Relatos 'off the record'

¡Celebremos la vida!

@Katilunga

Lucía Zamora y Beto García Aspe

En 36 horas bajo los escombros del edificio Álvaro Obregón 286 y la oscuridad de sus ruinas, Lucía Zamora batallaba con pensamientos recurrentes “¿Y si no nos encuentran?”, “¿Y si no salimos?”, se decía, hasta que eligió dominar las ideas y motivar su supervivencia. “Cuando salga, voy a abrazar muy fuerte a mi hermana”, “cuando salga, voy a deshacerme de esta ropa” y así regreso a su recuerdo un antiguo deseo: “cuando salga, voy por fin a conocer a Beto García Aspe”. Sí. Hizo de cada pensamiento una realidad, hasta hilvanar con todas ellas el inicio de una nueva vida.

Lucía llega puntual, 14:45 horas, al Restaurante Lucca, en el Pedregal de la CdMx. Domina las ansias por saber qué pasa, pero su sonrisa curiosa -esa con la que salió de las ruinas del colapsado inmueble- la delata. Mientras platica y toma un poco de limonada, una mano toca su hombro: sí, es Alberto García Aspe, el mismo que de pequeña la motivó a amar el futbol.

Se abrazan alegres, se presentan y entonces, Lucy le comparte cómo inició su pasión por el deporte. “Mi papá y yo veíamos juntos los partidos. Yo le quería ir a un equipo que no fuera el América, porque mi papá le iba a ese y lo divertido era ser rivales. Mi papá no vive ya, pero me da una nostalgia muy padre ver el futbol porque hace que conecte con las cosas que hacía con él cuando era niña”, comparte, mientras él pone toda su atención.

Así inicia un breve viaje en el tiempo:

–          Hubo una Final buenísima del Necaxa, que en la ida tú hiciste un golazo desde fuera del área y en la vuelta perdieron contra Santos ¿no? – recuerda emocionada.

–          Sí, fue la Final de Invierno del ’96, íbamos por el Tricampeonato.

–          Pues en la vuelta, estábamos en un restaurante y yo quería ver el partido, lo pusieron en la tele y ¡fue tremendo! Primero triste por los dos goles del Santos, luego feliz con el de Peláez y el de Luis, pero perdimos y toda la mesa acabó riéndose de mí. Yo lloraba y lloraba y ellos en la burla.- confiesa entre risas.

–          Esa etapa del Necaxa fue muy padre, siempre te has de haber burlado de tu papá porque le ganamos tres veces al América en esa época. De la final contra Santos, fue por un gol de cabeza de Borguetti que hizo en fuera de lugar y nos ganaron 4-3.

–          ¡Sí! Fue muy injusto, lo recuerdo muy bien ¡por eso lloraba yo tanto!

En la confianza de la plática, Lucy confesó que su filia por el balompié era más que un pasatiempo de domingo. “Entonces apilaban los periódicos en la cochera y me escondía para sacar la sección de deportes y buscaba las notas del Necaxa, recortaba todas y desde entonces las guardo. Mi tristeza fue cuando te fuiste al América y ¡no sabía qué hacer en la vida! Entonces mi papá me dijo ‘¿ya le vas a ir al América?’ y le contesté ‘¡pues si!’- se ríe- me dijeron villamelón, que no le era fiel a un equipo…y luego si lloré con el Necaxa, ¡imagínate con la Selección!”.

Lucy recuerda que, pese a burlas y colecciones secretas, se juró que un día conocería a García Aspe y le compartiría la colección de recortes, revistas y fotografías con los momentos de su vida futbolística.

Beto la escucha y sonríe al recordar. Lucía también le comparte el trajín de las 36 horas que esperó por ser salvada y entonces pasa de admiradora, a admirada. Él queda asombrado. “Fue un momento muy fuerte para todos, pero en tu caso, más, por concentrarte en salir adelante y ser paciente”.

“¡Sí! Para mí controlar mi mente era fundamental, creo mucho en el poder de la mente y de las palabras, si yo decía ‘no voy a salir’, así sería, pero me di cuenta de algo: no tenía nada ¡ninguna herida! Pensé ‘¡estoy sana y voy a salir de aquí!’ y así fue: salí caminando. Fueron horas de renacimiento y ahora estoy aprendiendo las lecciones de todo”.

Ambos compartieron una tarde de sorpresas, de experiencias y del recuerdo de hazañas mutuas. El mejor regalo cumplir un sueño, dar una sorpresa, crear una nueva amistad y celebrar la vida.

Mujer y Deporte, OPINIÓN

Ella, la misógina

¿Cuánto hiere la violencia contra las mujeres? Desde el acoso hasta los feminicidios, el dolor nos une para recriminar a quienes hieren, verdugos que invalidan. Son muy dolorosas esas versiones de abuso, pero antes estamos nosotras mismas, en una escala invisible de violencia de género sobre el propio género.

Esta observación es una toma de consciencia y admitirnos todas que existen estas conductas; ponerlo en la mesa es exponerlo para aprender nuevos modelos que corrijan todo aquello que no nos beneficia.

Es una desafortunada y normalizada forma de actuar entre muchas mujeres (no todas): el “pero” eterno ante algo bueno que descubren en otra mujer, lo que refleja la increíble capacidad de la mujer de ser misógina. ¡Sí!

Palabras como:

“Si es bonita, pero es muy tonta”.

“Tiene buen cuerpo, pero se viste muy mal”.

“Es buena en su trabajo, pero está amargada”.

«Seguro logró su aumento por otros ‘talentitos’ que nomás el jefe le conoce»

Son algunos hostiles y violentos ejemplos de las frases que una mujer puede decir de otra -sin que la implicada esté presente, por cierto- para crear la primera línea de violencia, la que emana de sus palabras.

¿Para qué sirven esos comentarios? Por difícil que sea de creer, ¡Sí sirven! Sirven para conocer la verdadera manera de ser de quien los expresa. Quien así habla, dice más de sí mismo, que los conceptos hacia quien juzga.

Otro ejemplo: si una mujer que padece misoginia tiene un puesto laboral de autoridad y a su cargo mujeres a quienes considera “mejores” que ella (más inteligentes, más eficientes o más bonitas), puede sentirse amenazada y afectar el trabajo de su propio equipo, por hacer quedar mal a esa que “la opaca”.

Aún hoy en día, que se habla abiertamente de sororidad y acompañamiento femenino, hay mujeres que ven a otra destacar y buscan argumentos para desacreditar sus esfuerzos y su desarrollo.

Hablo de desafortunados sucesos que yo misma viví en el pasado, de los que ahora soy consciente, por eso me he rodeado de mujeres admirables de las que quiero estar más cerca para aprender, crecer y compartir. Me alegra saber que cada día son más quienes se suman a esta forma de ser y hacer. Invitadas están todas las que deseen corregirse.

El Universo posee tanta belleza, que la derrama tanto en el brillo de todas sus estrellas, como en todas las flores de la Tierra; con más razón, en todas las mujeres hay hermosura, no hay nada que juzgar a la otra.

Ninguna es más ni menos. Lo que nos hace iguales es que todas somos peculiarmente únicas; en todas reposa algo extraordinario, en todas hay algo maravilloso por detonar, día a día. El éxito y la felicidad abundan para todas…y todos 🙂

Como en todos, habita también algún defecto y una vez que las mujeres nos quitamos la venda de la misoginia, somos capaces de hablar desde el corazón y la sororidad, con el amor de hacer crecer, de empoderar y no por propiciar que otra mujer se sienta víctima de nuestra lengua.

No dejamos que nos hieran, pero antes, dejemos de herirnos nosotras.

Relatos 'off the record'

#HappyBoltDay

KATY LÓPEZ

@katilunga

En 2005, un chico espigado corría en la pista cuando algo interrumpió su paso: una lesión. Me dio tristeza. El más joven en la Final Mundial de Helsinki, Finlandia en los 200m y candidato al podio, veía alejarse al resto de los velocistas…pero no se detuvo y cruzó la meta más de seis segundos después del ganador.

Lo vi llegar desilusionado y harto de vivir la misma historia que el año anterior en los Olímpicos de Atenas 2004; una lesión tras otra, en momentos cúspide de su carrera. Algo cambió en él y en 2007 ganó su primera medalla mundial: plata en 200m y al año siguiente, tres oros olímpicos en Beijing 2008*. Un buen amigo que estuvo en el palco principal, me contó cómo a Jacques Rogge -entonces presidente del Comité Olímpico Internacional- le molestó que ese chico bailara en su victoria, cómo rompía la 4ª pared con tal autenticidad para usar esa cámara que lo grababa e interactuar con las 80 mil personas que lo veían en el estadio, más los millones que lo seguían en transmisiones.

“No se burla de nadie. Sólo es un niño….¡y es caribeño! Ese fue un acto de alegría y no de una malinterpretada soberbia”, le comentaron al dirigente.

En ese momento nació una nueva manera de ver a los deportistas: cada atleta adquirió una postura personal, ya no eran estoicas piezas en acciones biomecánicas, sino chicos divertidos, que bailaban, que se emocionaban y que sabían llorar, gritar, aplaudir y jugar. La emoción y la personalidad de los atletas está más cerca desde entonces.

Volví a encontrar a aquel chico que corrió rengueando en Helsinki 2005. Era Berlín, Alemania, era el año 2009 y él era un ser distinto al atleta molesto que se lesionaba. Ahora era el centro de atención y sabía capitalizar los reflectores: corrió la final de los 100m y rompió el récord mundial con 9.85 segundos…y si el cansancio no era suficiente, además, descalzo hizo un baile para festejar.

Hubo un sinnúmero de estudios biomecánicos de su carrera de 100m, de los cuales aún tengo uno que descifra distintas cantidades: de pasos, extensión de zancada, aceleración máxima, resistencia a la velocidad. Un esfuerzo humano descrito en números…pero yo me quedé con su logro mental: superar las barreras de las lesiones y romper dos récords del mundo.

Un día después fui a la pista de calentamiento para entrevistar a los atletas mexicanos que estaban por competir. Grababa un video y algún inoportuno puso su mano en mi toma «¡heeeey!», dije sin quitar la vista de la pantalla y algo molesta, pero cuando levanté la vista, vi que era él, que era una de las bromas de Usain Bolt y que un poco apenado y a la vez risueño regresó, me pidió mi teléfono y nos tomó esta foto:

Días después, ganó oro, también con nuevo récord mundial, en los 200m: 19.19s.

El 21 de agosto de 2009, en el Estadio Olímpico de Berlín, durante la ceremonia de entrega de medallas de 200m, pasó lo inimaginable: 75 mil personas cantaron ‘Happy Birthday!’ y todo era para él, que cumplía 23 años, para él que sólo en momentos como esos se convertía en un hombre profundamente conmovido, un hombre de sonrisas nerviosas, incluso parecía introvertido.

Ese mismo año visitó la Ciudad de México y dio una charla en el llamado ‘Congreso Mundial del Deporte’ (del que no han finiquitado el pago por su asistencia, por cierto), sólo unas horas y fue suficiente para enloquecer a la gente.

Pero en 2011 lo vi enloquecer a él, por la rabia de sus actos, en Daegu, Corea del Sur. Las lesiones fueron decepcionantes capítulos de su carrera, pero esa vez un error fue lo frustrante, lo que le impidió ganar: Usain hizo una salida en falso con la que él mismo provocó su descalificación en la Final de 100m; el Estadio se sumió en un profundo “¡¡¡¡Ooohhh!!!!” y ese grito, como una bomba atómica, destruyó la expectante espera por verlo dominar el hectómetro, con él en el epicentro, como si un hoyo negro absorbiera millones de decepciones.

Pero esa frustración, ese coraje y esa desesperación contra sí mismo, contra sus errores y el aprendizaje de ellos, le hizo tomar la responsabilidad de los siguientes retos y de entre lo doloroso y negativo encontró esa motivación que le hizo ganar dos oros mundiales: en los 200m y con el relevo 4x100m.

El aprendizaje, su felicidad, su certidumbre y su esfuerzo hicieron más radiante su brillo. En Londres 2012 sin lesiones, sin errores y sin miedos, rompió un record olímpico y ganó tres oros…otra vez. En Moscú 2013 recuperó lo que había perdido en los Mundiales anteriores y tenía sus tres coronas en 100m, 200m y el relevo 4x100m de regreso.

Su historia siguió como la que nadie nunca había escrito: de nuevo oros mundiales en 2015 en Beijing, China y ese mismo año regresó a la Ciudad de México para abrir una tienda oficial de la marca que le patrocina. Hasta jugó una cascarita de futbol, pero lo más curioso fue verlo sufrir al subir cuatro pisos en las escaleras del Centro Comercial Liverpool, cuyo elevador estaba bloqueado. Aquí les comparto esa historia. Fue la última vez que lo encontré en persona.

Después de volver a ganar tres oros olímpicos en Río de Janeiro, Brasil, en 2016, anunció que su retiro sería en los Campeonatos Mundiales de Atletismo de Londres, Inglaterra, en 2017, en una nostálgica aceptación del ocaso.

Así avanzó la temporada del adiós, hasta que llegó el agosto de 2017.

El 5 de agosto, día en que se conmemoraban cinco años de que ganó aquel glorioso oro con récord de evento en los Juegos Olímpicos de 2012, Usain regresó a ese mismo tartán en Londres, Inglaterra, a la final de 100m en los Campeonatos Mundiales de Atletismo. Bolt no rompió el récord mundial, tampoco ganó oro: se quedó la presea de bronce, agradecido y melancólico por tantos años de brillo, mientras el nuevo monarca, el estadounidense Justin Gatlin se postró a los pies de la leyenda, que vivía el ocaso de sus días sobre la pista.

Usain se fue de los Mundiales de Atletismo, tal como llegó: con una lesión en los últimos metros, en el relevo 4x100m.

Parecía triste verlo acabar así, pero tirado en el tartán, llegaron todos los relevistas de Jamaica: Nesta Carter, Michael Frater y Yohan Blake, no solo para apoyarlo, en especial para acompañarlo y agradecerle por años y años de esfuerzo, alegrías, asombro, orgullo y en especial, de mucha valentía.

Usain siempre supo que lo acosarían los fantasmas de las lesiones, de los errores y del miedo; pero después de las dificultades de 2004, 2005 y 2011, eligió enfrentar cada competencia con lo máximo que pudo, sin dejar ni el 1 por ciento de su esfuerzo a la deriva, sin dudar por el momento en que le acechara un desgarre o un calambre, sin cuestionarse, sin victimizarse, sin pretextos, ni culpables; totalmente entregado a cumplir lo que él deseaba. Muy por encima de los miedos, se entregó sin límites a su deseo: convertirse en leyenda.

Si me he de llevar un momento de ese chico revolucionario de las pistas, es aquella noche del 21 de agosto en Berlín, Alemania, con miles de voces cantándole y festejando su cumpleaños y aquí un video de ese recuerdo.


  • En 2017 le retiraron el oro del relevo 4x100m por doping del velocista Nesta Carter.
REPORTAJES

Armando Fernández: mexicano, waterpolista…¡y medallista olímpico alemán!

Quienes saben de polo acuático coinciden: Armando Fernández fue un ‘Pelé’ bajo agua. En la década de los 80, el mexicano fue nombrado Mejor Jugador de Europa, ganó cuatro ediciones de la Champions League, una Copa del Mundo y una medalla olímpica… y todo eso lo hizo con Alemania.

En un momento en el que los germanos necesitaban, por sobre todas las cosas, sentido de pertenencia e identidad, el waterpolo concedió orgullo y alegría a una nación que atravesaba por una de las etapa más duras de la historia mundial y entre la estela acuática, Armando concedió con sus brazadas un brillo especial a esa historia.

El desarrollo internacional de Armando comenzó en los 70 y en México. Tenía 17 años cuando compitió justo en Alemania, en los Olímpicos de Munich 1972 y desde entonces llamó la atención al ser un delantero aguerrido.

Para Montreal 1976, la selección mexicana de waterpolo alcanzó el nivel mas alto de su historia y con Armando llegó al Top 10 olímpico; entonces iniciaron para él las ofertas internacionales: desde Estados Unidos, hasta Alemania, pero solo una lo convenció: Hungría.

“Me fui a Budapest porque allá está mucho del mejor waterpolo del mundo y para mí era muy importante mejorar mi nivel y lo lograría si estaba en el mejor que existe. Estuve un año y alterno estudié para entrenador, después regresé a México para incorporarme con la Selección Nacional”.

El equipo se alistaba para jugar el Campeonato Mundial del 1978, que sería en Berlín. Armando descubrió que el destino lo llamaba a Alemania y hasta ese momento aceptó la invitación del entrenador croata Alfred Balen. “Le dije: ‘acabando el Mundial ya no me regreso a México y me quedo a jugar contigo aquí en Berlín’”.

Entonces el mundo estaba dividido en dos: entre azul y rojo, entre capitalismo y socialismo, a causa de la Guerra Fría liderada por Estados Unidos y la Ex URSS (Unión de Repúblicas Soviéticas Socialistas) y Armando eligió vivir en el epicentro de la hostilidad: el Berlín Occidental, su emblemático Muro y su equipo de waterpolo: el Wasserfreunde Spandau 04.

“En Berlín yo era un elemento raro e interesante. No había muchos extranjeros de Latinoamérica en Berlín. Estábamos rodeados de rusos, con una fuerte situación política, la Cortina de Hierro y ese rollo, pero para mí fue favorable porque yo tenía muchas oportunidades de crecer«, recuerda el ex tritón quien sigue viviendo en la capital germana.

En México era delantero, pero en Berlín jugué de medio y me quedó bien esa posición; por mi lectura del juego podía vincular las estrategias de ataque y apoyar en defensa. Tuvimos un equipo diferente a todos los demás porque había un sabor latino y eso nos valió los éxitos no solo en Alemania, sino en toda Europa. Así comenzó la historia”.

Una historia de éxito que dio a los berlineses motivos para sonreír en la adversidad. En sólo un año, el Spanadou 04 era Campeón Nacional. En 1981 Armando fue nombrado el Mejor Jugador de Europa y en 1982, tras ganar su primera de cuatro Champions League (porque después se llevó las de 1985, 1986 y 1988), lo llamaron a la Selección Germana; acto curioso pues la propia Alemania, aunque dividida por el Muro de Berlín, en Este y Oeste, unificaba al talento que florecía en su tierra, sin importar que hubiese nacido al otro lado del mundo.

“Me invitaron porque en México ya se había desintegrado el waterpolo. Hubo cambios desfavorables y eso me hizo tomar en cuenta naturalizarme. El proceso fue largo, pero por fortuna logré participar en los Juegos Olímpicos Los Ángeles 1984, donde jugamos de tú a tú contra Yugoeslavia (oro) y Estados Unidos (plata)», agrega Armando, quien entonces, a sus 29 años de edad, era el más veterano en la selección germana.

“Es un orgullo ser medallista olímpico. El que fuera con Alemania prácticamente fue parte de la situación en la que estaba. Yo ya era parte de Alemania, de Berlín, del equipo y la Selección, por eso lo viví como si hubiera sido mi país”.

img_3023
Selección Nacional Alemana que ganó bronce en los Olímpicos de Los Ángeles 1984. (Armando en flecha roja).

En una época de un mundo dividido, una Alemania separada y hasta un Berlín fragmentado, Armando, con los éxitos del Wasserfreunde Spandau 04 y de la Selección Germana, cubrieron en la ciudad y después en el país una necesidad básica: sentido de identidad, un motivo de orgullo y la unidad cálida que hacía falta en el eje medular de la Guerra Fría.

Cuatro años después del podio olímpico, el mexicano-germano jugó en Seúl 88 y culminó en 4º sitio. Al año siguiente, el 29 de noviembre de 1989, allí estuvo Fernández, ante la caída del Muro de Berlín.

“Todo sucedió de madrugada y en esa época estábamos concentrados en los entrenamientos para empezar la temporada, por eso me enteré hasta la mañana siguiente que llegamos a una práctica con un equipo invitado de Yugoslavia, pero ninguno de esos jugadores se presentaron y les preguntamos por qué no habían llegado ¡ellos nos contaron todo! Fue una locura”.

Hoy Armando busca hacer un filme de la historia de su equipo, el que unificó a una ciudad, dio orgullo a un país y derribó las barreras ideológicas antes de que cayera ‘La Cortina de Hierro’… todo esto con el mejor waterpolista mexicano, apoyando la estrategia hacia éxito germano.

 

También brilló con México

Antes de jugar por Alemania, Armando Fernández hizo brillar al waterpolo mexicano y uno de los momentos que más encumbró su carrera fue justo su adiós inesperado y su despedida de ensueño.

Era el 20 octubre de 1975 y Armando estaba en la Alberca Olímpica ‘Francisco Márquez’ de la Ciudad de México, parado frente a 15 mil personas, pues con la Selección Nacional de Polo Acuático recibiría el oro de los Juegos Panamericanos, tras vencer a Cuba en la final por 7-5.

Armando hizo cinco de los siete goles en ese partido y fue nombrado el mejor jugador y máximo goleador del torneo. Esa fue la última vez que compitió en su tierra y la última en que cantó el Himno Nacional. Se fue en grande.

 

 

Mujer y Deporte, Relatos 'off the record'

¡GRACIAS, VANE!

AdiosVane1
Río 2007. Vanessa Zambotti se convierte en la primera mexicana con un oro Panamericano en judo.

Una férula sostenía su brazo recién dislocado, cuando me dijo: “Voy a clasificar a los Olímpicos de Atenas 2004”. Si ni la férula, el dolor, los tendones lesionados, los músculos desgarrados, no detuvieron esa idea, mucho menos lo harían mis palabras. Sólo la miré a los ojos y en ellos encontré una convicción férrea. Faltaban 11 meses para cumplir la meta y desde entonces su proceso acaparó mi atención: al cumplir el plazo, Vanessa Zambotti estaba en el tatami olímpico, en los Juegos griegos.

Desde entonces se ganó mi respeto. Vanessa no sólo fue a unos, sino a cuatro ediciones de Juegos Olímpicos: Atenas 2004, Beijing 2008, Londres 2012 y Río 2016. Durante los años que buscó sus clasificaciones olímpicas cosechó en el camino más de 20 medallas continentales, más de diez medallas centrocaribeñas, medallas en Copas del Mundo y medallas en Grand Slams. Brilló como nunca lo ha hecho ningún mexicano en judo. Brilló como nadie.

Pero ni un podio se compara al brillo de Vanessa. Al brillo de su SER. Vanessa rompió todos los esquemas que yo conocía del deportista de alto rendimiento. Con Vanessa conocí a una mujer decidida a llevar más allá de los límites su cuerpo; de llevarlo hasta donde su mente deseaba y a la vez, su mente fue guiada por el camino que trazó su espíritu. El lugar donde se sentía libre, su cielo en la tierra, fue el tatami.

Hubo capítulos que aunque parecieran un sueño, merecían ser reales y Vanessa supo que pasaría por muchas pesadillas para encumbrarse en ellos. Allí descubrí su valentía: al decidirse a enfrentar todos los círculos del infierno, por un minuto en el cielo y durante ese proceso, ser transparente: anunciar sus absolutos deseos; su alegría rebelde y desbocada en la victoria; su profunda tristeza en la derrota y en ella, su responsabilidad: siempre dio la cara aún en llanto, siempre asumió el compromiso de cada pérdida y siempre agradeció a quienes colaboraron en sus triunfos.

En ese proceso, conocí a una Vanessa con la fortaleza de mostrar toda su honesta vulnerabilidad. Abierta a llorar, a reír, a brincar de gusto en el tatami, pero también a honrar a sus rivales, a ser agradecida incluso ante las experiencias injustas. Verla combatir era como ir a la escuela, ir a aprender a SER.

Vanessa ya nos había sorprendido al cumplir su palabra. Cuatro años después de escuchar su primera convicción, me dijo “Yo voy por la de oro”. Tenía toda mi credibilidad y por eso no dudé en asistir a sus combates. Era 22 de julio de 2007 y estábamos en Río de Janeiro, Brasil. Vanessa le ganó a la canadiense, medallista continental, Olia Berger, después a la cubana, dos veces Campeona Panamericana y multimedallista en Copas del Mundo, Ibis Dueñas y en la final a la ecuatoriana Carmen Chalá. ¡Vanessa era la primera mujer mexicana, Campeona Panamericana de judo!

Cuando marcaron su victoria, Vanessa brincó de gusto, corrió por el tatami se llevó las manos a la cara y lloró, eufórica. Era inevitable sonreír. Su alegría era tan contagiosa, que recuerdo muchos rostros llorando…incluso los brasileños, porque la felicidad no tiene bandera y el festejo de una victoria tan emotiva no requiere hablar el mismo idioma.

Vanessa tomó vuelo y saltó hasta los brazos de su entrenador: el brasileño Amadeu Moura. El hombre estaba tan feliz de crear a la mejor judoca de América y consagrarla en su propia tierra, que no le importó recibir tan de repente a Vanessa. Era una locura y en esa locura, al verla a punto de subir al podio, recordé todo: nació ochomesina; de pequeña ganó medallas en impulso de bala y en ajedrez; para llegar a la Selección Nacional salió de su Parral, Chihuahua y llegó con sólo 20 pesos a la Ciudad de México y en 2003, cuatro años atrás y justo en unos Juegos Panamericanos, salió en ambulancia con el brazo dislocado, cuatro años después de salir llorando lesionada, lloraba de alegría como Campeona Continental. Sonreí y lloré en silencio.

Vanessa subió al podio y entonábamos el Himno Nacional. Mientras se izaba la Bandera Mexicana, me limpiaba las lágrimas y vi los pies descalzos de todas las competidoras, todas, excepto Vanessa, que subió al podio en pantuflas. No pude evitar las carcajadas. Así que yo sonreía, lloraba y me carcajeaba, todo a la vez; es parte de lo que te hace vivir Vanessa Zambotti.

Así es Vanessa, ¡eso provoca! Quien tenga la grandiosa dicha de conocerla, sabe que uno puede naufragar en su mar de emociones. Inesperada, intensa, original, elocuente, irreverente, honesta, alegre, reflexiva, ocurrente y siempre SIEMPRE REAL, SIEMPRE VANESSA.

Cuatro años después, con los Juegos Panamericanos de Guadalajara 2011, en casa, Vanessa se colgó el bronce, pero en la edición de Toronto 2015, llegó a la final, que iba empatada a un shido para cada rival, pero en los últimos segundos marcaron otra amonestación para ella y se quedó la medalla de plata, con esa plata, inició el adiós, el ocaso a su carrera deportiva, en el alto rendimiento.

Al iniciar su despedida del tatami, me dijo:

“El judo es algo que nunca voy a dejar; tal vez deje de competir, tal vez deje el alto rendimiento, pero nunca dejaré de ser judoka. El judo es una forma de vivir tu vida, sus preceptos te enseñan a llevar una vida honrada, una vida en la que te sientes útil y en la que disfrutas de cómo vives tu vida”

Querida Vane: el judo nunca dejaría ir a alguien como tú.

Relatos 'off the record'

Chente: The Ugly

@Katilunga

 

A veces el periodismo se torna en matices surrealistas. La imaginación no alcanza a vislumbrar en qué, en dónde o cómo terminará una cobertura y aquí tengo un buen ejemplo:

 

Viernes 24 de febrero de 2017. Viajaba a San Miguel de Allende, Guanajuato, para cubrir un torneo de golf en el que estaría Lorena Ochoa. La competencia era con causa social y la inscripción de los jugadores se recaudó en apoyo a personas con problemas neurológicos. Lorena no jugaría, pero era la invitada especial.

 

Mi intención, claro, era entrevistar a Lorena, pero al llegar ¡alguien ya había ganado la exclusiva!: Lorena, como siempre serena y agradable, estaba sentada frente a la cámara y platicaba con su entrevistador: el ex presidente Vicente Fox.

 

Lorena me dijo que sí me daría la entrevista, pero antes haríamos un recorrido. Era una tarde soleada y calurosa. Subimos a los carritos de golf y fuimos a cada uno de los 18 hoyos: Lorena y Fox saludaron a los jugadores, agradecieron por ayudar a la causa, se tomaron fotos con los participantes y en algunos casos, Lorena presumió su swing. “¡Los caddies, que no nos falten los caddies!”, gritaba Vicente antes de las selfies.

 

“Ahorita van a probar unas gorditas que son una locura, están deliciosas”, decía Vicente, mientras yo, en uno de mis muchos monólogos, me decía: “¿En qué momento pensé estar en un carrito de estos, hablando de fritangas con un ex Presidente y una de las más grandes jugadoras de golf de la historia? ¿¡Cómo llegué aquí!??”. Si no era suficiente realismo mágico, llegamos a saludar al Cónsul de Japón en Guanajuato, quien también jugaba, lleno de tecnología, como un GPS portátil, sonriente, amable y solemne, como buen japonés.

 

Al terminar el recorrido, después de hablar con Lorena, el señor Fox Quesada accedió a una entrevista. Él ha tomado el estandarte anti Trump para dirigir una divertida, cínica y aguerrida campaña contra el nuevo presidente republicano de Estados Unidos. “¿Por qué ha elegido este camino?”, le dije.

 

“Porque tengo que salir en defensa de mis queridos paisanos en Estados Unidos, son mis héroes, los admiro y respeto, son mi ejemplo: yo nací y crecí con ellos en la comunidad de San Cristóbal; mis amigos están allá: recogiendo manzanas en Washington, recogiendo verduras en California, participando como enfermeras, en la industria de la construcción…Estados Unidos no puede vivir sin nuestra gente allá; ellos se colapsan en cuanto estos maravillosos mexicanos dejen de trabajar para aquella economía”.

 

Fox Quesada, de 74 años de edad, apoya al centro de rehabilitación CRISMA y con la ‘Copa de Golf Embajadores’ recauda fondos para apoyar la rehabilitación de 200 niños.

 

Alterno a esto, ha mandado continuos mensajes al gobierno de Donald Trump y a su propuesta de levantar un muro entre las fronteras de EUA y México; en el extranjero son tales las reacciones, que el Gobierno Canadiense pidió al Mexicano hablar con Fox para bajar la intensidad de su discurso, vertido en opiniones vitales; la más recientes es un stand up que grabó para el canal de youtube SuperDeluxe, con un mensaje directo y sarcástico hacia el mandatario estadounidense, porque Fox, como me dijo entonces, eligió un papel en esta película:

 

“Ahora si como la película maravillosa de ‘El Bueno, El Malo y El Feo’, alguien tiene que hacer el papel de El Bueno, eso lo está haciendo el Gobierno Mexicano, actuando con firmeza, poniendo las cosas en claro, haciéndoles ver que no pueden tener seguridad en su país, si no es con el apoyo de México; El Malo debía ser el Congreso Mexicano, porque hay diputados, senadores por favor ¡PÓNGANSE LAS PILAAAS! Hay que salirle al toro, hay que representar a México con dignidad, hay que hablar de nuestra soberanía, hay que darle calambres a este tipo, no se vale que nos sometan. México está esperando del Congreso Mexicano, enfrente esta situación con esa fortaleza que ellos deben representar.

 

“Finalmente queda El Feo, tu servidor. He elegido el papel de El Feo porque yo soy el que le tiene que decir sus verdades, el que tiene que decirle sus groserías, el que tiene que hacerle señas -dice mientras levanta la mano derecha y erige el dedo medio a la cámara-, el que tiene que derrotarlo y no dudo que lo estamos logrando. Yo creo que ya estamos amansando a esa fiera, a esa bestia, yo creo que México es mucho más grande que él y que el México, ahora unido, no hay quien nos detenga, porque contra Trump, hasta donde tope”, me dijo Chente, El feo.

 

Quizá por los siguientes cuatro años haga este papel, decidido con su irreverencia, su sarcasmo, sus botas y sus enchiladas; mientras tanto, mi mundo y mi oficio seguirán girando entre divertidos surrealismos.

 

 

 

REPORTAJES

“Mi hermano Luz”

Ésta es la historia de una hermandad que superó la competitividad, la guerra y la muerte. Esta es la historia de los hermanos Jesse Owens de Estados Unidos y Luz Long, de Alemania.

Jesee Owens fue el ‘Usain Bolt’ de la década de los 30. Owens -nieto de un esclavo e hijo de un obrero- vivió el auge de la segregación racial en Estados Unidos y pese a ello, destacó en el atletismo.

Compitió en los Olímpicos de Berlín ’36 y se convirtió en el ícono anti-nazi en la Alemania gobernada por Adolfo Hitler*, al conquistar cuatro oros olímpicos en las pruebas de: 100m, 200m, relevo 4x100m y, el más difícil de todos, salto de longitud; competencia en la que encontró a su hermano.

Jesse llegó a Berlín como el recordista mundial de salto largo con un registro de 8.13 metros -marca que no se rompería por 25 años- y durante los Juegos enfrentaría al favorito: el alemán, Campeón Europeo, Luz Long.

En la ronda clasificatoria, Jesse falló el primero de sus tres intentos, luego falló el segundo y postrado en la arena de la fosa, se quedó meditando unos segundos. Un foul más y el ‘recordman’ quedaría fuera.

Cuando Jesee se levantó, el saltador Luz Long se atravesó en su camino y le dijo que cambiara ligeramente la técnica, Jesse hizo caso, clasificó a la final y allí ganó oro…¡por encima de Luz Long! Según Jesse, logró el título olímpico gracias al consejo de Long, con quien desde entonces inició una estrecha amistad.

Aunque el mundo aplaudió el momento dorado que forjaron ambos atletas, el tiempo diluyó su historia. En Estados Unidos Jesse volvió a ser un afroamericano discriminado, mientras Long corrió una peor suerte: a diferencia del resto de los olímpicos alemanes, a Luz lo enviaron al campo de batalla durante la II Guerra Mundial, fue el único de aquel equipo de Berlín 36 que combatió en el frente.

Aún en los momentos más álgidos de la guerra, los ‘hermanos‘ Owens-Long se mantenían en contacto por medio de cartas, a pesar de las hostilidades entre sus países de nacimiento.

Siete años después de compartir el podio olímpico con Jesse, Long fue enviado a una misión para invadir Sicilia. Allí, el alemán recibió una severa herida y lo primero que vino a su mente fue escribirle a Owens una carta final que dice:

“Estoy aquí Jesse, donde sólo parece haber arena seca y sangre húmeda. No tengo mucho miedo por lo que me pase, mi querido amigo, temo por mi mujer que está en casa y por mi pequeño hijo Karl, quien nunca ha conocido realmente a su padre.


«Mi corazón me dice, si soy honesto contigo, que ésta es la última carta que voy a escribir en mi vida. Si es así, te pido algo. Es algo muy importante para mi: Quiero pedirte que vayas a Alemania cuando termine la guerra, encuentra a mi hijo Karl y háblale de su padre; dile, Jesse, cómo era la vida cuando no nos separaba la guerra, dile cómo pueden ser las cosas entre los hombres en esta tierra.


«Si haces esto por mí, esto que necesito tanto que se sepa, haré algo por ti, te voy a decir algo que seguro quieres escuchar y que es verdad: ese momento en Berlín, cuando te hablé por primera vez, cuando tenías tu rodilla en la arena, yo sé que estabas orando; entonces no lo sabía, pero lo sé ahora ¡Ahora lo sé! Sé que no es una casualidad que tú y yo nos conociéramos, sabía que nuestra amistad duraría más que un momento olímpico.

«Creo que esto pasó porque Dios hizo que sucediera, eso es lo que quiero decirte Jesse, pienso que debo creer en Dios, así que ahora rezo para pedirle que estas palabras que te escribo en verdad lleguen a ti y puedas leerlas.
Tu hermano, Luz.

En sus últimas horas de vida, Luz compartió a Jesse lo afortunado que se sentía de haber sido la respuesta a sus plegarias en aquella competencia olímpica, pues el propio Owens fue para Long una de sus bendiciones más grandes: fue su amigo.

Long falleció el 14 de junio de 1943 en Sicilia y aún después de morir recibió honores: En 1964 el Comité Olímpico Internacional le otorgó la medalla Pierre de Coubertine al ‘Verdadero Espíritu Deportivo’. Fue el primer ganador de este reconocimiento que sólo se ha entregado en 19ocasiones especiales.

Jesse leyó la carta y cumplió el sueño que Luz le pidió. La fraternidad entre los saltadores se heredó hasta sus familias y aún resuenan los ecos de la amistad Owens-Long: durante el Campeonato Mundial de Atletismo de Berlín 2009 -que fue en el mismo estadio donde compitieron Jesse y Liz en los Olímpicos del ’36- durante la ceremonia de premiación, los encargados de entregar las medallas en salto de longitud fueron la nieta de Jesse y el hijo de Long.

* La idea de que Hitler rechazaba a Owens fue sólo parte de la desinformación. El propio Owens portaba en su cartera una fotografía en la que aparecen Hitler y él, durante los Olímpicos de 1936. La imagen se tomó detrás del palco de honor y por ende, la prensa no alcanzó a retratarlos, pero inlcuso el piloto británico Eric Brown fue testigo de que Hitler sí estrechó la mano de Owens y lo felicitó por sus resultados.

Mujer y Deporte, Relatos 'off the record'

ANA. «Mi héroe es una chava»

El olor de la tierra mojada, el pasto reverdecido, el cielo azul y la pista de atletismo reluciente, con una de las más grandes generaciones de velocistas mexicanos: Alejandro Cárdenas, Juan Pedro Toledo y ella: Ana Guevara. Era imposible no seguirla con la mirada en las prácticas. Su fuerza, su actitud, su autoridad, su autoexigencia, su seriedad al entrenar. Era imponente.

En las entrevistas siempre puntual y asertiva. Su capacidad de reacción no sólo estaba en la pista, también en su pensamiento y sus opiniones; a preguntas absurdas, contestaba con ágiles sarcasmos. Sonorense, dura, franca, directa, pero no extrovertida.

Ana era más bien seria ante la imagen pública, pero la pista la transformaba. En los inicios de la década de los 2000, México se detenía a verla correr. Eran 50 segundos de locura, de pieles enchinadas, de gritos y aplausos …¡hasta porras frente a un televisor! O un transporte público silente, atento a la narración en la radio de alguna de sus victorias.

Después de ganar, ella festejaba con la famosa ‘Anaseñal’, cuando flexionaba el brazo derecho y lucía su reforzado bícep, con una doble intención que quizá sólo en México comprendíamos: un recordatorio para los incrédulos, incapaces de ver en esa delgada mujer una posibilidad de grandeza, hasta que se convirtió en Campeona Mundial en 2003, con una de las 10 mejores marcas en la historia de los 400m: 48.89 segundos.

En 2003 se convirtió en la 1ª mujer mexicana con un oro mundial en atletismo.

¿Quién no recuerda su última carrera? En el relevo 4x400m en los Juegos Panamericanos de Río de Janeiro 2007, cuando México estaba en 5º sitio a la tercera posta y ella se encargó de cerrar la carrera y llevó al cuarteto a ganar plata —-> https://www.youtube.com/watch?v=gzNxPpaQHWE

La carrera victoriosa de Ana se convirtió en una tendencia. La firma trasnacional Nike no sólo la patrocinaba, además creó una campaña en torno a su brillo: “MI HÉROE ES UNA CHAVA” se volvió el lema para miles de niñas que salieron a buscar sueños en distintos deportes, a que su actitud tuviera más temple y sus retos fueran más grandes.

A pesar de las emociones que causaba, en esa época sólo una vez la vi llorar: en el podio de sus últimos Olímpico, en Atenas 2004, con su corona de olivos y su medalla de plata. Sólo esa vez. Conmovida.

La segunda vez, su llanto fue distinto, vulnerable. Con el rostro hinchado, con el ojo derecho morado y una furia impotente, a causa del abuso y la violencia. Doloroso. Indignante. Inimaginable.

Ana habló en el Senado sobre la agresión que sufrió.

Ana, hoy legisladora, no contrata chofer ni guardaespaldas. El domingo pasado, viajaba en su motocicleta de regreso a la Ciudad de México, cuando, tras un altercado con un automovilista, fue golpeada y pateada en costillas y cara, por cuatro hombres. Se trasladó a un punto de la Policía y la llevaron al hospital, donde la operaron por una triple fractura en la cara. Así, Ana entró a la estadística de mujeres que han sido afectadas por la violencia en México.

Tan pronto la dieron de alta, Ana acudió al Senado de la República para hacer pública su situación. Su voz trataba de narrar, pero en un punto, las palabras se entrecortaban en el llanto, que no fue temeroso ni victimizado, sino decepcionado e impotente.

“Es un hecho cobarde…(se quiebra)…he sido siempre la más ciudadana…(y rompe en llanto de nuevo) (…) No es justo que siga habiendo tanta injusticia, que se siga dando de manera tan arbitraria y tan cobarde”.

Ver a una mujer llorar a causa de la violencia duele como los mismos golpes. Ver a la mujer que erizó la piel de México con su esfuerzo y sus victorias, envuelta en lágrimas y sin poder hablar entre furia, tristeza y decepción, deja a cualquiera vulnerable, endeble.

Pero Ana no se asume como víctima. Se vale llorar, pero no se vale quedarse sólo en las lágrimas, sin que el dolor de la situación estimule a la acción.

Ana levantó muchas veces la Bandera de México y ahora toma un nuevo estandarte: el de eliminar la violencia contra las mujeres. La Senadora, ex velocista, medallista olímpica y medallista mundial, decidió tomar una foto diaria de su rostro y subirla a sus redes sociales, hasta que se desinflamen sus golpes, esto puede tomar meses y ese tiempo y cada foto serán una protesta por cada mujer que es golpeada en México.

Su mensaje es claro: pueden lastimarte, pero está en ti asumir el papel de ser víctima de tus golpeadores, o ser tu propia heroína. Para todas ellas, el lema cobra vida de nuevo: “¡Mi héroe es una chava!”.

Entre lo ya indignante y doloroso, surge además lo inaudito: las críticas, burlas y misoginias contra ella. Las opiniones son diversas y su viralización las deja al alcance de la propia Ana. Las redes sociales curten el ánimo hasta degradar o fortalecer y lo curioso es que en la oscura adversidad, la grandeza de Ana se hace más fuerte…y sí seguro flexiona el brazo para recordar su fortaleza y recordarles a los absurdos que tienen (o tuvieron) una madre y es mujer. 

 

REPORTAJES

El centauro mexicano

El establo estaba sucio y mientras un caballerango hacía limpieza, de mala gana soltó un violento cubetazo, el caballo no pudo evitar el golpe directo en el ojo y quedó tuerto. “Este caballo de porquería no sirve para nada”, decían continuamente los soldados, que usaban al equino para iniciarse en el deporte ecuestre. En una práctica, la poca pericia de un jinete condujo al caballo hacia una rama, se rompió la oreja y un trozo quedó colgando, ahora no veía con el ojo derecho y los sonidos no llegaban a plenitud a su oído izquierdo, pero ese trozo de oreja colgando, le dio nombre: Arete.

Arete, el atlético criollo alazán, nacido en Guadalajara en 1938 y sólo veía maltrato en su destino. “¡Tú, Mariles: A ver si puedes con ese caballo tuerto de porquería!”, le dijeron al militar, que acudió a conocer al delgado equino. Tan solo al observarlo hubo una sincronía instantánea; al subir en la montura, dejó de existir Humberto Mariles y ese momento, nació un centauro.

Humberto Mariles se encargó personalmente del cuidado de Arete, de entrenarle y comprenderle a diario, de darle confianza para dejar en sus manos su ceguera y su falta de oído, de sanar las heridas, las humillaciones y los improperios que frecuentemente recibió por ser delgado y correoso. Mariles se encargó de limpiar su autoestima ennegrecida con maltratos hasta pulir la nobleza y fortaleza de un equino que portaría en sus herraduras los capítulos más grandes del deporte ecuestre nacional…Mariles lo sabía.

El Teniente Coronel Mariles creyó en Arete, hasta asegurar que con él, con su flacura y con sus discapacidades, ganaría eventos por todo el mundo. Nadie le creyó y el primero en decírselo de frente fue el Presidente de México Miguel Alemán, quien quería evitar la ‘deshonra’ internacional y, autoritario, le prohibió al militar salir a competir en nombre del país con “ese caballo tuerto”. Para Mariles, el Presidente de la Nación podría ser el Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas, pero aquellas tres palabras se convirtieron en un prejuicioso insulto personal…e imperdonable.

A pesar de las prohibiciones presidenciales, las logísticas de la gira internacional de 1947 estaban hechas y aunque el TC Mariles recurrió al ex mandatario Manuel Ávila Camacho para que intercediera por su causa, antes de darse la cita, el militar desacató la orden, viajó, compitió y, tal como lo auguró, con ese caballo flaco, tuerto y de oreja rota, ganó.

Mariles ganó con Arete en un concurso en Canadá y cuando llegó a Europa, pocos creían que ese flaco caballo diera batalla, pero en Roma el equipo nacional triunfó en el Concorso Ippico Internazionale y es, con Estados Unidos, los únicos conjuntos no europeos que han conquistado este título; fue entonces que el mundo ecuestre empezó a hablar con seriedad y respeto de México.

En 1948, tras dos Guerras Mundiales, Londres recibiría los Juegos Olímpicos y el centauro tuerto y desobediente estaba listo para cargar el triunfo sobre su estirpe. El 13 de agosto de 1948 fue turno de Mariles y con Parral (equino que llevaba el nombre del sitio en que mataron a Pancho Villa), Raúl Campero/Tarahumara y Joaquín Solano/Malinche , subieron al podio en la prueba de los Tres Días con la medalla de bronce, al sumar 305.25 puntos; Suecia ganó plata (165.00) y Estados Unidos oro (161.50).

A la jornada siguiente, en el último día de competencias de los Juegos Olímpicos británicos, sería turno del ligero Arete, acompañado por Mariles. La pista parecía complicada y no por los 16 obstáculos que comprometían 19 saltos, en especial porque toda la semana llovió en Londres y al ser el pasto resbaladizo, saltar ponía en riesgo hasta la vida de los caballos. El centauro mexicano fue el último en competir y de su ejecución dependía el resultado nacional. Mariles y Arete cruzaron limpios los primeros 14 obstáculos y terminaron con 6.25 faltas. Se quedaron el oro individual y condujeron además al oro por equipos.

(Por cierto: Hubo un empate de tres jinetes en 8.00 faltas por la plata: el francés Jean Marquis d’Ougeix, el estadounidense Frankling Wing y el mexicano Rubén Uriza. En la ronda de desempate Uriza logró la única pista limpia del concurso para quedarse la plata, el bronce fue para el galo).

Con Mariles y Arete, México ganó los primeros dos oros olímpicos de su historia: en salto individual y salto por equipos. El Estadio de Wembley escuchó por vez primera el Himno Nacional Mexicano y 64 años después el futbol azteca volvería a entonar el mismo Himno en la misma sede al ganarle el oro a Brasil por 2-1 en los Juegos de Londres 2012.

Mariles es el único mexicano que ha ganado tres preseas olímpicas en unos mismos Juegos y el único jinete del país que subió al podio olímpico en dos distintas disciplinas ecuestres; por ello, tras la gloria olímpica en el Reino Unido, llegó el perdón presidencial.

Cuatro años después, Arete estaba en el establo con su colega equino Cordovés, que de un golpe le rompió una pata al medallista olímpico y aunque intentaron ponerle una placa de plata, la muerte era el único remedio a su sufrir. Arete fue enterrado con honores en el lugar que lo vio crecer hasta convertirse en el mejor corcel del mundo, en lo que hoy es la explanada del Centro Deportivo Olímpico Mexicano*. Entre el dolor, meses después Mariles compitió en los Juegos de Helsinki 1952 con Petrolero pero nada fue lo mismo: el binomio no alcanzó el brillo del podio.

Años más tarde, el Teniente disparó contra un civil tras un altercado. Lo llevó a la Cruz Roja y se hizo responsable de lo que sucediera con el hombre que a la postre falleció; esa muerte llevó a Mariles a la prisión más lúgubre de México: El Palacio Negro de Lecumberri y tras meses de litigio, el triple medallista olímpico salió libre.

_____________________________________

ENCIERRRO. Lecumberri fue la primera cárcel que tocó el Teniente Coronel Humberto Mireles.

_____________________________________

En diciembre de 1972, Mariles estaba en París, donde antes de tomar el vuelo de regreso a México se rumora que le sembraron heroína, para acusarle de narcotráfico, lo encarcelaron y aunque su abogado reunía las pruebas para defenderle, el veredicto del mexicano ya estaba escrito. Un día antes de su audiencia, el guardia acudió a su celda y Mariles no respondía. Unos hablaron de envenenamiento, otros de suicidio. No importó el «cómo», sólo el «qué»: Mariles había muerto en una situación tan dolorosa y repentina como el propio Arete.

El éxito en la gloria olímpica y el repentino paso de la muerte se abrazaron con fuerza al binomio único en la historia de México. Hoy, una escultura en el Centro Deportivo Olímpico Mexicano, recuerda a aquel malquerido y resiliente centauro mexicano.

_____________________________________

INNOVADORES. Humberto Mariles y ‘Arete’ revolucionaron la forma de competir en los saltos ecuestres, tanto por la técnica para atacar el obstáculo, como por el biotipo del caballo.

_____________________________________

*NOTA CURIOSA

Esta historia me la compartió Rogelio Hernández Huerta, periodista especializado en el deporte ecuestre y quien siendo estudiante vio cómo, durante la construcción del Centro Deportivo Olímpico Mexicano (CDOM), se descubrió un hallazgo que pasó desapercibido.

Mientras se alistaba el espacio para crear la explanada del CDOM, en la zona de lo que fue el Centro de Entrenamiento Ecuestre, al retirar la tierra para iniciar la obra, encontraron un cadáver: era la osamenta del olvidado Arete.

Los militares mandaron tirar los huesos a la basura, pero Rogelio, presuroso, corrió por la funda de una almohada y allí metió la cabeza del caballo; su meta era sacar poco a poco los restos del corcel; pero al regresar al siguiente día, sólo encontró un casco de Arete que también resguardó.

En un encuentro en Lecumberri con Mariles, el militar le pidió que se quedara la cabeza pero le diera el casco “porque es el símbolo del impulso y de la fuerza, es lo que necesito para salir de aquí”, le dijo el militar, pero nunca pudo hacer la entrega y ahora en la Asociación de Pentatlón Moderno Militarizado, reposan esos pocos huesos del más exitoso equino mexicano.

_____________________________________

Relatos 'off the record'

Mi remedio para el «¡PUTO!».

@Katilunga

El silencio era profundo en el estadio. “Ojalá lo fallen”, dijo, casi en secreto, un aficionado en la tribuna, pero en seguida le callaron múltiples y autoritarios “¡Shhh!”. Guyana estaba por abrir el marcador con un penal sobre México, en la Final de la Rugby Americas North. Mientras el pateador caribeño Ryan Gonsalves se preparaba para cobrar el tiro, los jugadores mexicanos pidieron a los asistentes abstenerse de hacer ruido y permitir concentración a su rival. Guyana anotó: 0-3 caían de forma parcial los locales, en el Estadio ‘Tapatío’ Méndez de la UNAM.

¿Por qué? ¿Cómo? ¿Cómo es que 15 tipos rudos entran en duro contacto físico con sus rivales y a punto de cobrar un penal en su contra, esos mismos 15 rudos se encargan de establecer las condiciones ideales para su oponente, que busca superarlos? “Por respeto”, dijo Francisco Echegurén, presidente de la Federación Mexicana de Rugby. “Por los preceptos básicos del Rugby: DRIPS. D: Disciplina; R: Respeto; I: Integridad; P: Pasión; S: Solidaridad”, agregó. Nadie entra al campo sin el DRIPS y nadie se queda sin contagiarlo en la afición. En penales o conversiones, mexicano o guyanés, en el campo o en la banca…en toda oportunidad, los jugadores invitan a la afición a apasionarse, pero con respeto y solidarizarse hasta con el contrincante.

“Nadie le reclama al árbitro en la cancha”. Todos los jugadores se encargan de inyectar el deportivismo en su propia casa, de limpiar la actitud en la cancha y fuera de ella. Por primera vez en su historia, México ganó una final de la región Norteamérica en el Rugby 15 y superó 32-3 a Guyana. Algunos visitantes lloraron en la frustración de la derrota y la respuesta mexicana fue invitar al equipo del Caribe a acercarse a la tribuna principal, donde pidieron al público ovacionar al rival.

Ser ganador es bueno, pero triunfar con la actitud de un Campeón, es ser grandioso. Enaltecer al oponente es pone lustre y pulir con la suavidad del respeto tu propio logro. Ver a jugadores involucrados en el palpitar de un monstruo de mil cabezas, que está dispuesto a gritar, agredir e insultar en la espesa selva del anonimato, es como ver al caballero medieval combatir y superar al dragón salvaje; mientras que abstraerse de la realidad es desunirse de sí mismo.

“Lo único necesario para el triunfo del mal, es que los buenos no hagan nada”

Edmund Burke.

Otro ejemplo…aunque tardío:

En Río 2016, durante la final de salto con garrocha varonil, se dio un duelo de ex amigos, que pasó de una batalla individual, a una guerra trasnacional. El francés Renaud Lavillenie, recordista mundial y oro en Londres 2012, empezó su competencia en 5.75 metros, que pasó en su primer intento, al igual que el 5.85m y 5.93m. Con la varilla a 5.98 metros de altura, sólo dos hombres peleaban por el oro: el galo y uno de los consentidos de Brasil: Thiago Braz.

Thiago entrenó al lado de Renaud por varios años, pero el brasileño se fue con el ucraniano Sergey Bubka (leyenda del atletismo en esta disciplina). Eso los distanció, pero nunca fueron enemigos y ese 15 de agosto, allí estaban, en una lucha en las alturas, por el título olímpico.

En el atletismo, el público suele apoyar a su favorito, pero nunca se abuchea al deportista. Esa norma se quebrantó en esa final, cuando el Campeón Defensor exponía su corona mientras los cariocas lo denigraban. El europeo pasó el 5.98m, entre gritos en su contra. La varilla subió a 6.03 metros, Renau con un estadio amenazante, falló dos saltos, mientras el brasileño pasó el segundo y a los 6.08m, Lavillenie falló su intento de conservar el cetro, mientras el brasileño hizo nuevo Récord Olímpico.

El francés salió afligido y en entrevista habló del maltrato y la falta de educación del público brasileño; hasta les comparó con el público nazi, que sólo apoyaba a los alemanes. En el podio recibió tantos abucheos, que lloró con la medalla de plata colgando de su cuello.

Muchos, incluido Thomas Bach, presidente del COI, se manifestaron en contra del actuar de esa Gestalt carioca, convertida en odio. Thiago mismo reaccionó….pero tarde. Al terminar la Ceremonia de Premiación, en una de las oficinas del estadio, el brasileño acudió a Renaud para apoyarle. Hizo bien, pero debió suceder antes. Durante la competencia, Braz pudo pedir a la gente que no gritara o pudo invitar al francés al primer sitio del podio.

Lo grande es invitar a los demás a atestiguar con más dignidad la lucha del deporte. No se engrandece quien se evade de una realidad indeseable de enfrentar.