike: ser el primero de su país que compitiera en unos Olímpicos de Invierno.

Boit encontró un sueño disfrazado de reto en esa oferta. En febrero de 1996, sin conocer la nieve y con el apoyo de la firma deportiva, se mudó a Finlandia para entrenar, hasta convertirse en un esquiador de fondo con nivel de alta competencia; después de todo, contaba con resistencia atlética y una herencia genética deportiva: su tío Mike Boit ganó bronce en 800 metros de los Olímpicos de Munich 72; sin embargo, los resultados de esta aventura sólo responderían a su esfuerzo.

No fue fácil para Philip. Las dificultades iniciaron desde las situaciones más simples, como el clima: en Kenia, la temperatura promedio es de 25 grados centígrados; mientras en el invierno de Finlandia se alcanzan los 19 bajo cero…y también ‘desde cero’ debió aprender la técnica para esquiar en distancias largas.

PhilipBoit1

Dos años después, Philip logró la meta: clasificó a los Olímpicos de Nagano 1998, en la prueba de 10 kilómetros.

Nunca estuvo entre los favoritos. Terminó en 47 minutos con 25.5 segundos, en la posición 92; es decir, en el último lugar y su tiempo fue 20 minutos superior al del ganador del evento, el noruego Bjørn Erlend Dæhlie, quien es hasta hoy el máximo medallista en la historia del deporte olímpico invernal, con ocho preseas de oro y cuatro de plata.

PhilipBoit3

Sin embargo, nadie vio a Boit como un perdedor; en su debut olímpico eran altas las probabilidades de que el keniano se sumara a la lista de cinco esquiadores que abandonaron la competencia.

Su presencia en la meta paralizó hasta al mismo Dæhlie, quien pidió se suspendiera la ceremonia en la que le entregarían el oro, hasta que pudiera recibir a Boit.

Boit.Meta

El noruego felicitó al keniano por lograr su sueño. El momento era casi irreal ¿en verdad el más grande de la historia celebraba al último lugar de la competencia? La escena demuestra que en el olimpismo hay miles de valores más grandes que la victoria: la humildad, el respeto, la igualdad, la valentía, la perseverancia, el afecto.

Boit no brilló con una medalla, pero recibió el reconocimiento del competidor más destacado, en la historia del deporte olímpico invernal. Para el keniano, ese momento fue tan importante, que nombró a su primogénito con el apellido del noruego Dæhlie.

Después de esa competencia, Nike retiró el patrocinio para Boit, pero eso no lo detuvo. Philip clasificó a los Juegos de Salt Lake City 2002, en los que logró la mejor actuación de su carrera olímpica: el sitio 64 en la prueba de 10km; también compitió en los de Turín 2006 y buscó clasificarse tanto a Vancouver 2010 como a Sochi 2014, sin lograrlo.

Hoy vive en Kenia y en algunas ocasiones sale a las calles a entrenar, con esquís adaptados para el asfalto.

REPORTAJES

Ganaron un oro olímpico…¡después de morir!

Conquistar un oro olímpico después de morir y sin haber tocado un escenario de competencia parece imposible, pero más de 20 personas de cuatro países conformaron un equipo que recibió esa presea. Esta extraña y antigua historia sucedió en las zonas más frías de Nepal.


KATY LÓPEZ

En 1922 un grupo de hombres se preparaban para hacer historia y conquistar la cumbre más alta del mundo: el Monte Everest. El Brigadier británico Charles Bruce, lideró a alpinistas de Gran BretañaSuiza, que fueron acompañados y asistidos por nativos de Nepal y de India.

La expedición hizo tres intentos por llegar a la cumbre y siete guías murieron durante los ascensos fallidos: los sherpas Sange, Temba, Antarge, Pembra, Pasang, Lhakpa, Narbu y el guía Tejbir Bura de Nepal.


JOI.CeremoniaChamonix1924 MEMORIA. Al clausurar los Olímpicos de Invierno de 1924, el Barón Pierre de Coubertine dio este oro.


Todo lo sucedido durante el ascenso de esta expedición se supo en Europa y dos años después del incidente, durante la Ceremonia de Clausura de los primeros Juegos Olímpicos de Invierno, en la edición de Chamonix 1924, sucedió algo inédito:

En persona, el Barón Pierre de Coubertin -fundador de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna- brindó un discurso y una presea para los expedicionarios:

 

“Esta medalla es un pequeño testimonio de la admiración con la que todas las naciones han seguido sus jornadas (…) ustedes honran no sólo a sus países, sino a la humanidad”.

Tras sus palabras, Coubertin entregó la simbólica presea al representante del equipo de alpinistas Bill Strutt, pues los sobrevivientes de la primera expedición se preparaban para un segundo ascenso, a mediados de 1924, pocos meses después de culminados los Olímpicos Invernales.

El Barón fue claro al solicitar que esta medalla se extendiera para todos los montañistas que formaron parte del primer equipo, incluídos sherpas y nativos asistentes. De esta forma, India y Nepal lograron su primer oro olímpico en 1924 y aunque no fue en condiciones de competencia y ya habían fallecido, el Comité Olímpico Internacional reconoce la existencia de estas preseas para todos los alpinistas.

 


GeorgeMallory1 (1) PÉRDIDA. George Mallory, uno de los medallistas olímpicos, falleció en la segunda expedición.

Pero en la segunda expedición que tanto planificaron los alpinistas, falleció uno de los medallistas olímpicos: el británico George Mallory, cuyo ascenso es uno de los más misteriosos de la historia: su cuerpo fue encontrado en la ruta hacia la cima ¡75 AÑOS DESPUÉS! por el montañista estadounidense Conrad Anker. Hasta hoy, nadie sabe si George Mallory fue el primer hombre que tocó la cumbre del monte más alto del mundo.

En octubre del 2024 se encontraron restos humanos en la cumbre que databan de esa época y gracias a las insignias escritas en una prensa, se supo que pertenecía a A. C. Irving, es decir Andrew ‘Sandy’ Irving amigo y compañero de Mallory en los ascensos.


REPORTAJES

Tomás Luna: el corredor silvestre

Tomás Luna es un caso extraño del atletismo, el caso más agreste, rudo y casi salvaje convertido en deporte de alto rendimiento. Para Tomás la vida siempre empezó muy tarde: entró a la primaria a los 9 años de edad y reprobó el primer grado en dos ocasiones. A los 26 descubrió sus cualidades como corredor de fondo y a los 39 años, ganó el 21km de la Ciudad de México 2015.

Tomás nació en la comunidad veracruzana ‘El Limón’, que, según el mismo dice, no alcanza ni a ser un pueblo, es más bien una aldea de menos de mil habitantes.

Entró a la primaria cuando un niño promedio estaría a la mitad de la educación básica y reprobó 1er grado porque los maestros se cansaban de las inundaciones y las dificultades para llegar a su comunidad. El propio Tomás se molestaba de correr, trotar o andar por hora y media para llegar a la escuela; entonces ‘emigró’ al siguiente pueblo, al que llegaba tras 40 minutos de recorrido a caballo. Terminó la primaria a los 18 años.

Los caballos son la pasión de su padre y gracias a ellos se descubrió corredor. En ‘El Limón’ se hacen carreras de apuestas entre equinos y cuando Tomás era pequeño, al término de las competencias hípicas, se retaba con niños del pueblo. No había pista atlética, mucho menos de tierra, tampoco tenis; corría descalzo en las suaves líneas que pisaban los caballos. Un testigo medía la distancia: hizo carreras de 80, 85 y hasta 90 pasos.

Su desempeño convirtió sus competencias en los eventos estelares y corría hasta antes que los propios animales y sí, también se apostaba. En una ocasión ganó una prueba de 6 mil pesos de los que le tocaron 500.

Llegó a cronometrar 25 segundos en 200 metros, sin entrenar, ni comprender la biomecánica, ni la frecuencia de carrera, ni la resistencia a la velocidad; así de rápido avanzaban sus silvestres zancadas.

Tomás inició la Telesecundaria y de ella tiene más grabado que nada el famoso baile folklórico veracruzano ‘Colás’. “Ese lo puedo bailar hasta sin música”, dice entre risas y sí, pues fue el único que le enseñaron para celebrar el 10 de mayo, el Natalicio de Benito Juárez, la Navidad, el 15 de septiembre…el Colás cabía para cualquier festejo.

Pero llegó el momento de viajar un poco más: Tomás salió de Veracruz hacia Puebla, para iniciar la preparatoria abierta. Se trasladaba 40 kilómetros en bicicleta para llegar a la escuela y permanecía sentado por siete horas, dos veces por semana, para estudiar. Tanto tiempo en una silla le arruinó los sueños de velocidad.

«Después de andar tanto en la bici, me sentaba mucho rato así, al aventón, sin estirar ni nada y por tanto estar sentado se me amoló la ciática, ya no podía yo correr”.

Su amor por el atletismo le ayudó a canalizar el mal como remedio: hacer tanta bicicleta le hizo adquirir resistencia y decidió practicar distancias largas. Sin proponérselo mucho, en 2010 y con 34 años de edad, Tomás se convirtió en Seleccionado Nacional y ganó medalla de plata en los 10,000m de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Mayagüez, Puerto Rico; corrió el maratón de los Panamericanos de Guadalajara 2011 y también los 42.195km de los Olímpicos de Londres 2012.

¿Quién lo creería? Un chico que corría en pistas para caballos, que terminó la educación básica cuando un estudiante promedio está culminando una carrera, que tuvo una lesión que parecía irremediable, ha conquistado las calles de tantas ciudades en el mundo, soñando poco y haciendo mucho.

Este veracruzano no escatima en disfrutar, aprovechar y darlo todo por el placer de vivir lo que le gusta…aunque descubra tarde sus talentos, aunque lleguen tarde los elementos, aunque encuentre sus cualidades en inhóspitos y agrestes terrenos. Su talento silvestre floreció en el esfuerzo.

Mujer y Deporte, NOTICIAS, REPORTAJES

La maestra que no vino a marchar, sino a correr, ganar y brillar

Cuando supe que Gladys Tejeda vendría al Maratón de la Ciudad de México me dio mucha alegría y supe que estaría en el podio. Ganó bronce en el maratón de Guadalajara 2011 y compitió en Londres 2012; de esos Juegos  británicos conservo una de las más hermosas experiencias de mi vida. Fue raro: sin conocerla, sin habernos visto de frente, Gladys me dio uno de los momentos más simbólicos de los Olímpicos.

Hace un año que me emocionó en el Estadio de Londres y entonces no imaginé que Gladys, una maestra de profesión, vendría a conquistar las calles de la capital del país, de una forma tan distinta a la de sus homólogos del sureste de México: Los maestros mexicanos llegaron a marchar y bloquear calles (durante plena competencia de maratón), pero Gladys, la profesora peruana, llegó para correr, ganar y brillar. Eso se llama EJEMPLO.

Como esa enseñanza, Gladys me dio una muy buena en 2012. Rumbo a los Juegos británicos, la firma P&G desarrolló la campaña ‘Gracias mamá’, como reconocimiento a la primera, verdadera y eterna patrocinadora de un competidor, e invitó a mamás de atletas destacados de todo el mundo, a atestiguar el momento más importante de la vida deportiva sus hijos, en Londres 2012. Por invitación de esta firma, tuve la fortuna de estar con muchas mamás de atletas de América Latina, en la Ceremonia de Inauguración de los Juegos.

Una experiencia hermosísima. Más de 80 mil almas en el Estadio conjugamos todos nuestros sentidos en un viaje a la apertura del olimpismo y una celebración del inicio del máximo esfuerzo del espíritu y del cuerpo.

En tele o en Estadio, fue hermosa y divertida, cada momento increíble. Hasta el esperado desfile de las Delegaciones. Disfruté mucho ver a María Espinoza vestida de China Poblana dirigiendo a un México que desde ese momento brillaba exitoso…y al final de los Juegos lo fue.

Pero, cuando cruzó Perú, era Gladys quien dirigía a la nación, nadie en todo el estadio estaba más emocionado que la señora Marcelina Puchuhuaranga, su mamá, quien estaba sentada a mi lado, con uno más de sus nueve hijos. La señora Marcelina se levantó del asiento y se acercó lo más posible para ver a su hija. Sus pequeños ojos brillaban con lágrimas alegres y un mensaje sin hablar, hasta el corazón de su hija “¡Estoy muy orgullosa hija! ¡Lo lograste! ¡Gracias por hacer tanto con lo poco que te he dado!”, así decía su mirada; mientras Gladys, en sus primeros Olímpicos, hondeaba la bandera Peruana en Londres.

La señora Marcelina después me dijo: “soñábamos con este momento, yo le decía que podía llegar a unos Olímpicos y no se imagina usted lo que es para mi verla, estar aquí con ella, tan lejos, al otro lado del mundo, logrando su sueño”. Las lágrimas devoraron sus palabras y ese nudo en la garganta que causan los sueños realizados cerró el paso de su voz. No me pudo decir más, pero no importaba. Todo me quedó claro.

La producción de la Ceremonia de Inauguración elaborada por el famoso productor británico Dany Boyle fue bellísima, pero la comunión entre Gladys y su mamá, en esa comunicación, de un alma a otra, sin voz, pero con un intenso latido ,fue mucho más significativa que cualquier coreografía de la Ceremonia.

Ver a Gladis ganar en el Maratón de la Ciudad de México fue muy especial. En verdad me enchinó la piel. Al cruzar la meta, después de las entrevistas, la felicité y le dije “Estuve con tu mamá y tu hermano en la Inauguración de Londres 2012”. “¡Oh! ¿¡De verdad!?”, me dijo al abrazarme fuerte, sorprendida y muy sonriente.  El mundo es pequeño… o tal vez Gladys, con sus 1.60 metros de estatura es grande.

https://www.youtube.com/watch?v=GrQM6bgo2v4

REPORTAJES

¿Comprarías un producto de mala calidad? Entonces: ¿¡Cómo es que vende el futbol!?

Es curioso cómo el futbol mexicano nos ofrece frustraciones gratuitas. Eliminan a México de la Copa del Mundo, la Copa Oro o cualquier otro torneo y la Nación se vuelca por la renuncia del DT en turno. Se da la presión social por la dimisión de un Director Técnico de futbol, antes que por la salida de un mal funcionario y sin embargo el burócrata sí le cuesta a la sociedad y el dirigente deportivo no.

El futbol es un negocio. Es un negocio muy raro. Sorprende ver un producto de poca calidad ser tan rentable, y en la otra mano tener deportes altamente exitosos que no poseen esas cualidades mercadológicas.

Es una ironía como la Federación Mexicana de Futbol (una Asociación Civil), no requiere del apoyo del Gobierno Federal para su desarrollo, aun cuando su nivel en representación nacional no es comparable con otras disciplinas, y aun así, el resto de las federaciones deportivas, como: clavados, taekwondo, o tiro con arco sí piden ingresos públicos, pese a ser los deportes más exitosos de distintos ciclos olímpicos, con obtenciones de medallas centroamericanas, panamericanas, olímpicas y mundiales.

No ignoro los títulos mundiales juveniles del futbol, el primer sitio en Copa Oro, el oro olímpico de Londres 2012, o la plata en la Universiada Mundial 2013 del futbol femenil, pero la cantidad de logros internacionales del futbol mexicano es menor a los alcanzados en muchos otros deportes.

¿Qué hace el futbol para convertir un producto de baja calidad en un negocio? ¿Qué hacen otras federaciones deportivas para tener competidores exitosos? Ambos gremios deberían intercambiar las respuestas, tropicalizarlas y aplicarlas a sus medios.

En mucho se debe a una falta de preparación en la administración deportiva. No es culpa de nadie. Los estudios formales para la ministración del deporte en México iniciaron hace menos de diez años y en las últimas dos décadas se da la cosecha de los frutos en esa nueva generación con tendencia a la profesionalización. Los presidentes de Federaciones Deportivas son en muchos casos ex atletas, ex entrenadores, integrantes del cuerpo directivo de administraciones anteriores y ellos, en el trajín mismo del recorrido van aprendiendo a caminar (sí, en gerundio); un tanto experimental.

Esta demora en la profesionalización del deporte responde también a la culminación del ‘amateurismo’. El Barón Pierre de Coubertine, creador de los Juegos Olímpicos Modernos, en su romanticismo por revivir la justa griega, prohibió a los atletas olímpicos recibir dinero por competir, para no ‘manchar’ el espíritu del evento, y mantener la motivación interna de hacer deporte por el mero gusto.

Era pecaminoso ‘sacar provecho del éxito’, pero hay casos en que duele ver la triste consecuencia de ese requerimiento ¿un ejemplo? El ex nadador estadounidense Brian Job, bronce en 200m pecho en México ‘68, vive en situación de calle y fue arrestado en Palo Alto, California, por encender una fogata en el estacionamiento de un restaurante, para poder cenar. (Aquí la nota del Mercury News, escrita por Bruce Newman).

En 1992  por primera vez en unos Juegos Olímpicos, se eliminó ese criterio y se permitió la llegada de deportistas profesionales y así conocimos al único y verdadero ‘Dream Team’ de basquetbol en los Juegos de Barcelona, España. Desde entonces se vinculó al deporte de paga con el que no la recibía. Ante este cambio hay quienes, como los surfistas, hallaron una ‘buena ola’ y otros que se siguen revolcando en la marea. Es un encuentro fuerte para la comprensión de la administración de los gastos e ingresos en el deporte.

La adaptación a esta tendencia ha permitido a muchos organismos y hasta deportistas capitalizar una medalla en ingresos y patrocinadores; casos como el de Usain Bolt, Michael Phelps son una muestra de cómo hacer del éxito más que sólo fama y admiración, una posibilidad de contar con ingresos.

¿Lo han pensado? A veces el cortoplacismo de las administraciones en las federaciones deportivas limita a sólo pensar en ‘sacar provecho’ del momento (cuyos periodos duran, GENERALMENTE un ciclo olímpico (cuatro años), pero en otros casos ya llevan más de 25 en el cargo…historias tan largas y enredadas como su tiempo en la silla, en fin); sin embargo, al abrir los ojos a una perspectiva empresarial, en el mediano o largo plazo, hay un camino fértil de siembra para hacer florecer la exitosa autonomía en el deporte.

Si el futbol puede,  ¿por qué los otros no?

REPORTAJES

Miel con limón

¿Han tomado miel con limón? Dicen que es un remedio para aliviar la tos. Así es la vida. A veces tenemos que beber sabores dulces mezclados con ácidos. Conozco a alguien que una vez ‘tomó’ miel con limón de un solo trago: Patrick Loliger, el hombre más destacado en la historia del remo mexicano.

Si mezcláramos París, con la Condesa y un cuento de hadas, obtendríamos la ciudad de Tigre, en Argentina. Un lugar hermosísimo, donde una casa parece el hogar de Blanca Nieves y en cualquier momento parecería que de la cabaña de al lado saldrá la Princesa Aurora. Allá fue la Regata Preolímpica Continental de Remo.

México tenía expectativas de clasificar al cien por ciento de sus embarcaciones: cuarto botes, cuatro plazas a Londres 2012. La meta era muy alcanzable: en los Panamericanos de Guadalajara 2011 el remo mexicano ganó dos oros, entre ellos el del doble ligero de Analicia Ramírez con Lila Pérez Rul, Patrick ganó plata; de allí los parámetros más fuertes. La plaza más difícil de obtener sería la de Debora Oakley, pues vivía su primera competencia internacional, en bote individual.

(Abro un paréntesis para un ‘detrás de cámaras’: En todo hay ‘detalles’ y en Tigre fue que la aduana de Argentina no permitió el paso de los botes mexicanos, hasta un día antes de la competencia. Tan pronto los recibieron, los mexicanos ajustaron portantes, horquillas, pedalinas, sillas…¡tremendo trabajo mecánico! Remar es una ciencia, pero ni ese factor los distraería).

Patrick compitió en el single ligero, una de las modalidades más competitivas del mundo porque tiene un quórum muy alto. Ganó todas sus fases: la eliminatoria, la semifinal y la final: tenía la plaza olímpica en la mano. ¡Estaba tan feliz! Patrick probaba las mieles de la victoria: Iba a sus segundos Olímpicos y en la mejor forma deportiva de su vida.

Al término de su competencia, lo entrevisté y después de externar su alegría por el oro del evento y la clasificación olímpica, pedí su opinión sobre el desempeño tricolor…Entonces nació una tormenta en sus ojos de mar y fluyeron lágrimas desoladoras. Sólo él y Debora clasificaron a Londres 2012 y las embarcaciones más fuertes de México quedaron fuera.

¿Cuán triste fue para Patrick, novio de Analicia por casi diez años, esta situación? Sus ojos dijeron más que su voz. En casi una década, ambos han trabajado, por llegar a unos Olímpicos, y ella no lo ha logrado. Para Patrick fue terrible: él iría, pero su coequipera, su compañera, su amiga, su novia, su cómplice, el motivo de su amor, su todo, se quedaba fuera. Una alegría individual, que se hacía pequeña, envuelta en el llanto de la desolación.

Patrick no ocultaba esa alegría ni ese dolor, pero  dominaba el sabor ácido de la soledad, de saber que entrenaría casi cinco meses solo, que Ana no estaría a su lado en campamentos, competencias de preparación, lesiones, angustias, felicidad, ni en esa misma pista británica de Eaton Dorney, viviendo el sueño que ambos han tenido.

Así es el amor: Cuando el corazón palpita al ritmo de lo que le sucede al otro, ni los logros personales dan el dulce sabor a la ácida tristeza…porque el otro se va convirtiendo en uno mismo. Para Ana fue muy fuerte: durante ocho años ha trabajado por estar en unos Juegos, sin lograrlo y pese a todo, de nueva cuenta está allí la mano de Patrick para intentarlo una vez más.

Y allí van de la mano, buscándole nuevos sabores a la vida. Hoy están juntos en  Kazán, Rusia, compitiendo en los Juegos Mundiales Universitarios. Hace poco, Patrick le dio a México la primera medalla del evento a nuestro país, pero su deseo y motivación más grande es ver a Ana consumar una meta conjunta.

Espero lleguen a Río 2016, así de juntos en el sueño, en el deseo, en la disciplina y el esfuerzo, con corazones que puedan latir al mismo ritmo y bebiendo unidos más mieles que jugo de limón.