REPORTAJES

Ganaron un oro olímpico…¡después de morir!

Conquistar un oro olímpico después de morir y sin haber tocado un escenario de competencia parece imposible, pero más de 20 personas de cuatro países conformaron un equipo que recibió esa presea. Esta extraña y antigua historia sucedió en las zonas más frías de Nepal.


KATY LÓPEZ

En 1922 un grupo de hombres se preparaban para hacer historia y conquistar la cumbre más alta del mundo: el Monte Everest. El Brigadier británico Charles Bruce, lideró a alpinistas de Gran BretañaSuiza, que fueron acompañados y asistidos por nativos de Nepal y de India.

La expedición hizo tres intentos por llegar a la cumbre y siete guías murieron durante los ascensos fallidos: los sherpas Sange, Temba, Antarge, Pembra, Pasang, Lhakpa, Narbu y el guía Tejbir Bura de Nepal.


JOI.CeremoniaChamonix1924 MEMORIA. Al clausurar los Olímpicos de Invierno de 1924, el Barón Pierre de Coubertine dio este oro.


Todo lo sucedido durante el ascenso de esta expedición se supo en Europa y dos años después del incidente, durante la Ceremonia de Clausura de los primeros Juegos Olímpicos de Invierno, en la edición de Chamonix 1924, sucedió algo inédito:

En persona, el Barón Pierre de Coubertin -fundador de los Juegos Olímpicos de la Era Moderna- brindó un discurso y una presea para los expedicionarios:

 

“Esta medalla es un pequeño testimonio de la admiración con la que todas las naciones han seguido sus jornadas (…) ustedes honran no sólo a sus países, sino a la humanidad”.

Tras sus palabras, Coubertin entregó la simbólica presea al representante del equipo de alpinistas Bill Strutt, pues los sobrevivientes de la primera expedición se preparaban para un segundo ascenso, a mediados de 1924, pocos meses después de culminados los Olímpicos Invernales.

El Barón fue claro al solicitar que esta medalla se extendiera para todos los montañistas que formaron parte del primer equipo, incluídos sherpas y nativos asistentes. De esta forma, India y Nepal lograron su primer oro olímpico en 1924 y aunque no fue en condiciones de competencia y ya habían fallecido, el Comité Olímpico Internacional reconoce la existencia de estas preseas para todos los alpinistas.

 


GeorgeMallory1 (1) PÉRDIDA. George Mallory, uno de los medallistas olímpicos, falleció en la segunda expedición.

Pero en la segunda expedición que tanto planificaron los alpinistas, falleció uno de los medallistas olímpicos: el británico George Mallory, cuyo ascenso es uno de los más misteriosos de la historia: su cuerpo fue encontrado en la ruta hacia la cima ¡75 AÑOS DESPUÉS! por el montañista estadounidense Conrad Anker. Hasta hoy, nadie sabe si George Mallory fue el primer hombre que tocó la cumbre del monte más alto del mundo.

En octubre del 2024 se encontraron restos humanos en la cumbre que databan de esa época y gracias a las insignias escritas en una prensa, se supo que pertenecía a A. C. Irving, es decir Andrew ‘Sandy’ Irving amigo y compañero de Mallory en los ascensos.


OPINIÓN

2014: Compromisos del periodismo con el deporte olímpico

Colaboración publicada en el libro ‘2014. El periodismo Deportivo en Año Mundialista’.

Descárgalo en:

http://codigocambridge.com/2014_El_Periodismo_Deportivo_en_Anio_Mundialista.pdf

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En el periodismo deportivo mexicano, el inicio de un ciclo olímpico es opaco. Aunque el país arranca el cuadrienio con su participación en los Juegos Centroamericanos y del Caribe, cada cuatro años, las actuaciones de los atletas en el certamen no destellan con tanta intensidad, pues los reflectores se concentran en la participación de la selección de futbol, en las Copas del Mundo.

Para 2014, las cosas deben cambiar. Brasil organiza un Mundial de Futbol por primera vez desde 1950; mientras que México recibe -por cuarta ocasión en su historia- unos Juegos Centroamericanos y del Caribe, y por primera en una ciudad que no es la capital, pues serán en Veracruz. Este año además, se realizarán los Juegos Olímpicos de Invierno, los II Olímpicos Juveniles, los Mundiales de más de 15 disciplinas olímpicas, e incluso la Olimpiada Nacional.

Ningún evento debería pasar inadvertido y el brindarles espacios en los medios de comunicación es una obligación. ¿Por qué? Tras vivir el ciclo olímpico más exitoso de su historia y tener el año pasado a 13 mexicanos en el podio de cinco Campeonatos Mundiales (atletismo, ciclismo, clavados, gimnasia, halterofilia y taekwondo), el deporte mismo solicita compromisos profesionales del periodismo.

Proporcionar más espacios mediáticos es el primer paso, pero ¿de qué sirve asignarlos al deporte amateur, si no se cuenta con información de calidad?

El año posterior a unos Olímpicos, en esta caso 2013, es llamado el ‘año muerto’ del ciclo olímpico porque es la temporada de transición hacia el próximo cuadrienio. Así como los atletas se preparan hacia el siguiente periodo, lo debe de hacer también el periodismo de la fuente.

El periodismo es más oficio que profesión. No todo el conocimiento se adquiere en los cuatro años de estudiar la carrera. Es necesario leer, estudiar, investigar, informarse de temas distintos al deporte, para vincular y mejorar la calidad de de los contenidos. Salir de lo informativo, hacia lo analítico, crítico o sensibilizador.

No se puede ser experto en las 28 disciplinas que se contienden en Juegos Olímpicos, pero especializarse en uno o tres deportes y conocer de otros fortalece la labor. Comprender a fondo cada modalidad, su historia, sus potencias mundiales, sus reglas, los tecnicismos, la metodología o hasta el biotipo para practicarlos, nos proporciona herramientas de comprensión para hacer de los espacios mediáticos, zonas sustanciales.

Un mayor contexto permite información de calidad; la posibilidad de obtener datos exclusivos, entrevistas especiales que le dan un sabor único a nuestro trabajo. Tener en cada medio esa competitividad impulsará mejor información; por ejemplo; habrá casi mil competidores mexicanos en los Centroamericanos Veracruz 2014 ¿la mitad de ellos no tendrán una historia buena qué contar?

De eso se trata el periodismo: escribir historias y analizar. Hay que superar la inmediatez. El resultado burdo circulará en redes sociales; pero ¿qué pasó para alcanzar esa meta? Posicionar a un medio en una cobertura no se trata de ‘postear’ fotos del evento en Facebook, Twitter o Pinterest; un enviado mostrará su presencia en contar detalles en torno al logro o la derrota.

No es sólo proveer entretenimiento. Es hacer que en los espacios mediáticos la sociedad encuentre empatía; que esta información motive a explotar lo mejor de los individuos.

Pocos recuerdan los números de los récords mundiales, pero nadie olvida quién los logra o bajo qué circunstancias. A veces la historia no se esconde detrás de una medalla; sólo hay que mantener viva la capacidad de asombro y explotar más géneros periodísticos que la básica nota dura –que por cierto, ya es posible desarrollar en 140 caracteres-; hacer crónicas, contracrónicas, entrevistas, reportajes.

Contar vivencias, prepararse para cubrir y analizar los resultados de los eventos, hará la diferencia en el periodismo actual y a través de éste, la percepción social sobre el deporte.

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OPINIÓN

¿Te importa o te interesa?

Caminaba un hombre en la calle cuando escuchó un consejo: “Pórtate bien para que te vaya bien”. Sonaba lógico. Dio la vuelta para saber quién lo decía y descubrió que era una recomendación del Diablo. Mi mamá me contó de ese ser acosado por el Demonio. Es real.

En esa frase encuentro las bases que mueven a la conducta humana: la motivación interna y la motivación externa. ¿Qué hay en un corazón para impulsar a un alma a actuar? ¿Y qué sucede cuando no es el alma la que estimula nuestros actos?

La motivación interna hace que las cosas nos importen, la motivación externa hace que las cosas nos interesa. Parecen sinónimos, pero son opuestos.  Mi lenguaje es el deporte, en él me explico.

Un niño sale a jugar futbol, por ejemplo. Esa actividad se convierte en su alegría; allí encuentra su momento de libertad, su diversión y sus retos. Sin obtener nada a cambio, desea jugar para esforzarse e inventar sueños en torno al juego: que es profesional, que representa su país en una Copa del Mundo…El futbol le importa, el juego mismo es su satisfacción.

El niño crece. Compite, destaca en el equipo, descubre que tiene talento, recibe reconocimientos, quizá hasta su papá o el entrenador proponen darle una recompensa por cada gol que anote. Todo eso le asombra. “¡Hago lo que amo, me aplauden… y encima me dan dinero si lo hago bien!”, piensa. El futbol es su diversión y por ello es importante, pero ahora, hay un beneficio extra.

En esta historia, el ahora joven, recibe ofertas para jugar en un equipo semiprofesional y recibir una paga formal. Siente más compromiso y se esfuerza más. Sus cualidades incrementan y así los apoyos económicos que recibe.

En unos años, alcanzó lo que de infante era un sueño: es jugador profesional y aunque sigue haciendo lo que ama y disfruta, el futbol se ha convertido en su medio de vida. En una lenta transición, la motivación interna se va transformando en externa. Antes era jugar por gozar, poco a poco, ese goce se reduce y lo que ahora mueve su accionar en torno al futbol, es el interés: tener ingreso para su desarrollo.

Aquel pequeño que se divertía mientras jugaba futbol, sin recibir nada a cambio, se ve ahora inmerso en firmas de contratos, representantes, sueldos, lesiones y hasta conflictos políticos, por tratar de llevar su vida, a través del futbol. Hoy juega por dinero y ha olvidado que en su origen jugaba por jugar.

Si llega a la Selección Nacional, exige más beneficios, pues desde niño ha recibido elogios que ponderan su merecimiento ante su buen nivel y además, ya no alcanzan sus ingresos para sustentar su forma de vivir. El futbol se ha convertido en su profesión, en su interés.

A todos nos puede pasar. Ese futbolista es un ejemplo para replantearnos qué es lo que nos mueve a tomar ciertos caminos. ¿Actuamos en busca de un fin que nos de satisfacción? ¿O son nuestros propios actos los que nos brindan bienestares? Si nos desarrollamos en la búsqueda de recompensas por lo que hacemos, la frustración es altamente probable si no obtenemos lo que buscamos; en cambio, gozar del desempeño personal en sí, brindará los frutos de manera natural.

A aquél hombre que el Diablo le dijo un consejo, le dio a entender más bien que la bondad debe surgir por una motivación externa, por interés, porque debe tener una recompensa; cuando el estímulo de actuar con bondad radica en el propio hecho de hacer el bien; es decir, con una motivación interna, un ímpetu que nos anima a hacer las cosas bien porque ese sólo hecho nos satisface, porque nos importa.

Mi ejemplo es el futbol, pero puede suceder en basquetbol, en beisbol, clavados, atletismo…y no sólo en deportes, en cualquier actividad en que nos desempeñemos, en nuestros actos diarios.

Lo que tú haces ¿te importa, o te interesa?

OPINIÓN

Periodismo Deportivo: más que difundir resultados, en esta labor autodidacta

Al término de los cuatro años de estudiar periodismo, asumimos contar con las herramientas básicas para iniciar en el desarrollo práctico de este que es  –permítanme el término- un ‘oficio en vía de profesionalización’. Gran error. Culminar los estudios es quizá el primero de muchísimos pasos en el ‘terreno de juego de la información’.

El Periodismo es un trabajo autodidacta. Los estudios permiten conocer los géneros periodísticos (nota, entrevista, crónica, color, reportaje, artículo, columna) y a su vez las preguntas que deben responder (¿qué? ¿quién? ¿cómo? ¿cuándo? ¿dónde? ¿por qué? y ¿para qué?). Es la base para darle una estructura a la información; pero, el trabajo periodístico consiste en saber cómo investigar las respuestas a estas preguntas y a su vez, difundirlas con objetividad, claridad y de forma oportuna.

La carrera brinda las herramientas técnicas para generar la información; sin embargo, no hay una capacitación para convertirse en un experto del contenido mismo.

Vidas paralelas: si de manera alterna, una persona estudia Medicina y otra Periodismo, en cuatro años uno será Médico General y el otro Periodista. El doctor continuará los estudios en una especialidad (Ortopedia, por ejemplo), mientras el periodista empezará a ejercer en alguna fuente específica (Deportes, por ejemplo). Al término de su especialidad, el médico podrá estudiar una subespecialidad (como ortopedia en rodilla), mientras el otro, a base de experiencia, se convertirá en especialista, quizá, en Deporte Amateur (o también llamado Olímpico).

Mientras el Médico tiene un desarrollo avalado por la academia, el Periodista basa su crecimiento profesional en el campo práctico. En el Periodismo quien escribe aprende tanto como desea e igualmente difunde tanto como puede comprender. No hay un aval escolar que determine sus capacidades para informar temas especializados, ni una exigencia de sus medios, por una mayor capacitación en su labor.

En su desempeño laboral, puede cometer errores informativos, algunos graves, en el prestigio del medio que representa, pero en especial de su propio nombre, pues al fin, la firma de periodista, es lo primero y más importante que tiene. Como periodista, tu nombre es tu propia marca.

En el caso del periodismo deportivo, en la fuente de deporte amateur o deporte olímpico, nadie le explica al periodista cuántas disciplinas comprende el atletismo; qué es envión y qué es arranque en levantamiento de pesas; cómo son las claves que se utilizan en clavados; el ippon o el yuko en judo; los aparatos que comprende la gimnasia artística varonil y su proceso para obtener calificaciones; las figuras destacadas nacionales e internacionales; la historia de cada deporte; los logros nacionales previos; la legislación deportiva; la metodología competitiva…muchos otros temas.

Es más: no existe un ‘proceso’ de clasificación para definir si un periodista cuenta con los conocimientos necesarios para cubrir unos Juegos Olímpicos; aun cuando la calidad de su cobertura tiene un alto impacto en cómo la sociedad asimila los resultados de los representantes de su país, o de los logros históricos de figuras internacionales.

El deporte es más que una fuente periodística de entretenimiento, más que la difusión de notas a granel que nos evaden de las realidades personales; más que la burda difusión de estadísticas o resultados, más que una ilación de historias aspiracionales. Como lo ha escrito el holandés Johan Hizinga en su libro Hommo Ludens, “el deporte es una representación lúdica de la lucha por la vida”.

El deporte, como el arte, son importantes complementos para la vida, para una existencia armoniosa y plena; difundir sus cualidades pide mayor responsabilidad.

REPORTAJES

Tomás Luna: el corredor silvestre

Tomás Luna es un caso extraño del atletismo, el caso más agreste, rudo y casi salvaje convertido en deporte de alto rendimiento. Para Tomás la vida siempre empezó muy tarde: entró a la primaria a los 9 años de edad y reprobó el primer grado en dos ocasiones. A los 26 descubrió sus cualidades como corredor de fondo y a los 39 años, ganó el 21km de la Ciudad de México 2015.

Tomás nació en la comunidad veracruzana ‘El Limón’, que, según el mismo dice, no alcanza ni a ser un pueblo, es más bien una aldea de menos de mil habitantes.

Entró a la primaria cuando un niño promedio estaría a la mitad de la educación básica y reprobó 1er grado porque los maestros se cansaban de las inundaciones y las dificultades para llegar a su comunidad. El propio Tomás se molestaba de correr, trotar o andar por hora y media para llegar a la escuela; entonces ‘emigró’ al siguiente pueblo, al que llegaba tras 40 minutos de recorrido a caballo. Terminó la primaria a los 18 años.

Los caballos son la pasión de su padre y gracias a ellos se descubrió corredor. En ‘El Limón’ se hacen carreras de apuestas entre equinos y cuando Tomás era pequeño, al término de las competencias hípicas, se retaba con niños del pueblo. No había pista atlética, mucho menos de tierra, tampoco tenis; corría descalzo en las suaves líneas que pisaban los caballos. Un testigo medía la distancia: hizo carreras de 80, 85 y hasta 90 pasos.

Su desempeño convirtió sus competencias en los eventos estelares y corría hasta antes que los propios animales y sí, también se apostaba. En una ocasión ganó una prueba de 6 mil pesos de los que le tocaron 500.

Llegó a cronometrar 25 segundos en 200 metros, sin entrenar, ni comprender la biomecánica, ni la frecuencia de carrera, ni la resistencia a la velocidad; así de rápido avanzaban sus silvestres zancadas.

Tomás inició la Telesecundaria y de ella tiene más grabado que nada el famoso baile folklórico veracruzano ‘Colás’. “Ese lo puedo bailar hasta sin música”, dice entre risas y sí, pues fue el único que le enseñaron para celebrar el 10 de mayo, el Natalicio de Benito Juárez, la Navidad, el 15 de septiembre…el Colás cabía para cualquier festejo.

Pero llegó el momento de viajar un poco más: Tomás salió de Veracruz hacia Puebla, para iniciar la preparatoria abierta. Se trasladaba 40 kilómetros en bicicleta para llegar a la escuela y permanecía sentado por siete horas, dos veces por semana, para estudiar. Tanto tiempo en una silla le arruinó los sueños de velocidad.

«Después de andar tanto en la bici, me sentaba mucho rato así, al aventón, sin estirar ni nada y por tanto estar sentado se me amoló la ciática, ya no podía yo correr”.

Su amor por el atletismo le ayudó a canalizar el mal como remedio: hacer tanta bicicleta le hizo adquirir resistencia y decidió practicar distancias largas. Sin proponérselo mucho, en 2010 y con 34 años de edad, Tomás se convirtió en Seleccionado Nacional y ganó medalla de plata en los 10,000m de los Juegos Centroamericanos y del Caribe de Mayagüez, Puerto Rico; corrió el maratón de los Panamericanos de Guadalajara 2011 y también los 42.195km de los Olímpicos de Londres 2012.

¿Quién lo creería? Un chico que corría en pistas para caballos, que terminó la educación básica cuando un estudiante promedio está culminando una carrera, que tuvo una lesión que parecía irremediable, ha conquistado las calles de tantas ciudades en el mundo, soñando poco y haciendo mucho.

Este veracruzano no escatima en disfrutar, aprovechar y darlo todo por el placer de vivir lo que le gusta…aunque descubra tarde sus talentos, aunque lleguen tarde los elementos, aunque encuentre sus cualidades en inhóspitos y agrestes terrenos. Su talento silvestre floreció en el esfuerzo.

Mujer y Deporte, NOTICIAS, REPORTAJES

La maestra que no vino a marchar, sino a correr, ganar y brillar

Cuando supe que Gladys Tejeda vendría al Maratón de la Ciudad de México me dio mucha alegría y supe que estaría en el podio. Ganó bronce en el maratón de Guadalajara 2011 y compitió en Londres 2012; de esos Juegos  británicos conservo una de las más hermosas experiencias de mi vida. Fue raro: sin conocerla, sin habernos visto de frente, Gladys me dio uno de los momentos más simbólicos de los Olímpicos.

Hace un año que me emocionó en el Estadio de Londres y entonces no imaginé que Gladys, una maestra de profesión, vendría a conquistar las calles de la capital del país, de una forma tan distinta a la de sus homólogos del sureste de México: Los maestros mexicanos llegaron a marchar y bloquear calles (durante plena competencia de maratón), pero Gladys, la profesora peruana, llegó para correr, ganar y brillar. Eso se llama EJEMPLO.

Como esa enseñanza, Gladys me dio una muy buena en 2012. Rumbo a los Juegos británicos, la firma P&G desarrolló la campaña ‘Gracias mamá’, como reconocimiento a la primera, verdadera y eterna patrocinadora de un competidor, e invitó a mamás de atletas destacados de todo el mundo, a atestiguar el momento más importante de la vida deportiva sus hijos, en Londres 2012. Por invitación de esta firma, tuve la fortuna de estar con muchas mamás de atletas de América Latina, en la Ceremonia de Inauguración de los Juegos.

Una experiencia hermosísima. Más de 80 mil almas en el Estadio conjugamos todos nuestros sentidos en un viaje a la apertura del olimpismo y una celebración del inicio del máximo esfuerzo del espíritu y del cuerpo.

En tele o en Estadio, fue hermosa y divertida, cada momento increíble. Hasta el esperado desfile de las Delegaciones. Disfruté mucho ver a María Espinoza vestida de China Poblana dirigiendo a un México que desde ese momento brillaba exitoso…y al final de los Juegos lo fue.

Pero, cuando cruzó Perú, era Gladys quien dirigía a la nación, nadie en todo el estadio estaba más emocionado que la señora Marcelina Puchuhuaranga, su mamá, quien estaba sentada a mi lado, con uno más de sus nueve hijos. La señora Marcelina se levantó del asiento y se acercó lo más posible para ver a su hija. Sus pequeños ojos brillaban con lágrimas alegres y un mensaje sin hablar, hasta el corazón de su hija “¡Estoy muy orgullosa hija! ¡Lo lograste! ¡Gracias por hacer tanto con lo poco que te he dado!”, así decía su mirada; mientras Gladys, en sus primeros Olímpicos, hondeaba la bandera Peruana en Londres.

La señora Marcelina después me dijo: “soñábamos con este momento, yo le decía que podía llegar a unos Olímpicos y no se imagina usted lo que es para mi verla, estar aquí con ella, tan lejos, al otro lado del mundo, logrando su sueño”. Las lágrimas devoraron sus palabras y ese nudo en la garganta que causan los sueños realizados cerró el paso de su voz. No me pudo decir más, pero no importaba. Todo me quedó claro.

La producción de la Ceremonia de Inauguración elaborada por el famoso productor británico Dany Boyle fue bellísima, pero la comunión entre Gladys y su mamá, en esa comunicación, de un alma a otra, sin voz, pero con un intenso latido ,fue mucho más significativa que cualquier coreografía de la Ceremonia.

Ver a Gladis ganar en el Maratón de la Ciudad de México fue muy especial. En verdad me enchinó la piel. Al cruzar la meta, después de las entrevistas, la felicité y le dije “Estuve con tu mamá y tu hermano en la Inauguración de Londres 2012”. “¡Oh! ¿¡De verdad!?”, me dijo al abrazarme fuerte, sorprendida y muy sonriente.  El mundo es pequeño… o tal vez Gladys, con sus 1.60 metros de estatura es grande.

https://www.youtube.com/watch?v=GrQM6bgo2v4

Relatos 'off the record'

El impredecible 7 agosto

A los reporteros ni una gitana podría leernos el futuro. Jamás sabes lo que encontrarás al abrir los ojos por la conquista de un nuevo día. Uno de esos días fue éste: 7 de agosto de 2012, cuando en menos de cuatro horas vi más de lo que podría imaginar.

Estar allí era un sueño cumplido por el que trabajé diez años sin descanso. Desde 2002 se inyectó en mi el espíritu olímpico y llegar a unos Juegos se volvió mi meta; un camino complejo en el que para los periodistas no existe propiamente un proceso de clasificación, sino de designación. Así que al pasar una década entre pistas, tatamis, dianas, arcos, gimnasios, libros, cifras, datos y detrás de la computadora, sentir el respiro del ambiente olímpico británico, pese a dejar al otro lado del mundo a mi bebé, era una especie de ‘medalla de oro’ para mi.

Pero específicamente, en esa fecha del 7 de agosto del 2012, el atletismo estaba en sus días iniciales en Londres 2012. Me instalé en el Estadio Olímpico, lista para ver al corredor David Rudisha en los 800m. Rudisha me caía bien. Su papá ganó plata en el relevo 4x400m de México ’68 y aunque no nos conocíamos ya me parecía que su historia se entrelazaba de alguna forma con mi país. Así que me senté en la grada para prensa junto a un desconocido y pronto descubrí que era un sabio: un austriaco de 81 años que gozó esa competencia a tal grado que me hizo llorar de emoción. Tan pronto el keniano cruzó la meta con el oro, este hombre europeo empezó a escribir aceleradamente para compartirme muchos datos que me hicieran valorar ese récord mundial que jamás olvido: 1:40.91 minutos. Así veía la vida aquel señor y pues sí, de alguna forma no sabríamos en qué momento dejaría de atestiguar, valorar y compartir cada instante. Esa fue su lección más grande, más allá de los textos que aún conservo; más allá de la diferencia en nuestros idiomas o culturas, para él la prioridad era compartir la luz de sus emociones y, de forma implícita, su sabiduría conmigo. Aún tengo sus líneas, como el recuerdo de un aprendizaje más grande incluso que el imperioso atletismo.

Pero, en mi deber laboral, salí aceleradamente de allí. Debía ir a cubrir las competencias en el Complejo Acuático. Me instalé en la tribuna de prensa, lista para ver las pruebas de clavados. No había tantos reporteros de México. La mayoría estaban en el ExCeL Complex, donde el sonorense Óscar Valdez peleaba los 4os de final contra Irlanda. De ganar, rompería una sequía de 12 años sin ver a un mexicano en un podio olímpico de boxeo. En su segunda incursión olímpica, el querido Valdez Fierro se despedía del pugilismo amateur con una derrota, mientras yo, seguía en los saltos ornamentales.

Todo parecía una historia conocida: Laura Sánchez en el trampolín 3m individual. Fue 6ª en Beijing 2008 y en el primer salto de Londres 2012 estaba 5ª; en la segunda ronda 6ª. Para mí ya era loable que estuviera en finales con una lesión severa en el hombro y en medio de diversas adversidades administrativas. Empecé a escribir la nota ‘Culmina Sánchez en 6º sitio’. ¡Oh error! Laura remontó. No me quiero poner técnica, pero Laura rozaba zona de medallas. Estaba en una dura lucha con la italiana Tania Cagnotto y al final la superó ¡por 20 centésimas! (362.40 puntos de Laura, por 362.20 de Tania) HISTÓRICO: Laura es hoy por hoy la primera y única mujer mexicana que gana una medalla olímpica en una prueba individual de clavados. ¿¡Qué más esperaban mis ojos!? Un récord mundial de atletismo, una medalla olímpica histórica para México…¡y faltaba mucho!

Entrevisté a Laura y salí de la sala de prensa del Complejo Acuático prácticamente jalada por Carlos Legaspi, quien me tomó por el codo y me apresuraba para regresar al Estadio Olímpico de Atletismo. Legaspi fue mi lazarillo en ese andar de casi 2.5 kilómetros y se lo agradezco, pues mientras avanzaba, escribía las letras finales de la nota sobre Laura.

Llegamos al Estadio y es literal que ya no cabía ni un testigo más; increíble porque había 80 mil asientos, pero solo cupimos de pie y en un rincón. Lamenté mucho no poder sentarme junto al sabio austriaco, pero menos de 15 minutos después, allí estaba un mundo silente y expectante: presenciando a ocho hombres hincados que esperaban el disparo de salida y a su sonido, respondió un estruendo único y electrizante. El mundo vio entonces al primer hombre en la historia que retenía un oro olímpico de 100m…con nuevo récord olímpico. Sí: Usain Bolt, con crono de 9.63 segundos, tiempo suficiente para que la multitud se rindiera ante el ‘rockstar del tartán’.

Lo que más recuerdo de aquella final es el dedo índice de la mano derecha de Usain. Aún le faltaban dos pasos para cruzar la meta y ya había puesto ese dedo sobre su boca, una señal universal de «silencio»; una especie de «¡a callar!», pues durante un año cargó la pesada loza de la «rumorología». En 2011, durante los Campeonatos Mundiales de Atletismo de Daegu, Corea, en la final de los 100m pasó lo impensable: Usain se descalificó por una salida en falso, por estar pendiente de los movimientos de su compatriota Yohan Blake (que al final ganó el oro mundial del hectómetro en Daegu 2011). Fue un error, un trauma, un fantasma que lo persiguió hasta Londres 2012, con un»¿y si pasa de nuevo?» «¿Y si Blake le gana?». Así que esa noche de verano británico, sus zancadas sacudieron esas y más dudas y el ademán tenía que reforzar su monarquía.

Pero ¿y mi historia? ¿Allí acabaría la aventura? ¡Pues no! ¡FALTABA LA CONFERENCIA DE PRENSA CON BOLT! Bajábamos apresurados cuando Legaspi me dijo: “Voltea discreta y mira quién viene detrás de nosotros».

Obviamente que no fui discreta, obviamente que miré hacia atrás y al verlo pensé «¡NO-PUEDE-SER!» A dos escalones de mí estaba caminando ¡SIR PAUL MCCARTNEY! Tal vez fue en ese instante cuando debió de darme un infarto ¡pero no! Sólo pude verlo, tratar de tomarle fotos y (estúpidamente) decirle “¡Hola!” (sí en español) y me contestó igual “¡Hola!”.

Pude infartarme allí de no ser porque el guardaespaldas que nos separaba empezó a empujarme y a gritar “¡Camina! ¡Camina!” y pues sí, se me fue el espasmo y desperté para TRATAR de andar, y de asimilar la serie de anormalidades que en tan pocas horas viví, para rematar con: la conferencia de prensa de Usain, siempre ocurrente, bromista, creativo y paciente.

A las 11:40 de la noche me di cuenta de que no había comido desde el desayuno, que hacía frío y que la noche sería bastante complicada (en especial considerando que, por una carambola de azares, en aquellos días me tocó dormir en el banquito de uno de los pianos verticales que están en la estación de trenes de St. Pancras), pero ¿qué más daba? Si lo que viví esa noche no salía ni planificando.

Un día singular, lleno de personas mágicas, que hicieron algo aquel día que me asombró, me conmovió, me alegró y me llenó el alma. Pasan los años y recuerdo con el mismo brillo cada instante de ese séptimo día de agosto, en un verano olímpico intenso, alocado e inédito.

Relatos 'off the record'

‘Detrás del periodismo’ en Corea

Ser reportera es vivir -como bien dijo Gabriel García Márquez- «el mejor oficio del mundo». Uno tiene licencia para preguntar de todo, indagar y salir a comunicar lo que uno descubre. Un día estás en un evento cerca del Presidente del país, o en una conferencia con el hombre más rico del mundo y al siguiente junto a los escombros de un edificio que cayó por un sismo; continuamente estás retando tu capacidad de reacción. Pero el ‘detrás de cámaras’ no es siempre tan glamoroso: a veces estás sin comer ni dormir, haciendo guardia, sin luz, sin señal de internet para enviar o en zonas y situaciones donde corres peligro.

Algo así viví hace muchos años y a muchos kilómetros de Mexico, en Corea del Sur, un país en continua tensión por los constantes acosos bélicos de su vecino del norte. Eso era suficiente agobio, pero por fortuna, la coexistencia con más de 5 mil personas en el Campeonato Mundial de Atletismo me tenía, felizmente, en mi primer visita por Asia.

Pero, recuerdo bien cuando empezó mi caos: era el viernes 2 de septiembre de 2011 y yo desfallecía de dolor. Estaba enferma. No entendía de qué, pero debía actuar rápido.

El Mundial ya estaba por culminar (de hecho Usain Bolt ya había sido descalificado por salida en falso en la final de los 100m) y antes de iniciar la jornada vespertina, acudí a servicio médico. Me atendieron dos chicos, doctores generales coreanos, que si sabían medicina, pero apenas sabían inglés. Un italiano muy amable se ofreció a traducir mis pesares, aunque no hablaba ni español, ni inglés, ni coreano y en ese ‘teléfono descompuesto’, el médico concluyó que yo tenía ¿hemorroides? y ante el errático diagnóstico, salí del consultorio a pensar en un Plan B.

Ya era de noche y con mi melancólico paso errante, fui al front desk del Media Center. Unas lindas y jóvenes voluntarias coreanas de traje sastre, con falda azul marino, blazer rojo y un coqueto sombrerito de paja, portaban un botón con el idioma al que traducían. «¡Ya me vi!», pensé entonces. (Déjenme poner contexto: por esas fechas aún no existía el servicio de mensajería de facebook y WhatsApp tenía dos años de existencia, aún no estaba tan extendido en el mundo).

Ninguna voluntaria hablaba español ni inglés, pero una traductora de francés, muy encarecida -quizá por mi rostro premortuorio- me ayudó. «Me siento muy mal. ¿Puedes por favor llama a la Villa de Atletas a alguien de México?», le dije. Así encontraría un doctor que me entendería y tendría mi remedio. ¡Simple! La voluntaria me pidió esperar.

Y mientras esperaba una llamada celestial, me senté en un cómodo sillón del lobby de la sala de prensa, a pensar cómo sería el proceso de repatriación de mi cuerpo desde Corea a México «ojalá no me vayan a poner maletas encima», pensaba «debí traer alguna prenda de vestir». Me quedé dormida.

La linda chica tenía en la línea a alguien para mí. «No es de México, pero habla español», me dijo. Bueno, ya íbamos de gane.

Me pasó el auricular y hablé, hablé y hablé tanto como si fuera un confesionario. «Espero que nadie alrededor de esta recepción entienda español ni se enteren de mis dolencias», pensaba a la par de mi voz, que mientras tanto alegaba los achaques de mi cuerpo.

Después de casi diez minutos de tanto hablar, la voz al otro lado del teléfono me dijo «Ok. A ver mira, no soy doctor…pero conozco a doctores de España; ahora mismo les llamo, espera allí y cuando tenga respuesta, te marco», dijo aquella voz de hombre joven.

Después supe que la voz pertenecía a un atleta y no cualquiera: el venezolano Eduar Villanueva, quien estuvo a 19 centésimas de segundo de ganarle al mexicano Juan Luis Barrios, en los 1,500m de los Juegos Centrocaribeños de Mayagüez 2010 y se quedó la plata.

Un año antes era rival y hoy, sin haberle visto a la cara, ni él a mí, se esforzaba por salvarme la vida.

De nuevo al sillón de los sueños ¿por qué no? Me quedé pasmada pensando en él. Dos días antes, Eduar rompió su récord nacional en 1,500m (3:36.96 minutos), me apoyaba a las 9 de la noche y en casi 24 horas sería el único latino corriendo la Final de las 3.5 vueltas, en el Mundial coreano. Un ángel sin alas, pero con hermosa actitud…y pies que vuelan.

Tan solo unos minutos tardó su llamada de vuelta. Me dictó un número telefónico y un nombre, además me externaba toda su angustia y solidaridad por mi situación. ¿Yo qué tenía? Sólo mi achacoso agradecimiento. «No me digas nada, somos latinoamericanos y no importa en qué lugar del mundo estemos, siempre vamos a ayudarnos». Eso era cierto.

Después de colgar, seguí sus instrucciones y con mi ágil rengueo, caminé casi kilómetro y medio desde el estadio, hasta la pista de calentamiento. Allí estaría el doctor con el que Eduar habló. Allá estaría mi remedio y mi salvación.

En el estadio de calentamiento había varias carpas blancas y en una colgaba la bandera de España. Salió de allí un hombre alto, fuerte, rondaba los 40….una especie de ‘David Hasselhoff’ ibérico…y yo muriendo de dolor pero también de vergüenza por tener que contarle mis achaques.

De nuevo hice aquel prolongado, detallado y penoso ritual de la confesión. El doctor me escuchó atenta y pacientemente, cuando termine de hablar me dijo: «Ya sé qué tienes, pero ahora no traigo el medicamento que necesitas conmigo, además no te lo van a vender aquí sin receta y yo no escribo en coreano». Yo escuchaba y asentía al tiempo que en mi mente retumbaba solo una pregunta: «¿¡por qué me persigue la desgracia!?».

El doctor me ofreció una solución: mandarme el remedio a la mañana siguiente, al evento que me tocara cubrir.

No podía esperar. Literal. Mi cuerpo, mis achaques y mi profunda y característica desesperación eran réplica intangible de la Arena Coliseo en martes de luchas… hasta que llegó la mañana. Yo estaría en la competencia de 50km marcha, en la calle central de Daegu y el ‘Dr. Hasselhoff’ acordó con otro doctor español mandarme el medicamento.

Caminé desde el hotel al circuito de competencia, con la meta de buscar el puesto de hidratación de España. No había llegado ni a la mitad de la ruta cuando escuché un efusivo «¡¡Katilungaaaa!!».

¡No es posible! Al otro lado del mundo, en una calle coreana, alguien grita mi nickname. ¿Empiezo a delirar? ¿Son las voces del cielo que vienen por mi? Cosa de risa.

Encuentro entre el tumulto unos conocidos rasgos catalanes: era Mikel, un fisiatra al que conocí en la Copa del Mundo de Marcha en 2010.

«Oye nos han contao de una chica de tu país que está enferma, que no puede parar de orinar y hay que entregarle una medicina. ¿la conoces?», me dijo Mikel. Yo solo alcancé a decirle: «Sí, soy yo», con una fresca naturalidad, como si fuera yo modesta y me hablaran de un premio. «Sí, soy yo». ¡Pero que idiota!

Al lado de Mikel, el Doctor Andreu me entrega mis medicinas y un montón de consejos «procura tomar jugo de arándano y mucha agua», me dijo en verdad preocupado por mi.

Desde la primera toma, llegó el alivio y el agradecimiento a todos los ángeles: a la coreana francoparlante, al querido Eduar, al ‘Dr. Hasselhoff’, a Mikel y al Dr. Andreu. Mi ser entero fue sano y feliz.

Esa noche, ya muy recuperada, esperé a que Eduar terminara su carrera: 3:37.31 minutos en 1,500m y un exitoso 8º sitio en la final. Fui a la zona mixta y al terminar sus entrevistas lo intercepté, me presenté, le agradecí, le regalé una playera negra con un jaguar huichol impreso. Hasta ese momento conocí su rostro en persona.

Dos meses después fue a Guadalajara para competir en los Juegos Panamericanos. No pude verlo, pues estaba en el estadio como voz del evento y narré su carrera, donde ganó la presea de bronce.

Medio año después, fui a Barquisimeto, el pueblo natal del venezolano Villanueva, quien sin duda, sería la figura destacada del Campeonato Iberoamericano de Atletismo. Mi vuelo salió el día de su prueba y tampoco lo vi.

Digamos que Eduar fue un ángel, con una aparición repentina en mi vida, pero con actos coyunturales para que regresara a mi casa a contar sobre esos seres bondadosos de actitud angelical en cada paso… Un buen día, uno también puede ser el ángel de otra historia.

P. D. Respecto a mí: en Corea del Sur tuve una infección en vías urinarias, algo que nunca había padecido antes y gracias a Dios tampoco después. Dos años después, en el Mundial de Moscú, Rusia, me encontré de nuevo al ‘Dr. Hasselhoff’ y profundamente le agradecí por haberme ayudado en el momento mas difícil de salud que había vivido fuera de mi país.

REPORTAJES

¿Comprarías un producto de mala calidad? Entonces: ¿¡Cómo es que vende el futbol!?

Es curioso cómo el futbol mexicano nos ofrece frustraciones gratuitas. Eliminan a México de la Copa del Mundo, la Copa Oro o cualquier otro torneo y la Nación se vuelca por la renuncia del DT en turno. Se da la presión social por la dimisión de un Director Técnico de futbol, antes que por la salida de un mal funcionario y sin embargo el burócrata sí le cuesta a la sociedad y el dirigente deportivo no.

El futbol es un negocio. Es un negocio muy raro. Sorprende ver un producto de poca calidad ser tan rentable, y en la otra mano tener deportes altamente exitosos que no poseen esas cualidades mercadológicas.

Es una ironía como la Federación Mexicana de Futbol (una Asociación Civil), no requiere del apoyo del Gobierno Federal para su desarrollo, aun cuando su nivel en representación nacional no es comparable con otras disciplinas, y aun así, el resto de las federaciones deportivas, como: clavados, taekwondo, o tiro con arco sí piden ingresos públicos, pese a ser los deportes más exitosos de distintos ciclos olímpicos, con obtenciones de medallas centroamericanas, panamericanas, olímpicas y mundiales.

No ignoro los títulos mundiales juveniles del futbol, el primer sitio en Copa Oro, el oro olímpico de Londres 2012, o la plata en la Universiada Mundial 2013 del futbol femenil, pero la cantidad de logros internacionales del futbol mexicano es menor a los alcanzados en muchos otros deportes.

¿Qué hace el futbol para convertir un producto de baja calidad en un negocio? ¿Qué hacen otras federaciones deportivas para tener competidores exitosos? Ambos gremios deberían intercambiar las respuestas, tropicalizarlas y aplicarlas a sus medios.

En mucho se debe a una falta de preparación en la administración deportiva. No es culpa de nadie. Los estudios formales para la ministración del deporte en México iniciaron hace menos de diez años y en las últimas dos décadas se da la cosecha de los frutos en esa nueva generación con tendencia a la profesionalización. Los presidentes de Federaciones Deportivas son en muchos casos ex atletas, ex entrenadores, integrantes del cuerpo directivo de administraciones anteriores y ellos, en el trajín mismo del recorrido van aprendiendo a caminar (sí, en gerundio); un tanto experimental.

Esta demora en la profesionalización del deporte responde también a la culminación del ‘amateurismo’. El Barón Pierre de Coubertine, creador de los Juegos Olímpicos Modernos, en su romanticismo por revivir la justa griega, prohibió a los atletas olímpicos recibir dinero por competir, para no ‘manchar’ el espíritu del evento, y mantener la motivación interna de hacer deporte por el mero gusto.

Era pecaminoso ‘sacar provecho del éxito’, pero hay casos en que duele ver la triste consecuencia de ese requerimiento ¿un ejemplo? El ex nadador estadounidense Brian Job, bronce en 200m pecho en México ‘68, vive en situación de calle y fue arrestado en Palo Alto, California, por encender una fogata en el estacionamiento de un restaurante, para poder cenar. (Aquí la nota del Mercury News, escrita por Bruce Newman).

En 1992  por primera vez en unos Juegos Olímpicos, se eliminó ese criterio y se permitió la llegada de deportistas profesionales y así conocimos al único y verdadero ‘Dream Team’ de basquetbol en los Juegos de Barcelona, España. Desde entonces se vinculó al deporte de paga con el que no la recibía. Ante este cambio hay quienes, como los surfistas, hallaron una ‘buena ola’ y otros que se siguen revolcando en la marea. Es un encuentro fuerte para la comprensión de la administración de los gastos e ingresos en el deporte.

La adaptación a esta tendencia ha permitido a muchos organismos y hasta deportistas capitalizar una medalla en ingresos y patrocinadores; casos como el de Usain Bolt, Michael Phelps son una muestra de cómo hacer del éxito más que sólo fama y admiración, una posibilidad de contar con ingresos.

¿Lo han pensado? A veces el cortoplacismo de las administraciones en las federaciones deportivas limita a sólo pensar en ‘sacar provecho’ del momento (cuyos periodos duran, GENERALMENTE un ciclo olímpico (cuatro años), pero en otros casos ya llevan más de 25 en el cargo…historias tan largas y enredadas como su tiempo en la silla, en fin); sin embargo, al abrir los ojos a una perspectiva empresarial, en el mediano o largo plazo, hay un camino fértil de siembra para hacer florecer la exitosa autonomía en el deporte.

Si el futbol puede,  ¿por qué los otros no?

REPORTAJES

Miel con limón

¿Han tomado miel con limón? Dicen que es un remedio para aliviar la tos. Así es la vida. A veces tenemos que beber sabores dulces mezclados con ácidos. Conozco a alguien que una vez ‘tomó’ miel con limón de un solo trago: Patrick Loliger, el hombre más destacado en la historia del remo mexicano.

Si mezcláramos París, con la Condesa y un cuento de hadas, obtendríamos la ciudad de Tigre, en Argentina. Un lugar hermosísimo, donde una casa parece el hogar de Blanca Nieves y en cualquier momento parecería que de la cabaña de al lado saldrá la Princesa Aurora. Allá fue la Regata Preolímpica Continental de Remo.

México tenía expectativas de clasificar al cien por ciento de sus embarcaciones: cuarto botes, cuatro plazas a Londres 2012. La meta era muy alcanzable: en los Panamericanos de Guadalajara 2011 el remo mexicano ganó dos oros, entre ellos el del doble ligero de Analicia Ramírez con Lila Pérez Rul, Patrick ganó plata; de allí los parámetros más fuertes. La plaza más difícil de obtener sería la de Debora Oakley, pues vivía su primera competencia internacional, en bote individual.

(Abro un paréntesis para un ‘detrás de cámaras’: En todo hay ‘detalles’ y en Tigre fue que la aduana de Argentina no permitió el paso de los botes mexicanos, hasta un día antes de la competencia. Tan pronto los recibieron, los mexicanos ajustaron portantes, horquillas, pedalinas, sillas…¡tremendo trabajo mecánico! Remar es una ciencia, pero ni ese factor los distraería).

Patrick compitió en el single ligero, una de las modalidades más competitivas del mundo porque tiene un quórum muy alto. Ganó todas sus fases: la eliminatoria, la semifinal y la final: tenía la plaza olímpica en la mano. ¡Estaba tan feliz! Patrick probaba las mieles de la victoria: Iba a sus segundos Olímpicos y en la mejor forma deportiva de su vida.

Al término de su competencia, lo entrevisté y después de externar su alegría por el oro del evento y la clasificación olímpica, pedí su opinión sobre el desempeño tricolor…Entonces nació una tormenta en sus ojos de mar y fluyeron lágrimas desoladoras. Sólo él y Debora clasificaron a Londres 2012 y las embarcaciones más fuertes de México quedaron fuera.

¿Cuán triste fue para Patrick, novio de Analicia por casi diez años, esta situación? Sus ojos dijeron más que su voz. En casi una década, ambos han trabajado, por llegar a unos Olímpicos, y ella no lo ha logrado. Para Patrick fue terrible: él iría, pero su coequipera, su compañera, su amiga, su novia, su cómplice, el motivo de su amor, su todo, se quedaba fuera. Una alegría individual, que se hacía pequeña, envuelta en el llanto de la desolación.

Patrick no ocultaba esa alegría ni ese dolor, pero  dominaba el sabor ácido de la soledad, de saber que entrenaría casi cinco meses solo, que Ana no estaría a su lado en campamentos, competencias de preparación, lesiones, angustias, felicidad, ni en esa misma pista británica de Eaton Dorney, viviendo el sueño que ambos han tenido.

Así es el amor: Cuando el corazón palpita al ritmo de lo que le sucede al otro, ni los logros personales dan el dulce sabor a la ácida tristeza…porque el otro se va convirtiendo en uno mismo. Para Ana fue muy fuerte: durante ocho años ha trabajado por estar en unos Juegos, sin lograrlo y pese a todo, de nueva cuenta está allí la mano de Patrick para intentarlo una vez más.

Y allí van de la mano, buscándole nuevos sabores a la vida. Hoy están juntos en  Kazán, Rusia, compitiendo en los Juegos Mundiales Universitarios. Hace poco, Patrick le dio a México la primera medalla del evento a nuestro país, pero su deseo y motivación más grande es ver a Ana consumar una meta conjunta.

Espero lleguen a Río 2016, así de juntos en el sueño, en el deseo, en la disciplina y el esfuerzo, con corazones que puedan latir al mismo ritmo y bebiendo unidos más mieles que jugo de limón.