REPORTAJES

El padrino del Azteca

El Estadio Azteca es uno de los inmuebles deportivos más icónicos del planeta. Es, con el Maracaná (1950 y 2014), los únicos que ha recibido dos finales de la Copa del Mundo de Futbol varonil. En México ’70 vio a Brasil coronarse tras ganarle a Italia por 4-1 y en México ’86, albergó otra victoria sudamericana: la de Argentina por 3-2 sobre Alemania. En medio de ambos torneos, recibió la Copa del Mundo Femenil de la FIFA de 1971, un evento que rebasó los contextos deportivos, para convertirse en una inflexión social que potenció la evolución de las mujeres en el deporte.

Llamarle Estadio ‘Azteca’ quizá era obvio, pero hubo alguien a quien se le ocurrió primero que a nadie…y no fue un arquitecto, ni un dirigente deportivo; ni tampoco un empresario que financiara su creación.


@katilunga

Este video es para @Rowino_Potter que siempre está pendiente de esta cuenta de TikTok🙌🏽🤩🤗 . PD. El cantante Andrés Calamaro compuso la canción de fondo para el #EstadioAzteca @FIFA #Futbol #CdMx #ParaTi #Historia

♬ Estadio Azteca – Tranquilamente
PASEO DIGITAL. En este recorrio conoce más datos curiosos del Azteca.

En 1966, el Servicio Postal Mexicano emitió una convocatoria para bautizar el nuevo estadio que sería entonces el más grande del país y que estaba a punto de ser inaugurado. Era una época sin tecnologías digitales, sin Redes Sociales y en la que el uso del correo era mucho más frecuente de lo que es en el Siglo XXI.

En esta convocatoria, una de las reglas fue tomar en cuenta el nombre más votado y de éste, elegir a la primera persona que mandara la carta con su propuesta. El referente para conocer al primer remitente sería la fecha en que se marcó el sello postal sobre la misiva.

Antonio Vázquez Torres mandó el nombre ‘Azteca’ como propuesta y desde León, Guanajuato, mandó la carta que fue la primera en llegar a las oficinas del Servicio Postal Mexicano, en la Ciudad de México. Vázquez ganó el concurso y como premio recibió dos asientos en platea ¡concedidos por 99 años!

PRIMEROS AÑOS. El ‘Azteca’ tenía cuatro años de inaugurado cuando recibió la Copa del Mundo Varonil de Futbol, en 1970.

Ese primer nombre queda imborrable en su historia. Años después se buscó rebautizarle como Estadio ‘Guillermo Cañedo’, en honor al empresario y presidente de la Federación Mexicana de Futbol que en los ’60 comenzó una revolución por modernizar, profesionalizar e incluso internacionalizar este deporte en el país.

Llegó a ser vicepresidente de la FIFA y fue pieza clave para que México pudiese recibir las dos primeras Copas del Mundo de Futbol Varonil que ha organizado: 1970 y 1986; pero especialmente, su participación fue crucial para la creación del Estadio Azteca. Era justo inmortalizarle, pero en la costumbre nacional y mundial decirle ‘Estadio Azteca’ sigue siendo una tradición.

El estadio, creación de los arquitectos Pedro Ramírez Vázquez y Rafael Mijarez Alcérreca, requirió de más de 100 mil toneladas de concreto y más de 8 mil toneladas de varilla. Tiene un techo de acero laminado que no requirió columnas y permite ver desde cualquier punto de la instalación hacia el campo.

RÉCORD. Es el estadio que más partidos de Copa del Mundo varonil ha recibido, con 19…hasta ahora.

En su más de medio siglo de existencia el Estadio Azteca no sólo ha visto futbol. También ha abierto sus puertas para juegos de NFL; funciones de lucha libre (1983); la pelea de Julio César Chávez contra Greg Haughen en 1993, registrada como el encuentro de box más concurrido de la historia con un Récord Guinness de asistencia de 132 mil 274 personas; conciertos de Michael Jackson, Elton John, U2, Paul McCartney…y hasta un encuentro religioso, presidido por el Papa Juan Pablo II, en 1999.



El 29 de mayo del 2026 el Estadio Azteca no solo cumple sus primeros 60 años de existencia, también se alistará para convertirse para romper otro récord más: convertirse en el primer inmueble del planeta que recibe tres inauguraciones de la Copa del Mundo de Futbol Varonil, en el verano de ese mismo año; que será la primera sede compartida para América, al organizarla en coordinación con Canadá y Estados Unidos; evento rumbo al que, de nueva cuenta se le quiere imponer un tercer nombre, no asociado con el legado de su historia, sino con el uso comercial y etiquetarle bajo la marca de una institución bancaria mexicana.

A esos dos asientos que Antonio Vázquez consiguió en 1966 les restan casi 40 años de vigencia, para atestiguar las historias que están por escribirse en el eternamente bien nombrado por un aficionado, que habló en voz de los fans mexicanos, como ‘Estadio Azteca’.

 

Mujer y Deporte, REPORTAJES

La grandeza de Sárosi

Ganar una medalla es hermoso, pero si no eres grande sin ella, no lo serás con ella

KATYA LÓPEZ

Dos meses antes de los Juegos Olímpicos de Río 2016 se desdibujó el destello de una gran atleta. No rompió un récord, no subió al podio, ni estuvo en la final. El brillo emanó de una húngara con muy pocas probabilidades de ganar una medalla, pero quien se llevó el aplauso y la admiración de la comunidad mundial del bádminton.

Francia recibió el Campeonato Europeo del ‘deporte del gallito’, que fue selectivo a Río 2016. Los mejores jugadores del continente se presentaron en la competencia; entre ellos, claro, la española, Campeona Mundial, Carolina Marín, quien revalidó su título.

Sin tantos reflectores, también llegó la húngara Laura Sárosi, con la clara meta de obtener la plaza a Río 2016, y de lograrlo, buscaba romper con una sequía de 20 años sin ver a su país en el torneo olímpico de bádminton.

Pero antes de abundar en su historia, sólo dos datos muy son importantes:

  1. Este deporte asiático -que debutó en los Olímpicos de Barcelona ’92- se juega en una cancha de 13.40m de largo por 5.18m de ancho, para pruebas individuales, y 6.10m de ancho para los encuentros dobles, que a la mitad tiende una red a 1.55 metros de altura, para pasar un liviano gallito con una raqueta. Parece simple, pero ese gallito puede alcanzar golpes de 300 kilómetros por hora, en competencia.
  2. Aunque los jugadores sólo usan raquetas y gallitos, llevan grandes maletas a los torneos, pues, por regla, un jugador puede usar en el partido todo lo que lleve en la maleta, así que cargan con muchas raquetas, toallas o hidratantes.

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Laura llegó a la ronda de 16vos de final. Enfrentaba a la alemana Karinne Schnaase. Perdió el primer set por 16-21, pero se recuperó en el siguiente y ganó 21-14. Un set más y el boleto olímpico sería suyo. A inicios del tercer y decisivo episodio, a la alemana Schnaase se le desprendió la suela del tenis y en esa gran maleta no llevó un par de calzado deportivo extra.

El encuentro pudo definirse en ese instante con la victoria a favor de Sárosi y cuando la expectativa era ver a la húngara caminar hacia el juez para pedirle que culminara el partido, Laura fue hasta su mochila, sacó el tenis izquierdo, se lo dio a la alemana y se reanudó el encuentro.

TenisPrestado

Laura perdió el set por 18-21; es decir, fue derrotada por 1-2 de Schnaase. La mirada de Sárosi se nubló y entre lágrimas vislumbraba cómo se alejaba su última oportunidad de llegar a unos Olímpicos.

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Pero en agradecimiento, la Federación Alemana de Bádminton emitió una carta a su organismo Internacional y solicitó firmas para que a Laura Sárosi se le otorgara un ‘wild card’; es decir, una invitación, emitida directamente por el Comité Olímpico Internacional, para competir en Río 2016.

“Lo que ella hizo verdaderamente abraza la cultura y el espíritu olímpico, que en las dos últimas décadas ha sido enterrado a causa de la excesiva comercialización”, suscribe la solicitud, que sumó más de 5 mil firmas (aquí el link: https://community.avaaz.org/petitions/free-card-to-rio-2016-for-laura-sarosi )

La petición fue aceptada y Sárosi, con un par extra de zapatillas deportivas, con su espíritu de juego limpio y su solidaridad, estuveron en Río 2016. Laura jugó en el Grupo M ante la canadiense Michelle Li (tres veces Campeona Panamericana) y la india Sindhu Pusarla, quien al final ganó la plata olímpica. La húngara perdió sus dos duelos y no accedió a la siguiente ronda, pero la admiración estaba sobre sus hombros, mucho antes de competir.

Ganar una medalla es hermoso, pero si no eres grande sin ella, no lo serás con ella.

POSDATA MEXICANA

Un episodio muy similar vivió la esgrimista Pilar Roldán antes de combatir en la final de la prueba de florete en los Olímpicos de México 1968. Aunque la mexicana ya se encontraba en la Sala de Armas, lista para combatir en el pool final para definir a las medallistas, su última rival no llegaba al combate.

Aunque parecía inexplicable, el tráfico de la Ciudad de México era el causante de que la entonces soviética Yelena Novikova no apareciera en la pista y aunque por regla se pudo anunciar el triunfo de Pilar por ausencia de su oponente, la mexicana pidió a los jueces esperar hasta que llegara Novikova-Belova.

Al final, Yelena se quedó el oro por diferencia de un solo partido, el partido que le ganó a Pilar Roldán, que se llevó la plata; la húngara Ildikó Redjkö se colgó el bronce.

Sin embargo, años después Roldan sería reconocida por su gesto. En 1995 el Comité Internacional del Juego Limpio le entregó la medalla al Fair Play y fue entonces la primera persona de México condecorada con esta distinción.

OPINIÓN

A todo pulmón

KATY LÓPEZ

Uno no valora las insignias nacionales, hasta que está fuera del país y las encuentra de repente en algún sitio. Nos dan identidad y pertenencia y hasta quien repudie al Estado Mexicano, defiende su Patria y cada elemento que la simboliza.

Entre quienes más pueden ver sus insignias en otros países, están los deportistas. Una especie de ‘embajadores’ que influyen en sus sociedades con sus resultados en el extranjero, que -de ascender al podio- ven ondear su Bandera, que cantan el Himno, que besan su uniforme, justo donde esté el Escudo Nacional.

Pero en aquel febrero de 2016 sucedió lo inédito: México estuvo, pero no existió en un evento deportivo. Los competidores  disputaban plazas olímpicas en la Copa del Mundo de Clavados, pero la Federación Internacional de Natación impidió  poner insignias nacionales en el evento; como uno de los castigos para ‘poner en evidencia a México’, tras la deuda que exigía la FINA, como multa al país por cancelar la realización de los Mundiales de Deportes Acuáticos de 2017.

Y sucedió lo esperado: que los mexicanos estarían en el podio. Rommel Pacheco ganó bronce en trampolín de 3 metros sincronizado con Jahir Ocampo y oro en 3m individual. Con él en el podio, lució la Bandera de la FINA y el Himno de esa Federación Interna se escuchó en el Complejo Acuático de Río de Janeiro.

Rommel no pudo usar el uniforme de México. Salió con una playera de Popeye y pese a la sanción, no había impedimento para que él, como Campeón de la Copa del Mundo, cantara su Himno Nacional. Así que lo hizo: Cantó, y muy fuerte. No titubeó, no murmuró las estrofas, ni lo cantó bajito, como solemos hacer en cualquier evento cívico que –penosamente– nos toque enfrentar, cuando volteamos a vernos unos a otros, para encontrar quién es el ridículo que canta el Himno en voz alta, mientras todos estamos, casi, rezándolo.

Esta vez, fue una situación más difícil, porque no valoramos las insignias hasta que hicieron falta. ¿Si la Bandera y el Himno Mexicanos hubieran estado allí, hablaríamos de Rommel hoy? ¡NO! Desafortunadamente no, porque en muchas ocasiones él y más atletas mexicanos suben a podios y no trascienden sus logros; porque tenemos la doble moral de “sufrir” porque no aparece nuestra Bandera en una Copa del Mundo de Clavados, pero cuando sí la vemos, no la respetamos, porque juzgamos que no se escuchó el Himno en la ceremonia de premiación de ese evento, pero cuando sí lo oímos, no lo entonamos.

Y mientras a los ciudadanos nos apena cantar el Himno a todo pulmón, los atletas despiertan diario con un motivo claro: Ganar por MÉXICO. Antes de entrenar, rinden honores a la Bandera Mexicana. En deportes como taekwondo, judo o lucha no hay entrenamiento que no inicie y culmine con ese breve pero significativo acto cívico. No hay un solo deportista, de cualquier disciplina, que no se emocione al recibir su primer uniforme como Seleccionado Nacional.

Lo que vivieron los clavadistas mexicanos en la Copa del Mundo sucedió de nuevo con las competidoras de natación artística, que tampoco tenían autorizado usar insignias nacionales en eventos FINA, por suerte, eso no sucedió en los Olímpicos de Riot2016..

Hablemos más de ellos, pero no por sus carencias, hablemos por sus resultados…y si un día hay que cantar el Himno, que sea como ellos: a todo pulmón.

Relatos 'off the record'

El día en que cayó Bolt

KATY LÓPEZ

@katilunga

Esto que les contaré de Usain Bolt no lo había visto nunca antes…y vaya que lo vi muchas veces, porque tuve la fortuna de presenciar los logros ‘rockstar del tartán’. En Berlín lo vi ganar oros con récords mundiales, celebrar con bailes sus triunfos, o conmoverse en un estadio con miles de voces que le cantaron ‘Happy Birthday’. En Londres lo vi silenciar a 80 mil asistentes en una competencia olímpica, antes del disparo de salida. En Corea del Sur fue como el epicentro de un sismo de decepciones, al hacer salida en falso y descalificarse en la final mundial de 100m (y, en consecuencia, convertirse en una fiera enfurecida consigo mismo por irse derrotado sin siquiera competir); pero en la Ciudad de México vivió tal vez una de sus peores tardes.

Por segunda vez en su vida Usain Bolt visitó México. La primera fue en 2009 para el Congreso Mundial del Deporte y seis años después, en 2015, la firma deportiva Puma, su eterno patrocinador, lo trajo de vuelta.

Cerca de 100 representantes de medios de comunicación estuvimos para verle. La cita fue en un centro comercial de Polanco. ‘El Rayo’, ‘La Leyenda’, el ganador de ocho oros olímpicos y 14 medallas mundiales en el atletismo, el recordista del orbe, estaba allí.

En 2015, durante su visita a CdMx, Usain ofreció una conferencia de prensa en un centro comercial.

Durante la conferencia, Usain batalló con cuatro micrófonos en la mesa. Justo al tomar uno, se apagaba. Nuevo intento: tocaba con la mano, sonaba, lo tomaba y se apagaba. Otro más: tocaba con la mano, sonaba, lo tomaba y se apagaba. Fue tan continuo, que Usain prefirió usar los micrófonos como si fueran unas pequeñas congas y pasó de una ligera desesperación, a la risa que causa el colmo del suceso. (No era propiamente falla de audio: había tantos micrófonos inalámbricos de tantos medios, que la frecuencia se interrumpía y, según la explicación de mis amigos expertos, lo único necesario era abrir otra línea por la que no hubiera interferencia, pero eso no pasó y Usain seguía rumbeando con los micros).

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A Usain siempre le ha gustado mucho el futbol.

Después, Usain cascareó un ratito con el delantero (entonces americanista) Darío Benedetto y le seguían unas entrevistas exclusivas en el cuarto piso del centro comercial. Faltaba muy poco para terminar los compromisos ‘fast track’ por México.

al terminar las primeras logísticas, un fuerte cuerpo de seguridad guió a Usain al elevador de carga del lugar, que se bloqueó para uso exclusivo del jamaiquino…bueno para él, para sus amigos (que lo acompañaban desde Jamaica), para los guardaespaldas, para los de la producción, para los de Puma, y bueno así, el elevador iba tan lleno, que al final ¡no subía!

¡Así es! No subía el elevador que soportaba, lavadoras, refrigeradores y en teoría, a 15 personas, y fue así que empezó la ley de la depuración. “Bájense algunos, a ver si ya sube”, pidió un guardaespaldas. Pero no subía. Bajaron otras personas más y nada…

…pero hay instantes en la vida en los que el mejor lenguaje es el silencio y esos suelen ser los incómodos momentos en los que la mirada va hacia ti. Usain -de psicotipo velocista, que quiere resoluciones rápidas, que puede desesperarse por problemas simples- veía insistente al gordito de la producción que seguía esperando el milagroso ascenso del elevador, hasta que alguien le dijo: “¡Ya bájate! ¿¡Pos qué no estás viendo!?” Y con resignación, salió aquel recriminado personaje con sobrepeso.

Pero la dulce venganza demostró que su salida no cambiaría las cosas: el elevador de carga seguía sin subir y entonces, hubo un dictamen final: “Ni modo. Vamos a tener que subir todos por las escaleras”.

Así, a la antigüita, todos. ¡TODOS! ¡Hasta Usain! Y allí iba, por las escaleras comerciales ‘La Leyenda’, en sus primeros 20 escalones, fresco, atlético, fuerte, decidido; claro, era la mitad de la escalera para llegar al primer piso y siguió subiendo poco más, hasta llegar a la primera planta. Tras un breve descanso era hora avanzar a la segunda. Créanlo o no, esos inocentes escalones ya pesaban en las piernas más rápidas de la historia.

Usain subió más despacio. Subió y el sudor se veía en su frente. Llegó al segundo piso, hizo una pausa, miro hacia arriba y vio a esa maldita escalera de caracol y sus dos pisos faltantes, burlarse de su suerte y sus ojos asombrados regresaron a mirar los escalones, para seguir subiendo en su lapidaria tortura.

Y entonces fue como si sus todos sus oros mundiales y todos sus oros olímpicos empezaran a pesar sobre sus piernas que con lentitud subían la eterna escalera arremolinada hasta aquel lejano cuarto piso.

Era lógico: este hombre es un experto de la velocidad pura, es el rey de la resistencia a la velocidad, del esfuerzo anaeróbico; no es un experto la resistencia a la distancia larga y menos de la resistencia a subir escaleras de caracol de un centro comercial cuyo elevador de carga no sirve.

Pero si a eso le agregamos el factor aniquilante de estar en la Ciudad de México, en verdad que para él debió ser el viacrucis caribeño.

Usain vive en Kingston, Jamaica, a nivel del mar, donde hay más oxígeno que en la capital mexicana y no es porque haya menos contaminación, sino porque la Ciudad de México, en su altitud superior a los 2 mil 400 metros sobre el nivel del mar, tiene 30 por ciento menos oxígeno que en la playa. (Por ello en las pruebas anaeróbicas como 100m y 200m de atletismo o los saltos de los Olímpicos de México 68 se rompieron récords mundiales que duraron muchos años y por ello también pruebas como el maratón de esos Juegos parecían campos de guerra con corredores respirando desde tanques con oxígeno, tirados en las calles).

Así, Usain y todo el peso de su cuerpo, su gloria, su sudor y su cansancio llegaron, triunfantes al cuarto piso. Se sentó en un sillón a descansar y mientras recuperaba oxígeno, aprovechó para ver la etiqueta con el precio del sillón que sostenía su estirpe y se levantó de inmediato (tal vez pensó que era cotización en dólares). Siguió su camino y fue a las entrevistas.

“Nunca más subir escaleras, menos en la Ciudad de México, por favor”, dijo con el poco aliento que le quedaba,  tras conquistar el lejano cuarto piso de la tienda.

Relatos 'off the record'

La Fiesta del Tesgüino

‘Cruzito’ carga los últimos costales de cebolla hasta el local de su patrón, en la Central de Abastos de Chihuahua capital. Se limpia el sudor de la frente y pide permiso para ausentarse el fin de semana porque tiene “unos compromisos en la Ciudad de México”. Lo dejan viajar.
‘Cruzito’, de 1.50 metros de altura, tiene más de 50 años y hace casi 30 salió de la Sierra Tarahumara para trabajar. Desde entonces, antes de que salga el sol, está listo para recibir el cargamento de fruta y verdura en la Central, pero después de la comida se dedica a reforzar la herencia que habita en su sangre: sale a correr.

‘Cruzito’ es de esas almas que sonríe hasta con la vista. Su mirada fulgura como un cielo de otoño, con sólo dos astros radiantes y optimistas. Su piel morena, su cabello negro y sus piernas magras por tanto correr, envuelven un alma noble, discreta, sabia y paciente.

‘Cruzito’ llega al DF la nublada mañana del último viernes de agosto de 2015. Con hermoso atuendo rarámuri: su brillante camisa amarilla, tagora de manta con florecitas de colores bordadas en los contornos y huaraches de cuero. Carga una mochila negra y una cajita de cartón, llena de pares de esos huaraches de su tierra que le trajo a Memo, su amigo y guía en la loca capital de este país.

‘Cruzito’ y su sonrisa llegaron con –diría yo ‘el famoso’- Silvino Cubezare Kimaré, uno de los mejores corredores de 100 kilómetros del mundo en la actualidad, descendiente de grandes fondistas rarámuris.

Cruzito y Silvino llegan a la Ciudad para correr el Maratón. 42 kilómetros que para ellos apenas son el ‘arranque’, pues esa es la distancia mínima entre una comunidad y otra, allá en su tierra. No planeaban cortar el listón, en la meta, pero yo sólo quería seguir su historia por el asfalto capitalino.

Dos días antes del disparo de salida comimos juntos. Fuimos a uno de esos restaurantes de comida italiana…pero qué más daba la región gastronómica. Lo primero que pidieron a la mesa fue: tortillas, chiles toreados y Coca-Cola. Les gusta mucho la carne roja, pero no frecuentan comer lácteos. Comimos agusto todos, entre el olor de la pasta, de los chiles y las tortillas (que sabrá Dios de dónde las consiguieron).

Las calles, el tráfico, el ruido, la gente. Todo era una sorpresa para ellos y ellos también lo eran para ese entorno ajeno. Debí contar cuántas fotos les pedían tantas personas. Posa aqui, voltea allá. Fotos, fotos, muchas fotos, que recuerdan momentos vacíos: nadie intima, nadie platica. En cada foto yo veo un asombro hueco, sin empatía.

A los rarámuris hay que guardarles respeto y silencio, porque así mismo son ellos. No quería aturdirles, saturarlos o aburrirlos; preferí hablar poco y sólo por romper la rutina, platicar algo breve o preguntar de vez en vez alguna cosa trivial y así, dije: “¿Qué tal sabe el tesgüino, Cruzito?”.

(El tesgüino es una bebida hecha a base de maíz fermentado que toman los tarahumaras; una especie de ‘cerveza de maíz’, sin conservadores, ni procesos de refinación y allá en la Sierra, en las comunidades, se hace muy seguido ‘la fiesta del tesgüino’).

‘Cruzito’ frunce un poquito el ceño. Creí que se había molestado con mi pregunta, pero tras su pausa entendí que traía indignación de no poder responder lo que él en realidad quería decirme. El sabor del tesgüino se volvió irrelevante. Lo escuché:

“Allá desde hace años nos quisieron quitar el tesgüino, que porque la gente se emborracha. La gente del gobierno de allá fue a los poblados, rompieron las vasijas y pusieron un expendio de tesgüino ¿¡Cómo un expendio!? ¿Qué es eso? El tesgüino allá no se toma nomás porque sí, no se toma nomás para emborracharse. Todo se convierte en una fiesta porque si uno en su terrenito tiene mala hierba, si ocupa uno limpiarlo para sembrar, los demás de la comunidad le ayudan a uno desde temprano a limpiarlo y otro día de otra semana, uno va y ayuda a otro, y a otro. Es muy cansado eso, pero ya cuando se acaba de trabajar, se reúne la gente a descansar y a tomarse su jarro con su tesgüino…¡NO QUE UN EXPENDIO!”

Cruzito se olvidó de que yo era para él una chabochi (una extraña) y compartió conmigo su molestia. Entonces me habló de la ayuda del gobierno, que sí existe, que si llega hasta las comunidades más lejanas, que “hasta en burro suben las despensas”, pero que, para él, es un apoyo estéril y fortuito.

“La gente no debe tener cajas llenas de comida, necesitamos fertilizantes, palas…La gente no necesita que le regalen la comida, la gente necesitamos ganarnos la comida, necesitamos herramienta para trabaja la tierra y comer lo que trabajamos, no una caja con el frijol, el maíz, en bolsa. Uno no valora lo que se come si no se lo gana. Eso nomás hace que la gente se malacostumbre a estirar la mano, a no hacer nada, a no cuidar su tierra. Se malacostumbra uno, en vez de mantener las costumbres de uno”.

Todo eso me dijo antes de llegar a un entrenamiento en el Ocotal, al poniente de la Ciudad de México, la última práctica antes de correr. Verlos correr, con su frescura, relaja, casi hipnotiza y hasta contagia.

Seguimos juntos casi todo el fin de semana, entre entrevistas, carreras, tráfico de la ciudad y por fin: el Maratón. Cruzito y Silvino corrieron con su ropa tradicional y el resto de los corredores les animaban en el trayecto. Los esperé en la meta, en el Estadio Olímpico Universitario. Ninguno de los dos ganó el evento; no iban pensando en eso, porque lo suyo es correr por nueve o 15 horas, distancias tan eternas como las Barrancas del Cobre. Llegaron a la Ciudad de México para ganarse cada kilómetro, cada experiencia y mi respeto. ‘Cruzito’ y yo nos abrazamos como si nos conociéramos la vida entera.

“Gracias por estos días que me dejaron estar con ustedes, Cruzito”. “No me diga eso, gracias a usted. A ver cuándo va para allá a que conozca, a que vea lo que es la Sierra…y a que sepa a qué sabe el tesgüino”.

Pues sí. Sigo con la pregunta rondando en mi sentido del gusto. En mi boca espera la respuesta. Espero resolverla pronto…pero mientras juntaré herramienta, fertilizante, tela, para llevar a la Sierra Tarahumara, encontrarme por allí con el clan Kimaré y quizá, me invitan a una clandestina ‘fiesta del tesgüino’.

REPORTAJES

París 1900: Primera conquista olímpica de México

El polo hípico es un deporte de poca difusión pero mucha traición en México. El país vio crecer y desarrollarse al mejor jugador de la historia mundial: Carlos Gracida, quien fue además el favorito de la Reina Isabel II y maestro de su hijo Carlos y sus nietos Guillermo y Enrique, pero además, en los inicios del Siglo XX fue el polo, gracias a tres hermanos que años atrás incursionaron en este deporte.

El 28 de mayo de 1900, los hermanos mexicanos Pablo, Manuel y Estuaquio Escandón y Barrios, con el estadounidense William Wright hicieron equipo en el polo, porque eran otros tiempos y, en el amateurismo del torneo consideraron posible conjugar a jugadores de naciones mixtas, en un deporte de conjunto.

La justa, se desarrolló cuando Porfirio Díaz era presidente de México. En una era afrancesada en la que los hermanos Escandón y Barrios eran hijos de uno de los más importantes accionistas de una de las industrias que mayormente impulsó Don Porfirio: el ferrocarril.

No existían los organismos deportivos de hoy en día: Comité Olímpico Mexicano, Confederación Deportiva Mexicana, Comisión Nacional de Cultura Física y Deporte o Federación Deportiva Mexicana de ningun deporte; así, el principal patrocinador de aquel resultado fue el padre de los Escandón y Barrios, que al ser accionista de la construcción del Ferrocarril México-Veracruz, costeó el viaje de sus hijos y sus caballos.

Antonio Escandón (quien por cierto regaló a la Ciudad de México el monumento a Cristóbal Colón que se encuentra en Av. Paseo de la Reforma) se casó con Catalina Barrón y Añorga. En el gobierno de Benito Juárez, el matrimonio gozaba de una privilegiada posición financiera y social y ante las posibilidades de padecer secuelas. Los tres hijos estudiaron en el Stonyhurts College de Inglaterra (fundado en 1794).

En marzo de aquel 1900, el hombre que retomó los Juegos Olímpicos de la Antigua Grecia para traerlos a la modernidad, el Barón Pierre de Coubertain, lideraba la segunda edición de la justa. La primera en 1896 fue, en honor a la herencia, en tierras helénicas, pero la segunda, en su patria, aunque entre desolación por falta de recursos, sin ceremonias que dieran inicio y fin a la justa; sin juramentos de atletas, entrenadores o jueces, mucho menos mascotas, logos o un lema.

En los inicios de los Juegos Olímpicos modernos los competidores, antes de deportistas, eran viajeros. En la segunda edición de la justa, París 1900, no existían las campañas mercadológicas, ni había medios de comunicación interesados en difundir el evento, por ello, los atletas deambulaban por las calles de París, preguntando: “¿Dónde se realizarán las competencias de los Juegos Olímpicos?”, con indicaciones, a veces a señas, por las carencias del idioma, unos y otros parisinos les ayudaban a llegar a las sedes a aquellos que buscaban la gloria olímpica, sin estadios llenos, ni gritos eufóricos, los únicos testigos eran los acompañantes de los atletas y los deportistas que no competían en el momento.

Era una tierra que desconocía las secuelas de las Guerras Mundiales, los campos de concentración, atentados o hasta la comercialización de la competencia; todo aquel que participaba lo hacía por el mero espíritu de contender, sin dádivas de por medio.

La casa del polo en París

Coubertine propuso una serie de torneos, Alfred Picard otros, pero fue Daniel Merillon, quien agregó al programa las disciplinas ecuestres. Así, el Campo de Polo de Bagatelle, en el Bosque de Boulogne, inició el primer torneo de polo de la justa, con equipos combinados que en vez de llevar el nombre de sus naciones, se bautizaron como equipos profesionales: Foxhunters: Estados Unidos con Inglaterra; Rugby: Francia con Inglaterra; Bagatelle: Francia con Inglaterra y Norteamérica: México y Estados Unidos.

El torneo, que duró tres semanas, se jugó en round robin (todos contra todos). Pero en las semifinales, Foxhunters perdió 6-4 ante Bagatellel; mientras Rugby superó 8-0 a Norteamérica y aunque la final se compitió el 29 de marzo, se asignaron los bronces a los dos perdedores, sin que debiesen enfrentarse entre ellos, pues así dicta el protocolo de este deporte.

Sin embargo, en el conteo oficial de aquella justa, no se consideró este resultado. Una de las teorías fue que el torneo se realizó con equipos y no con Selecciones Nacionales; aunque no se les reconoció en el medallero, los polistas sí obtuvieron un premio. En aquellos Juegos, de precaria situación financiera, no se entregó, como es ahora, medalla de oro plata o bronce, sino aportaciones privadas para conceder a los ganadores, desde juegos de pipas, hasta boquillas. Al equipo mexicoamericano se le dio una charola de plata de la que hoy no se sabe nada.

Los hermanos Escandón nunca se cambiaron de nacionalidad. Después de aquellos Juegos, Pablo fue Jefe del Estado Mayor y traductor de Porfirio Díaz en su entrevista con el presidente estadounidense William Howard Taft; luego fue gobernador del estado de Morelos. Manuel y Eustaquio se dedicaron a atender negocios en Francia y España, donde Manuel fue un gran promotor del polo. El estadounidense William Wright, el cuarto integrante de aquel equipo, era socio de los hermanos en sus negociaciones por Europa.

Para la edición de Berlín 1936, México regresó al podio olímpico en el polo, de nueva cuenta con el bronce, pero esta vez como equipo con Juan García, ANtonio Nava, Julio Müller y Alberto Ramos y fue la última edición en la que se realizó esta disciplina hípica.

OPINIÓN

¿Y si los políticos actuaran como futbolistas?

¿Estoy diciendo un disparate? Sí tal vez, pero la forma operativa de este deporte da muy buen ejemplo a las élites políticas e intelectuales del mundo.

En México tomaré por muestra el Poder Legislativo: Se conforma por diputados y senadores cuyas cámaras trabajan divididos en grupos parlamentarios (PRI, PAN, PRD los más fuertes). ¿Por qué? En el papel por la organización, en la práctica por la protección de las tendencias ideológicas y los intereses del partido.

¿Cuántas reformas o iniciativas de ley se truncan porque en las Comisiones no se ponen de acuerdo los legisladores, entre lo que uno u otro partido desea? Y cuando libran el obstáculo de la Comisión, ¿cuántas esperan en el pleno por ser aprobadas, rebotadas a la Cámara de al lado y al final, ver la luz del ejercicio social? Así el errante andar de las reformas, buenas, malas, elitistas o populares, pero todas con su derecho a ser votadas.

Mientras los ciudadanos escuchamos rondas de ‘declaracionitis’ de los legisladores, cuando el de ‘x’ color dice que el de ‘x’ otro hizo y deshizo, que tomó la tribuna, que es ausentista, que detienen el progreso. Tradición Mexicana. Los políticos no se asumen como representantes nacionales, sin partido, ni más color que el de su país, pero a ver si el futbol me ayuda en esto.

En los Olímpicos de Londres 2012, México ganó el primer oro en deportes de conjunto gracias al futbol con siete jugadores de equipos rivales: cuatro de Chivas (Miguel Ponce, Néstor Araujo, Marco Fabián y Jorge ‘El Chatón’ Enríquez) y dos del América (Diego Reyes y Raúl Jiménez). ¿Estarían ellos pensando en eso durante los partidos? ¿Llevaron un coordinador de bancada para la representación de cada equipo? No creo. Tampoco supe que en Cruz Azul pidieran a Jesús Corona que como seleccionado nacional portara el uniforme de ‘La Máquina’. ¿Por qué entonces los partidos creen que les pertenecen las personas que ahora representan a la sociedad?

Un futbolista -como un político- debe su formación al equipo/partido en el que inició y en el que por años hizo los fundamentos y principios, deportivos -o ideológicos- que lo tienen donde está. Se forja un estilo de juego -o una forma de pensar- pero una vez electos ¿no será momento de quitarle color a sus ideas y de emprender el camino del beneficio nacional? En el futbol pasa.

¿Qué tal con la campeonísima ‘Furia Roja’ de 2010? ¿Qué sería de la Real Selección Española de Futbol si pensaran como políticos? Un infierno. Específicamente en la que ganó el título de Sudáfrica 2010 había cinco jugadores del Real Madrid (Iker Casillas, Raúl Albiol, Xabi Alonso, Sergio Ramos y Álvaro Arbeola) y siete del Barcelona (Gerard Piqué, Carles Puyol, Andrés Iniesta, Xavi Hernández, Víctor Valdés, Sergio Busquets y Pedro Rodríguez).

¿Cómo sería una concentración en la que los jugadores no pueden olvidar las rivalidades de sus equipos? ¿Cuál sería el resultado? La derrota sin duda y el juicio del mundo ante injustificables acciones que ponderarían la pertenencia a un club local, por encima del beneficio nacional.

El futbol, así de burdo y elemental, tiene la simple cualidad de ser medible: ganar o perder; en las complejidades de la política, no hay marcadores, y la situación se torna mucho más grave cuando los actos de los parlamentarios tienen efectos de decisiones parciales en las sociedades.

Sería un insulto que con tanto talento futbolístico pasara algo así. España y su historia agradecen el civismo, carácter y estricto conocimiento del significado del esfuerzo de esos ibéricos, por la alegría de una nación. No se diga México por sus jugadores y la historia olímpica que alcanzaron.

¿Por qué en algo como el deporte, algo lúdico, algo simple y de entretenimiento, se conjugan hombres de equipos rivales, para un fin común y convertir a España en la selección europea más destacada de los últimos tiempos, con dos títulos de Europa y uno Mundial? ¿Por qué un grupo de mexicanos puede dejar afuera las diferencias de sus equipos y hasta los conflictos durante los torneos nacionales, para esforzarse un país?

Así lo veo. Tierno, estúpido, simplón. Sí, tal vez, pero una vez electo para un cargo, en cualquiera de los tres niveles de gobierno, se es un seleccionado, cuyas características intelectuales individuales -y no del partido- se potenciarán para promover una mejoría y un éxito de la comunidad, del estado o del país.

Ser electo debería ser un honor, debería implicar un esfuerzo y la entrega absoluta de su ser, con un liderazgo y una representación que enorgullezca, no sólo a su partido, sino a su comunidad o una nación…como creo que lo es para un futbolista.

Mujer y Deporte, Relatos 'off the record'

La pequeña mamá olímpica

Por @Katilunga

Sus ojitos negros brillaban como obsidianas entre la oscura noche, atentos al primer capítulo de la vida de un sueño en sus primeros destellos de realidad. Estaba en Londres, Inglaterra, lejos de su hogar en Huancayo, Perú, pero cerca de vivir su alegría más intensa.

Era agosto de 2012, era la Inauguración de los Juegos Olímpicos, era la señora Marcelina Pucuhuaranga, parada estoica con su menudo cuerpo en el estadio británico, con sus manos jugando entrelazadas, observando, expectante.

Los performance dirigidos por el productor Dany Boyle habían terminado y Doña Marcelina se puso de pie para ver el desfile de los atletas. Más 200 banderas, más de 10 mil personas, estrellas como Michael Phelps, Usain Bolt o Roger Federer; pero entre tantos, ella alistaba la mirada para grabar en su recuerdo sólo a una, sólo a su hija, sólo a Gladys.

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Gladys Tejeda creció en Huancayo, Perú.

¿Quién pensaría que la más pequeña de sus nueve retoños pasaría de pastorear cabritas, a competir por su país? ¿Que ganaría una medalla en los Panamericanos de Guadalajara 2011? ¿Que la maestra del pueblo correría el maratón de Londres 2012? ¿O que Doña Marcelina viviría junto a ella el éxito olímpico?

Pasaron casi dos horas recordando las preguntas que estuvieron guardadas entre sueños y que esa noche encontrarían respuestas en la realidad.

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Doña Marcelina y uno de sus nueve hijos esperaban el desfile de Perú, en Londres 2012.

Tras el paso de más de 150 contingentes, con una mirada llena de paciencia, percibió que al otro lado del estadio llegaba el lienzo rojiblanco con escudo al centro. ¡Llegó Perú! ¡Llegaron sus 16 atletas! Y con ellos, al fin ¡llegó Gladys!

La señora Marcelina no hablaba pero sin pensarlo, con la fuerza de un imán entre madre e hija, se acercó lo más que le fue posible para verla desfilar. Su mirada brillaba con lágrimas alegres y con un mensaje sin hablar, hasta el corazón de Gladys.

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La señora Marcelina vio a su hija Gladys en el desfile olímpico.

“¡Estoy muy orgullosa hija! ¡Lo lograste! ¡Gracias por hacer tanto con lo poco que te he dado!”.

Gladys Tejeda, en sus primeros Olímpicos, sonreía nerviosa mientras portaba su Bandera y dirigía al contingente peruano en Londres 2012.

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Gladys fue la primera peruana clasificada a Londres 2012.

“Soñábamos con este momento, yo le decía que podía llegar a unos Olímpicos y no se imagina usted lo que costó, lo que es para mí estar aquí con ella y verla logrando su sueño”.

Las lágrimas ahogaron sus palabras y ese nudo en la garganta que causan los sueños realizados cerró el paso de su voz. No pudo decir nada más, pero todo quedó claro.

La señora Marcelina era una de esas casi 10 mil mamás que estuvieron allí cuando nadie más estuvo; apoyando, creyendo, impulsando a sus hijos hasta tocar sus metas.

La Ceremonia de Inauguración fue espectacular, pero ese momento escondido entre 80 mil personas en el Estadio Olímpico se queda como mi mejor recuerdo.

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El maratón femenil de Londres 2012 fue el más rápido de unos olímpicos; 29 corredoras cerraron en menos de 2h30m.

Gladys sabía que el podio olímpico no era para ella, su logro inicial fue clasificar a los Juegos y el 11 de agosto se decidió a disfrutar su competencia. Las maratonistas corrieron en una mañana lluviosa y pese a ella, Gladys marcó el mejor crono de su vida: 2 horas 32.07 minutos, con su mamá de testigo. Hay logros que no pueden calibrarse con medallas.

Un año después, la pequeña Gladys -también de pequeños ojos negros- corría durante una oscura madrugada en las calles de la Ciudad de México. Conforme el sol despertaba, la menuda silueta de Gladys avanzaba entre miles de corredoras y unas horas después, cruzaba la meta con el primer sitio del Maratón de la Ciudad de México; pese a la altitud capitalina, rompió de nuevo su mejor marca personal, con 2 horas 16.56 minutos.

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A los 28 años, Tejeda se convirtió en la priemra peruana que ganó el Maratón CdMx.

Gladys se llevó el triunfo, la medalla y una nueva historia que hiciera brillar los atentos, pequeños y oscuros ojos de su mamá.

NOTA. La firma P&G desarrolló la campaña ‘Gracias mamá’, como reconocimiento a la primera, verdadera y eterna patrocinadora de un competidor, e invitó a mamás de atletas de todo el mundo a acompañar a sus hijos en el momento más importante de su vida deportiva, durante los Juegos de Londres 2012. Además, realizaron promocionales de los deportistas electos para la campaña; he aquí el de Gladys Tejeda: https://www.youtube.com/watch?v=GrQM6bgo2v4

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Algunas mamás de deportistas olímpicos latinoamericanos. La 3a de izquierda a derecha es la señora Marcelina.

REPORTAJES

Sobrevivió al Titanic y ganó un oro olímpico

Dick Williams vivió en carne propia algunos de los capítulos más álgidos de la Historia Mundial del Siglo XX

KATY LÓPEZ

Era abril de 1912 cuando Dick Williams llegó a Cherbourg, Francia con dos metas claras: jugar el circuito de tenis de Estados Unidos por un año y matricularse en la Universidad de Harvard. Con ese plan abordó el Titanic.

Richard ‘Dick’ Williams tenía 21 años de edad y viajaría en 1ª clase en el que fue el barco más grande y elegante de la época, acompañado por su padre Sr. Charles Duane Williams -quien era descendiente directo de Benjamin Franklin, uno de los presidentes de Estados Unidos-.

La noche del 14 de abril ambos cenaron con el Capitán del barco, Edward Smith y regresaron a su camarote a dormir; horas después, elementos de la tripulación les despertaron para avisarles que «el inhundible Titanic» chocó con un iceberg.

Los Williams salieron de su cuarto con tranquilidad…aunque en el camino, Dick rompió una puerta para sacar a un pasajero atrapado y al verlo, un elemento de la tripulación le advirtió que sería demandado por dañar la propiedad de White Star Line. El suceso inspiró una de las escenas de la película ‘Titanic’ (James Cameron, 1997).

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Dick’ Williams viajaba en el Titanic con su padre, Sr. Charles Williams.

Pero para su padre la situación no era preocupante: años antes estuvo en un hecho similar y recordó que entonces contuvieron el daño con la carga de algodón para seguir la travesía; así que mejores planes podrían tener para el Titanic. Padre e hijo donaron sus chalecos salvavidas y para no enfermar en la fría cubierta, fueron al gimnasio del barco a usar las bicicletas estáticas.

Pero en menos de dos horas, la situación salió de control: el hundimiento, la oscura noche, el pánico y la falta de botes salvavidas, se convirtieron en el escenario de un gélido infierno flotante. Los Williams estuvieron en el barco hasta el imponente crujir del desprendimiento de una chimenea que amenazaba sus vidas.

Dick le dijo a su padre que debían saltar del barco y aunque así hicieron, su padre fue alcanzado por la estructura y murió al instante. ‘Dick’ nadó tan fuerte, rápido y lejos como le fue posible.

El agua estaba a -28° centígrados y sin salvavidas, ni más botes cerca, ‘Dick’ corrió con la suerte de encontrar una pequeña luz de esperanza para sobrevivir.

«Cerca había dos lanchas de lona, pero descompuestas porque ninguna se inflaba (…) Básicamente lo que estaba allí era una plataforma de madera y entre 25 y 30 personas estábamos aferrados a ella, con medio cuerpo sumergido en las heladas aguas. Allí estuvimos hasta que fuimos rescatados, a la mañana siguiente”

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Así eran las lanchas de lona que usaron los sobrevivientes.

Al salir el sol del 15 de abril de 1912, casi la mitad de las personas aferradas a ese tablón estaban muertas. Los sobrevivientes fueron transferidos al Bote 14. Williams pasó tanto tiempo con las piernas en el agua fría, que estaban prácticamente sin circulación sanguínea y cuando llegó al barco Carpathia -que asistió a los sobreviventes- el doctor recomendó amputarlas tan pronto tocaran tierra, pues la amenaza de morir por gangrena era evidente…pero Williams se negó.

¿Un tenista sin piernas? IMPOSIBLE. “Mire, voy a necesitar estas piernas, para eso hice este viaje”, dijo entonces, sin poder siquiera ponerse en pie. Él mismo estableció un ultimátum: caminar tan pronto como fuera posible. Para vencer el pronóstico, masajeó sus piernas y tras algunas horas, pudo levantarse; se decidió a caminar en cubierta cada dos horas, en mañana, tarde, noche o madrugada. Caminar se volvió su religión de cada dos horas en el barco, hasta llegar a Nueva York.

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Ninguna adversidad corrigió el rumbo de sus metas.

El plan con el que abordó el Titanic no iba a cambiar por el hundimiento, por su padre muerto, ni por un par de piernas congeladas. Cuatro meses después de realizar ejercicios de rehabilitación y de reanudar sus entrenamientos, ‘Dick’ Williams ganó el US Open (entonces llamado USA Championship) y esa temporada venció al mejor jugador de sus tiempos: Maurice McLoughlin (por 6-3/8-6/10-8). Dick mantuvo ese paso por años y fue Campeón Interuniversitario de 1913 a 1915.

En 1916, interrumpió su prolífica carrera en el ‘deporte blanco’ para enlistarse en la Armada de Estados Unidos y combatir en la I Guerra Mundial. Fue Oficial de Artillería en París, Francia y recibió condecoraciones como la France’s Croix de Guerre y la Chevalier de la Légion d’Honneur. Regreso a su país como un héroe.

Tras esa pausa, ‘Dick’ volvió a Estados Unidos a jugar. Entre las hazañas que más se le recuerdan está haberle ganado un set de cinco minutos a la leyenda Bill Tilden. Fue capitán Copa Davis desde 1921 hasta 1926 y en esa época tuvo la oportunidad de competir en unos Juegos Olímpicos.

Habían pasado 12 años después de haber cumplido sus planes y ‘Dick’ ya no era el joven que ganó el US Open, pero hizo el equipo para competir en los Juegos Olímpicos de 1924 y regresaría a París, para trazar una nueva historia de condecoraciones.

En la justa de París 1924, a sus 33 años de edad, jugó el torneo de dobles mixtos. Dick se resentía de una molestia en el pie derecho, pero hasta eso se convertía en una buena señal: el dolor sirvió al menos para saber que aún tenía consigo sus piernas; sin embargo, ganar la final, al lado de su compañera Hazel Wightman, no parecía fácil.

“Tenía torcido el tobillo y le sugerí a Hazel que abandonáramos el juego. Ella me dijo que me quedara en la red y que ella se dedicaría a correr”, recordó Williams.

Con esa estrategia, la dupla superó en dos sets  a la pareja conformada por los también estadounidenses Marion Jessup y Vincent Richards (6-2/6-3), sin imaginar que retendrían el título por 88 años y serían Campeones Olímpicos de Dobles Mixtos…¡aún después de morir!

Esa fue la última ocasión en que se compitió el torneo de tenis en unos Juegos Olímpicos. El ‘deporte blanco’ regresó a la justa hasta Seúl 1988, pero en específico, la modalidad de dobles mixtos se compitió de nuevo hasta Londres 2012 y entonces Williams y Wightman cedieron el título a Victoria Azarenka y Max Mirnyi de Bielorrusia, que ganaron una asombrosa final ante los locales Laura Robson y Andy Murray (2-6/6-3/10-8).

Williams ingresó al Salón de la Fama del Tenis en 1957 y aunque no le gustaba hablar de lo que vivió la madrugada del 15 de abril de 1912, escribió sus memorias al respecto: desde que abordó el Titanic, hasta el día de su rescate. Sólo se crearon 12 copias de este texto, que se repartió entre su familia, la Sociedad de Historia de Pensilvania y el Salón de la Fama del Tenis.

Williams falleció en 1968, a los 77 años de edad, como un Campeón: superviviente del Titanic, de la I Guerra Mundial y con el título olímpico en dobles mixtos de tenis. Una leyenda única del olimpismo mundial.

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De izquierda a derecha: Dick Williams, Ricard Sears y Bill Johnston, leyendas del deporte blanco estadounidense.

Otros deportistas sobrevivientes al Titanic

En el Titanic, viajaba el también tenista Karl Behr, de 26 años de edad. Behr abordó el barco para sorprender a su novia Helen Newsom, quien subió en escalas anteriores. Tres meses después de sobrevivir al hundimiento, Williams y Behr se enfrentaron en un torneo en el Longwood Cricket Club, cerca de Boston. Karl Behr también ingresó al Salón de la Fama, pero en 1969.

El esgrimista Cosmo Duff-Gordon sobrevivió al Titanic en compañía de su esposa. Sin embargo, el británico ascendido al podio olímpico años antes al hundimiento: se colgó la plata con el equipo varonil de espada, en los Juegos de Atenas 1906.

REPORTAJES

Peter Norman: Un blanco contra el racismo.

16 de octubre de 1968. Estadio Olímpico Universitario, Ciudad de México. Premiación de 200m de los Juegos Olímpicos.

Su discreta manifestación a favor de los derechos humanos le costó ser vetado de por vida del deporte; ganó una medalla olímpica y la marca que logró hace más de 50 años es aún récord australiano de 200m.

KATY LÓPEZ

Dos afroamericanos estaban descalzos y al escuchar su Himno Nacional, levantaron un puño cerrado enfundado en un guante negro y agacharon sus cabezas; mientras él, un atleta blanco de Oceanía, permaneció estoico, a sus espaldas… pero no fue indiferente a la indignación; discretamente también hizo una protesta que le costó ser vetado de por vida del deporte. Esa noche de 1968, en el Estadio Olímpico Universitario de la Ciudad de México, el ‘Black Power’ y el repudio al racismo se manifestaron en el podio.

El gremio olímpico se paralizó en la Ceremonia de Premiación de los 200m planos, al ver a los velocistas estadounidenses Tommie Smith (oro) y John Carlos (bronce) externar el rechazo a su país, que los tomaba en cuenta para ganar medallas, pero no para acceder a los mismos servicios sociales que tenían los blancos. Hizo falta mirar a detalle que los tres hombres, incluido el velocista blanco, estaban en protesta.

El ganador de la plata era un australiano nacido en Melbourne, el ‘ciudadano modelo de la época’: blanco, maestro de educación física y oficial del Ejército de Salvación. Era Peter Norman y México ’68 fue su debut y su adiós de una justa olímpica.

Días antes de empezar sus competencias, Norman conoció en la Villa Olímpica a Paul Hoffman, un estadounidense blanco que competiría en las pruebas de remo. Hoffman formaba parte del ‘Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos’, a Norman le pareció un movimiento justo, quería formar parte de él y el remero Hoffman le entregó un parche alusivo.

Llegó el momento de correr. En la semifinal de 200m, Norman, de 26 años, asombró al cruzar la meta en 20.17 segundos, logró el mejor registro de los siete heats clasificatorios, rompió el récord olímpico y la atención del mundo se postró sobre sus hombros. ¿Quién era? ¿De dónde venía? ¿Qué había logrado antes? Preguntas recurrentes y sin respuesta para muchos, en ese entonces.

Miércoles 16 de octubre de 1968. 17:50 horas: final de 200m planos, rama varonil. Norman salió del 6º carril y de nuevo asombraba a la multitud: a la mitad de la prueba, se encontraba…¡En penúltimo sitio!

Pero, al salir de la curva, faltando 80 metros para llegar a la meta, el australiano inició un ataque asombroso en el que despuntó desde el séptimo lugar. Rebasó a Mike Fray (Jamaica) y Larry Questad (EUA); a falta de 20 metros, superó a Roger Bambuck (Francia) y Edwin Roberts (Trinidad&Tobago). En los últimos cinco metros le ganó a John Carlos (EUA), para terminar en segundo sitio. ¡La carrera de su vida! Plata en 20.06 segundos y nuevo récord australiano, marca que tiene más de 50 años intacta. (Video: Final Olímpica de 200m varonil México 1968. https://www.youtube.com/watch?v=–lzACn0aZ8)

PeterNorman1 Los tres medallistas portaron el logo del movimiento a favor de los derechos humanos.

Esa misma noche entregarían las preseas a los velocistas. Momentos antes de la ceremonia, los estadounidenses explicaron a Norman lo que harían. Él les dijo: «Yo creo en Dios y estoy con ustedes», porque mucho antes de ser rivales en la pista eran atletas que con el esfuerzo uno del otro motivaron la mejor versión de cada uno, pero especialmente, antes de atletas, eran humanos y aunque muy jóvenes (ninguno pasaba de los 26 años) eran conscientes de que el honor de ser medallistas olímpicos también les daba responsabilidades con sus comunidades.

Para Peter el momento perfecto para sumarse al mensaje de igualdad y, sin agacharse, ni alzar el puño, puso el parche en el lado izquierdo de su chamarra, justo arriba del escudo de su país. ¿Por qué lo hizo? Norman era un atleta blanco de Oceanía que no estaba afectado por el racismo; sin embargo, en el podio se manifestó silencioso contra las políticas del Estado Australiano y su trato a los aborígenes.

Aunque en 1968 se revocó la discriminación en Australia, los aborígenes no eran incluidos en censos nacionales, enfrentaban desventajas sociales y económicas, no podían votar y pedían las tierras que les fueron arrebatadas por siglos. Esa fue la protesta del medallista olímpico Norman. No tenía nada qué ganar y lo perdió todo.

Los tres medallistas olímpicos fueron expulsados de la Villa Olímpica, pero también de la justa…¡y de por vida! Durante los Juegos mexicanos, su protesta fue bien vista, pero al regresar a sus países, padecieron de rechazo, desempleo y acusaciones.

Tommie Smith, con sus 11 récords mundiales, sólo encontró trabajo como lavacoches en un estacionamiento; mientras la esposa de John Carlos se suicidó.  “Todo por pedir que las personas seamos tratadas iguales”, dijo Carlos.

PeterNorman5 La marca de 20.06s con la que ganó plata olímpica Peter Norman es aún récord australiano de 200m.

Mientras tanto, Norman fue ignorado por la comunidad deportiva australiana. Aunque al siguiente ciclo olímpico, Peter estaba pronosticado para regresar al podio en los Juegos de Munich 1972, tanto en 100 como en 200m, las autoridades deportivas de su país se negaron a incluirlo en todas las selecciones nacionales.

Después de manifestarse en México ’68, las secuelas perduraron por décadas. Hasta en la realización de los Juegos Olímpicos que fueron en su país: Sidney 2000, a los que no fue invitado ni como parte del equipo logístico.

Pero de manera indirecta, su protesta hizo eco en el Comité Organizador de los ‘Juegos del Milenio’, que cedió la flama en la Ceremonia de Encendido del Pebetero Olímpico a una mujer aborigen: la velocista Cathy Freeman. Tras muchos años y sinsabores, las cosas sí habían cambiado.

PeterNorman.Escultura
En octubre de 2005, la Universidad de San José, California, en Estados Unidos, erigió una escultura para recordar aquel podio olímpico, pero sólo inmortalizaron a los dos estadounidenses: Smith y Carlos. A Peter no le molestó seguir en el anonimato.

Norman murió al año siguiente, el 3 de octubre de 2006 y tanto Smith como Carlos viajaron a Australia para hacer un último gesto de agradecimiento ante su solidaridad y cargaron su féretro.

40 años después de la discreta, pero intensa protesta, Matt Norman presentó el documental ‘Salute’, en el que dejó grabada la historia de su tío: Peter Norman, un blanco contra el racismo. Aquí el tráiler: https://www.youtube.com/watch?v=qUrxBwa4Mfo

PeterNorman3 38 años después de ese podio histórico, Norman falleció. Los estadounidenses Tommie Smith y John Carlos viajaron a Australia para despedirlo y cargaron su féretro.

Pero los grandes hacen historia hasta después de morir. En octubre de 2012, el Parlamento Australiano hizo una sesión especial para dar una disculpa pública a Norman por el trato que recibió en su país, tras competir en México ’68; por no haberle inscrito para los Juegos de Munich ’72 aunque repetidamente dio las marcas; y reconocer además su valentía en una sociedad que estaba cegada entonces, por luchar y aportar empatía, solidaridad e igualdad en la conciencia colectiva australiana.

A finales de marzo, en la ciudad natal de Norman, se realiza el IAAF Melbourne World Challenge y al ganador de la prueba en que ganó plata olímpica, los 200m, se le otorga el trofeo ‘Peter Norman Memorial’, que en 2015 fue para Alonso Edward, destacado velocista de Panamá, medallista mundial, de ascendencia afro.

Los grandes escriben la historia, pero los gigantes la cambian. 


Dato curioso: Aunque el remero estadounidense Paul Hoffman fue llamado a declarar ante autoridades del Comité Olímpico de EUA, como incitador social por el movimiento al que pertenecía (‘Proyecto Olímpico por los Derechos Humanos’) jamás se le sancionó y de todos los involucrados en esta historia, fue el único que sí compitió en Munich ’72.